De eso se trataba uno de los puntos del segundo debate presidencial: seguridad fronteriza y combate al crimen transnacional. Pero tanto los conductores como los candidatos evitaron el tema, a pesar del ominoso impacto de la delincuencia internacional dentro de nuestras fronteras.
Obrador, Meade, Anaya y Rodríguez durante el debate. Foto: Especial
     
Obrador, Meade, Anaya y Rodríguez durante el debate. Foto: Especial
La omisión no pudo ser por ignorancia. Hace lustros que es conocido el rol de los grupos delictivos mexicanos en el mundo y la presencia de las organizaciones delictivas de otros países en México. Se vive todos los días en distintas partes del territorio.
Cuando en el debate presidencial, en Tijuana, mencionaron el tema de la seguridad fronteriza, los candidatos solo declararon buenas intenciones. Por los tres mil 200 kilómetros de la frontera común pasan prácticamente todos lo que tiene que ver con delincuencia transnacional: drogas, armas, tráfico de personas con fines de explotación, lavado de dinero, y potencialmente terroristas.
Desde los años noventa, los mexicanos comparten con los colombianos el control y distribución de la cocaína y hasta financian el cultivo de droga en Sudamérica. En la década pasada, el mercado estadounidense les quedó chico e incursionaron en Europa. Y en Asia algunos hasta han sido condenados a la horca, como los tres hermanos sinaloenses detenidos en Malasia por traficar con anfetaminas.
Desde China, llegan a los puertos del Pacífico, sobre todo al de Lázaro Cárdenas, Michoacán, los insumos para las drogas sintéticas. Por la frontera con Estados Unidos entran casi todas las armas legales e ilegales al país, como las que fueron incentivadas por los gobiernos de los dos países en el fisco del operativo Rápido y Furioso.
Europa del Este y América Latina han sido los puntos de salida de mujeres que son explotadas por la delincuencia organizada en México. Los ejemplos se extienden a diferentes actividades y nacionalidades. Ahora también hay que agregar las actividades de la delincuencia cibernética.
Cuando en el mundo se habla de delincuencia transnacional, México es referencia obligada. No para los candidatos presidenciales. Su silencio explica por qué el Estado mexicano se ha reducido frente a la presencia de esos grupos.
Perder territorio, por ejemplo, es más que ceder ante los cárteles y las organizaciones locales. Es una aceptación tácita ante quienes en última instancia se quedan con las ganancias del negocio ilícito, en México y en el extranjero.
Si es un tema del que por temor o conveniencia electoral los candidatos no quisieron hablar, entonces para qué lo incluyeron en la agenda. Así, su comportamiento de avestruz que esconde la cabeza para ignorar los problemas no hubiera quedado en evidencia.
@jorgecarrascoa