2/25/2018

Carta a los compañeros de Morena



Guillermo Almeyra


Para evitar malentendidos aclaro que no estoy de acuerdo ni con las propuestas (o la falta de propuestas) fundamentales de AMLO ni con los candidatos impuestos a Morena, pero establezco una clara diferencia entre esa dirección política y los cientos de miles de mujeres y hombres que, como yo, combaten contra la oligarquía gobernante y quieren imponer un cambio político y social en México y a los que, por eso, considero compañeros.

Juntos debemos considerar qué puede pasar después del voto, independientemente de que en el proceso electoral estemos divididos. ¿Cuáles son los escenarios posibles? Intentaré identificarlos esquemáticamente aunque seguramente la realidad será más variada y compleja y podría combinarlos y, si la cantidad de abstenciones es muy grande, la legitimidad de quien triunfe sería reducida mientras que si es menor a lo habitual, por el contrario, la cantidad masiva de votos obtenidos por el vencedor se convertiría en una fuerza política.

1) Gana AMLO por una diferencia importante en una elección en la que los sufragios superan a la abstención y los votos nulos. La oligarquía le cede entonces el gobierno por temor a un levantamiento popular, confiando en la moderación de AMLO y la dirección de Morena. Estaríamos así ante un cambio que no sería tal porque dejaría todo prácticamente igual. La presión de Washington, desde el primer día, y la presión interna en Morena de los priístas que cambiaron de casaca pero no de ideas y métodos, logran que AMLO trate de frenar la ola de manifestaciones de júbilo y de reivindicaciones y luchas que el triunfo electoral estimularía al reforzar la confianza en sí mismos en los sectores populares.

En ese caso, las bases de Morena y los trabajadores en general tendrían que defender la victoria electoral derrotando toda conciliación o traición, exigiendo un cambio real, organizándolo directamente con sus propias fuerzas, localidad por localidad, unidos a quienes hayan votado por Marichuy anulando su voto o se hayan abstenido por no compartir el carácter burgués de Morena. El enfrentamiento con la oligarquía, que intentaría cooptar a AMLO y utilizarlo como freno, sería más directo y en las calles se impondría urgentemente la unidad de acción de los trabajadores, su autorganización, su independencia de clase y una amplia alianza con todos los sectores populares en lucha.

2) Gana AMLO aunque con una abstención cuantiosa que alienta a la oligarquía y, como en 1988 o en 2006, un nuevo fraude desconoce el resultado e impone un presidente del PRI-PAN-PRD. AMLO llama a la resistencia civil.

Como en el caso anterior, todo se jugaría en las calles, en las fábricas y en las comunidades, anulando la diferencia entre quienes hayan apoyado a Marichuy buscando una política anticapitalista y quienes hayan creído en AMLO. La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, al igual que el mantenimiento de la independencia nacional en el caso de que el imperialismo agrediese a México y su gobierno legítimo.

3) Gana AMLO, pero no llama a la resistencia civil y abandona la vida política como ha dicho varias veces, dejando a sus bases libradas a su suerte y al país al garete. No quedaría otra que levantar la bandera abandonada y autorganizarse para luchar, radicalizando los objetivos y el combate para conseguir no sólo el gobierno sino también y sobre todo, el poder.

4) Gana un candidato de la oligarquía, con una gran abstención que ilegitima su gobierno y fuerte oposición de quienes votaron AMLO. Con más razón aún, habría que formar comités y consejos obreros, campesinos, estudiantiles y populares que organicen la resistencia y ejerzan el poder local, coordinando sus medidas con otros comités similares en su territorio.

Hace poco más de 100 años, nuestros antepasados no aceptaron un nuevo fraude y la permanencia del poder oligárquico. Por carecer de estrategia, de ideas y de partido, Zapata y Villa, vencedores de Huerta, abandonaron el gobierno y el poder a los burgueses, lo que les costó la derrota y la vida. México enfrenta hoy un trance parecido al de 1910, pero ha tenido una profunda transformación social que le puede permitir prescindir de los Madero, Carranza, Obregón y Calles actuales y unir en una sola fuerza a los que serían hoy los zapatistas y villistas. Aunque el caudillismo tiene sus raíces en México y en nuestro continente en la falta de partidos y tradiciones obreras revolucionarias, el comunalismo, la autogestión, la autorganización y el espíritu de lucha sobran y sobre esa base es posible organizarse para construir poder popular, reorganizar desde abajo la economía, vencer la represión.

Muchos oficiales de las fuerzas armadas saben además que Estados Unidos prepara una guerra que implicará inevitablemente dominar los recursos de México y la población mexicana y que, si hay rebelión en el país, las fuerzas imperialistas lo ocuparán, como ocuparon Tampico y Veracruz en 1914. No se resignarán a ser perros de guardia de la oligarquía y las trasnacionales sí ven la posibilidad de un cambio social real. Ideas claras, un programa audaz, una organización popular de masas seria, sólida, democrática, que piense, decida y actúe colectivamente podrían separar en el seno de las fuerzas armadas a los honestos de los agentes del capitalismo.

La mayoría de la población, es cierto, está intoxicada por los medios de información al servicio de los explotadores y opresores. Pero es posible apoyarse en una contrainformación de masas a condición de organizarse y actuar colectivamente, y aunque la mayoría de los intelectuales, como siempre, son conservadores y están influenciados por los amos o les sirven como en todo cambio social profundo, será posible contar con los más valiosos e independientes.

La alternativa es de hierro: organizar el poder popular o sufrir indefinidamente el asesinato de mujeres, cientos de miles de crímenes violentos y un poder corrupto y unido a la delincuencia.


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