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9/12/2011

En algún lugar… Una pálida sombra


Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar de la condición humana, entre el raciocinio y la emoción, eludiendo todas las mutaciones, perduran los genes del dominio; justamente ahí, donde las razones sobran y los sentimientos estorban, surgen los imperativos instintivos de la bestia que yace en el interior del hombre...
El hito más reciente en la historia de la humanidad se registró el 11 de Septiembre del 2001. A partir de ese momento el aire respirable se impregnó de miedos exacerbados, de indignante repudio y miradas discriminatorias.

Se materializaron los peores presagios y en una cruzada de odio y venganza se confrontaron dos versiones del mundo. El atentado perpetrado al World Trade Center desencadenó un bombardeo incesante e implacable de mensajes mediáticos que introdujeron la sensación de vulnerabilidad y despertaron una enfermiza xenofobia en la mente de todos los habitantes de la porción “civilizada” del mundo. Desde entonces, año tras año, se conmemora ese brutal ataque para mantener viva a la incertidumbre y resucitar al temor.


Hoy por hoy, la secuela destructiva de aquel atentado aún no concluye. La cruzada posmoderna emprendida por las huestes de la ambición en nombre de la libertad y la democracia ha producido un ejército de mutilados y paranoicos, las diferencias se han agudizado y el planeta se divide ahora en dos hemisferios dogmáticos: el hemisferio del mercado y el hemisferio del fanatismo. La porción terrestre donde residen los últimos especímenes de la esperanza es cada vez más reducida, es por eso que el Dalai Lama es un templo itinerante, la encarnación de la ética que camina por el mundo con el alma envuelta en el ombligo.

En el umbral de la sociedad del conocimiento, el raciocinio es una habilidad en peligro de extinción, y es por eso que cada día es más dolorosa la ausencia de José Saramago, el profeta del pesimismo que inquietaba las conciencias cuando pregonaba los estragos del lucro y del odio en la explanada del absurdo.
En aquel septiembre del 2001, Saramago deslindó de culpas a todos los dioses cuando identificó al “Factor Dios, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.”

En su visita a México, el Dalai Lama logró mantener encendida la esperanza con la luz de una ética laica basada en la conciencia del bien común, muy diferente a la moral religiosa fundamentada en el castigo divino, porque “los problemas siempre serán algo natural, pero su solución no vendrá de los gobiernos, sino de cada uno de los integrantes de la sociedad que actúen con ética y responsabilidad, independientemente de cuál sea su religión.”

En este mundo devastado por la ética del lucro la esperanza es apenas un pálida sombra que yace olvidada en el fondo del ánfora de Pandora, pero aún existe la remota posibilidad de rescindir los genes del dominio para erradicar el vacío existencial donde las razones sobran y los sentimientos estorban, y en un salto evolutivo, domesticar a la bestia que yace en el interior del hombre…
Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

9/05/2011

México: En algún lugar... Un plazo inexorable


Laura M. López Murillo
(especial para ARGENPRESS.info)


En algún lugar de la solemnidad, cuando se extingue el eco de la última ovación se inicia el proceso inexorable del declive; la figura del poder se torna vulnerable, y en esa condición deberá enfrentar el juicio de la posteridad...
En el código de las reglas no escritas de la política mexicana, se estipula que inmediatamente después del quinto informe de gobierno se inicia el ocaso de los sexenios y es entonces cuando la clase gobernante inaugura la temporada de deslindes y agandalles, que por una mera coincidencia, alcanzarán una intensidad insufrible en la contienda electoral.

El ocaso del calderonismo fue más que evidente en la ceremonia oficial organizada para el mensaje político con motivo del quinto informe de gobierno. En esta versión panista de la tradición priísta del Día del Presidente se advirtieron las señales inequívocas del fracaso del régimen: el evento masivo que debería realizarse en el Auditorio Nacional se trasladó al Museo Nacional de Antropología bajo exageradas medidas de seguridad por el terror galopante que aflige al paladín de la seguridad nacional.

Si la reducida lista de invitados refleja la disminución paulatina de incondicionales admitidos en el círculo del poder, la magra asistencia indica la pérdida inexorable de simpatizantes, aproximadamente doscientos lugares estaban vacíos cuando Felipe Calderón hizo acto de presencia.
A pesar de los tres días de preparación, el discurso del ocaso calderonista persiste en legitimar el régimen con el monopolio de la violencia: la ovación más larga se le rindió a las fuerzas armadas y ya bajo la sombra del fracaso, el presidente pidió un minuto de silencio por las 50,000 víctimas de su cruzada contra el crimen organizado.

La indiferencia institucional hacia las necesidades de cincuenta millones de mexicanos que subsisten en condición de pobreza fue evidente en la breve exposición de las cifras que pretenden sustentar la eficiencia de la administración pública.
El evento resultó gris, el discurso no logró convencer y la figura del líder de los nanócratas parece cada vez más pequeña justamente ahora que inicia la temporada de ajustes en la partidocracia. Las críticas lacerantes iniciaron en la víspera del quinto informe y se espera una secuencia insufrible de revelaciones.

Si la alternancia en el poder es, en efecto, un hecho inminente, atestiguaremos negociaciones y alianzas aborrecibles, porque desde ahora, durante el proceso del declive, se expande la percepción del fracaso calderonista: la fórmula del éxito político indica que los aciertos deberán ser lo suficientemente contundentes para minimizar los estragos de los excesos; cuando el resultado es positivo, los líderes consolidan la magnificencia de su talla en la memoria colectiva, pero ahora, la escasa estatura de la figura en el poder se torna vulnerable, y en esa condición deberá enfrentar el juicio de la posteridad…


Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM.
Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

8/29/2011

México: En algún lugar… Fragilidad consensuada


Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info).
“Debemos ser conscientes de que la lengua está pasando por una suerte de mutación en que los contenidos empiezan a pudrirse ante la indiferencia general”.
José Saramago

En algún lugar del tiempo, sobre la línea perpetua de la historia, yacen inmutables los hitos en el pensamiento humano, los testimonios irrefutables de los vaivenes en las ideas, de la metamorfosis de las palabras, de la tergiversación de los miedos…

El siniestro ataque a un casino en la ciudad de Monterrey provoca la indignación general y el repudio proviene de todos los rincones del territorio nacional y se expande a la comunidad internacional. La condena a la violencia deliberada contra víctimas inocentes es unánime; se exacerban las sensaciones de vulnerabilidad y de impotencia y las palabras no son suficientes para expresar el repudio consensuado.

Ante actos grotescos y aborrecibles como éste, es menester conservar una pisca de sensatez para no incurrir en superlativos que desencadenen reacciones incontrolables. En el preciso momento en que se definió este acto como terrorismo se encendieron las alertas en el concierto internacional: Barack Obama condenó en los términos más enérgicos posibles el ataque bárbaro y censurable; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se declaró horrorizado por el ataque incendiario que asesinó a 53 persona;, Amnistía Internacional responsabilizó a las autoridades de una investigación verdaderamente exhaustiva para conocer la identidad de los autores de este crimen; y el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, lamentó profundamente los hechos de violencia ocurridos en Monterrey. Estas reacciones son previsibles en una aldea global donde la etiqueta del terrorismo implica todo lo aborrecible y condenable en la humanidad. Y en el ámbito mediático, el adjetivo terrorista provoca un bombardeo incesante que incide en la opinión pública; gracias a la extensa y excesiva divulgación de las imágenes de horror y sufrimiento se concatenan los engranes del mecanismo que modifica el orden de las ideas y, por consecuencia, las opiniones y las pautas de conducta.

Y así, en Monterrey y en todos los rincones de México se percibe la insufrible vulnerabilidad de la ciudadanía, y nadie en su sano juicio cuestiona la implementación de operativos militares para recuperar la esquiva paz social. Habrá quienes consideren como una prioridad la intervención de expertos extranjeros, algunos clamarán por el apoyo de las huestes al servicio de la libertad, porque ahora, todos los mexicanos estamos convencidos que estamos enfrascados en una guerra contra el crimen y que la vamos perdiendo. El fracaso y la fragilidad impregnan el imaginario colectivo y en estos momentos somos extremadamente manipulables. El terrorismo exhibe un reclamo, una ideología disidente y su divulgación flagela la mente de los inocentes. Pero en este caso, no hay causas justas, reclamos o ideales subversivos. Es la brutalidad en su máxima expresión, la consecuencia de años de impunidad e impericia para dirigir el estado mexicano. Y el terror ahora divulgado es el testimonio irrefutable de los vaivenes en las ideas, de la metamorfosis de las palabras, de la tergiversación de los miedos…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

8/02/2011

En algún lugar… El factor humano


Laura M. López Murillo
(especial para ARGENPRESS.info)


En algún lugar de la exactitud, las cifras surgen y se reproducen en el gélido clima de la aritmética, y ahí, los cálculos y las ponderaciones sólo admiten una interpretación porque la realidad siempre es única y contundente...
Las cifras publicadas recientemente por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), indican que del 2008 al 2010 el ámbito de la pobreza se extendió para aglutinar a 52 millones de mexicanos, quienes representan un 46% de la población: 4 de cada 10 habitantes no obtiene los ingresos necesarios para subsistir y progresar.

El resultado de esta medición es implacable y no admite interpretaciones tendenciosas porque refleja el fracaso de las políticas públicas de un estado que funciona como agente de inversiones. Y si se aplicase el factor humano a la frialdad de estas cifras catastróficas se obtendría una visión realista del origen de esta inequidad social.


Como producto del entorno globalizado, la economía mexicana pretende incorporarse a un sistema de mercado que somete y doblega a las soberanías nacionales; la genuflexión ante la ética del lucro tergiversa las funciones del estado: ahora el gobierno es una mega agencia de negocios internacionales, depende de los consorcios comerciales y oficializa el criterio que define a la población como mano de obra explotable y como un sector inmenso de consumidores manipulables.
Pero aún bajo esa lógica los resultados son contundentes: los beneficios de la economía de mercado se concentran en los estratos superiores donde no existe sensibilidad social.

El índice de la pobreza refleja la ineficiencia de la administración pública en la atención de las necesidades apremiantes de la población y, paradójicamente, exhibe la escasa retribución de los consorcios internacionales al erario y al nivel de vida de los habitantes.
En Baja California, uno de los estados del panismo rampante donde la inversión privada y extranjera influyen en la agenda pública, el desempleo y la falta de poder adquisitivo de grupos vulnerables que habitan en zonas marginadas dificulta que las familias puedan adquirir la canasta básica.

Ante la contundencia de las cifras, la pobreza ha sido una ambigüedad demagógica que se encubre en clasificaciones triviales, el rubro más oscuro de la economía y la asignatura pendiente de los regímenes, será el tema recurrente en las campañas políticas rumbo a la presidencia, el número esquivo en todos los discursos y una consecuencia sin causa. La paradoja reside precisamente en esa porción de los mexicanos: en el ámbito de la necesidad donde no se escuchan las promesas políticas que juegan con los cálculos y las ponderaciones, porque en el sector marginado por la pobreza la realidad siempre es única y contundente…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

3/14/2011

Lentos y contentos


Laura M. López Murillo
(especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar ultrasecreto, muy lejos de la realidad tangible, en las profundidades del imperio se confabulan las conspiraciones, los operativos y las iniciativas que vulneran a los súbditos con el artificio del caos; y en una secuela de la perversidad, se expanden la incertidumbre y la fragilidad como el preámbulo del terror...
El dominio que ejerce el imperio estadounidense sobre las naciones a él supeditadas es el resultado de operaciones subrepticias que desestabilizan regímenes, polarizan y enardecen a pueblos enteros e inflaman un nacionalismo artificialmente herido. En las últimas décadas del siglo XX estas afirmaciones fueron calificadas como radicales, anacrónicas, obsoletas; los descalificativos se sustentaron en el blindaje de la información y en la realización impecable de las operaciones encubiertas y no en la falsedad de los argumentos.

Ahora, desde las mazmorras del imperio emergen aquellas voces que alguna vez se extinguieron por los mecanismos misteriosos que controlan y reprimen el discurso disidente. Afortunadamente, la ética es un atributo que ha logrado evadir los perniciosos estragos del criterio dominante, y en una paradoja de la globalidad, por la misma ruta mediática se propagan los mensajes alienantes y los testimonios que desmienten la versión oficial de la realidad.

La organización no gubernamental The Center por Public Integrity (CPI), que se ha dedicado a la investigación periodística en el mundo, informó a la Presidencia de la República, en febrero de este año, que daría a conocer en la prensa de Estados Unidos una operación de tráfico de armas a México organizada por la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF). La respuesta de la presidencia fijando su postura nunca llegó; incluso ahora, cuando la embajada de Carlos Pascual difundió las declaraciones del procurador norteamericano Eric Holder reconociendo que las autoridades mexicanas estaban enteradas de la operación encubierta del tráfico de miles de armas.

El ardid norteamericano podría explicar la laxitud de nuestras fronteras, la impericia y el silencio de las autoridades mexicanas y la crueldad que vulnera y destroza el tejido social. A la operación norteamericana “rápido y furioso” le corresponde la parsimonia permisiva y placentera “lentos y contentos” de la contraparte mexicana. Las tenues reacciones en los tres poderes del estado mexicano reflejan su sumisión incondicional a la política estadounidense, corroboran que el margen de acción de los regímenes nacionales es cada vez más estrecho y que el destino de México, como un estado fallido enfrascado en una guerra interna, atroz y encarnizada, es una más de las confabulaciones que se urden en las profundidades del imperio, en el epicentro de la perversidad desde el cual se expanden la incertidumbre y la fragilidad como el preámbulo del terror…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

10/05/2010

Propaganda elemental....


Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

“Después de todo, ¿qué son un cuadrado y un círculo? Son meras
palabras, y las palabras pueden moldearse hasta disfrazar las ideas”.
Joseph Goebbels

En algún lugar de la condición humana existen pautas de conducta inalterables, reacciones que permanecen intactas desde la oscuridad de los tiempos; y por eso, los conceptos que las describen y las técnicas que las manipulan siguen vigentes...
Hoy por hoy, en el umbral de la sociedad del conocimiento, los principios y las técnicas de la propaganda configurados por Joseph Goebbels, y exitosamente comprobados por Adolf Hitler, siguen vigentes. Su ejecución constante en el entorno político y su desmesurada aplicación en la sociedad de mercado han generado el anglicismo híbrido “marketing político” que se caracteriza por el ejercicio superlativo y despiadado de los principios de Goebbels.

El primero de esos principios es la ley de la simplicidad: “A fin de conseguir la mayor efectividad, el mensaje debe ser lo más sencillo posible para que todos y cada uno de los individuos sean capaces de comprenderlo, sin exigirles demasiado esfuerzo. Debe ser breve y claro, elaborado con frases sencillas y enunciaciones primarias. Conviene, por lo tanto, reducirlo a slogans y símbolos”.

La influencia de la propaganda se expande en la cultura de masas y el discurso político se reduce a mensajes simples y breves que serán transmitidos repetidamente hasta que los ciudadanos lo asimilen y lo integren a su percepción de la realidad.

La ley de la simplicidad se ejecuta consuetudinariamente y el ejemplo más claro y reciente, es la difusión mediática de las acciones de gobierno emprendidas en Baja California, campaña que fue justificada por José Guadalupe Osuna Millán al concluir su III Informe cuando al referirse a la construcción de hospitales públicos en su gobierno declaró que es necesario repetirlo hasta que todos los ciudadanos lo entiendan.

La ejecución de la ley de la simplicidad atenta contra la conciencia colectiva, ofende a la inteligencia de todos aquellos que se percatan de este vulgar manipuleo de la opinión pública; pero afortunadamente, aún se cumplen los principios de la ley de la causa y efecto, y ahora como siempre y desde entonces, la fabricación de falsos consensos, como una acción nefasta, desencadena una reacción en el raciocinio y se articula el mecanismo de la disidencia.

En una de tantas paradojas de la posmodernidad, las tecnologías de información y comunicación consideradas como el vehículo que conduciría a la democratización del conocimiento, son el medio idóneo para actualizar aquellos principios elementales de la propaganda creados para distorsionar la percepción y esclavizar la voluntad de la multitud.

Y así, en este proceso perpetuo y sobre la tensión entre la propaganda y la reflexión, las percepciones se confabulan y se desvanecen en la legendaria crónica del mundo, porque desde la oscuridad de los tiempos, en la condición humana predominan pautas inalterables y las técnicas que las manipulan siguen vigentes…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

9/21/2010

México: Con pena, sin gloria


Laura M. López Murillo
(especial para ARGENPRESS.info)


En algún lugar de la noche, en la grieta más reciente de la memoria, cuando las luces y los artificios se desvanecen en el amanecer de una inminente realidad, el eco de la algarabía ylas imágenes vacías se disuelvenen la niebla del olvido...
Todo lo efímero es intrascendente como lo son las llamaradas de petate, es fugaz e intenso como suelen serlo las mentadas de madre; lo efímeroincide momentáneamente en el ánimo, enardeciéndolo o exasperándolo, pero no se aloja en la hospitalidad de los recuerdos.

Y así: efímera, fugaz e intensa fue la celebración del bicentenario de la independencia nacional.
Los ecos de una celebración suelen perdurar mucho después de la culminación del evento;no obstante, los festejos del bicentenario se diluyeron en cuanto se transmitieron. El bicentenario se redujo a un espectáculo mediático, escrupulosamente ejecutado bajo todas las medidas posibles de seguridad.

En la fiesta del pueblo se reservaron el derecho de admisión y solamente una minoría logró participar.
Ahora, cuando el ecode las fiestas patrias se ha extinguido, sólo queda un dispendio injustificable; es poco menos que improbable queel baile de las flamasintermitentes sobre Palacio Nacional se inscriba con letras de oro en la memoria colectiva de un pueblo con necesidades apremiantes. El rezago educativo se agudiza, las inclemencias de la naturaleza se traducen en miles de damnificados, escuelas y hospitales públicos padecen el descuido y la desatención gubernamental.

La invocación de epopeyas históricas carece de importancia para la mitad de los mexicanos que día a día luchan por sobrevivir. El bicentenario se esfumará como otra fiesta cívica más, envuelta en penas y pesares,sin ápices de gloria.
Los millones de pesos que se han erogado en eventos fastuosos pero efímeros pudieron destinarse a solventar el quebranto de los mexicanos que han padecido la indiferencia y el olvido de las políticas públicas.Una verdadera celebración patriótica consistiría en hacer realidad los anhelos elementales de los ciudadanos. En un digno festejose hubiese asistido a los damnificados, a los marginadospor la miseria y la ignorancia,extendiendo el abrazo de la patria a todos los rincones del país.

Ante el peso de la historia es un imperativo recapitular y reconocer quela patria es una idea que se aloja en la memoria colectiva, es una convicción que se arraiga en un corazón agradecido y que se forja cuando los habitantes perciben la protección de un estado realmente libre y soberano.
La mejor forma de celebrar el pasado es construyendo el futuro: un pueblo alcanza la libertad cuando se despoja de las cadenas de la ignorancia, cuando logra vencer al flagelo de la miseria, cuando la esperanza del porvenir perdura sobre las imágenes vacías disueltas en la niebla del olvido…

Laura M. López Murilloes Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

9/14/2010

LA OPORTINIDAD PERDIDA


Laura M. López Murillo
(especial para ARGENPRESS.info)


En algún lugar del olvido, en el último rincón de la centésima mazmorra del Archivo General de la Epopeyas Nacionales, entre testimonios, planes y tratados, yace la crónica verdadera de la patria; y día tras día, y año tras año, y siglo tras siglo, entre los gritos y la pirotecnia se posterga la reivindicación de la historia...

Dicen los que saben que la historia siempre la escriben los vencedores, que la influencia perversa de una minoría se expande por la imposición de la versión oficial del pasado, y que por eso, los verdaderos héroes de la historia nacional duermen el sueño de los justos en el rincón de los olvidos.
La celebración del bicentenario de la guerra de la Independencia será una ocasión fatalmente memorable que se registrará como una oportunidad perdida para reescribir el pasado y repensar el porvenir.

Hoy por hoy, los festejos del bicentenario que ha preparado el gobierno federal se reducen a costosos espectáculos multimedia que evocan una versión mostrenca de la historia, a ostentosos desfiles de la fuerza pública, a conciertos y verbenas multitudinarios, a un concurso de popularidad donde ganará el mejor ciudadano de México.
Sí! … es cierto que los países y las sociedades son producto y reflejo de su entorno; y en esa lógica, la nación mexicana es un claro exponente de la trivialidad predominante en la posmodernidad, cuando lo sublime y lo excelso se vulgarizan y se venden en la industria del entretenimiento masivo.

Está a punto de perderse la oportunidad de corregir las ambigüedades y los mitos que predominan en los capítulos de la historia nacional, de enmendar el calendario de las conmemoraciones patrióticas eliminando los caprichos de los gobernantes que mancillaron el legado histórico de México. Vgrs: Celebraremos el grito el 15 de septiembre cuando deberíamos conmemorar la consumación de la independentista el 27 de septiembre. Y los verdaderos héroes, aquellos mexicanos que antepusieron sus ideales a los privilegios del poder y la gloria, que asumieron el reto de intervenir en la construcción de una patria seguirán perdidos en el limbo conjurado por la historia oficial. Y las relucientes aras de la patria permanecerán impecables pero vacías, porque en el México del siglo XXI la patria es un concepto lejano y esquivo.

El significado original de la patria surge de la certidumbre de protección, de la convicción de pertenencia; pero ahora, la patria se ha reducido al sinónimo de un Estado incapaz de proteger a sus ciudadanos, de un régimen enfrascado en una guerra sin cuartel y sin estrategia.


A doscientos años de la lucha por la independencia de la corona española, las condiciones predominantes son exactamente las mismas: los grupos marginados permanecen en el lumpen de la miseria y los grupos dominantes se concentran en las élites que ostentan la atribución de distribuir la riqueza nacional.
Somos un país independiente pero no somos una nación libre y soberana, aún dependemos de las decisiones de potencias extranjeras, o consorcios internacionales, acatamos la línea determinada allende las fronteras y nos sumergimos sin pensar en la tendencia que predomina en el mercado.

Descendemos continuamente en la escala de la productividad internacional pero festejaremos el bicentenario con un placebo populista: un mega puente que paralizará la mayoría de las actividades.
La patria ya no ostenta la corona de oliva en las sienes, se erige como hogar y sepulcro de ilusiones y esperanzas; en la mazmorra más oscura del olvido yacen las crónicas verdaderas de las epopeyas nacionales; y día tras día, y año tras año, y siglo tras siglo, entre los gritos y la pirotecnia se posterga la reivindicación de la historia…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

9/06/2010

México: El umbral del futuro



Laura M. López Murillo
(especial para ARGENPRESS.info)

“El papel de los medios de comunicación en la política
contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de
sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia
queremos para esta sociedad.”
Noam Chomsky

En algún lugar del planeta, cuando las ficciones futuristas se materialicen en una contundente realidad, se perpetuarán los criterios de la estratificación social y la predisposición legendaria por el dominio...

Desde el amanecer de los tiempos, el acceso al conocimiento ha sido el factor indiscutible del control social; las minorías que han acaparado los saberes de su tiempo han sido las élites que concentran el poder. Hace miles de años la escritura fue la distinción intelectual que condenaba a los marginados a la sumisión y al fanatismo; con el devenir de los tiempos, las revoluciones en la comunicación y el avance en la tecnología, el artificio del saber se ha sofisticado hasta convertirse en un bien esquivo e intangible.

Hoy por hoy, en el umbral de la sociedad de la información el artificio del conocimiento que segregará a las masas y polarizará a las sociedades deambula en el espectro intangible en la banda del 700 MHz. El entorno digital se expande inexorablemente y con él, se reduce el contorno de los sectores informados y educados. El decreto anunciado por Felipe Calderón en su IV Informe a la nación refleja la necesidad de controlar el acceso a la información, de incidir en el discurso social para compensar la creciente debilidad del ejecutivo ante la reconfiguración del legislativo. Se pretende sustituir el desequilibrio entre los tres poderes de gobierno controlando el cuarto poder.

El impacto del decreto presidencial afectará al 95% de los hogares mexicanos con televisión abierta; se estima un gasto del gobierno federal de 1,600 millones de dólares por la entrega de un bono, a cada hogar, para la compra de un decodificador o antena receptora de señales digitales; y la licitación del espectro digital aportará al Estado alrededor de 10 mil millones de dólares… pero la frialdad de estas cifras adquiere el filo de la perversidad cuando coinciden con la contienda por el poder.

Este decreto es la primera ofensiva en la lucha por la presidencia en el 2012, en un país donde la miseria se expande y la educación es casi un privilegio, donde las políticas sociales han sido postergadas, donde los funcionarios públicos atienden intereses privados y el gobierno es una agencia de negocios millonarios.

Al margen del progreso, en la vertiginosa transformación del mundo del saber, la información se erige como el baluarte de todos los tiempos y la desinformación configura el lumpen del futuro porque se perpetúan los criterios de la estratificación social y la predisposición legendaria por el dominio…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

8/31/2010

El retorno de los vencidos


Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar de la agenda presidencial, entre los fracasos y las obstinaciones, está marcado con el color del desconcierto el primer día en el declive del régimen; a partir de entonces, se desgasta paulatinamente la aureola del poder total y se enardecen las voces beligerantes de la venganza...

El castigo fue el factor determinante en las elecciones del 4 de Julio y sus secuelas son la reconfiguración del poder y el clima de represalia que impregna el ámbito político. El rotundo fracaso de la cruzada de Felipe contra el crimen organizado y la ineficiencia de las políticas públicas influyeron en los resultados electorales. Los pocos electores que acudieron a las urnas lo hicieron convencidos de hacer valer su rechazo al régimen actual y emitieron el voto de castigo.

En estas circunstancias resurge con fuerza la voz de los vencidos, ahora vencedores, con la firme determinación de exhibir los excesos, las carencias e impericias del Calderonismo. El tiempo restante del sexenio estará marcado con el mismo color de la beligerancia con que hace leña del árbol caído. En esta lógica vengativa, los legisladores que alguna aprobaron el cambio en el formato de la ceremonia del informe presidencial por considerarlo anacrónico y obsoleto, ahora pretenden una contra reforma y volver al formato anterior.

La modificación del formato evitó la incómoda confrontación del ejecutivo y el legislativo en el mismo recinto, eliminó cualquier posible interpelación ofensiva, reclamos de la macuarrencia opositora y reproches de la disidencia durante la lectura de la glosa del informe, marcó el final del besamanos, la foto y el baño de pueblo como protocolos oficiales instituidos durante el Priato. Pero aquella reforma también dio pauta a una ceremonia alterna en el ámbito exclusivo y excluyente del panismo rampante, inaugurando el protocolo de lisonjeo y genuflexión de la nueva aristocracia mexicana.

Y el insufrible desencuentro con el legislativo se sustituyó con una intensa campaña invasiva en los espacios de entretenimiento promoviendo los logros del sexenio en mensajes prefabricados en escenarios ficticios y situaciones inverosímiles.

Hoy por hoy, ante el declive del calderonismo en todos los ámbitos de su incompetencia, cuando los vencidos revirtieron la derrota se aprestan a cobrar la afrenta. Desafortunadamente para la ciudadanía, la venganza de los vencidos se conjura en el ámbito legal, donde las minorías deciden el futuro de las mayorías.

El vulgar manipuleo de la legislación para satisfacer resentimientos partidistas exhibe la inmadurez de la clase política; al dilapidar el carácter imparcial de las leyes en represalias iracundas retrocedemos a la época del absolutismo, que debimos haber abandonado hace muchos años y que resurge ahora, cuando se desgasta paulatinamente la aureola del poder total y se enardecen las voces beligerantes de la venganza…

Foto: México - Vestido de militar, el presidente Felipe Calderón rinde "tributo" a las Fuerzas Armadas. / Autor: LA JORNADA

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

8/24/2010

México el flagelo de los dogmas..


Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

“Son los sueños los que sostienen al mundo en órbita.
Por eso el cielo es el resplandor que hay dentro de la
lacabeza de los hombres, si no es la cabeza de los
hombres, el propio y único cielo”.
Memorial del convento. José Saramago

En algún lugar profano, en la sección de los Olvidos en el Archivo General de la Ignominia, se preserva el Almanaque de los Estigmas, una de las obras más excelsas de la memoria humana que compendia todas las aberraciones, las perversidades y las malevolencias cometidas bajo la aureola de la virtud...
La intolerancia es una de las evidencias de la congénita predisposición humana al dominio, se manifiesta en actos u omisiones grotescos, exterioriza y ejecuta los razonamientos siniestros que se generan en el rincón más obscuro y retorcido de mentes enajenadas y corrompidas.

Existencialmente, la intolerancia proviene de la orfandad humana, de la necesidad de explicar el mundo con mitos y dogmas; la socialización de los dogmas deriva en imposiciones de índole moral que suelen exacerbarse por el matiz del poder. Por el influjo de los credos se trazaron las fronteras del pensamiento y las distinciones de naciones y pueblos.

Cuando las doctrinas moralizantes extinguen el raciocinio alcanzan los peligrosos niveles del fanatismo, que al fusionarse con ideologías políticas radicalizadas producen una implosión expansiva mejor conocida como fundamentalismos.

En el extremo fundamentalista se ubican los jerarcas que se adjudican la autoridad moral para dictar los decálogos excluyentes, imponen rasgos xenofóbicos y erigen los estigmas que habrán de marginar a quienes son, actúan o piensan diferente.

Los episodios más aborrecibles de la historia universal se distinguen por el flagelo degradante de los estigmas, por la exclusión y la marginación en función de un dogma proclive a los grupos dominantes.

La manifestación más reciente de la intolerancia dogmática fue la declaración del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, quien aprovechando la posición del clero en un estado que ha demeritado al laicismo, usurpando el derecho de intervenir en el ámbito político de México, desaprobó la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que avala la constitucionalidad de los matrimonios de parejas homosexuales.

Los privilegios que el clero ha recuperado en un Estado laico exhiben la configuración de un moderno fundamentalismo. Por eso, la ley será el único argumento capaz de desarticular el andamiaje de fanáticos en los círculos del poder. Este vergonzoso episodio exhibe los remanentes de la dominación dogmática que aun someten a los mexicanos.

Por el bien común y para evitar la amenaza de la segregación, el curso jurídico de este incidente deberá restablecer la distancia entre el ámbito religioso y el político y resarcir la independencia del Estado de cualquier dogma, porque todas las aberraciones, las perversidades y las malevolencias ha sido cometidas bajo la aureola de la virtud…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.