9/07/2011

Un enigma llamado Peña Nieto


Ricardo Rocha

Sí, ya sé que para muchos él es sinónimo de lo inevitable en uno u otro sentido: los que auguran el regreso a las cuevas cavernarias pintadas de tres colores, y quienes dicen que con él volverá a salir el sol para disipar las sombras de estos tiempos de oscuridades. En ambos casos está escrito que Enrique Peña Nieto será inequívocamente presidente de México. Así que, ¿cuál enigma?

Yo, sin embargo, creo que todavía quedan algunos misterios por resolver. Y no me refiero, por lo pronto, a algunos de los pasajes de su vida que habitaron —o habitan aún— el imaginario colectivo. Ni siquiera al subsistente rumor de que algún malqueriente haga explotar un escándalo que dinamite la vía rápida de acceso a Los Pinos. No. Me refiero simplemente a la duda razonable de si, por ejemplo, él, que ahora está en la cumbre máxima de aceptación en las encuestas, puede subir todavía más, cuando ya no hay nada más arriba. Me pregunto a dónde estará a finales de octubre ya sin el cobijo mediático de su cargo y en la víspera de que su partido, el PRI, por supuesto, inicie el proceso formal de elección de su candidato a la Presidencia. También creo que es válido cuestionar si —una vez candidato— de verdad derrotará indefectiblemente a quien le pongan enfrente el PAN o las “izquierdas”.

Por lo pronto, ahí estuvo antier en un escenario también enigmático y contrastante. Dueño absoluto de una escenografía inmensa que lo empequeñecía pero a la vez lo agigantaba y multiplicaba en tres espectaculares pantallas a sus espaldas. Un hombre supuestamente moderno que insiste en vestirse dinosáuricamente con el corbatón, las solapotas y el copetazo, tal vez para contrarrestar algún complejo. “Es un auténtico muñeco”, dicen arrobadas las señoras. “Es un tipazo”, describen los señores. “Es el futuro”, piensan frente a él la gran mayoría de los dos mil 300 privilegiados que atestiguaron su sexto Informe en el Teatro Morelos de Toluca. El tout Mexique de la política nacional dirían los mamilas cronistas de sociales de hace no mucho. Y no andarían muy lejos: una veintena de gobernadores, incluyendo algún presunto aliancista; la crème de la crème de diputados y senadores, líderes de partidos formales y “de a devis”. Y en el centro de la atención y la escena el hombre exacto, en el lugar preciso, en el momento ideal.

Y desde allí, como mago, va sorprendiendo a todos con trucos y enigmas que saca de su chistera: al presidente Calderón encendidísimos elogios como diciéndole: “si llego no haré nada en contra tuya”; a Manlio Fabio un enfático: “especialmente agradecido por tu presencia”, cual si le propusiera “ya resígnate, ¿no?”; a La Maestra no la menciona por su nombre, pero la ve con el amor de un niño que la quiere, sí, pero de tiempo completo; a Eruviel, el que llega, le provoca no una sino dos tandas de aplausos, faltaba más; eso sí, ni una sola palabra de las molestas inundaciones de allá afuera y que tienen con el agua al cuello a millares de mexiquenses. Por cierto, lo de menos son las cifras del Informe, lo que importa es el show de las imágenes que aparecen invocadas por el conductor experto en que está convertido el gobernador. Y, claro, que lo que importa todavía más es él mismo, sus gestos y sobre todo a dónde dirige su mirada, que produce el milagro de saber que uno está ahí para adorarlo.

Y luego, la expectativa creciente de a ver a qué hora dice que sí, que quiere, que irá con todo por la Presidencia. Hasta que al fin llega el tan ansiado “mensaje político”: “México tiene proyecto… lo que falta es un Estado eficaz; [...] hagamos efectiva la seguridad… para vivir con libertad y sin miedo, [...] hagamos una revolución educativa, impulsemos más inversión en ciencia y tecnología, garanticemos la nutrición a los mexicanos, promovamos un campo moderno, rentable y sustentable; generemos una nueva cultura ambiental, hagamos del crecimiento económico elevado y sostenido la gran prioridad de la política económica, fomentemos la competencia para igualar oportunidades, el proyecto de futuro exige una transformación de fondo en todos los ámbitos, sin tabúes, sin limitaciones, sin temor a innovar o afectar intereses creados”.

Cualquier semejanza con un programa de gobierno para este país es mera coincidencia. Y neta que por momentos es tan convincente que parece un hombre de Estado, aunque luego se tropieza gacho con palabras de uso no tan común. Todo un enigma. Como el que planteaba la gente al salir: que será una marioneta de quienes lo encumbraron; que cómo crees, si él ya los da por muy bien pagados y lo que le sobran son pantalones; que es imposible que aguante tanto en la cima; que estás loco, que de ahí no lo baja nadie.

En suma, el enigma grande de si Enrique Peña Nieto es por sí mismo o un producto de dos gigantescas maquinarias, una propia y otra alquilada, que lo han puesto donde está. Que si es capaz de articular sus propias ideas o todas tiene que leerlas mirando al espejo truqueado de una cámara de televisión. Habrá que verlo ahora, en su etapa posteleprompter.

PD.- Para mi fraterno Clemente Cámara, por los nuevos sueños compartidos.

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