En materia de banca de
desarrollo (del Estado) el gobierno de la 4T comete el mismo exceso que
Fox y Calderón, al retomar la brillante idea panista de fusionar –en
los hechos– a dos instituciones financieras con objetivos distintos –el
Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) y Nacional Financiera
(Nafin)– y dejar la dirección de ambas en manos de un empresario sin
experiencia en estos menesteres.
Bancomext se creó en 1937 (con Lázaro Cárdenas) para fomentar y
financiar las exportaciones mexicanas, y estimular el crecimiento y
desarrollo del país. Nafin se fundó en 1934 (en los estertores del
gobierno de Abelardo L. Rodríguez) con el objetivo de promover la
industrialización, al fortalecimiento de la pequeña y mediana empresas, y
operar como agente financiero del gobierno federal.
Desde tiempos de Ernesto Zedillo, pero con especial énfasis en los de
Fox y Calderón, el gobierno neoliberal hizo circo y maroma para
exterminar a Bancomext, producto de
una mezcla de problema ideológico e ignorancia, arrogancia, falta de conocimiento y desdén por la institución, pues en lugar de percibir a la banca de desarrollo como una herramienta, se le tuvo miedo y se prefirió renunciar a ella(según resumió uno de los directores generales de la institución).
Como parte de la
estrategiapara
enterraral Banco Nacional de Comercio Exterior, Felipe Calderón creó un onerosísimo elefante blanco llamado ProMéxico que
canibalizóa Bancomext y prácticamente lo dejó en ruinas, no sin antes entregar su manejo a banqueros privados (ambos ligados a Eugenio Garza Lagüera, del otrora denominado Grupo Monterrey) que se dedicaron a sacar raja personal de la posición y ayudar a sus amigos empresarios en
problemas(especialmente en la crisis de 2009).
Con todo, fallaron y con Peña Nieto de nueva cuenta se nombró un
director para cada una de las instituciones, aunque tampoco se
reportaron mayores avances. En los sexenios de Fox, Calderón y Peña,
Bancomext tuvo cinco directores generales, quienes sólo sirvieron a los
intereses de la banca privada.
Pues bien, a pesar de todo ello el gobierno de la 4T de nueva cuenta
fusionó la dirección de Bancomext y Nafin para dejarla en manos de un
empresario regiomontano sin experiencia en el manejo de la banca del
Estado y cuyo historial está íntimamente ligado al otrora denominado
Grupo Monterrey y (¡sorpresa!) a Alfonso Romo, actual jefe de la Oficina
de la Presidencia de la República (magnate que en 1994 apareció en la
lista de multimillonarios Forbes con un
ahorritode 2 mil 200 millones de dólares y que presumía dos padrinos: Eugenio Garza Lagüera, su suegro, y Carlos Salinas de Gortari).
Se trata de Eugenio Nájera Solórzano. En su biografía oficial se detalla que este personaje
ha tenido una destacada trayectoria en el medio empresarial, como alto ejecutivo y director general de empresas nacionales, globales, públicas y privadas, así como fundador y accionista principal de varias empresas y consejero de empresas e instituciones sociales y educativas. Y, para dejar en claro su cercanía con Romo, subraya que “participó en instituciones como (…) Vector Casa de Bolsa, Seguros Comercial América, Seminis USA, Bionova Products USA y México, Savia (…)”, todas ellas en algún momento propiedad del ahora jefe de la Oficina de la Presidencia de la República.
Dada la cercanía que Nájera presume con Romo (uno de los promotores y
financieros de la campaña electoral de Fox) cabe la posibilidad de que
el ahora director general de Bancomext-Nafin participara en los tejes y
manejes de uno de los capítulos más oscuros del actual jefe de la
Oficina de la Presidencia, es decir, el manejo (año 2000) de parte de la
fortuna del dictador Augusto Pinochet mediante la adquisición de bonos
de deuda de Pulsar Internacional, una empresa con prioridad en las
semillas transgénicas, que Romo vendió a la trasnacional Monsanto.
Las rebanadas del pastel
Entonces, ¿qué hace Nájera (y Romo) en el gobierno de la 4T?
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