11/11/2016

Hostigamiento sexual en el Senado


Gabriela Rodríguez
Radiantes de felicidad, aparecen Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray ante el triunfo de su candidato a la presidencia de Estados Unidos, quien, como sabemos, se trata de un señor xenófobo, antimexicano, racista, clasista, misógino y hostigador sexual, cualidades al parecer muy admiradas por estos políticos mexicanos.
Pero tal vez no sean los únicos en celebrarlo, porque mientras participaba yo en la sesión de la Asamblea Constituyente, como relaté en mi colaboración anterior, dos edecanes se acercaron a mi persona para agradecer mi queja en el pleno por el hecho de que se les obligara a usar escotes y pantalones apretados.
Alejandro Encinas, presidente de la Constituyente, dirigió formalmente la queja al Senado, que es la institución que ofrece los servicios a esa Asamblea que sesiona en la casona de Xicoténcatl. Como hasta hoy no ha habido respuesta, las dos edecanes se acercaron estos días para indicarme que el tema de la vestimenta es lo de menos, y me relataron hechos de hostigamiento laboral y sexual, así como de amenazas de quien las contrata, el funcionario encargado de organizar actos en el Senado. El hecho de que se hiciera pública la situación de las edecanes animó a las dos compañeras para que se decidieran a quejarse, así que dirigieron una carta al presidente del Senado, Pablo Escudero Morales. Aquí algunos párrafos de esa carta:
“En virtud de la renovación de la jefatura de la Unidad de Eventos, se nos comunicó que de acuerdo con la visión administrativa del titular, se hicieron modificaciones en cuanto a los horarios, de inicio señalamos en su momento que dichos cambios ya se habían tratado de hacer en legislaturas pasadas y éstos fracasaban rotundamente por las necesidades del servicio; se nos insistió y ordenó que así sería en adelante, a lo cual aceptamos aun sabiendo que iba a colapsar (…) acordando cubrir una jornada laboral de ocho horas diarias para todas y cada una de las compañeras edecanes, a pesar que nuestra experiencia nos marcaba que esto no sería posible, ya que los trabajos legislativos no se rigen por horarios, sino por programas que suelen ser cambiantes en todo momento en horarios y fechas. Con el establecimiento del nuevo horario comenzamos a trabajar, mas sin embargo no se respetó, incluso se hacían constantes cambios a los mismos por la jefatura de la unidad, como lo expusimos desde un inicio, las necesidades del servicio no lo permitirían (…).
“Más aún, se nos impuso checar entrada y salida rígidamente para los días en que no hubiera trabajo legislativo, cuando las propias comisiones o reuniones de trabajo se extendían en sus labores, por lo que se propuso que se nos compensara el tiempo excedido con descanso, lo que hacíamos cotidianamente en el esquema anterior; en tal virtud, se convocó a una nueva junta para acordar otros términos laborales y con la finalidad de no pagar tiempo extra se nos pidió cubrir un horario de 10 horas corridas sin tiempo para alimentos, a lo cual accedimos con las reservas del caso.
“En virtud de lo anterior, fuimos sujetos de un constante acoso laboral por medio de los sistemas de monitoreo del Senado y del personal de Resguardo Parlamentario a petición del jefe de la unidad, lo que a todas luces es un atropello a nuestros derechos de integridad, como trabajadoras, personas y mujeres, ya que no existe el debido respeto de nuestra autoridad superior. Todo lo anterior, con el antecedente de que debido a esta situación en reiteradas ocasiones se nos citó con el titular de la unidad a su oficina para dialogar los pormenores del caso, sin embargo, nos vimos en la penosa necesidad de dejar de acudir a su lugar de trabajo, en virtud de que después de dialogar sobre las cuestiones de nuestras actividades, teníamos que escuchar conversaciones lascivas que en nada abonaban a la cuestión laboral y sí demeritaban el respeto y buen juicio que como personas y mujeres merecemos; no estábamos dispuestas a caer en un juego perverso y soez, radicado en una conversación insinuativa que trataba de conducirnos a un punto que no es el laboral, pero sí nos colocaba en una situación de acoso sexual, cosa que por supuesto no estábamos dispuestas a soportar ni a permitir; esto llevó a que se incrementara un marcado acoso laboral, que ha derivado en una serie de abusos por parte del titular del área.
Por lo anterior, les solicitamos su amable intervención con la finalidad de que se provea de una jornada laboral acorde con el desarrollo del trabajo legislativo, un trato digno que como personas trabajadoras, mujeres y colaboradoras de este Senado merecemos, con una experiencia vasta en el área, conocedoras de las necesidades del servicio para la Unidad de Eventos, experiencia misma que está marcada por la prestación de años de servicio y sobre todo exigimos el debido respeto del jefe para con nosotras.
Las compañeras han sido amenazadas para que callen el hostigamiento sexual, lo cual me hizo decidirme a escribir al respecto. Sería gravísimo que las despidan o castiguen (después de 20 años de antigüedad) por denunciar actos de hostigamiento.
Mientras tanto, Morena logró bajar a 20 millones el presupuesto de los órganos técnicos y administrativos de la Asamblea (querían gastar 87 millones), aunque no se pudo votar por sus titulares porque diputados de PRI y PAN descompletaron el quórum. En el ámbito federal la política sexual acusa avances y retrocesos: la Suprema Corte de Justicia de la Nación valoró como constitucional que el Estado puede dar educación sexual y salud reproductiva a personas menores, el PRIAN enterró la inclusión del matrimonio igualitario en la Constitución. Esperamos que no intenten tales retrocesos en la Constitución de esta ciudad y que el llamado de López Obrador a fortalecer nuestra soberanía sea la respuesta de México a las elecciones gringas.

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