En
plena cuesta [y cruda] de enero Enrique Peña Nieto sigue haciendo –con
el típico estilo priista demagógico, como en precampaña electoral– las
grandes promesas de un bienestar ilusorio a las familias mexicanas. En
un mensaje de Año Nuevo dirigido a toda la población, Peña Nieto
mencionó siete acciones que se realizarán durante este año, con base en
las reformas aprobadas por su gobierno, para impulsar la economía
familiar; además, llamó a la unidad y prometió combatir la impunidad y
corrupción. De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.
Resolver el añejo problema de la impunidad y la corrupción implicaría
atentar contra una de las fibras más sensibles del propio aparato de
Estado, es decir, uno de los mecanismos que hacen funcionar toda la
dinámica del sistema político. Demagogia pura, demagogia de bisutería.
En su grandilocuente discurso Peña Nieto prometió todo, menos la
promesa de encontrar a los 42 desaparecidos normalistas de Ayotzinapa.
La amnesia es un buen antídoto para escapar de la pesada
responsabilidad política de resolver uno de los más atroces
acontecimientos reciente de la vida nacional. Con este olvido se trata
de “superar” lo que representa actualmente la más sentida demanda de la
población mexicana consciente, la cual tiene que ver con la cuestión de
la absoluta inseguridad y sus riesgos latentes y manifiestos en todo el
país. Resolver el problema de la inseguridad implica resolver el de la
impunidad y la corrupción, lo que es imposible dentro del actual
régimen político putrefacto; un organismo, por así decir, totalmente
lleno de pus y que supura hedor por todos lados.
Peña Nieto
enfatizó: “Tanto lo bueno como lo negativo de 2014, nos dejaron una
lección: México no puede seguir igual. El país debe seguir cambiando
para bien. Por eso, 2015 demanda lo mejor de todos nosotros. Este año
que comienza, nos exige unidad y generosidad; trabajo en equipo y
perseverancia. Es momento de renovar el ánimo; de recobrar la confianza
y la esperanza”. Sin duda, muy buenas intenciones; sin embargo, no
podemos despejar la incógnita de qué quiso decir con “lo bueno”; no
sabíamos que en el año pasado hubiera acontecido alguna cosa buena
¿Hubo algo bueno por reconocer? Cierto es que todos estamos de acuerdo
en que “México no puede seguir igual” y que debe cambiar para bien,
pero esto supone necesaria e inevitablemente cambiar el actual régimen
político radicalmente por uno verdaderamente democrático absolutamente
ajeno a la impunidad de la corrupción y a todos los desmanes criminales
perpetrados por el poder y el dinero. Reconstituir el tejido social de
un país desgarrado es una tarea inconveniente al actual sistema
político, y solamente puede acometerla el pueblo mexicano desde abajo,
con el ánimo levantado, la confianza en sí mismo y con la esperanza
puesta en la construcción un nuevo país con justicia social y equidad.
En resumen, Peña Nieto dio a conocer siete acciones en materia
económica: Baja la tarifa de luz; Ya no habrá gasolinazos; Dejarán de
pagar larga distancia; Más de 10 millones de familia recibirán tv
digital; Programa de impulso a jóvenes emprendedores de 18 a 30 años;
Acelerar la construcción de viviendas dignas a través de medidas
fiscales; Actividades del campo de Chiapas, Guerrero y Oaxaca tienen
trato fiscal preferencial. Por supuesto, la mayoría de estas medidas
tienen un propósito electorero y difícilmente puede esperarse un
bienestar familiar en su economía doméstica mientras los salarios sigan
siendo miserables. México sigue siendo uno de los países
latinoamericanos con mayor desigualdad social, donde la concentración
de la riqueza la usufructúa una oligarquía debido a la aplicación de un
modelo de desarrollo económico y político que no está dispuesta a
cambiar en lo más mínimo Peña Nieto y su gabinete económico. Tal modelo
requiere mantener a raya, con represión, los justos anhelos de las
familias trabajadoras mexicanas del campo y la ciudad ¿Dónde está la
propuesta clara y precisa del gobierno federal para combatir la
impunidad, la corrupción y la inseguridad? Por ningún lado aparece
porque no existe. Las reformas estructurales neoliberales seguirán
causando graves daños a la Nación, entendida ésta como la mayoría
poblacional. La crisis social se profundiza con este “gobierno”.
Peña Nieto fue al encuentro con Obama en la Casa Blanca, la de
Washington, a recibir instrucciones y el espaldarazo político del
“mandamás” imperialista, pero no pudo impedir el repudio enérgico de
decenas de paisanos mexicanos y de gringos solidarios protestando por
el crimen de Estado en Ayotzinapa. De acuerdo con la nota de nuestro
amigo periodista Oscar E. Ornelas: “Pese a la nieve, la agua nieve y en
un día laborable, se pudo organizar una manifestación contra Peña Nieto
en Washington, D.C. De cualquier forma la visita de éste a Obama fue
"ineffectual" [ineficaz], por decir lo menos… Pude ver un rato la
trasmisión en vivo que hicieron los de Occupy Wall Street en D.C.,
quienes estuvieron muy bien custodiados por el U.S. Secret Service pero
no hubo detenciones. Llegó gente de lugares tan remotos como Seattle…”
[https://www.youtube.com/watch?v=JUnn0oGe6tY&feature=youtu.be].
Tal manifestación es la primera del 2105 en el plano internacional, a
la cual seguramente seguirán sumándose las de otros países solidarios.
En México, desde luego, nuevamente empezaran en un año decisivo donde
veremos si este gobierno ilegítimo se mantiene sobre la base de la
coerción contra la población democrática harta de este gobierno
oligárquico o existe la fuerza social capaz de arrojarlo al basurero de
la historia.
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