12/13/2015

Semblanzas I


Jazz
Antonio Malacara

Por fin, después de tres años de ires y venires logramos agrupar historias y semblanzas de cada uno de los 32 estados del país (bueno, la ciudad de México está apenas en proceso de constituirse como tal), para armar el Atlas del jazz en México.
Al principio habíamos considerado a un solo cómplice por entidad, pero conforme fueron trotando los días –y como suele suceder–, el propio proyecto se encargó de definir y especificar sus tiempos y demandas. Finalmente, un equipo de 58 observadores ha sido el encargado de mapear y organizar los primeros apuntes sobre el jazz mexicano a través de los años.
Entre los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX, existe una protohistoria que sólo puede atisbarse entre brumas, susurros y controversias que flotan en los rincones de las hemerotecas, o que ondulan olvidados en algún archivo particular, esperando que algún ocioso los desempolve y los saque a la luz. Falta mucho, pero ya estamos cavando.
Vayan por lo pronto unos cuantos apuntes.
Sergio Durán (Aguascalientes): Aquí el jazz ha existido desde hace muchos años, pero empezó con un poquito de más auge a finales de los años 90. Fue cuando el estado le dio más importancia y se empezaban a hacer pequeños festivalitos por medio de la Casa de la Cultura o presentaciones en la Feria de San Marcos, con bandas locales. Hasta que en 2004 se instauró el Aguas Jazz, que es un sobrenombre, porque oficialmente se llama Encuentro Regional de Jazz Centro Occidente; se desarrolló durante una semana.
Neto Lizárraga (Tijuana): Nosotros estamos un poco aislados del sur, de la ciudad de México; entonces, en los años 30 los músicos estadunidenses que daban conciertos en San Diego se pasaban a Tijuana y así empezaron algunos a tener esa influencia jazzística. Estaba el Casino de Agua Caliente, donde iba Al Capone y algunos otros; ahí, el Salón de Oro era muy lujoso. Después hubo otros lugares céntricos. La calle principal de Tijuana, la avenida Revolución, se llenó de centros nocturnos.
Lupillo Barajas (Tijuana): “Los sonidos siempre tienen una manera de llegar al espíritu, al alma; tocando con feeling… Esto fue un poco profundo, pero es la manera como yo lo capto. En la improvisación estoy tratando de agarrar imágenes con los sonidos y proyectar casi casi una poesía, una historia, algo que decir; que la gente lo perciba. Esa es la idea que yo tengo del jazz”.
Ernesto Rosas (Ensenada): Cuando nosotros iniciamos aquí en el 83, el jazz empezó como a adquirir furor. En Ensenada fue relativamente fácil, porque hay una gran comunidad científica a la que le interesaba el jazz y creo que a eso se debió el éxito. Se dice que Ensenada es la ciudad que más científicos per cápita tiene en México. Hay institutos privados, hay centros de la UNAM y de la UABC. La ciudad es famosa por el vino, por la buena comida y por el jazz.
Jorge Rodríguez Flor Tito (Cabo San Lucas): Entramos a tocar a un restaurant que se llama The Office; ahí tenemos casi 12 años presentándonos ininterrumpidamente. De 2002 a 2008 estuvimos haciendo festivales de jazz. Yo los organizaba, se los propuse al municipio y a la iniciativa privada. La dueña de The Office es la directora de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y nos apoyó. Hace dos años lo retomaron, pero ya lo está haciendo la iniciativa privada y le llaman el San José Jazz Weekend. Yo estoy nada más coordinando el programa de los músicos.
Mario Lladó (Campeche): Se dio de mano en mano y de oreja a oreja, a principios de los años 70. En ese entonces, los músicos campechanos tomábamos del rock algunos modelos con influencias jazzísticas: Blood, Sweat & Tears, Cold Blood, Ides of March. Estas y otras bandas las escuchábamos un pequeño grupo de amigos Luego nos turnábamos los discos y los escuchábamos a conciencia una y mil veces. En cuanto a conciertos, lo único que se presentó por aquella época en estos lares fue el Cuarteto Mexicano de Jazz, del maestro Francisco Téllez.
Arturo Piña (Tuxtla Gutiérrez): Yo soy yucateco. Cuando llegué a Tuxtla, por ahí de 1959, no había nada de jazz en vivo. Lo que había era música regional, la marimba, una marimba preciosa, sin metales, sólo la madera. Pero había una discoteca que se llamaba Almacén Central de Música. Ahí pu- de conseguir discos de Miles Davis, de Thelonious Monk, de Erroll Garner. Había gente a la que le gustaba el jazz, pero era muy dispersa.
Continuamos en la próxima entrega. Salud.

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