1/17/2015

"Discutir compulsivamente con idiotas que nos llaman feminazis no es verdadero activismo"


Entrevista
Periódico Diagonal

Entrevista a Itziar Ziga con motivo de la publicación de su último libro 'Malditas. Una estirpe transfeminista'. Es uno de los nombres más importantes en los feminimos jóvenes y los transfeminimos que nadan contra corriente en el Estado Español. Ha publicado tres libros de gran repercusión dentro y fuera de los movimientos como 'Devenir Perra', 'Un zulo propio' y 'Sexual Herria'. Hablamos con ella con el motivo de la llegada a las librerías este otoño-inverno de su último libro “Malditas. Una estirpe transfeminista” (Editorial Txalaparta, 2014), que acaba de presentar en la feria del libro de Durango.


Hay libros que son como bocanadas de aire fresco pero aún siguen causando encendidos debates. Uno de ellos es Devenir perra. ¿Necesitamos airear el panorama en medio de tanto ensayo seudoacadémico, en ocasiones, repetitivo o alejado de la sociedad?

Suelen decirme que mis libros se leen muy rápido y que casi se puede escuchar mi voz. Soy muy directa, incluso concisa. En la facultad de periodismo trataron de inculcarme el credo de la objetividad, o lo que es lo mismo, las técnicas para dar la versión del poder como si fuera imparcial. Me juré que siempre escribiría dejando claro desde dónde y para quién.

La autobiografía como provocación. Un género con mucha historia. En Malditas nos hablas de una serie de mujeres que empiezan a ser reconocidas pero que han estado proscritas, no solo de la historia heteropatriarcal, sino también de ese “feminismo que llegó al poder”, de un origen social distinto y donde incluyes nuevas realidades personales o incluso corporales ¿Qué tienen en común todas ellas y que es lo que las diferencia?

De ocho malditas, seis han pasado por los calabozos y una fue esclava. Todas ellas mujeres de acción. Sin que importe si fueron identificadas como hembras en el paritorio, para algo afirmó Simone de Beauvoir en 1949 que no se nace mujer, se llega a serlo es decir, a funcionar como socialmente debe funcionar una mujer. En el caso de las malditas feministas, a disfuncionales, aunque no sólo en el engranaje de género. Las guerreras de mi libro dislocaron todas las máquinas: la heteropatriarcal, la colonial, la capitalista,…

Al leerte uno se encuentra con reflexiones inteligentes sin dejar de ser increíblemente sinceras. Algunas de estas mujeres se jugaron, a mi entender, demasiado, aunque lo hicieron cómo y por lo que creían. Es curioso que feministas de anteriores generaciones tengan cierta resistencia a oír las voces jóvenes cuando a ellas les ha ocurrido y les sigue ocurriendo lo mismo en determinados foros.

Cierto descoloque intergeneracional es inevitable, hasta yo me interdescoloco conmigo misma, pero he ido comprendiendo que las que persisten en rechazar el ansiado relevo defienden su pequeño trono. Y el feminismo es por encima de todo destronante, como todo movimiento radical.

Planteas cuestiones en el candelero, mas en los tiempos socioeconómicos y narcopolíticos en los que vivimos donde lo oficial, al menos en este país, se ha convertido en una farsa en toda regla. ¿Crees que para mantener un discurso lúcido o servir realmente a una lucha o a un grupo hay que superar heridas o estas forman parte de la trayectoria personal e intelectual de una persona más o menos concienciada y/o activista?

Superar el daño infringido por unas oligarquías que siguen dominando no sólo es imposible, sino también paralizante y descabellado. El problema es que la mayor parte de violencias que sufrimos en nuestras vidas, la policial, la machista, la capitalista, son estructurales y no cesan. Hay que seguir teniendo muy claro quién es el enemigo.

Muchas de las mujeres de las que hablas pertenecen al mundo anglosajón aunque no todas. ¿Crees que el activismo transfeminista por estos lares (tú hablas del caso de Laura Bulgaho) es algo nuevo o solo empieza a ser visible dentro de otras luchas sociales, teniendo ya una larga trayectoria?

La selección de malditas fue automática, ellas son como mis amigas invisibles desde hace años. Me las fui encontrando en los libros y en las narraciones de otras y sus hazañas me enaltecieron para siempre. No he tratado de abarcar diversidad ni totalidad alguna con ellas. Aunque bastarda, soy hija del feminismo occidental y blanco. Claro que no es casualidad que todas ellas nacieran en Europa o en Estados Unidos cuando guerreras imprescindibles hubo, hay y habrá en cualquier rincón del mundo. Yo he hecho una lectura transfeminista de sus vidas porque todas ellas han combatido radical y desbocadamente todas las opresiones, no sólo la de género. ¿Qué decir de Laura Bugalho? Esa sindicalista galega transexual que ha denunciado diecinueve mafias institucionales, que ha tocado tanto los huevos al sistema que tramaron un vendetta a modo de montaje policial para acabar con ella. En primavera se celebrará el juicio, allí estaremos.

La gente más joven suele confiar mucho en Internet como herramienta sociopolítica, así hablando en general. ¿Crees que eso del ciberfeminismo tiene algo de discurso acomodaticio o, al contario, responde a realidades nuevas?

Las redes sociales son interesantes para conectarnos entre nosotras, pero discutir compulsivamente con idiotas que, a la ligera, nos llaman feminazis para mí no es verdadero activismo. No tengo facebook, soy demasiado bocazas y la adolescencia ya pasó, afortunadamente. Pero, sobre todo, detestaría tener una voz sobredimensionada en un movimiento que debe seguir siendo horizontal y descabezado y en mis libros ya opino suficiente. Creo por encima de todas las cosas en el feminismo comunitario. Por otro lado, me asusta que la red confunda cada vez más la información, a veces cuesta horrores dar con el dato verdadero de hechos constatables. Y eso es muy bueno para que acabemos dudando de todo y decidamos no actuar. Sigue habiendo cosas que sólo están en las calles, afortunadamente.

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