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Esta semana fuimos testigos y, una gran mayoría, partícipes, de
una indignación generalizada por la resolución del ahora conocido como
#JuezPorky, Anuar González Hemadi, que otorgó un amparo al violador
Diego Cruz Alonso, a quien conocimos por el caso de Daphne Fernández, en
Veracruz. Si hacemos un poco de memoria acerca de lo que pasó en 2015,
tras la denuncia realizada, el video del crimen ya circulaba en la red
como si fuera una hazaña, y desde ese momento, el caso de Daphne fue una
muestra latente de lo que sucede en este país a la hora de determinar
qué es o no una violación, y a la hora de justificarla.
Miedo, vergüenza y humillaciones es lo que enfrentan las mujeres
cuando deciden denunciar, no importa el tipo de violencia del que
estemos hablando. Ahí tenemos los casos de Andrea Noel y Tamara, que
cuando denunciaron fueron insultadas y amenazadas en redes sociales. En
el caso de Daphne, con todo y pruebas en video, se puso en duda su
testimonio, la revictimizaron, expusieron y juzgaron. Además, como si
una violación y el escarnio público no fueran suficientes, su violador
es amparado y liberado sin siquiera llegar a juicio. Su crimen quedó
impune bajo el argumento de que el acto cometido "no fue abuso sexual,
sino un roce o frotamiento incidental" ya que el acusado "la tocó sin
lascivia y sin intención de copular". ¿Es en serio?
Sobradamente cínico e indignante, dijo el juez que no podía
comprobarse que estos actos hubieran sucedido contra la voluntad de
Daphne, cuestión que, en todo caso es “de apreciación” de acuerdo a lo
que puede interpretarse en los videos. Habrá que recordar que
inmediatamente después de la denuncia hubo una campaña de desprestigio
por parte de los violadores hacia la agredida, en la que se mostraron
fotos de ella bailando y riendo en los antros. ¿Y esto qué quiere decir?
Que pretendían culparla por salir con sus amigas, usar minifaldas y
divertirse, o lo que es lo mismo, que en todo caso ella habría buscado o
provocado la violación.
Estamos ante un caso que, efectivamente, tiene que ver con un sistema
de justicia viciado desde las raíces, un sistema de justicia rendido al
servicio de los señores del poder, de las jerarquías poderosas que, con
todo el cinismo, acomodan las leyes a su conveniencia para salvar a juniors
violadores y pederastas con la mayor impunidad. Sí, los privilegios de
clase se hacen evidentes, los errores gravísimos en los procesos
legales, la corrupción, pero también, por supuesto, la violencia
machista y normalizada se encuentra inmiscuida en este proceso.
¿Podríamos decir que el caso de Daphne es un caso aislado? ¿Qué esta
es la primera vez que un juez determina que libera al “presunto”
culpable porque no hubo pruebas suficientes para llamar “violación” al
acto cometido o incluso porque la víctima provocó al violador? Los casos
existen, no sólo en Veracruz, sino a lo largo y ancho de nuestro país,
en los que las Defensorías de Derechos Humanos emiten recomendaciones a
las Procuradurías “de Justicia” por negligencias y violaciones a los
derechos humanos de mujeres que han sido violadas, que se atrevieron a
denunciar, que pasaron por el tortuoso y humillante camino que esto
implica, que aportaron pruebas y que terminan siendo ignoradas por las
autoridades. Y los violadores siguen sueltos.
En el caso de Daphne, la visión del juez, al dictar esa sentencia,
ciertamente estuvo determinada por un acto de evidente de corrupción. No
obstante, no podemos negar que la elección del discurso contenido en la
sentencia encierra la visión de todo un sistema de impartición de
justicia, que por mucho tiempo se ha dedicado a exonerar violadores
porque su delito no es considerado lo suficientemente grave, porque los
violadores no pueden controlar su deseo, porque sus actos son
“instintivos” y porque pasa todos los días, igual que los feminicidios.
Es decir, esta violencia que transgrede los cuerpos de las mujeres con
palabra o acción, está normalizada, no se considera violencia y no se
toma en cuenta o no se respeta la percepción de la mujer agraviada.
Pensemos en la indignación que se generó en las redes sociales contra
el #JuezPorky: esta llegó a tal punto que se publicaron fotos
familiares de él con su esposa e hijas a manera de amenaza. Al parecer, a
muchos usuarios de distintas redes sociales les parecería correcto que a
ellas les hicieran lo mismo. ¿Se dan cuenta de qué lado se pasó la
indignación? Del lado de las personas que están de acuerdo con que una
violación es una cuestión “de apreciación”… ¡justo como el #JuezPorky! O
que consideran que hay casos en los que se amerita o justifica violar a
una mujer.
Entonces, ¿estamos hablando solamente de una corruptela patética en
nuestro sistema de justicia o de un sistema de violencias arraigado que
desemboca en sentencias como esta, sean los violadores unos juniors
con influencia o no? Ahora indigna la resolución de este juez, pero en
su momento no indignó a muchos llamarle “puta” a Daphne por “habérselo
buscado”, ni les indigna el piropeo porque “eso no es acoso”, pero sí
les indignó que una mujer lo denunciara, razón por la cuál se sintieron
con el derecho de acosarla, insultarla y amenazarla.
Aquellos que defienden su derecho a acosar a las mujeres en las calles diciendo que sólo es un piropo… ¿Qué tan lejos están de justificar un frotamiento incidental en el transporte público o un tocamiento sin lascivia
en la vagina de una joven intoxicada e inconsciente diciendo que NO fue
abuso sexualporque “no fue con la intención de copular”? Es necesario
repensar esas conductas que se toman por normales, porque les aseguro
que al #JuezPorky, independientemente de la remuneración económica que
tendría por liberar a un junior, se le hizo natural su apreciación de la violación, y por ende, su sentencia.
Así que por favor, no se parezcan a cierto personaje y no nos vayan a
salir con que este tipo de violencias sólo existen en nuestra mente.
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