6/15/2010

Alberto Aziz Nassif

¡Ellos sí saben gobernar!

En una gira reciente por el estado de Tlaxcala, para apoyar la campaña de sus candidatos, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, se lanzó con la siguiente afirmación: “Los mexicanos ya se dieron cuenta de que el PAN no sabe gobernar en nuestro país” (EL UNIVERSAL, 11/06/2010).

Puede ser una frase en campaña y nada más, tal vez una convicción, o el hilo profundo de una expresión que articula la estrategia de regreso del tricolor a Los Pinos en el año 2012. Sin defender o atacar a los gobiernos del PAN —que tienen severos problemas— llama la atención que esta frase o consigna contrasta de manera radical con lo que pasa en el estado de Oaxaca, uno de los territorios en donde el PRI concentra el DNA de lo que es un gobierno de caciques, es decir, ellos sí saben gobernar.

Hay que ver cómo se está llevando a cabo el proceso electoral. Oaxaca está metido en unos comicios plagados de irregularidades, algunas de ellas “muy legales” y otras muy violentas, pero lo que menos hay en la tierra de Juárez es un gobierno que garantice un juego electoral limpio y equitativo. Al mando del gobernador, el aparato del estado se ha volcado a la campaña. Ya se sabe que hay fuertes desniveles entre los espacios electorales federales y lo que sucede en los estados. El modelo electoral que prevalece en las entidades federativas tiene incorporadas viejas prácticas, como el control sobre los organismos electorales, su falta de autonomía y su debilidad, todo lo cual representa un atraso. La debilidad y el control sobre las instituciones estatales que, supuestamente, garantizan la democracia representativa (organismos de derechos humanos, de transparencia y de elecciones) en el caso de Oaxaca se dan al extremo. En ese estado se da literalmente un viaje al pasado. El control priísta es la moneda de cambio: sobre los medios locales, sobre el órgano electoral, sobre el tribunal local, sobre el presupuesto gubernamental. Con estos controles que distorsionan la competencia se quiere evitar la primera alternancia en el estado.

Así, el priísmo de Oaxaca, que sí sabe gobernar, ha preparado el camino a través de controlar mecanismos como el Programa de Resultados Preliminares, a cargo de una empresa que hace seis años tuvo un desempeño sospechoso; mediante la impresión de las boletas electorales, que hace una empresa que ya fue sancionada en otros estados como Veracruz y que tampoco garantiza cuentas claras, como sí lo haría Talleres Gráficos de la Nación, en donde se imprimen las boletas para elecciones federales. El desnivel de Oaxaca es de tal magnitud que prácticamente toda la legalidad y las impugnaciones se han tenido que resolver en el espacio federal con el Trife.

Oaxaca ha vivido en los últimos años una situación de violencia creciente, en donde han sobrado los balazos y han faltado las razones. El movimiento de la APPO en 2006 dejó más de 25 muertos, que hasta la fecha son asesinatos que permanecen en la impunidad; ya la Suprema Corte de Justicia de la Nación señaló, hace unos meses, al gobernador Ulises Ruiz como el responsable de las graves violaciones a los derechos humanos, pero él sigue tan campante. La semana pasada una caravana pacifista que llevaba 30 toneladas de víveres para la zona trique, donde está la comunidad de San Juan Copala, no pudo llegar por amenazas de violencia y se quedó a seis kilómetros (EL UNIVERSAL, 10/06/2010). Hace unos días hubo un enfrentamiento armado en la Universidad Autónoma Benito Juárez y la periodista Ixtli Martínez fue baleada con alevosía por uno de los participantes en el enfrentamiento, y, como ella misma dice, no fue un accidente, sino una agresión directa (EL UNIVERSAL, 11/06/2010). Este es el clima que se vive en Oaxaca hoy. A la impunidad y violencia hay que sumar la intolerancia de una guerra sucia de propaganda en contra de Gabino Cué, candidato de la alianza opositora, y de Flavio Sosa, uno de los líderes del movimiento de la APPO de 2006.

Una parte muy importante de las victorias electorales del PRI se debe a los problemas de los gobiernos que tienen el PAN y el PRD. En muchos casos no se distinguen las diferencias entre el viejo PRI y la oposición. Pero el PRI también gana elecciones porque tienen una maquinaria poderosa, porque usan los recursos del presupuesto público, porque son muy eficientes con el clientelismo y el control territorial, porque dominan los organismos electorales en los estados que gobiernan. Así que Oaxaca con más PRI sería simplemente más de lo mismo. Una alternancia puede significar, a pesar de todas las limitaciones, un cambio relevante para que los que han gobernado Oaxaca por décadas no lo sigan haciendo…
Investigador del CIESAS

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