3/14/2014

Ricardo Monreal: ¿'El Chayo' o la simulación de Estado?


Por Ricardo Monreal Ávila


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Si Alejandro Poiré, secretario de Gobernación en 2010, hubiese testificado formalmente ante una autoridad ministerial la muerte de "El Chayo", ahora mismo estaría enfrentando un juicio por "falsedad en declaración", delito que se castiga con seis a 10 años de prisión y de 100 a 300 días de multa.


Pero como la tomadura de pelo la hizo únicamente a 100 millones de mexicanos, la felonía de dar por muerto a alguien que siempre estuvo vivo –Nazario Moreno, "El Chayo", estuvo tres años y tres meses muerto, pero de la risa–, este delito informativo se castiga únicamente con el escarnio y la burla públicas.


La segunda muerte de "El Chayo" ha puesto en evidencia la manera irresponsable, superficial y hasta paranoica con la que se condujo el combate a la delincuencia durante el gobierno anterior.


No está de más el recuento de las pifias: capos a los que se daba por muertos, cuando en realidad seguían vivos; delincuentes a los que se abatía incidentalmente, y hasta después se enteraban que era alguno de los "más buscados", como "El Lazca"; inocentes a los que se confundía con familiares de capos, como el supuesto hijo de "El Chapo" Guzmán, que resultó ser un vendedor de autos usados; familias, niños y civiles que murieron en medio del fuego cruzado y a los que se etiquetó como "daños colaterales"; jóvenes a los que se presentaba de manera sumaria como delincuentes, cuando en realidad eran víctimas del crimen organizado, como el caso de Salvarcar en Ciudad Juárez; un "Chapo" buscado por todo el mundo, cuando "todo el mundo sabe que vive en Guanaceví, menos las autoridades", denunció el obispo de Durango; recreaciones de capturas ad hoc para la televisión, violentando el debido proceso, y que después devenían en conflictos internacionales como el caso Florence Cassez; presentaciones mediáticas y escenográficas de narcotraficantes capturados, que lejos de inhibir las conductas delictivas terminaban haciendo apología del delito; "testigos protegidos" cuyas falsas imputaciones tenían más fuerza y valor probatorio que cualquier indagación ministerial; uso y abuso sistemático de una figura inconstitucional como el arraigo; 
descoordinación y enfrentamientos entre los cuerpos de seguridad del Estado como el caso "Tres Marías", y la utilización y manipulación del aparato de justicia contra adversarios políticos, son algunas de las prácticas con los que se construyó en el sexenio pasado un Estado de derecha, no un Estado de Derecho.


La segunda muerte de "El Chayo" exhibe la simulación, manipulación e improvisación de algo que debió ser desde su inicio una política pública ejemplar de Estado.


Quedaría a nivel de incidente chusco de no ser porque esta simulación de Estado costó más de 60,000 muertos, 20,000 desparecidos, y un gasto público deficitario en materia de seguridad.


La ciudadanía ya se cobró en las urnas esa simulación sexenal. Pero los agravios sociales y familiares que dejó esa guerra fallida todavía están a la espera de un juicio contra los responsables.

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