9/17/2014

Las alzadas

CRISTAL DE ROCA
Por: Cecilia Lavalle*

Si yo le pido que mencione cinco nombres de personas que participaron en la Independencia de México, le aseguró que los primeros que le vienen a la mente son personajes masculinos. A lo mucho se acordará de Josefa Ortiz y, en una de ésas, hasta de Leona Vicario. Punto final.

El asunto se pone peor porque aprendimos que el mérito de Josefa fue quitarse un zapato para alertar al vecino de la planta baja de que la conspiración había sido descubierta, y que el mérito de la segunda fue que amó tanto a su marido que lo siguió a la guerra.

¿Tiene algún valor destacar que Josefa alertó de la conspiración quitándose un zapato? ¿Acaso sabemos si Hidalgo se subió a un banquito para alcanzar la cuerda de la campana con que llamó a la rebelión?

Al destacar y reducir el papel de doña Josefa a la anécdota del zapato se trivializa a tal punto su participación que casi llega al ridículo.

En el caso de Leona Vicario sucede lo mismo. Fue una mujer de ideas liberales muy firmes, que participó como espía, correo y benefactora de la causa independentista.

Al calificar su participación como un acto de amor al que fuera su marido, pareciera que una mujer no es capaz de entregarse a las mejores causas por simple y llana convicción.

En general, pues, las mujeres no figuramos en la historia nacional y, si lo hacemos, se nos define por la anécdota o el corazón. Pero estas dos mujeres, como tantas otras, fueron claves en la Guerra de Independencia.

Ahí está Gertrudis Bocanegra, que en cigarros elaborados por ella misma, enviaba mensajes a los insurgentes. O Juana Barragán, que comandó un contingente. O Mariana R. del Toro, que participó en la organización de la conspiración. O Altagracia Mercado, María Petra Teruel, Gertudris Rueda, Josefa Martínez, María Soto la Marina, Rafaela López Aguado, Manuela Medina…

Hay al menos 150 nombres de mujeres que participaron de distintas maneras en la Guerra por la Independencia de México. De la mayoría se sabe poco. Y eso gracias al esfuerzo de muchas feministas por rescatar del olvido el papel de las mujeres en la historia.

¿Por qué hemos sido ignoradas? En principio porque ni nos veían ni nos oían. Los que escribieron la historia, quiero decir. Los que escribieron los textos de la historia, quiero precisar. Hombres casi todos y casi siempre, que miraban (¿miran?) cada episodio con lentes en blanco y negro: los buenos y los malos, se gana o se pierde, hombres igual a combate-mujeres igual a casita.

Con esos lentes es evidente que consignaron la participación de aquellas mujeres que era imposible no mirar. Digo, sin la astucia y el arrojo de doña Josefa Ortiz, los organizadores de la Independencia hubiesen sido descubiertos, y en una de ésas seguiríamos bajo la Corona española. La historia habría sido otra por completo.

Pero, entonces, destacaron a esas mujeres como si hubiesen sido excepcionales; es decir, una excepción, casi, casi únicas. Y así, ni vieron ni oyeron las voces de todas las demás.

Y al negar protagonismo a las mujeres que participaron en el movimiento social que nos dio patria, con querer o sin querer, niegan esa posibilidad para las demás. O la reducen a las mujeres de excepción. O a la anécdota salpicada de ridículo o de romanticismo (a menudo también ridículo).

Es urgente contar de nuevo la historia, en especial en los libros de educación básica. Contarla completa, contarla con la participación de ellas. Y contarla con lentes violetas.

Por lo pronto, hoy, aquí, agradezco y honro a las mujeres que me dieron patria.

Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com.

*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.


Imagen retomada del sitio viajandoandamos.wordpress.com
Cimacnoticias | México, DF.-


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