Aun cuando comparte muchos
rasgos de la inmensa relación de hechos delictivos signados por la
impunidad, la bestialidad y la colusión entre políticos, autoridades y
miembros del llamado crimen organizado, el caso de los 43 desaparecidos
de Ayotzinapa tiene características y significados diferentes,
excepcionales, obviamente no por decisión de las víctimas, sino de las
autoridades encargadas de
investigarlos hechos, no por omisión o defecto de los familiares de esos normalistas, sino por la acción de denuncia y resistencia que contra viento y marea han sostenido hasta estos días.
Siendo parte de ese catálogo funesto que diariamente es engrosado en
todo el país, con un asombro colectivo cada vez menos intenso y
duradero, el expediente político, social y judicial de los 43 contiene
la comprobación más demoledora del desinterés general del Estado
mexicano por llegar a la verdad y la justicia y, más específicamente, de
la maquinación criminal desde la cúpula del gobierno federal para
falsear delictivamente los hechos, escamotear información clave, jugar
con los tiempos procesales y las tretas legaloides, fabricar
insostenibles
verdades históricas, desatar campañas de propaganda oscura contra investigadores independientes y sostener abiertamente la impunidad como base de la operación política, económica, electoral, jurídica y mediática de los grupos que ejercen el poder en términos de connivencia con el crimen políticamente organizado.
El punto clave del caso de los 43 radica en el descarnado, descarado y
demostrado esfuerzo realizado por los jefes políticos y armados de este
país para impedir que se conozcan el desenlace real de los hechos, el
grado de involucramiento (por acción y por omisión) de representantes
del gobierno federal en el sitio (Ejército, Marina, federales y
representantes de Gobernación, PGR y Cisen) y las alturas a las que ha
llegado en México el entendimiento por conveniencia entre políticos,
gobernantes y capos explícitos.
Nunca antes en la historia de las masacres y actos delictivos graves
con implicaciones políticas se había desarrollado una investigación como
la realizada respecto de lo sucedido en Iguala y alrededores, ni sus
términos y vericuetos habían sido ventilados con tal intensidad como
ahora lo permiten las redes internéticas. Pero todo ello, en lugar de
ayudar al esclarecimiento y la justicia, ha permitido ver la mendaz
evolución (en términos de narrativa, pero también de niveles de
gobierno) del estilo conocido con la niña Paulette y su colchón
increíblemente encubridor y las piras funerarias de un hoyanco basurero
al aire libre en Cocula.
La develación de las históricas mentiras oficiales ha contado con el
apoyo técnico y científico de dos instancias internacionales convocadas y
aceptadas por el propio gobierno mexicano, el Grupo Interdisciplinario
de Expertos Independientes (GIEI) y el Equipo Argentino de Antropología
Forense (EAAF). Ambos, en sus términos, han desechado rotundamente la
probabilidad de que hubiese sucedido la incineración de cuerpos en el
basurero de Cocula, fabulación ígnea con la cual el entonces procurador
Jesús Murillo Karam coronó lo que pretendió ser una coartada final que
centrara todo en meros ámbitos municipales y en bandos criminales
locales.
Enfrentados a una especie de
pacto de silencio(no sólo en términos de las instancias oficiales, sino también de la población atemorizada), entrampados sistemáticamente en el fango procesal mexicano, impedidos de conocer de viva voz las respuestas de cuando menos 16 soldados presentes en aquellas horas en Iguala, sometidos a una infame campaña de desprestigio y acoso, los miembros del GIEI tienen en su horizonte el fin de su misión, sin un periodo más, y el eventual señalamiento firme de los obstáculos institucionales que han encontrado en México.
El informe que hicieron, las revelaciones graves ahí contenidas,
requieren de la mayor solidaridad social para que la desaparición de los
43 no acabe en el archivo de las rutinas burocráticas destinadas al
olvido. Si los gobernantes pueden hacer que México se
cansede recordar lo sucedido en Iguala y de luchar por verdad y justicia en ese caso, el camino para la imposición de peores medidas y confabulaciones será más fácil. Luchar por un México mejor, enfrentar el amafiamiento entre políticos y criminales y frenar la espiral macabra que se vive en el país requiere no permitir el silencio y el olvido en el caso de 43 jóvenes que siguen desaparecidos.
Justamente en ese contexto es importante la solidaridad específica de
líderes de opinión y guías espirituales como el papa Francisco. Gestos
simbólicos, manejados con la milenaria habilidad diplomática de la
Iglesia, ayudarían a no permitir que la narcopolítica confirme su
predominio sobre la sociedad. Recibir en audiencia a los familiares de
los 43, darles algún tipo de consuelo conforme a la liturgia del caso o
regalarles cuando menos una fotografía silenciosa de conjunto,
significaría un importantísimo aliento a una lucha que va en
concordancia con las mejores facetas del pontífice argentino (con esa
sensibilidad, el maestro de ceremonias de un acto en Morelia motivó, en
ausencia del Papa, un minuto de silencio que devino en masivo conteo
hasta 43). Lo contrario sería terminar apoyando el sistema de
injusticia, corrupción, violencia criminal, impunidad y muerte que
Francisco ha denunciado de palabra en México, entre masas
desesperanzadas y élites cómplices, sin 43.
Y, mientras en el Senado están a la espera de una presunta lista de
unas 15 propuestas de la Secretaría de Relaciones Exteriores para ocupar
consulados en Canadá y Estados Unidos, con especial interés de la
titular, Claudia Ruiz Massieu Salinas de Gortari para dar celeridad a
los trámites, ¡hasta mañana, con el subsecretario Ernesto Nemer
(#LordBolero) haciendo involuntario resumen de lo conseguido por Sedesol
en tres años, al publicar en las redes cibernéticas una foto
conmemorativa de que en cada visita suya a San Cristóbal de las Casas un
mismo niño le sigue aseando los zapatos!
Twitter: @julioastillero, Facebook: Julio Astillero, Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
El salario y los
ahorros de los trabajadores –también de la clase media– han sido
pulverizados por la devaluación. El salario mínimo es de 73.04 pesos.
Equivale a 3.84 dólares, calculados a 19 pesos. Saquen el pañuelo por si
les rueda una lágrima: una hora de trabajo vale medio dólar
prácticamente. (En San Francisco, California, equivale a 15 dólares). El
último pretexto para no conceder un aumento –y la situación requiere
uno de emergencia– ya no existe: el mínimo fue desindexado de las
multas. Grupos empresariales, gobierno y líderes obreros charros, en
agosto de 2014, publicaron un acuerdo en que se oponían –y siguen
oponiéndose– a una mejoría. En días de Cuaresma del año pasado, el papa
Francisco dijo que “quien va a misa todos los domingos, comulga, da
limosnas o incluso envía un cheque para ayudar a la Iglesia, pero luego
paga mal a sus empleados o lo hace en ‘negro’, sin depositar la
contribución para que tengan acceso a sanidad y jubilación, está usando a
Dios para cubrir la injusticia, y eso es un pecado gravísimo”. En lo
que serán sus últimas horas en México, Francisco se reunirá en Ciudad
Juárez con miembros del Consejo Coordinador Empresarial. Ya que
obstinadamente se ha abstenido de hablar sobre la pederastia y los 43,
tal vez, al menos, quisiera recordar a algunos de los asistentes que
viven en pecado gravísimo, aunque tomen la comunión en público, como ya
saben quien.
Leche sin aumento
La semana pasada subió el precio de la tortilla. A raíz
de eso, se empezó a especular que le seguiría la leche. En Los Altos de
Jalisco, la mayor cuenca lechera del país, Abraham González Uyeda,
director general de la Lechera Sello Rojo, afirmó a un medio local que
debido a la devaluación, y como los empaques y el soporte tecnológico
son importados, un incremento de 4 por ciento era inminente. Sin
embargo, René Fonseca Medina, director general de la Cámara Nacional de
Industriales de la Leche (Canilec), al preguntarle si sus afiliados lo
subirían también, afirmó que de manera concertada, no. Es una decisión
difícil, y cualquier empresario está en libertad de aumentar de manera
particular basado en sus propios cálculos y consideración de si pierde o
no participación frente a las otras marcas. Por su parte, el director
general de Liconsa, Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, tiene una buena
noticia:
Este año no subirá el precio de la leche al beneficiario. Se mantiene el precio del lácteo en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, a 4.50 pesos, y en $5.50 para el resto del país. Está en proyecto, y con grandes posibilidades de que el consejo administrativo lo apruebe, bajar hasta un peso en las zonas del país más necesitadas.
Producción de petróleo
Continuación de la historia que comencé a contarles ayer:
la reunión en Doha de los ministros de Rusia, Arabia Saudita, Venezuela
y Qatar dio como resultado el acuerdo de congelar (no reducir) la
producción de petróleo al nivel del pasado mes de enero, y con la
condición de que otros productores, en particular Irán e Irak, lo
secunden. La producción de enero (Arabia Saudita 10.2 y Rusia 10.9
millones de barriles por día) está cerca de su nivel máximo, así que
continuaría inundado el mercado. No es para hacer cuentas alegres, pero
peor era nada. En México fue celebrado el suceso discretamente: el peso
se revaluó cinco centavos.
En sincronía con el Banco
Mundial (BM), Citigroup/Banamex e Israel, el megabanco Morgan Stanley
(MS) se encuentra detrás de la privatización disfrazada del agua del
“México neoliberal itamita”.
MS, uno de los principales megabancos especuladores de
derivados financieristasde Wall Street, fue formado por Henri S. Morgan (nieto de J.P. Morgan) y Harold Stanley: anterior director de Shell Caribbean Petroleum Corporation y miembro de la macabra sociedad secreta Huesos y Calaveras de la Universidad Yale (http://goo.gl/ADG7OI), que cobija a Ernesto Zedillo.
La caníbal genealogía elitista de MS ha sido descrita en el libro Sangre azul y motín (http://goo.gl/vII6St).
Scorpiopartnership (http://goo.gl/l9MCCe) evalúa que MS detenta 1.54 billones de dólares de
activos bajo manejo: ¡mayor al PIB del “México neoliberal itamita”!
Sus megaescándalos por
manejosfraudulentos solapados por el financierismo israelí-anglosajón –donde abunda el lavado de dinero
a la Madoff–, según la ACFCS (http://goo.gl/mGtD50), le han valido
multassimbólicas.
En su
comité operativodestaca Jim Rosenthal, también de Yale, quien destila olor a azufre y fusionó la unidad quebrada Smith Barney, de Citigroup, con MS (http://goo.gl/XY6A5h). ¡Cómo blanquean!
MS ostenta
traslapescon BlackRock –máximo banco de inversiones del mundo y
mayor beneficiariode la privatización de Pemex (http://goo.gl/jOmmxd)–, el Council on Foreign Relations, los Clinton, el Center for a New American Security y, más que nada, el Consejo de la Reserva Federal (http://goo.gl/vo3jlK).
Los 13 megabancos de Wall Street constituyen
un Estado mayor dentro del Estado menor, en EU, de alcance global (https://goo.gl/KmNE9v), cuyo
gran juego, como
potencia global, despliega su
guerra geofinancieracontra Rusia, China y los mercados emergentes/detergentes (incluido el desfondado “México neoliberal itamita”).
Los gobiernos de Cuba y
Estados Unidos firmaron ayer en La Habana un acuerdo en materia de
aviación civil que permitirá reanudar los vuelos comerciales regulares
entre ambos países, tras más de medio siglo del veto aéreo impuesto por
Washington a la isla.
El diablo no perdona a México
Para el papa Francisco los
responsables de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa son
el diablo, y el remoto Estado laico, una especie de pecado original. El
diablo no perdona a México, le tiene bronca, por haber sido escogido por
la Virgen de Guadalupe. El Estado laico renegó de ese privilegio, y el
diablo se la cobró con tanto conflicto grave como la persecución
religiosa y los mártires que generó. También con la desaparición de los
normalistas. Conclusión: regresemos al Estado confesional y la paz
reinará en nuestro país. Ahora nos queda claro por qué no recibió a los
padres de Ayotzinapa: ellos no pueden expiar ese horroroso pecado
original. Más allá del fresco y desparpajado lenguaje, la entrevista con
Valentina Alazraki, del 13 de marzo de 2015, cuya versión en Youtube
se encuentra en youtube.com/watch?v=toU239Bg0LM,
pinta de cuerpo entero al papa Francisco en su política de intolerancia
religiosa. También el documento que firmó en La Habana con Kiril, el
líder ortodoxo ruso.
La clase política
mexicana en verdad es patética. Se presenta toda perfumada a Palacio
Nacional, recibe serios señalamientos del Papa, el mensaje resbala de
inmediato y lo único que interesa a la mayoría es aproximarse al
personaje, tomarse una foto, estrecharlo y estar cerca del líder
religioso. Velasco, el gobernador de Chiapas, se inclina y le besa el
anillo; la acción es calificada de imprudente, sobre todo cuando preside
la entidad con mayor diversidad religiosa en el país. Esta actitud ha
despertado críticas y preguntas sobre la vigencia del Estado laico.
Máxime cuando el presidente Enrique Peña Nieto, en su mensaje
protocolario ante el Papa, reitera el carácter laico del Estado:
la importancia de tener un Estado laico, como lo es el Estado mexicano, que al velar por la libertad religiosa protege la diversidad y la dignidad humana. Sin embargo, al despedirse del pontífice con su pueblo expresa:
En las calles, en los estadios que visitará, se encontrará con un pueblo generoso y hospitalario; con un pueblo orgullosamente guadalupano. Pueblo es una categoría tajante que abarca a todos. ¿Dónde quedan los más de 20 millones de mexicanos que no son guadalupanos? Estamos hablando de una población que abarca varios países centroamericanos juntos, al doble de las poblaciones de Paraguay y Uruguay juntos. ¿No son pueblo por el hecho de no ser guadalupanos? Más que criticar un desliz o una debilidad conceptual, el tema ameritaría una reflexión mayor. No se trata sólo de que los políticos y funcionarios públicos asistan a misa. Incluso transgrediendo lo establecido por la ley de asociaciones religiosas y culto público. Unos días previos a la visita, el diputado Zambrano Grijalva sugirió a las autoridades de los tres niveles de gobierno tener cuidado con cruzar los límites de la buena convivencia y la preservación del Estado laico, pues en el afán de estar a tono con la visita del jerarca católico podrían infringir la ley. Felizmente con sensatez, el papa Francisco declinó comparecer ante el Poder Legislativo, petición de un nutrido grupo de diputados y senadores. Todo ha sido en vano: la fiebre religiosa de los políticos es ya una epidemia altamente contagiosa.
En un 16 de febrero de
hace 80 años, España se fue a dormir con un gobierno republicano
derechista, y amaneció con otro izquierdista. El país luminoso de
Federico García Lorca, el cante jondo y Pablo Picasso se había impuesto
sobre el de la Contrarreforma y el retratado en las
pinturas negrasde Francisco de Goya y José Gutiérrez-Solana.
Las palabras y conceptos
del papa Francisco fueron tajantes y sobran quienes las han
interpretado como un regaño a los obispos del país. El sábado en la
catedral Metropolitana el líder de la Iglesia católica romana hizo una
larga exposición sobre lo que deben evitar los dirigentes eclesiásticos y
subrayó cuál debería ser la forma de ejercer su ministerio.
Esta famosa versión del mando político marca, de manera estelar, una tan sui generis como
extendida manera de categorizarlo por, al menos, buena parte de los
priístas. En ello se implican tanto el uso personalizado, partidista y
patrimonial tanto de los recursos públicos como de muchos otros factores
acompañantes. Hay, en la trastienda de esta reveladora expresión, el
extendido sentimiento y la completa seguridad de que las consecuencias
derivadas quedarán en la más rotunda impunidad. Se piensa que no habrá
castigo alguno por los excesos posibles. La sola voluntad del poderoso
bastará para su debida utilización y salvedad. Contará, eso sí, la
eficacia de su empleo. De esta descarnada manera se ha operado por años
y, de esta manera se podrá seguir manteniendo el
pinchi podersegún certificado registro del ex gobernador veracruzano (FHB).
La primera vez que
alguien me pidió un boleto para ver al papa Francisco lo tomé como una
ocurrencia graciosa, pero después de algunas semanas me di cuenta de que
la gente me hablaba en serio cuando me preguntaba por los detalles de
la visita papal. Entre mis amigos se encuentran el padre Óscar Enríquez,
fundador del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, y el ex
sacerdote Alberto Athié, luchador incansable contra la pederastia
clerical. Sin embargo, no soy creyente y no tengo cercanía con la cúpula
de la Iglesia, así que las preguntas que me hacían sobre cuestiones
organizativas me parecían improcedentes. Conversé de esto con otros
activistas y me compartieron que habían tenido experiencias similares.
Entonces me di cuenta de que la gente tiene la percepción de que el Papa
se dirige a Juárez desde Roma para encabezar una jornada de protesta,
como una suerte de Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, como la
que realizó en 2011 Javier Sicilia, pero ahora a escala global. En
aquella ocasión Miguel Ángel Granados Chapa caracterizó dicha caravana
como una suerte de foro itinerante. El recorrido de Francisco por
algunos lugares de México es visto por muchos como tal. Incluso una
carta dirigida al Papa por varias organizaciones sociales de Ciudad
Juárez se llama
Bienvenido al epicentro del dolor, la esperanza y la resistencia. Esa es la razón por la cual algunos preguntan sobre los detalles de la visita a quienes identifican con la organización de marchas y protestas. Y también por eso mucha gente quiere estar cerca para decir algo a Francisco, o para escucharlo decir algo que los valide en su dolor, pero también en su esperanza y en sus luchas cotidianas. Contra los pronósticos iniciales de las autoridades, la visita del Papa se ha convertido en acto de agitación política que ha tenido ya un impacto importante en la configuración de una suerte de mapa de la indignación.
Un número importante de
bancos centrales ha adoptado una política de tasas de interés negativas.
Esto es algo casi sin precedentes en la historia del capitalismo y
puede inaugurar cambios profundos en el funcionamiento de la política
monetaria.
Se reconoce a la lengua
francesa por su claridad y precisión, y hubo una época en que se impuso
como la lengua de los intercambios internacionales y diplomáticos del
mundo occidental. Pero no es una lengua que se domine con facilidad.
Quizás una de sus dificultades principales es su ortografía.
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