7/20/2015

“El Estado favorece las actividades criminales”: Héctor Domínguez Ruvalcaba


El investigador analiza el impacto de crimen dentro de las manifestaciones culturales en México, en su libro ‘Nación criminal’.

(Foto: Redacción AN/ Ariel).

El Estado favorece las actividades criminales Héctor Domínguez
De El Zarco y Los bandidos de Río Frío hasta la literatura de Élmer Mendoza o el cine de Luis Estrada, el registro del crimen en la cultura mexicana ha cambiado. El ‘tortilla western’ o los narcocorridos, son el espejo a través del cual se filtra el presente de nuestro país. En Nación criminal (Ariel), el investigador, Héctor Domínguez Ruvalcaba, analiza el impacto de la delincuencia en las manifestaciones artísticas. “Para hablar de criminalidad no sirven los archivos oficiales porque ya sabemos que están truqueados; los medios en su gran mayoría se autocensuran; por tanto los datos más contundentes están en las narrativas, la literatura o el cine”, expone el autor en la siguiente entrevista.


En el libro apunta que la criminalidad se legitima a través de la política, se frase tiene parece ser atinada para el momento que vive el país.
En principio quería ser provocador con el título: Nación criminal. Sin embargo nadie se ha enojado. En México la estructura del Estado participa o se favorece de las actividades criminales por medio de acuerdos y pactos a cambio de garantías de impunidad. Las reformas legales se hacen para proteger ciertas áreas de la criminalidad, de lo contrario ya habríamos resuelto la mayoría de los feminicidios, la trata de personas o lo sucedido con la red de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre. En este sentido, la fuga del “Chapo” no debería sorprendernos.


Dedica el libro a rastrear la aproximación de la cultura de estos fenómenos. ¿En qué momento estamos en este terreno?
Empecé a investigar en 2010, año de Bicentenario, y viajé por varias ciudades de la república. Me topé con que buena parte de las artes visuales aludían al crimen organizado, cadáveres, muertos, criminales; recordemos que entonces se estrenó la película El infierno, que ya ni nos hacía reír porque nos sabíamos todo. Para hablar de criminalidad no sirven los archivos oficiales porque ya sabemos que están truqueados; los medios en su gran mayoría se autocensuran; por tanto los datos más contundentes están en las narrativas, la literatura o el cine. Ahí es donde podemos tener mayor fe sobre lo que sucede.


¿El miedo cohesiona?
Sí, hay una cultura del miedo. Existe una organización social a su alrededor, esto es visible en las ciudades fronterizas. La gente no solo se condiciona por lo que dicen las mantas también teme a las autoridades, ese ha sido el mayor problema de los activistas de derechos humanos en el norte por eso hay un gran grupo llamado Mexicanos en el exilio. La cultura del miedo se establece a partir de las normas que expide el crimen en lugares como Chihuahua o Tamaulipas.


¿Cuál es la línea que separa esta cultura del miedo de la apología del crimen?
Conviven en el mismo lugar. En Hermosillo conocí a un cantante de rap local, en su estudio lo mismo graba a hiphoperos que narcocorridos. Su lema es: ‘trabajo para quien me contrate’. A un compositor del narcocorrido lo secuestraron en un hotel y con todos los servicios y más incluidos, pero no lo dejaron salir hasta que terminara la canción. Creo que la mayoría de quienes producen este tipo de expresiones culturales y de apología lo hacen porque están amenazados.


En algunos lugares los narcocorridos ya están prohibidos.
Canciones de gente como el Komander, deberían prohibirlas porque se expresan con lenguaje de narcomanta. En contraste tenemos a Los Tigres del Norte que apelan a una moralidad perdida y a un sentido crítico. Así que depende de cuál es la calidad moral del narcocorrido. No podemos negar que esa cultura existe.


Apunta también que la cultura del miedo es una forma de controlar a la gente.
Sí, ahora estamos en una cultura del miedo que se queda en lo publicable. Hay una Regina Martínez o un José Luis Blanco, gente que se atrevió a denunciar lo que estaba pasando. Predomina la prensa autocensurada, veo una sociedad que te pone el dedo en la boca para que te calles. Donde se censura hay dictadura. ¿Qué esperamos para reconocerlo? Hay filtros, retenes de uniformados, año con año desaparecen miles de personas. Todos estos rasgos los leí en las dictaduras de Sudamérica con la diferencia de que aquí no gobiernan militares.


¿En términos de la narrativa del crimen, de Los bandidos de Río Frío a lo que hace Teresa Margolles o Yuri Herrera, ¿cuáles son los principales cambios?
A la literatura de bandidos del siglo XIX, la manejo bajo un esquema de bandidos insurrectos frente a mercenarios, se mantiene hasta los años treinta. La aparición del corporativismo priista alcanza incluso al crimen con las guardias blancas, los esquiroles, los infiltrados, etc. En el documental Los ladrones viejos, podemos ver como el gobierno controla a los criminales. En cambio las narrativas de finales del siglo XX pertenecen la era de cuando el Estado es dominado por las organizaciones criminales y es donde estamos en este momento.


Los críticos de lo que se llama literatura del narco argumentan que es un subgénero que se queda en la superficie y no trasciende a la coyuntura.
Percibo una censura de la literatura del narco a partir de señalarla como frívola, banal o comercial. Este tipo de críticas provienen de sectores conservadores, eso lo lees en Letras Libres que me parece lo más conservador que tiene el medio literario mexicano, o en reuniones como Hay Festival, desde donde se dice que la literatura debe evadir lo concreto. Polémicas similares ya las vimos con la novela de la revolución mexicana, pero en este momento no hay mejor método para conocer la revolución que estos libros. Conozco a Élmer Mendoza y se hasta donde llega, quisiera ver a uno de estos críticos meterse al fondo del problema; es fácil hablar desde un escritorio en Coyoacán. Hay buenos y malos escritores pero el tema de la criminalidad se debe manejar y en México se aborda desde la provincia porque ahí lo padecen; desde el Distrito Federal el mundo se ve de otra manera. Hay que salir y dejar de pensar que la gran literatura se hace en la Ciudad de México.

1 comentario:

  1. Conviene recordar que Hernando Cortez inauguró la mordida un 30 de Diciembre en Zempoala Veracruz y que durante la colonia, la Nueva España era solo una cjha de resonancia de la corrupta y rapaz aristocracia española donde se practicaban toda clase de chanchullos legale e ilegales prinicpalmente por las oligaquias poblanas y de las cudad de México.y en terminos generales ha cambiado muy poco

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