8/01/2011

Los mexicanos, hoy más pobres que hace 10 años

Oportunidades económicas como el alto precio del petróleo y las remesas han sido desaprovechadas en la última década. Las buenas finanzas del país no se reflejan en la economía familiar.

San Pedro Xalostoc, municipio de Ecatepec, Estado de México, donde la poblacion habita en casas de cartón y madera sin agua y sin servicios.
San Pedro Xalostoc, municipio de Ecatepec, Estado de México, donde la poblacion habita en casas de cartón y madera sin agua y sin servicios. Foto: Enrique Ordóñez/ Cuartoscuro

De acuerdo a la información oficial, los ingresos mensuales promedio de todos los hogares mexicanos (ricos, pobres y de clases medias) cayeron de 12 mil 518 pesos en el año 2000, a 11 mil 645 en el 2010. Encima, el ingreso en 10 por ciento de los hogares más pobres apenas alcanzó dos mil 54 pesos el año pasado, lo que ni siquiera alcanza para cubrir el costo de la canasta básica alimentaria.

Empecemos por mencionar que el 16 de julio el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los resultados oficiales para 2010 de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), la cual reporta cada dos años los niveles de ingreso total, monetario y no monetario, de los mexicanos que viven en el país. El boletín de prensa del INEGI trata de justificar la caída de los ingresos de 2008 a 2010 por el impacto que tuvo sobre México la crisis internacional de 2009, lo cual es cierto; pero no explica el casi nulo crecimiento del producto per cápita (PPC) en los anteriores ocho años; en todo caso, es interesante analizar los cambios en el nivel de bienestar económico de los mexicanos durante la última década. Si comparamos los niveles de ingreso que teníamos en 2000 con la reciente cifra de 2010 y lo contrastamos con el potencial (desaprovechado) de crecimiento que nos hubieran dado el boom petrolero y las remesas que nuestros paisanos mandaban del extranjero, quedaría de la forma siguiente:

DERRUMBE DE INGRESOS

El ingreso real promedio trimestral (medido a precios del 2010) era de 36 mil 518 pesos en 2000, que fue el último año de la administración de Ernesto Zedillo. En diciembre de ese año inició el gobierno de Vicente Fox Quesada; al final de la década de los gobiernos de Fox y Felipe Calderón, en 2010, dicho ingreso cayó a 34 mil 936 pesos, es decir, sufrió un deterioro de 4.3 por ciento. El PPC de 1980 fue 35 por ciento superior al de 1971, y aún si incluimos la severa crisis de 1995, de 1991 a 2000 el PPC aumentó en más de 12 por ciento.

Las cifras mencionadas son ingresos durante un trimestre para el promedio de los hogares; pero, debido a la desigualdad imperante, el INEGI nos muestra resultados dramáticos para los más desafortunados: en 2010 el 10 por ciento de la población más pobre obtuvo un ingreso trimestral de sólo seis mil 163 pesos, o sea dos mil 54.33 pesos por mes y por familia —muy lejos de los famosos seis mil pesos mensuales mencionados por el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero. En estas condiciones no es extraño que el porcentaje de la población en condiciones de “pobreza alimentaria” (que no le alcanza para cubrir el costo de la canasta básica) haya aumentado de 13.8 por ciento de la población en 2006 a 18.8 por ciento en 2010.

El derrumbe de los ingresos promedio es de por sí lamentable, pero resulta más trágico al darnos cuenta del potencial de crecimiento que tuvo México en años cuando las remesas enviadas por nuestros paisanos aumentaron 224 por ciento: de mil 643 millones de dólares en promedio trimestral en 2000, a cinco mil 318 millones en 2010. El envío de estas remesas, obtenidas por el esfuerzo desesperado de los mexicanos que no encuentran empleo en el país a consecuencia de errores en las políticas públicas, sin duda amortiguó el deterioro del estancamiento económico. Por su parte, la generación de excedentes petroleros fue considerable, pues el precio promedio anual de la mezcla mexicana de petróleo de exportación aumentó 191 por ciento: de 24.8 dólares por barril en 2000, a 72.2 en 2010. Habría que cuestionar el uso de los excedentes petroleros y el exceso en la acumulación de reservas internacionales más allá de lo socialmente óptimo. Es cierto que México enfrentó una caída en la producción nacional en 2009 a consecuencia del derrumbe financiero e hipotecario de los países desarrollados, pero durante los siete años que van de 2001 a 2008 los precios del petróleo se mantuvieron al alza: de 18.6 dólares por barril en el primer año, hasta 80.4 dólares en el último.

PANORAMA DESALENTADOR

Fueron siete años de vacas gordas que se desaprovecharon para crecer y hacer los cambios institucionales y estructurales que tanto requiere nuestro país. A mayor abundamiento, el gobierno de Fox arrancó con una economía que venía creciendo, con finanzas públicas sanas y un adecuado nivel de reservas internacionales. Su primer año de gobierno gozó de altos niveles de aceptación: capital político que desgastó sin invertir en los cambios que requería nuestra economía y el régimen político.

Pero no todo es negativo: la estabilidad de precios, la disminución de la deuda externa, el control del déficit del gobierno y el incremento de las reservas internacionales en el Banco de México son variables macroeconómicas que muestran comportamientos favorables en la última década; sin embargo, el PIB per cápita no ha crecido, el ingreso real ha caído 4.33 por ciento de 2000 a 2010 y el desempleo abierto —es decir, quienes están buscando activamente empleo y no lo encuentran, sin incluir a los subempleados y trabajadores en mercados informales— subió de 2.5 por ciento en 2000 a 5.4 por ciento en 2010. Las buenas finanzas nacionales no se reflejan en unas buenas finanzas familiares. Ante los pronósticos recientes de un deterioro de la economía mundial, el panorama para 2012 no parece alentador. Es tiempo de definir el nuevo rumbo del país.

Sócrates Rizzo García

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