5/23/2015

Las prescindibles del patriarcado


La autora reflexiona, a raíz del asesinato de una amiga, sobre la naturalización de los feminicidios como un síntoma de la forma en que el patriarcado considera a las mujeres como prescindibles. Sostiene que es importante erradicar todas las ideas que coloquen a las mujeres como inferiores y desechables

 Nelly Lucero Lara Chávez

México, 21 may. 15. AmecoPress/Mujeresnet.- Hace pocos días me enteré de un feminicidio perpetrado en contra de una mujer a la que conocí. La noticia me indignó y también me entristeció. Varias preguntas emergieron en mi mente: ¿cómo?, ¿por qué?, ¿quién pudo hacer eso? Aunado a tantas interrogantes estaba el recuerdo de la última ocasión que la vi. Fue apenas en diciembre pasado cuando, al caminar por un pequeño callejón de mi ciudad, la encontré sonriente y amable. Ella portaba un lindo vestido beige y unas bolsas que contenían sus compras del mercado. Nos quedamos a platicar por un lapso de diez minutos y nos despedimos con un "hasta luego" propio de quienes desean volverse a ver. Ahora sé que ese reencuentro ya no llegará.
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Los días posteriores a recibir la noticia fueron para mí de reflexión. Y como lo hago siempre ante las situaciones que me abruman -o ante las que me sobrepasan- volví a generar interrogantes: ¿Por qué nuestra sociedad permite los feminicidios? ¿Por qué las mujeres mueren a manos de hombres que dicen amarlas? ¿Por qué continúa el silencio frente al asesinato constante de mujeres en México? Admito que ante lo ocurrido seguía -y aún sigo- sintiendo dolor. Y expresar el dolor también es un acto feminista. Siempre y cuando se aspire a una transformación constructiva, y por ello, es que ahora escribo.
En medio de aquella vorágine de sentimientos llegaron a mi mente las palabras que expresa la teórica Marcela Lagarde en la presentación a la quinta edición de sus Cautiverios*... En donde señala que "las mujeres no estamos seguras casi en ninguna parte y eso importa muy poco. Diez años después de publicados Los cautiverios..., los silenciados crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez cimbraron al país. Los llamamos feminicidio y descubrimos que no sólo había feminicidio ahí, sino también en otras entidades del país. Cada año son víctimas mortales de esa violencia extrema en el país más de mil cuatrocientas mujeres y calculamos que en diez años fueron asesinadas más de catorce mil" (2011, p. XXVII).
Este fragmento me interpeló desde la primera vez que lo leí porque me hizo pensar en la ocasión que esos "crímenes silenciados" contra las mujeres comenzaron a cobrar un significado para mí. Yo habría tenido alrededor de nueve años cuando el sonado caso de "una chica asesinada" en la colonia donde entonces vivía levantó angustia y miedo entre la población. A los pocos días esos sentimientos que desató este caso comenzaron a desvanecerse. Parecía que todo volvía a la normalidad, al menos momentáneamente, hasta que un nuevo hecho de esta índole se presentó. Ahora me doy cuenta que ese ir "dejando en el olvido" los feminicidios actuaba como mecanismo para su naturalización. Por eso ahora recurro a la memoria. Por eso ahora no quiero olvidar.
El feminicidio tal y como lo define Diana E. Russel refiere al "asesinato de mujeres por hombres porque son mujeres"(2006ª, p. 101). Existen diversos tipos de feminicidio; "por ejemplo, feminicidios en serie, feminicidio con violación, feminicidio racista, feminicidio de esposa, feminicidio de conocida, feminicidio de amante, feminicidio de cita, feminicidio de prostituta, feminicidio relacionado con las drogas, feminicidio de ’honor’, feminicidio lesbofóbico, feminicidio relacionado con abuso sexual a menores y feminicidio en masa" (2006ª, p. 84). En todos ellos la condición de género de las mujeres juega un papel determinante, porque se las asesina, precisamente, porque se hace una lectura patriarcal en torno a ellas, es decir, se las construye como asesinables.
En el texto Feminicidio: sexismo terrorista contra las mujeres, las autoras Jane Caputi y Diana E.H Rusell señalan que "la mayor parte de los asesinos de mujeres son esposos, amantes, padres, conocidos y extraños que no son producto de una extraña desviación. Son feminicidas, la forma más extrema de terrorismo sexista motivada por odio, desprecio, placer o sentido de propiedad sobre una mujer. El feminicidio abarca el asesinato y la mutilación, el asesinato y la violación; golpes que suben en intensidad hasta que llegan al asesinato, la inmolación de brujas en Europa Occidental y de novias y viudas en India, así como "crímenes de horror" en algunos países latinoamericanos o de Oriente Medio, donde las mujeres de las que se sospecha que perdieron la virginidad son asesinadas por sus parientes hombres. Llamar al feminicidio asesinato misógino elimina la ambigüedad de los términos asexuados de homicidio y asesinato (2006, p 56).
Es alarmante cómo en el contexto mexicano se continúa culpabilizando a las mujeres por los casos de feminicidio. Se dicen de ellas muchas cosas, como por ejemplo, "que andaban mal", "que estaban un poco locas", que "se lo buscaron por la forma en que eran o vestían". Admito que este unísono en los comentarios me angustia. Porque incluso en el caso que comento al inicio de este escrito escuché tales señalamientos. Lo cual excluye de responsabilidades al verdadero agresor mientras se continúa naturalizando el feminicidio.
El feminicidio es un síntoma de la forma en que el patriarcado construye como prescindibles a las mujeres. Precisamente por ello ningún feminicidio se lleva a cabo en el vacío, sino que está respaldado por la construcción cultural de que lo femenino y las mujeres ocupan los estratos más inferiores en la sociedad. De ahí que -como dice la teórica Rosa Cobo- "el componente misógino y el arraigo del discurso de la inferioridad de las mujeres en el imaginario colectivo es lo que hace posible que se acepten formas extremas de violencia de género utilizando una gran variedad de excusas que acaban invariablemente estigmatizando a las propias mujeres víctimas de violencia. Estamos viviendo un proceso de renaturalización de las mujeres, en el que la ontología femenina aparece como instancia de legitimación en la creación de un discurso misógino y antifeminista y en la producción de prácticas violentas contra las mujeres" (2011, p. 143).
El feminicidio nos lacera como sociedad. Porque continúa arrebatándonos a nuestras amigas, compañeras y conocidas. De ahí la importancia de erradicar todas las lecturas e interpretaciones que siguen colocando a las mujeres como inferiores, como prescindibles y como desechables. Sólo entonces, estaremos ante la posibilidad de construirnos distinto y fuera del patriarcado: como seres humanas.
* Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas de Marcela Lagarde.
Foto: Brenda Ayala/MujeresNet 

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