7/12/2016

Silbato antiacoso ¿una política de género?



   Para el acoso, para los robos, para las emergencias médicas…

Entrega del silbato en estaciones del metro como parte de la “Estrategia 30-100 contra la violencia hacia las mujeres en el transporte y espacios públicos”

 Anunciada con bombo y platillo por las autoridades capitalinas el pasado 25 de abril, la “Estrategia 30-100 contra la violencia hacia las mujeres en el transporte y espacios públicos” la cual incluye como una de las medidas principales, la entrega de un silbato para que las mujeres “disuadan” a los agresores sexuales, lo cierto es que ésta se piensa lo mismo para los casos de acoso, que para posibles robos a transeúntes, o para alertar cuando alguien se sienta mal en el metro, principalmente personas adultas mayores.
 
Por lo menos así quedó demostrado esta semana durante el arranque de la entrega de 15 mil silbatos en las estaciones más transitadas de las líneas del Sistema de Transporte Colectivo, metro, donde algunas usuarias entrevistadas por Cimacnoticias durante la entrega del silbato, expresaron confusión en torno a la medida, no sabían si tenía un costo y para qué servía.
 
Conjuntamente con el silbato, se distribuyó un folleto donde se explica que “al sonar el silbato estás inhibiendo al agresor, comunicando a otras personas que necesitas ayuda y alertando a la policía para que acuda a brindarte atención inmediata”.
 
Pese a que se anunció que los silbatos se entregarían exclusivamente a las mujeres, algunos hombres también se acercaron a solicitarlos. Por ejemplo, en el metro Chapultepec se observó en la fila a hombres, adultos mayores en su mayoría, que se formaron para recibir el silbato pues expresaron que éste les ayudará en las “emergencias”, por ejemplo si se sienten mal.
 
Incluso, el Director Ejecutivo de Justicia Cívica, Mario Fernando Torres Morales, -encargado de coordinar los juzgados cívicos de la capital- explicó al personal encargado de repartir los silbatos en la estación del metro Pantitlán, que esta herramienta también podría servir para alertar cuando alguien se está sintiendo mal en el metro.
 
UNA MEDIDA BASADA EN UN DIAGNÓSTICO   La titular del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal Inmujeres-DF, Teresa Incháustegui Romero, explicó que toda la política de género en este tema está basada en un diagnóstico y que la idea fue discutida entre funcionarias y funcionarios en conjunto con ONU Mujeres, quien presentó un estudio sobre las mejores prácticas en otros países.   Sin embargo, los países donde se ha utilizado el silbato como medida de seguridad, como Estados Unidos, Canadá y Sudáfrica, no cuentan con estadísticas que demuestren su eficacia, además de que su aplicación se hizo en universidades, donde también se impartieron talleres.     En la Ciudad de México, ya se habían utilizado en la delegación Tlalpan, con el fin de reducir la incidencia de agresiones sexuales, pero dejó de utilizarse hace varios meses y no se tiene información sobre su efectividad.   En este caso, una de las funcionarias que operó la estrategia en Tlalpan dijo a Cimacnoticias que el silbato fue efectivo pero para otras cosas y no propiamente para lo que originalmente se pensó  porque los grupos de vecinos empezaron a usarlo para evitar que una persona joven fuera golpeada por un policía y para ayudar a las y los adultos mayores.    Según el diagnóstico elaborado para tal fin por Inmujeres-DF, seis de cada 10 usuarias del transporte público capitalino no se siente segura en el primer tramo de su recorrido, mientras que ocho de cada10 mujeres no denuncian la agresión sexual que viven en estos espacios porque consideran “que es natural”, no se sienten apoyadas cuando quieren hacer valer sus derechos o tienen temor a represalias.   Si bien por un lado prevalece la falta de información sobre la medida entre las capitalinas, la otra cara de la moneda demuestra la misoginia prevaleciente entre los funcionarios encargados de implementarla quienes siguen culpabilizando y responsabilizando a las mujeres de las agresiones que padecen.   Como muestra, un botón. En días pasados un policía capitalino declaró a esta agencia que las miradas lascivas no son una forma de acoso sexual ya que son “naturales” en el hombre.   Días después, una joven de la capital relató a esta agencia que fue acosada sexualmente al salir de la Línea 1 del Metrobús pero que los dos policías a quienes pidió ayuda la instaron a no denunciar y además la culparon por su forma de vestir y salir de noche.   Como si esto no bastara, el mismo día que arrancó la entrega de silbatos en el Sistema de Transporte Colectivo Metro el pasado 5 de julio, el Director Ejecutivo de Justicia Cívica, Torres Morales, declaró que la violencia sexual es “conciliable”, aunque implique que la víctima tenga que pactar con su agresor para –dijo- evitar que ella “tome revancha”.   El funcionario aseguró que la agresión es un tema de “percepción” que no necesariamente implica que la víctima en realidad fue agredida y justificó la violencia al señalar que quienes agreden a las mujeres, probablemente “tengan problemas psicológicos” o un “trastorno” el cual debe ser tratado.   Para el funcionario, las miradas lascivas, no están descritas en el Código Penal capitalino ni en la Ley de Cultura Cívica, y reconocerlas en estas normativas, implicaría que  “todos (los hombres) vamos a estar de lentes oscuros” para evitar extorsiones por parte de las mujeres.   De acuerdo con el diagnóstico del Inmujeres DF –en el que se basa esta política- las miradas lascivas constituyen la agresión sexual más frecuente en el transporte público, ya que 97 por ciento de las usuarias la han padecido.   La postura de este funcionario y la información que está distribuyendo el gobierno local demuestra que persiste desinformación sobre qué constituye violencia sexual, ya que el folleto que acompaña el silbato dice que “si la agresión fue verbal o intimidatoria, la remisión es a un Juzgado Cívico”.   Pero según el Código Penal local, se sanciona por acoso sexual a quien solicite favores sexuales para sí o para una tercera persona o realice una conducta de naturaleza sexual indeseable para quien la recibe, que le cause un daño o sufrimiento psicoemocional que lesione su dignidad.  
 | CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | Ciudad de México.-

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