Por Gladis Torres Ruiz
México, DF, 13 sep 12 (CIMAC).-
La pobreza, la vulnerabilidad y la normalización de la violencia de
todo tipo contra las mujeres y niñas indígenas en el estado de San Luis
Potosí (SLP), las coloca en gran riesgo de ser víctimas del delito de
trata de personas con fines de explotación sexual, afirmó Teresa
Galicia, secretaria técnica del Consejo Estatal de Población (Coespo)
de la entidad.
Al presentar el estudio “Hallazgos del
diagnóstico de trata de personas en comunidades indígenas de San Luis
Potosí”, en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal
(CDHDF), Galicia señaló que la violencia contra las mujeres y niñas
indígenas es percibida por los hombres de las comunidades como algo
normal o que ellas mismas provocan, justificando así el consumo de
trata sexual.
La funcionaria explicó que 51 de los 58 municipios
de SLP se encuentran en marginación. En ellos habitan 256 mil 468
personas que viven en pobreza extrema, 51.2 por ciento son mujeres.
Los
datos de la investigación realizada en 2011 arrojan que 90 por ciento
de mujeres entre 15 y 19 años sufrieron violencia en la vía pública; 92
por ciento intimidaciones, y 42 por ciento violencia sexual.
Lo
que constata, a decir de Teresa Galicia, que las mujeres y las niñas de
las comunidades indígenas viven en condiciones de extrema violencia en
sus comunidades, donde son consideradas como propiedad de los hombres,
y un ejemplo de ello es el incesto como práctica cotidiana y permitida
en las familias.
La secretaria técnica del Coespo agregó que esa
violencia está íntimamente ligada con la trata de mujeres y niñas con
fines de explotación sexual, toda vez que debido al machismo los
hombres no se asumen como motivo y parte de este problema, a pesar de
que recurren a los servicios de prostitución.
“Eso aumenta la
vulnerabilidad de la población ante el delito de trata, porque se
evade, se niega el papel que juegan los actores de manera directa e
indirecta… se niegan los derechos de las víctimas porque normalmente la
justificación es que están ahí porque les gusta o porque han encontrado
una manera fácil de generar economía, pero no se ve como un problema
para la población”, abundó.
DELITO “INVISIBLE”
De acuerdo
con los sondeos realizados, se encontró que la población no ve como un
delito que las jóvenes sean reclutadas por los tratantes. “‘Ellas se
apantallan, por eso se van con ellos, porque las seducen’, es el sentir
generalizado –detalló Galicia–, pareciera que es importante que (las
mujeres) vayan con alguien que las dirija, ya que ellas no son capaces
de defenderse a sí mismas”.
Dijo que la violencia sumada a la
pobreza y la falta de oportunidades de educación o de empleo, son
elementos que llevan a niñas, adolescentes y mujeres a huir de sus
casas en procesos de migración interna en los que los riesgos de ser
víctimas de trata se incrementan.
Luis González Placencia,
presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal
(CDHDF), apuntó que en el estudio presentado los hombres señalan su
preocupación e indignación por la trata de personas, pero difícilmente
la vinculan con prácticas en las que ellos participan.
Los
varones de las comunidades indígenas califican a las mujeres como
personas fáciles y de moral cuestionada, por lo que trasladan la culpa
a las víctimas de trata, añadió.
El ombudsman capitalino observó
que en la creación de políticas publicas integrales el Estado mexicano
debería estar obligado a asumir que frente a cada persona que ejerce la
prostitución, hay un problema de trata sexual.
González
Placencia dijo que según investigaciones internacionales en México hay
47 bandas dedicadas a la trata con fines de explotación sexual y
laboral, y que las entidades con mayor riesgo son el DF, Baja
California, Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Oaxaca, Tlaxcala y Quintana
Roo.
Abundó que de acuerdo con datos de la Red Nacional de
Refugios, 800 mil adultos y 20 mil menores de edad son víctimas del
delito, el cual está vinculado con las desapariciones de mujeres y
niñas, y el feminicidio.
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