Tomás Mojarro
Sigo la crónica del chiverío que enajenó al mentecato que fui de joven, y la reanudo con el recuerdo del Tigre Sepúlveda, que en la defensa central ganaba contiendas con la pura estampa de una camiseta a rayas, unos mostachos aguamieleros y un mirar así, miren, de fiera en brama. Y a palidecer, esos margaritones del Atlas, que allá viene el Tigre.
Te honro a la vuelta de tantos ayeres, zambo aborigen genial, pesadilla de rivales, honra y prez de Atemajac. ¡En la defensa izquierda Jamaicón Villegas, y ya!
Nuño: sacrificio, entrega, dinamismo puro y puro pundonor. No, y aquel inolvidable... ¿cómo se llamaba el inolvidable tirador de media distancia? Qué inolvidable zurdo era ese que se me olvida, que manera de avanzar: pique, freno, descolgadas escalofriantes y el sonoro rugir del balón al ángulo superior de la portería. ¡Y autogol del inolvidable! "Mis" chivas...
Como si lo estuviera viendo: Marimbas Vidrio mentado. Me acuerdo que cuando en el área chica se picaba con el balón... Un momento; el Marimbas Vidrio no, que ese era de los otros, de los mediocampistas del Atlas. Es que de aquello hace ya tantos abriles, diciembres...
Pero tú cómo te me ibas a olvidar, símbolo garrochón de mi juventud primeriza. De pie te saludo, chiva grande, tú al que así anunciaban todos los altoparlantes de todos los estadios donde se practica el futbol:
“¡En la portería de las Chivas... Jaime... Tubo... Gómez!"

Dije Colomitos y de golpe se me viene el paisaje sombreado del que fue establo del chiverío y querencia de mis años nuevos, los que se me murieron en olor de virgen zapopana y de primerizo amor: Con la ilusión de que volvieras - mi corazón abrió la puerta - y tus pisadas confundí - con el latir - del corazón. (Me los estoy sintiendo mojados; los ojos...)
Al filo de la nostalgia, mis valedores, me he puesto a rememorar el perfil de "mis" campeonísimasChivas de los años 60, cuando no había en todo sol general un fanático más entrañudo que yo, pobre de espíritu y mentecato héroe por delegación que con otros tan mediocres como yo juraba que “jugamos bien, no fallamos a la hora del escopetazo. ¡Goleamos!”
Mis valedores: a esto quería yo llegar. Como alguno de ustedes, dipsómano que logró la curación, como el vicioso que con su puro par de redaños venció el cigarrito, así yo; enajenación futbolera nunca más. Crecí, maduré mentalmente, ejercité el oficio de pensar y el de la autocrítica, me libré del cretino que fui por aquel entonces, el idiota útil al que Televisa manejó como le dictaron sus electrónicos compañones. Yo abandoné la exaltación inducida e impuesta que me traía delirando; me lavé de la mugre mental que me engarrotaba en la enajenación, la pasividad y la dependencia. Los aborrecibles futbol, cigarrito, licor y televisión nunca más. De amores el libro y unas faldas de mujer (no pantalones). Es cuanto. Y ya. A vivir. Qué más. Qué mejor. (Vale.)
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