7/24/2015

Oaxaca, la sangre y la cárcel no ayudan



No parece haber mejor imagen para describir al gobierno de Enrique Peña Nieto que el del hombre que, caído en las arenas movedizas, mientras más se mueve para salir de ellas más se hunde. Y es que inmerso en las arenas movedizas de los escándalos de corrupción, de la evidente ineficiencia para conducir la economía, de la participación directa del gabinete peñanietista en la fuga del Chapo Guzmán, del fracaso de las llamadas reformas estructurales y de la baja en los precios del petróleo, Peña Nieto insiste en gobernar como si gozara de gran prestigio y amplio consenso social. 

A la muy larga serie de errores cometidos por su gobierno en los últimos dos años y medio, ahora Peña Nieto se ha empeñado en destruir a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Y en una clásica operación de pinzas, primero desaparece el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) y acto seguido fragua la aprehensión y consignación penal de los principales líderes de la CNTE. 

Para tomar esas dos perversas medidas, Peña Nieto ha contado con la mansedumbre, la servidumbre y la podredumbre del gobernador de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo. Pero es necesario reconocer que Gabino Cué se dobló sólo hasta el final, hasta que la Secretaría de Gobernación lo amenazó con el expediente de la desaparición de poderes e incluso con un juicio penal por corrupción y ejercicio indebido del servicio público. 

Pero aunque finalmente de dobló, Gabino Cué sabía lo que hacía. Entendía que el camino de la represión no resolverá los problemas y que incluso los agravará. Que reprimir a la CNTE es como echarle gasolina al fuego. Que la represión policiaca, judicial y militar incrementará la inestabilidad social presente en Oaxaca en los últimos años. 

Pese a su flaqueza final, Gabino Cué se había negado a seguir los pasos de su antecesor, Ulises Ruiz, quien se valió hasta de métodos represivos ilegales, como el uso de golpeadores, francotiradores y otros asesinos profesionales para combatir a la insurgencia popular oaxaqueña. 

Muy poco tardarán Osorio Chong y Peña Nieto en darse cuenta de que la represión administrativa y policiaca-judicial les traerá más y mayores problemas. La CNTE es un movimiento de masas y no una pequeña mafia como la que encabezó por décadas la hoy presa Elba Esther Gordillo en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). 

Para acabar con la indisciplina que empezaba a nacer en el SNTE, bastó con meter a la cárcel a la de pronto insumisa lideresa. Pretender la reedición de la medida con el líder o con los líderes de la CNTE significa que ni Osorio Chong ni Peña Nieto comprenden el tamaño y la fuerza del adversario. Una organización de masas combativa y experimentada y con presencia estatal, regional y en algunos casos hasta nacional, como la CNTE, no es comparable con el grupúsculo de lidercillos corruptos que medraban y siguen medrando en en el SNTE. 

Osorio y Peña están trabajando inconscientemente para revitalizar a la celebérrima APPO, la combativa e indomable Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la que nació en el año 2006 justamente para apoyar la lucha de entonces de la Sección 22 de la CNTE. Y ya se sabe, por la experiencia vivida, que para combatir a la insurgencia popular oaxaqueña, Osorio y Peña tendrán que acudir a una represión feroz. Y se sabe igualmente que para solucionar conflictos la sangre y la cárcel no ayudan. Al contrario. 

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