6/26/2013

Empeños de Peña e impactos del pacto



Javier Jiménez Espriú

La vorágine de testimonios de toda índole suscitada por las declaraciones del presidente Peña Nieto en su visita al Grupo de los Ocho, en relación con la participación de la iniciativa privada en el sector energético –que la Constitución reserva en exclusiva al Estado–, me llevó a escribir en Twitter: Mexicanos, revisen los nombres de quienes apoyan la reforma energética de EPN. ¿Hay uno solo que les inspire confianza? ¿Quién?

Frente a los múltiples nadie, ninguno, none, recibidos como respuesta, no aparece nombre alguno y eso que mi pregunta fue anterior al artículo del inefable ex presidente del PAN Germán Martínez, paradigma de la reacción y hoy corifeo del Presidente, que en su título pregunta: Privatizar Pemex, ¿por qué no?, en el que pide que ya se dejen de modernizaciones, ”fortalecimientos”, ampliaciones de capacidad u otros eufemismos y se hable claro de lo que claro es: privatizar.

Los empeños del Presidente en la entrega del sector a la inversión privada –la apertura, como la llama–, se ve que son ya, de acuerdo con sus declaraciones a The New Yortk Times y al Financial Times, reacciones inconscientes, reflejos condicionados, dogmas enraizados en lo más hondo de su ser, profundas convicciones que le salen del alma, obedientes respuestas a las directrices recibidas de los organismos internacionales interesados y urgencias de cumplimiento de sus compromisos no firmados ante notario.

Sin embargo, a pesar de tanta obviedad, la estrategia seguida para convencer a la nación con ambigüedades, verdades a medias, estadísticas manipuladas y marketing cuidadoso, ha redituado dividendos.
El Pacto por México, uno de ellos, resultado de la eficacia política del PRI –menester es reconocerlo– en el que se han deslizado, para barnizarlos de consenso, temas que no lo tienen y no lo tendrán, como es el caso de los puntos relativos a la apertura del sector energético –54 al 57–, en los que, en suma, se propone entregar a la inversión privada el crecimiento de la industria corriente hacia abajo, desde la refinación, y permitir por medio de contratos de riesgo –sin riesgo– el acceso a la exploración y la producción de hidrocarburos, y con ello a la renta petrolera.

Pacto que firmaron alegremente el PAN y quiero suponer que ingenuamente el PRD. Este último, al grado de que su presidente, que niega haber llegado a acuerdos –aunque firmó el celebérrimo documento–, ahora propone una iniciativa propia para deslindarse de los gravísimos impactos del pacto sobre el futuro de México y su seguridad energética.

Como en 2008, ahora vendrá el Paseo de las Reformas. Cada partido presentará la suya y se organizará el circo de tres pistas. ¿Tratarán de enmendar sus errores (PRD) o ampliar el horizonte de sus propósitos (PAN), con el peligro de ofrecer en su afán protagonista, en su ignorancia, en su irresponsabilidad o en su subordinación, argumentos cómodos para que el gobierno logre las metas que persigue?
Sea lo que sea en ese su juego, es necesario dejar claro que ninguno de los partidos representa ni cercanamente y menos en este tema, la opinión de la mayoría de los mexicanos.

Si el PAN está hasta la madre del PRI, como ha dicho, y el PRI lo está del PAN, como reviró, pueden estar seguros de que la ciudadanía está hasta la madre de todos los partidos y que en las urnas y en las calles se los hará ver si insisten en ignorarla y actúan contra la nación, porque puedan lograr mayoría a en las cámaras.

Deberá haber un diálogo abierto con toda la sociedad, no en lo oscurito ni en reuniones cupulares blindadas, para este asunto de la mayor trascendencia. No podemos permitir el abuso del poder para entregar nuestro patrimonio. No aceptaremos cambios constitucionales para dar certeza a los inversionistas privados, como declaró el presidente. Exigimos respeto a la Constitución, como también declaró el Presidente cuando asumió el poder, para dar certeza a los mexicanos, que es a lo que está obligado por mandato de ley.
Twitter: @jimenezespriu

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