2/20/2011

Francia y México


Sara Sefchovich

A los franceses les gustan los chivos expiatorios. Consideran que es la manera de desquitarse de quienes no hacen lo que ellos quieren.
El más célebre de estos ejemplos es el caso Dreyfuss: cuando a fines del siglo XIX los alemanes les ganaron la guerra y les quitaron Alsacia y Lorena, estaban tan desesperados por sacar su coraje y humillación, que buscaron dentro del ejército a alguien que pudiera servirles como chivo expiatorio. Y lo encontraron en este capitán que era judío y, por lo tanto, era culpable desde antes de serlo, como diría Kafka.

Hoy Sarkozy quiere repetir la historia. Para sacar su coraje con su escasa popularidad y con los actos de corrupción de sus ministros, encuentra el chivo expiatorio en un país al otro extremo del océano, que dadas las dificultades por las que está atravesando, parecería débil e incapaz de defenderse. México encarnó, una vez más, el viejo prejuicio europeo de que los americanos son salvajes, países bananeros, a los que se puede acusar de lo que sea y presionar.

El mandatario francés es un hombre de juicios rápidos: a los magistrados de su país los culpó de la muerte de una niña por la forma de resolver el caso. Y de decisiones poco meditadas, hechas en caliente: ¿qué otra cosa es la decisión de incluir a Cassez en todos los actos del Año de México en Francia?

En un análisis sobre la personalidad autoritaria, Michael Billig nos recuerda los hallazgos de Adorno: los individuos que tienen prejuicios se construyen una imagen del mundo en la que los grupos exteriores se convierten en chivos expiatorios.

La respuesta del gobierno México, en cambio, ha sido excelente. Si nos ponen la pistola en la cabeza, respondemos: ya se terminaron los tiempos en que nos podían tratar así.

¿Cómo ha reaccionado la sociedad francesa frente a estas actitudes de su presidente? La mayoría, con tibieza. Si bien grupos de universitarios y de intelectuales han hecho público su desacuerdo, no ha surgido un solo Emile Zola que acuse al presidente y genere un debate que lleve a corregir el error.

¿Cómo ha reaccionado la sociedad mexicana frente a la respuesta del gobierno? Algunos, siguiendo la moda de culpar a Calderón de todo, pretenden que él es responsable del desaguisado. En estas mismas páginas lo hizo hace unos días un escritor, que sin empacho volteó las cosas: dijo que el Presidente de México había actuado con la panza, cuando quien actuó así fue el francés. Pero los peores son los senadores: por un lado se ofenden con la humillación sufrida, por otro no se atreven —no es políticamente correcto— a apoyar al Presidente. Pobre país cuando sus ilustrados y sus políticos no pueden diferenciar momentos y situaciones.

Yo apoyo la reacción del gobierno de México. Lo hago sin falsos nacionalismos —como ese que recientemente exhibió Rosario Green con una diatriba según la cual millones de mexicanos estaremos en la frontera para sacar a los gringos a patadas si se les ocurre hacer algo que lastime nuestra soberanía—. Mi apoyo es porque la respuesta se hizo con oportunidad, con serenidad y dignidad, con tono mesurado pero firme. El mensaje es inequívoco: no somos un país bananero, somos una nación. Ya no es el siglo XIX, cuando los países ricos decidían que nos podían intimidar por cualquier cosa —recuérdese a los franceses con el Parián y la Guerra de los Pasteles— y hasta invadirnos y endilgarnos un imperio. No estamos para que nos griten y amenacen. Y en ese sentido me parece excelente la reacción del embajador Icaza al salirse del Senado francés.

Ahora los que vamos a boicotear el Año de México en Francia somos nosotros, los mexicanos. No iremos a hablar de nuestra literatura ni a exponer nuestros cuadros, no participaremos en festivales de cine, de música, de comida. Somos nosotros los que los dejaremos a ellos con el palmo de narices. Incluso si nos invitaron de las universidades, lo cual es triste porque ellos no son el gobierno, pero no seremos esquiroles. Esto es necesario para que las Alliot Marie que pululan por allí, aprendan a respetar y a medirse. O para que se disculpen, que sería sin duda, lo más adecuado.

sarasef@prodigy.net.mx
Escritora e investigadora en la UNAM

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