9/22/2013

17 Tour de Cine Francés (2)



Carlos Bonfil

Cine de calidad a la francesa: una realización de corte académico, sin grandes rupturas formales; interiores burgueses, exteriores fotogénicos; diálogos laboriosamente cargados de ingenio en una trama que combina el teatro de bulevar y las representaciones clásicas; actores muy profesionales, de dicción perfecta, promovidos al rango de monstruos sagrados.

Entre el registro del drama sicológico y la comedia costumbrista, Paseando con Molière (Alceste à byciclette), de Philippe Le Guay, es una cinta que cumple su cometido de servir como vehículo para el lucimiento de dos grandes actores (Fabrice Luchini y Lambert Wilson), sin importarle mucho dejar en el intento toda originalidad y verosimilitud en la construcción de su trama. Lo primordial es colocar en primer plano el genio de Molière, y particularmente el de la lengua francesa, oponiendo a dos personajes que se disputan el privilegio de ser sus intérpretes perfectos. Este elogio de la cultura clásica francesa tiene en el actor retirado Serge Tanneur (Luchini) a un portavoz tenaz, defensor acérrimo de la tradición y el purismo. Cuando Gauthier Valence (Wilson), viejo camarada y exitoso actor de series televisivas, le propone regresar con él al teatro e interpretar juntos los personajes centrales de El misántropo, las primeras reticencias de Serge se vuelven embestidas de arrogancia y despecho contra el comediante rival.

La cinta deviene el juego de masacre de dos vanidades susceptibles. El asunto podría ser interesante en su intención de contrastar dos maneras de considerar la cultura clásica: la devoción de Serge, celoso guardián de las tradiciones, y las irreverencias de Gauthier, empeñado en modernizar el texto y reducirlo a los requerimientos de la modernidad escénica. Desafortunadamente, la cinta se engolosina en el duelo de las dos figuras, en su combate verbal y sus golpes bajos, y en su afán de incorporar tramas secundarias que son un lastre. La perversidad de Luchini, actor formidable, se desgasta así en el juego teatral narcisista y vano al que le convida el realizador, aderezado todo con toques humorísticos tan reiterativos como desafortunados.
En Renoir, de Gilles Bourdos, hay un intento por apartarse de las vías más trilladas del biopic tradicional. No se intenta una biografía del pintor Pierre-Auguste Renoir, sino tan sólo capturar en los últimos años de su vida algo de la complejidad sicológica del personaje, su aparente frialdad afectiva y su obsesión creadora, el modo en que una joven modelo trastorna por un momento sus certidumbres, y también la forma en que el anciano enfermo asiste a las inquietudes eróticas y artísticas de su hijo Jean, inesperado rival en amoríos y futuro cineasta.
Foto
Fotograma del biopic Renoir, de Gilles Bourdos
La cinta ostenta el pulcro trabajo del camarógrafo taiwanés Ping Bee Lee, colaborador favorito del realizador Hou Hsiao Hsian, y la actuación contenida y sobria del veterano Michel Bouquet. Un atractivo más de la cinta es la tempestuosa irrupción de la joven modelo Andrée (Christa Therel) en las rutinas y los ensimismamientos de un padre indiferente y de su hijo pródigo. Una distancia más clara con el tono narrativo de un telefilm le habría dado al trabajo en su conjunto una mayor distinción artística.

Renoir y Paseando con Molière son dos ilustraciones elocuentes de un cine francés de calidad que con sus dosis de entretenimiento y un cierto barniz artístico goza hoy de una buena respuesta por parte del público francés.

Finalmente, En la casa (Dans la maison), de François Ozon, recurre a la obra teatral El chico de la última fila, del español Juan Mayorga, para explorar el vampirismo moral que un brillante alumno adolescente practica sobre su profesor de literatura. El malestar intelectual del profesor Germain (Fabrice Luchini, vigoroso), novelista fallido, y su fascinada obsesión por el alumno Claude (Ernst Umhauer) que escribe impecablemente y sin esfuerzo, fingiéndose aprendiz del maestro a quien con toda naturalidad supera, son elementos perturbadores que François Ozon maneja con malicia. El vano esfuerzo de Germain por retener en la falsa frescura de su alumno algo de su propia juventud perdida, es un tema que el realizador aborda con familiaridad y maestría.

Como en Gotas de agua sobre piedras ardientes, cinta de Ozon basada en una obra teatral de Fassbinder, las relaciones de poder son parte esencial en un asunto plagado de sordidez moral y animado por una dinámica de suspenso. Hay que ver la manera en que el discípulo convida al maestro al virtual voyeurismo de una intimidad ajena, volviéndolo cómplice y víctima de sus propias obsesiones juveniles, para calibrar el modo en que el realizador francés permanece fiel al estilo y a las recurrencias temáticas de sus primeras cintas, con giros siempre inesperados, renovando los géneros del drama y la comedia en el panorama más bien adocenado del cine francés actual.

En la casa se exhibe este domingo en la Sala 1 de la Cineteca Nacional: 17, 19:30 y 22 horas.
Twitter: @CarlosBonfil1

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