4/20/2009

Periodistas pal café......

Columnas
Julio Hernández López: Astillero

Jesús Ortega y a los principales miembros de la corriente conocida como los Chuchos les persiguen tres fantasmas: el fraude electoral interno (también practicado por el encinismo), la traición al movimiento civil encabezado por López Obrador y el colaboracionismo con Felipe Calderón. Como le sucedió a éste, Ortega se hizo del cargo formal al que aspiraba pero no ha alcanzado legitimidad ni respeto reales. En cambio, factores de poder que normalmente regatean espacio y elogios a la izquierda más o menos congruente han abierto ventanas mediáticas y han vertido comentarios positivos para el grupo de la llamada Nueva Izquierda, cuyos líderes así aparecen en noticieros y programas de televisión, conferencias con empresarios, e incluso en reuniones protocolarias como la cena felipista ofrecida a Obama, haciendo compungidas confesiones respecto a los muchos errores y defectos que ha cometido la izquierda presuntamente representada por ellos y ofreciendo comportamientos rehabilitados. En realidad, Ortega y el bando de los Chuchos se prestan al juego mediático de flagelarse para de esa manera reconocer” las pifias (las reales, las magnificadas y las inventadas) de López Obrador, colocándose al mismo tiempo como inequívocos aliados del calderonismo, en un proceso de aceptación fáctica de la condición presidencial del citado personaje panista. Por todo ello, en ese universo multiforme e impreciso de la izquierda social mexicana hay un sentimiento mayoritario de rechazo a las maniobras del chuchismo, agravado por la apropiación facciosa y bajuna de la mayoría de las candidaturas a puestos que se elegirán en julio próximo. Lo de ayer, pues (los abucheos a Ortega durante la toma de protesta de misceláneos candidatos), no necesita las autorías intelectuales que Ortega sugiere pero de las cuales se niega siquiera a dar una sola pista importante con nombre y apellido: Ortiga recoje las espinas que ha sembrado, a sabiendas de las muchas que le quedan en el camino.
2) Calderón se ha quedado solo y devaluado en el reacomodo de posiciones que han hecho el presidente de Estados Unidos y el grupo de mandatarios latinoamericanos identificables con la izquierda. El carácter derechista del mexicano Felipe le hacía compatible con el modelo Bush (un enemigo fabricado, violencia institucional para abolir derechos civiles y libertades varias, despilfarro del dinero público en aventuras bélicas finalmente beneficiarias de un grupo que desde la política hacía negocios), pero del texano apenas consiguió algunas palmaditas menores a las dadas en su momento a George W. Fox. Pero ahora Calderón ha sido rebasado por la izquierda: a Obama lo que le interesa es acoplar a Washington a una realidad política subcontinental que está permeada por el pensamiento progresista en todos sus matices, y los afanes del afroestadunidense están centrados en Hugo, Evo, Lula, los Castro y el resto de los mandatarios progresistas, y no en la excepción anormal (gracias al fraude de 2006) de un mexicano que, por lo demás, sólo tiene como horizonte político la “guerra” contra el narcotráfico. En América Latina hoy se está hablando de una recomposición histórica, pero Calderón ni quiere ni sabe leer Las venas abiertas de América Latina. Cuba está en el sendero de una rectificación histórica que sería el máximo homenaje a Fidel Castro antes de su muerte, pero Calderón mantiene a México en la obsesión sangrienta de los reacomodos comerciales del narcotráfico en favor del cártel panista transexenal. Obama saluda y sonríe a Chávez y busca a Evo para saludarlo, mientras Calderón se queda políticamente fuera de lugar, sin proyecto ni lugar destacables, la excepción derechista (con compañeros de viaje como el colombiano Uribe) forzada por el cierre de filas de la oligarquía mexicana y los intereses gringos dominantes en 2006.
3) Es irónico que hasta un arzobispo como el de Durango acabe colocando a la administración calderónica en el extremo de la incompetencia criminal. Héctor González Martínez se permitió decir que el famoso Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, vive “adelantito” de Guanaceví, cosa que todo mundo sabría, “menos las autoridades”. Las palabras del jerarca católico fortalecen la hipótesis generalizada de que la “guerra” contra el narcotráfico está cargada a un solo lado, el de los adversarios comerciales del concesionario oficial, y que la violencia extrema que vive el país no sólo se debe a pleitos entre bandos opositores o a enfrentamientos al azar, sino a golpes selectivos y a venganzas de los delincuentes específicamente perseguidos contra autoridades que no están siendo imparciales en el uso de su fuerza institucional. El grave señalamiento del arzobispo duranguense no mereció ni siquiera un citatorio de la autoridad para que el prelado dé más datos o abunde en su dicho. A Dios lo que es de Dios, y al Chapo... lo que es del dominio público.
4) A López Obrador también le va llegando la hora de definirse frente a conflictos sociales regionales que hasta ahora ha evadido o tocado superficialmente, como sucedió con el de Oaxaca y la APPO. Centrado en lo electoral y en la defensa de grandes temas nacionales, el tabasqueño ha anunciado que irá a Cananea para expresar solidaridad a los mineros amenazados con el despido por el neoporfirismo panista que actualmente tiene a Javier Lozano y al abogado de la Minera México, Fernando Gómez Mont, como verdugos y antes, con Fox, a Carlos Abascal y a Francisco Javier Salazar Sáenz (ahora premiado con un primer lugar de lista para diputados de representación plurinominal, acompañado en el tercer lugar por el ex secretario de Agricultura, Javier USAbiaga, promovidos ambos por el ex presidente que ayer calificó de “locos” y mentirosos a los diputados que le rechazaron cuentas públicas de su sexenio).
Y, mientras el Frente Nacional contra la Represión sesiona en Hermosillo, Sonora, para dar cuenta de las graves y constantes violaciones a los derechos humanos en el norte del país, ¡hasta mañana, con la abuela cuidando al nieto para que cobre más réditos panaleros por fuera de San Lázaro!
Fax: 5605-2099 •
juliohdz@jornada.com.mx

in duda le sirvió a Barack Obama venir a México. Aunque no pisó más que levemente el asfalto de la capital, alguna impresión se llevó de los inocultables problemas que flotan en el ambiente. Volvió a Washington con la espada desenvainada contra las usureras comisiones e intereses que cobran los bancos americanos a sus clientes. Aunque en Estados Unidos, con buenas referencias de crédito, es posible obtener una tarjeta Discovery, que cobra sólo 11 por ciento anual de interés, mientras que en México atracan con 40 y 50 por ciento, seguramente Obama quiere imponer topes antes de que el problema se salga de control. El viernes pasado les comenté que los políticos que están dizque estudiando el problema en el Senado mexicano, en vez de fajarse los pantalones –don Beltrone dixit–, se aflojaron el cinto hasta donde la prenda se escurre a la conveniente altura de los tobillos. El asunto fue encargado por Obama a su principal asesor económico, Larry Summers, y esta semana se reunirá con los jefes de las financieras que emiten tarjetas. Cuando menos nuestros paisanos que viven de aquel lado sienten el apoyo del gobierno.
Uñas negras
Esta irreverente sección viene preguntando desde hace 10 años: ¿dónde está el dinero del petróleo? Nunca nadie ha dado una respuesta satisfactoria. La incógnita podría tener relación con la negativa de la Cámara de Diputados a aprobar las cuentas –¿o cuentos?– de Vicente Fox por el dinero que manejó en su segundo y tercer años de desbarajuste. Se enojó, dice que los diputados están locos. Mejor que olvide sus vanas exploraciones en el terreno de la siquiatría y nos informe de dónde salen tantos millones de pesos para la hacienda de San Cristóbal, el Centro Fox y el hotelito de cinco estrellas que va a levantar enfrente.
Fobaproa II
La tantas veces violada Constitución delimita las facultades de los poderes de la Unión (el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial). Una es exclusiva del Congreso y está contenida en el artículo 73: “…dar bases sobre las cuales el Ejecutivo pueda celebrar empréstitos sobre el crédito de la Nación, para aprobar esos empréstitos y para reconocer y mandar pagar la deuda nacional”. ¿Alguien de ustedes se enteró si el Congreso dio bases al Ejecutivo para el empréstito por 47 mil millones de dólares que acaba de concertar con el Fondo Monetario Internacional? ¿Y si, después de darlas, lo aprobó? ¿O sólo las dio pero no le han pedido su aprobación? Calderón está involucrado en los dos mayores descalabros financieros que ha sufrido el país en los últimos años: el Fobaproa, por 120 mil millones de dólares, y ahora el Fobaproa II, por 47 mil millones.

l pasado viernes por la mañana, a las 8:50, anunciada una y otra vez por los locutores de la estación de radio Europe 1, tuvo lugar una entrevista con Florence Cassez de casi 10 minutos, grabada por teléfono un día antes en Francia.
Aparte de lo sorprendente que parece el hecho de escuchar a menudo a una persona que, en principio, purga una pena en prisión por complicidad en crímenes graves, no dejaron de asombrarme sus declaraciones, vertidas entre gemidos y ahogos de llanto, calmados de inmediato por las necesidades –imagino– de la transmisión radiofónica, y varias veces incitadas por el presentador del programa, Marc Olivier Fogiel, quien no escondió para nada su falta de imparcialidad en favor de la señora Cassez, sin imaginar siquiera que pudiera haber otras víctimas que no sean ella.
Fogiel insistió: “la joven mujer” se comunica con Europe 1 desde una cabina telefónica pública situada en el interior de la prisión. Afirmación dicha como si fuera lamentable el hecho de tener que hablar desde una cabina y no comprendiese por qué la madura muchacha francesa no tiene teléfono en su cuarto o no se le da un celular. Aparte eso, el locutor, en su apuro por socorrer a su compatriota, olvidando cualquier deontología periodística de imparcialidad y objetividad, repite que “la joven” se comunica a diario con sus padres. No sé si Fogiel, al decir esto, se da cuenta de que daña los intereses de la entrevistada, a quien pretende ayudar, pues el público francés no puede menos que pensar en las ventajas de que goza la prisionera: no creo que un detenido en cárceles de Francia pueda telefonear todos los días a su familia y a los medios de communication.
La entrevista comienza; Fogiel pregunta a Cassez por su salud, aconsejándole que se cuide, que ponga atención: el tono es casi paternal. Ella responde que está algo flaca... Las lágrimas se ahogan en la garganta de la prisionera al hablar de su falta de peso. Está triste, deprimida, pasa todos los días esperando.
Desde luego, ni una palabra de las víctimas, las verdaderas, las secuestradas por la banda de Vallarta, el “novio” (término muy mexicano para designar eufemísticamente al amante y que, a la familia de “la joven”, debe sonar mejor que el de amasia o concubina, aunque su uso provenga del país tan criticado).
Hasta aquí, el auditor, en el caso yo misma, puede aún sonreír ante la inquietud de Fogiel por la salud de Cassez. Suena tan falsa como el llanto de ella, cuando las lágrimas no le vienen a los ojos al recordar su propia suerte –le sobran, puesto que no recuerda la de los otros: Cristina Ríos Valladares y su hijo.
Pero las cosas van a subir de tono, como el escándalo: las mentiras son tan evidentes que hacen evidentes las otras mentiras, las que se pretende ocultar.
Cassez afirma, como una verdad compartida por el mundo entero, que el gobierno de México se comprometió, durante la visita del presidente Sarkozy al país, a su extradición a Francia. Así, el Presidente mexicano miente, faltó a su palabra. Fogiel y ella saben bien que Felipe Calderón sólo habló de una comisión, nada más. Sin contar que hablar de tal promesa por parte de este último es considerar que el Poder Judicial obedece al Ejecutivo en nuestro país, como en una dictadura de bajo orden.
Ante las preguntas de Fogiel, que implican la respuesta de la señora Cassez, ésta se dice en peligro, amenazada, en la cárcel mexicana. Ni más ni menos: ¡ahora asesinan en las prisiones mexicanas a los delincuentes franceses! Nuevos accesos de llanto, rápidamente reprimidos por las necesidades o el júbilo de ser escuchada en la radio.
Pero estas mentiras no parecen lo bastante enormes. O al menos aquellas que puedan interesar a los franceses. Hay que celebrar el culto a la personalidad del presidente Sarkozy, ya bastante comprometido en este caso, tentándolo con su inclinación a viajar al otro extremo del mundo para sacar de la jungla o de la cárcel a “perseguidos” justa o injustamente. ¿No dijo que iría en busca de cualquier francés, hubiera hecho lo que hubiera hecho? Cassez ya sólo confía en el presidente Sarkozy: él “debe” pedir a Calderón su extradición. ¿No lo hizo por los miembros del Arca de Zoe, por Ingrid Betancourt? Ella, sí, ella es una rehén política. Rehén de los bajos sondeos de Calderón, de las próximas elecciones legislativas mexicanas, de la opinión pública, de la prensa de México, que quiere utilizarla como chivo expiatorio, de la oposición. Sí: ella es una rehén política.
La “rehén política” trata de salvarse como el ahogado.
Falta la puntilla. Fogiel aprovecha que ella repite que es su “último llamado” (no se sabe a quién). Le dice esperar que no llegue a esa decisión final. La palabra “suicidio” no se pronuncia, se sobrentiende. Entre suspiros y ahogos de llanto, Cassez evade la cuestión. Es inocente, espera que la extraditen, no puede más, pero de eso a suicidarse... que Fogiel no exagere.
Por último, llamados a la opinión pública de Francia y de México. Es inocente, repite, y “no puede más”.
Cristina Ríos Valladares pudo más, mucho más.
Cierto, este bombardeo de los medios de comunicación sobre su caso oculta los problemas mucho más graves de desempleo, pobreza y violencia que atraviesa Francia. Pero lo que me choca es la actitud parcial de una parte de la prensa francesa que sólo da la palabra a Cassez. Lo que me indigna es el gesto, si no el acto, racista de aquellos que intentan intervenir en la política de un país con instituciones democráticas: México, tratándolo como si fuera una dictadura del cuarto mundo. En fin, que me hagan sentir como un salvaje emplumado, ignorantes de la antigüedad y la riqueza de nuestra cultura.
En Francia, acusaciones falsas dan lugar a procesos donde se solicitan compensas por daños y perjuicios. Acaso el gobierno mexicano debería levantar una queja, aunque no fuese por un euro simbólico, contra los periodistas culpables de difamación.
vilmafuentes22@gmail.com

xistentes desde hace mucho tiempo y potenciados por la globalización neoliberal, los paraísos fiscales son un ejemplo de la corrupción y degradación del sistema económico y político mundiales.
Tales paraísos nacieron y funcionan con dos fines primordiales: servir como refugio a los capitales malhabidos y facilitar la evasión del pago de impuestos en gran escala. Atrás de su imagen de territorio libre son, sin más, santuarios de la ilegalidad y la impunidad, desarrollados por una banca trasnacional corrupta, aprovechados por infinidad de corporativos evasores, megalavanderías del crimen organizado y no organizado, y para colmo, tolerados por casi todos los gobiernos e incluso auspiciados por países como el Reino Unido, Nueva Zelanda, los Países Bajos o Estados Unidos.
Hace poco más de una década, en 1998, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) inició una serie de acciones –definición de criterios, estudios, identificación de jurisdicciones (países, principados, territorios, protectorados)– que culminaron con la publicación, en el año 2000 de una lista de 35 paraísos fiscales (Gráfico 1).
De estas 35 jurisdicciones, al menos ocho dependían del Reino Unido (Anguila, Gibraltar, Guernsey / Sark / Alderney, Isle of Man, Islas Vírgenes (RU), Jersey, Monserrat y Turks and Caicos), con lo que la corona británica apareció como la principal auspiciadora de paraísos. Dos pertenecían a los Países Bajos (Antillas Holandesas y Aruba), dos a Nueva Zelanda (Islas Cook y Niue), y uno a Estados Unidos (Islas Vírgenes-EU).
A casi una década de distancia la situación sigue prácticamente igual, lo cual simplemente comprueba la complicidad de la mayoría de los gobiernos con los paraísos. Sólo la crisis en curso ha hecho reaccionar a algunos países (por ejemplo Francia y Alemania) los cuales exigieron a la OCDE un informe actualizado de los avances logrados en el control de esas jurisdicciones, pues estimaciones recientes calcularon la fuga fiscal (recursos que dejan de recibir los estados por dichos paraísos) en unos 250 mil millones de dólares anuales (cifra a nuestro juicio inferior a la realidad).
El informe de la OCDE sobre los avances fue dado a conocer el 2 de abril pasado y gira en torno a una nueva clasificación de 82 jurisdicciones según su grado de compromiso y aplicación del Estándar Internacionalmente Aceptado de Impuestos, un buen inicio pero con alcances limitados, pues se enfoca principalmente a transparentar información financiera a uno o varios países signatarios que la soliciten específicamente.
El informe enlista a las 82 ju-risdicciones estudiadas (Gráfico 2) en tres segmentos:
A. Jurisdicciones (40) que se han comprometido y aplican sustancialmente las normas del Estándar Internacional de Impuestos.
En esta lista se ubica la mayoría de los países avanzados, varios en desarrollo, dos latinoamericanos (Argentina y México), y seis jurisdicciones clasificadas originalmente como paraísos fiscales: Barbados, Guernsey, Islas Vírgenes (EU), Isle of Man, Jersey y Seychelles.
B. Jurisdicciones (38) que se han comprometido a adoptar el estándar, pero que aún no lo aplican sustancialmente.
De este conjunto, la OCDE hace dos subdivisiones, clasificando a 30 jurisdicciones como Paraísos Fiscales Típicos y a ocho como atípicos con el rubro de Centros Financieros.
Como Paraísos Fiscales Típicos se mantiene la mayoría de la lista del año 2000 (Andorra, Bahamas, Islas Vírgenes, Liechtenstein, Mónaco, Panamá…), con algunas adiciones, como Bermuda (Reino Unido), las Islas Caimán y San Marino.
Como atípicos se enlistan los Centros Financieros de Austria, Bélgica, Brunei, Chile, Guatemala, Luxemburgo, Singapur, y Suiza.
C. Jurisdicciones (4) que no se comprometen a adoptar el Estándar Internacional de Impuestos: Costa Rica, Filipinas, Malasia y Uruguay.
Sin intención de descalificar el trabajo de la OCDE en la materia, es claro que el mundo actual requiere mucho más que una batalla light contra los paraísos. Es necesario, por salud global, desaparecerlos como tales.
Es inaceptable que bajo un disfraz de licitud, estos centros financieros solapen la defraudación fiscal en gran escala, depósitos y operaciones millonarias de fraudes y cohechos, del tráfico ilegal de todo tipo: narcóticos, personas, armas, químicos… y hasta del terrorismo. Todo ese submundo del crimen y la ilegalidad que se dice combatir cuenta, paradójicamente, con vías libres en múltiples centros financieros anclados en la secrecía, y desde luego en la tierra de nadie de los paraísos.
México –participante fallido en la cumbre del G-20– debe al menos tomar en serio la evasión y la elusión fiscal que permite una fuga cercana a 40% en la recaudación de los impuestos vigentes, buena parte de la cual se da en operaciones con los paraísos fiscales (facturación alterada, desvío de recursos, ocultamiento de ingresos,…). El país no necesita más endeudamiento, necesita un sistema fiscal eficaz, justo, simplificado, redistributivo… y sin paraísos.
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Opinión
Vilma Fuentes: Cassez: el abuso de la palabra

l pasado viernes por la mañana, a las 8:50, anunciada una y otra vez por los locutores de la estación de radio Europe 1, tuvo lugar una entrevista con Florence Cassez de casi 10 minutos, grabada por teléfono un día antes en Francia.
Aparte de lo sorprendente que parece el hecho de escuchar a menudo a una persona que, en principio, purga una pena en prisión por complicidad en crímenes graves, no dejaron de asombrarme sus declaraciones, vertidas entre gemidos y ahogos de llanto, calmados de inmediato por las necesidades –imagino– de la transmisión radiofónica, y varias veces incitadas por el presentador del programa, Marc Olivier Fogiel, quien no escondió para nada su falta de imparcialidad en favor de la señora Cassez, sin imaginar siquiera que pudiera haber otras víctimas que no sean ella.
Fogiel insistió: “la joven mujer” se comunica con Europe 1 desde una cabina telefónica pública situada en el interior de la prisión. Afirmación dicha como si fuera lamentable el hecho de tener que hablar desde una cabina y no comprendiese por qué la madura muchacha francesa no tiene teléfono en su cuarto o no se le da un celular. Aparte eso, el locutor, en su apuro por socorrer a su compatriota, olvidando cualquier deontología periodística de imparcialidad y objetividad, repite que “la joven” se comunica a diario con sus padres. No sé si Fogiel, al decir esto, se da cuenta de que daña los intereses de la entrevistada, a quien pretende ayudar, pues el público francés no puede menos que pensar en las ventajas de que goza la prisionera: no creo que un detenido en cárceles de Francia pueda telefonear todos los días a su familia y a los medios de communication.
La entrevista comienza; Fogiel pregunta a Cassez por su salud, aconsejándole que se cuide, que ponga atención: el tono es casi paternal. Ella responde que está algo flaca... Las lágrimas se ahogan en la garganta de la prisionera al hablar de su falta de peso. Está triste, deprimida, pasa todos los días esperando.
Desde luego, ni una palabra de las víctimas, las verdaderas, las secuestradas por la banda de Vallarta, el “novio” (término muy mexicano para designar eufemísticamente al amante y que, a la familia de “la joven”, debe sonar mejor que el de amasia o concubina, aunque su uso provenga del país tan criticado).
Hasta aquí, el auditor, en el caso yo misma, puede aún sonreír ante la inquietud de Fogiel por la salud de Cassez. Suena tan falsa como el llanto de ella, cuando las lágrimas no le vienen a los ojos al recordar su propia suerte –le sobran, puesto que no recuerda la de los otros: Cristina Ríos Valladares y su hijo.
Pero las cosas van a subir de tono, como el escándalo: las mentiras son tan evidentes que hacen evidentes las otras mentiras, las que se pretende ocultar.
Cassez afirma, como una verdad compartida por el mundo entero, que el gobierno de México se comprometió, durante la visita del presidente Sarkozy al país, a su extradición a Francia. Así, el Presidente mexicano miente, faltó a su palabra. Fogiel y ella saben bien que Felipe Calderón sólo habló de una comisión, nada más. Sin contar que hablar de tal promesa por parte de este último es considerar que el Poder Judicial obedece al Ejecutivo en nuestro país, como en una dictadura de bajo orden.
Ante las preguntas de Fogiel, que implican la respuesta de la señora Cassez, ésta se dice en peligro, amenazada, en la cárcel mexicana. Ni más ni menos: ¡ahora asesinan en las prisiones mexicanas a los delincuentes franceses! Nuevos accesos de llanto, rápidamente reprimidos por las necesidades o el júbilo de ser escuchada en la radio.
Pero estas mentiras no parecen lo bastante enormes. O al menos aquellas que puedan interesar a los franceses. Hay que celebrar el culto a la personalidad del presidente Sarkozy, ya bastante comprometido en este caso, tentándolo con su inclinación a viajar al otro extremo del mundo para sacar de la jungla o de la cárcel a “perseguidos” justa o injustamente. ¿No dijo que iría en busca de cualquier francés, hubiera hecho lo que hubiera hecho? Cassez ya sólo confía en el presidente Sarkozy: él “debe” pedir a Calderón su extradición. ¿No lo hizo por los miembros del Arca de Zoe, por Ingrid Betancourt? Ella, sí, ella es una rehén política. Rehén de los bajos sondeos de Calderón, de las próximas elecciones legislativas mexicanas, de la opinión pública, de la prensa de México, que quiere utilizarla como chivo expiatorio, de la oposición. Sí: ella es una rehén política.
La “rehén política” trata de salvarse como el ahogado.
Falta la puntilla. Fogiel aprovecha que ella repite que es su “último llamado” (no se sabe a quién). Le dice esperar que no llegue a esa decisión final. La palabra “suicidio” no se pronuncia, se sobrentiende. Entre suspiros y ahogos de llanto, Cassez evade la cuestión. Es inocente, espera que la extraditen, no puede más, pero de eso a suicidarse... que Fogiel no exagere.
Por último, llamados a la opinión pública de Francia y de México. Es inocente, repite, y “no puede más”.
Cristina Ríos Valladares pudo más, mucho más.
Cierto, este bombardeo de los medios de comunicación sobre su caso oculta los problemas mucho más graves de desempleo, pobreza y violencia que atraviesa Francia. Pero lo que me choca es la actitud parcial de una parte de la prensa francesa que sólo da la palabra a Cassez. Lo que me indigna es el gesto, si no el acto, racista de aquellos que intentan intervenir en la política de un país con instituciones democráticas: México, tratándolo como si fuera una dictadura del cuarto mundo. En fin, que me hagan sentir como un salvaje emplumado, ignorantes de la antigüedad y la riqueza de nuestra cultura.
En Francia, acusaciones falsas dan lugar a procesos donde se solicitan compensas por daños y perjuicios. Acaso el gobierno mexicano debería levantar una queja, aunque no fuese por un euro simbólico, contra los periodistas culpables de difamación.
vilmafuentes22@gmail.com

o hay ni habrá respiro. La ofensiva es total y continuada. Y, como siempre, abarca varias vías, incluidas las encubiertas o clandestinas. Washington fija la agenda de México, considerado un asunto interno por la Casa Blanca y el Capitolio. Más allá de las formas y los modos, de su sonrisa perenne, estilo lúdico, informal y coloquial, el intervencionismo suave de Barack Obama es más de lo mismo. La diplomacia de guerra de Washington sigue siendo tan neocolonial, depredadora y unilateral como ha sido siempre. El tema de fondo, en el que el ya mítico presidente cool que despacha en la oficina oval logró ubicar su “nuevo trato” con México –tras un corto periodo de ablandamiento salpicado por un doble discurso–, es la seguridad. En rigor, puro continuismo de la era Bush.
Dicen que el diablo está en los detalles. El simbolismo de la breve escala en México estuvo en la doble presencia, aquí, de la bestia y Janet Napolitano. La bestia es el nombre del tanque blindado disfrazado de limusina que utilizó Obama para moverse en un reducido perímetro de seguridad en lo que sus jefes de inteligencia en el Pentágono y la CIA definieron como el Pakistán de América Latina. Y Napolitano, principal funcionaria de su comitiva, es la titular del Departamento de Seguridad Interior, cuya misión es prevenir ataques contra Estados Unidos. Ergo, México es un asunto doméstico. De allí que previamente a la llegada de Obama al país, temprano en la mañana, la Napolitano despachaba en Bucarelli con el gabinete de seguridad nacional de Felipe Calderón.
Es de suponer que daba las últimas instrucciones para la apertura del Centro Conjunto de Implementación (CCI), instancia “bilateral” que funcionará en territorio mexicano, al margen de la Constitución y las leyes locales –y del control del Senado de la República–, donde expertos de las agencias de seguridad e inteligencia de Estados Unidos tomarán decisiones estratégicas, a la vez que vigilarán, fiscalizarán y calificarán el trabajo de las fuerzas armadas y las distintas policías nativas en el uso del equipo militar que, a un costo de 700 millones de dólares, fue aprobado por el Congreso estadunidense para los primeros dos años de la Iniciativa Mérida. O sea que “los marines llegaron ya”, bajo la pantalla de fiscales in situ de la “guerra a las drogas” de Calderón, en un franco acto de injerencia en los asuntos internos de México, avalado por el Eliot Ness de Los Pinos y sus Intocables (Obama dixit). A propósito, ¿no que no se iban a permitir condicionamientos ni monitoreos?
Con un punto adicional: el CCI será el “cuarto de guerra” que encontrará a su llegada a México el embajador designado por Washington, el cubano-estadunidense Carlos Pascual, especialista en desestabilización y “reconstrucción” de estados fallidos, guerra asimétrica, golpes suaves y comunicación estratégica. The Ambassador Crisis es un experimentado agente de la política de intervención encubierta de Washington. Entre otros cargos, tras la autodisolución de la Unión Soviética, fue administrador adjunto de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) para Europa y los nuevos Estados Independientes, y entre 2000 y 2003 se desempeñó como embajador en Ucrania, donde se ocupó de la “lucha contra el terrorismo” (sic) y “ayudó a construir un fuerte sector privado”. Además, introdujo las técnicas del golpe suave, que culminaron en 2004 con la Revolución Naranja en Ucrania. En ese periodo, otras “revoluciones de colores” exitosas, que siguieron las tácticas desestabilizadoras de las agencias de Washington, fueron las de Serbia, Georgia y Kirgizstán.
En 2005, la administración de Bush lo puso al frente de una nueva Oficina de Coordinación de Reconstrucción y Estabilización –Oficina de Colonias” la llamó John Saxe Fernández–, desde donde Pascual diseñó escenarios de “guerra urbana”, que permitieron al Departamento de Estado, el Pentágono y la USAID (que opera en combinación con los servicios de espionaje) aprobar y justificar recursos y partidas especiales de “ayuda” militar y asesorías de tipo contrainsurgente, como ocurre ahora en el caso de México en el contexto de la Iniciativa Mérida, símil del Plan Colombia.
A la sazón cabe mencionar que dos entusiastas del “nuevo trato” de Obama hacia Cuba, los senadores Richard Lugar, republicano, y el demócrata Joseph Biden, actual vicepresidente de Estados Unidos, apoyaron el proyecto de “guerra irregular” de Pascual, desde la OCRE. Por cierto, en el esquema de guerra asimétrica intervienen, además del Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA, Seguridad Interior, la DEA, Aduanas y un largo etcétera, así como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). ¿Será que el blindaje del FMI por 47 mil millones de dólares es un anticipo para que Carlos Pascual pueda llevar a cabo la “reconstrucción” del Estado fallido mexicano?
Si a todo lo anterior le agregamos el adoctrinamiento de senadores y diputados mexicanos en los cuarteles centrales del comando estadunidense de defensa del espacio aéreo (Norad, por sus siglas en inglés) y el Comando Norte (Northcom), en la base aérea Peterson de Colorado Springs; la participación de un contingente de marinos, dos fragatas y helicópteros de la Armada de México en los ejercicios de guerra antisubmarina UNITAS 50-09, bajo el mando del Pentágono, y la llegada de“contratistas privados” (mercenarios) de Dyncorp, el cuadro se completa. En síntesis, caos e intervención, y un objetivo estratégico: los hidrocarburos de México.

Iván Restrepo: Los demonios del consumo

n un estudio pionero* descubrimos hace 18 años que las familias mexicanas tiran cada día miles de artículos que contienen residuos tóxicos o peligrosos.
En la ciudad de México se cuentan por millones al año los productos que son enterrados en sitios que, por lo general, no cumplen con los requisitos mínimos de seguridad. Allí liberan las sustancias que los componen hasta formar un líquido muy contaminante formado por la interacción de más de 120 sustancias peligrosas que se hallan en productos de uso en el hogar: limpiadores para sanitarios, pisos, tapicería, cocina y hornos, hasta destapacaños, detergentes y blanqueadores, pulimentos para muebles, madera y metales; artículos automotrices (aceites y líquidos para transmisión, ceras, enfriadores, solventes, aditivos); para el “mantenimiento” de la casa (pinturas, thinner y removedores de pintura, lacas barnices, pegamentos y selladores), así como plaguicidas, fertilizantes, herbicidas, tratamientos para mascotas y control de pulgas; baterías y eléctricos, medicinas y fármacos; quitaesmalte, removedor de maquillaje, tintes y delineador de cejas.
En ese entonces apremiamos a las autoridades a tomar cartas en el asunto, pues esos artículos podían comprarse libremente, sin advertir al público los peligros que representaban. En muchas etiquetas las leyendas de advertencia eran tan diminutas que resultaba imposible leerlas.
Precisamente sobre estos temas, en la Quinta Colorada del Bosque de Chapultepec mañana se presenta Tóxicos en el hogar, el primero de varios folletos didácticos que muestran y denuncian lo que sigue pasando con muchos de esos productos. Fue elaborado por Marisa Jacott, Azucena Franco, Areli Carreón y la doctora Lilia Albert, quienes nos descubren en forma amena el enemigo que llevamos a casa. Por ejemplo, dos tipos de plásticos de uso muy frecuente en México: el PVC (policloruro de vinilo) y el policarbonato. El primero se usa para fabricar lo mismo juguetes o empaques de alimentos que objetos de decoración y utensilios de cocina. Pero el PVC tiene aditivos como son los ftalatos, que se agregan al plástico para hacerlo flexible y moldeable. Su uso afecta especialmente la salud de niños y adultos. Con el segundo se fabrican desde biberones hasta selladores dentales y alimentos para bebés, pero el policarbonato contiene un aditivo, el bisfenol-A, que perjudica la salud y se transfiere a las personas por medio de la ingesta de alimentos.
En el folleto se advierte cómo durante la fabricación de aparatos electrónicos, almohadas, colchones y textiles se les agregan los llamados retardantes de flama bromados, para que no se incendien fácilmente. Son tóxicos. Como también los numerosos productos que se anuncian en los medios de comunicación para que el hogar, la oficina o el coche estén más resplandecientes y huelan mejor que nunca. Pero esos detergentes, limpiadores y aromatizantes contienen ftalatos, alquifenoles y almizcles sintéticos. Tóxicos los tres.
Las autoras también señalan el peligro que hay en muchos cosméticos, artículos de higiene personal y hasta perfumes, ya que contienen sustancias que hacen daño a quienes los usan. Insisten en lo poco que hemos avanzado en controlar las sustancias tóxicas en el país, como los peligrosísimos contaminantes orgánicos persistentes (COP), que se encuentran lo mismo en plaguicidas que en la industria. Los COP entran en el cuerpo humano, vía la ingestión de alimentos. Se acumulan y aparecen hasta en la leche materna. Pueden ocasionar cáncer, además de alterar el sistema hormonal.
Esta nueva contribución al conocimiento de lo que compramos sin saber que puede perjudicar se cierra con un llamado a no dejarse llevar por los anuncios insistentes que ofrecen como milagrosos productos que son un peligro, y a preferir lo natural, lo biodegradable. Asuntos todos en los que el gobierno todavía no hace su tarea. Agreguemos los intentos de la diputación panista por modificar en la Comisión de Salud la legislación y favorecer los intereses de la gran industria de los cosméticos en detrimento del bienestar y los derechos de los consumidores.
* Los demonios del consumo. Basura y contaminación en México. Iván Restrepo, Gerardo Bernache, William Rathje. Centro de Ecodesarrollo, México, 1991

John M. Ackerman: Viaje “de paso”

. baila para no caerse.
Cuando C. dijo sí, algo se detuvo.
A. escribe para no volverse loco.
D. tiene dedos más largos que el común de la gente.
B. come viendo la televisión.
nunca lo haría.
En E. la insolencia parece innata, pero es adquirida.
F. nunca tiene la menor idea de qué se está hablando.
G. sabe todo de todos, o al menos lo hace creer con su actitud.
Y. envidia otras lenguas, por eso habla tan mal.
Z. sabe que nada termina.
H. no colecciona nada.
En casa de I. siempre hay una veladora encendida en memoria de alguien, pero no se acuerda de quién.
No tiene L. la culpa.
Cuando J. monta a caballo, la pradera se hace tan grande que ahora corre porque corre.
La incomparable sonrisa de K. acaricia las caras y saca de ellas diamantes, aunque la gente cree que son sólo cuentas de vidrio.
Con M. no queda sino entrevistarlo en su hamaca, allí se le ocurren las mejores respuestas.
Ni N. ni nadie que N. conozca ha visto alguna vez un extraterrestre.
R. se enferma de las enfermedades que le platican.
En sus viajes, Ñ. siempre carga además del pasaporte su título nobiliario. Los aduaneros siempre acaban creyendo que es árabe, y ya ven lo latoso que es ser árabe en tierras occidentales.
Aunque S. nació en Tijuana, siempre se comporta como si fuera de otra parte y ya ni se le nota el acento.
En las noches de martes de dominó, T. siempre discute con L. y no le saca nunca la sopa, se enoja y pierde.
Cuando U. llega a alguna parte piensa en la próxima, ni se entera de dónde está y se queja de no encontrarse. El secreto orgullo de sentirse una desadaptada.
V. también baila, pero no como B., nada más lo hace por que sí, lo mismo que los pájaros cuando cantan.
A mitad del desierto, W. no permite que nadie se le acerque, en flor de loto ofrece espinas y agujas de agave.
Los problemas de personalidad de X. son muchos. Va al sicoanalista y piensa que está desperdiciando su dinero.
Cuando H. menstrúa, ve diferentes los colores, como diluídos, y ella luce un pálido verdor filosófico levemente irritado.
Dijeron en Migración que Ch. no existe, pero sus abogados presentaron una controversia constitucional y están en esas. Llevan años. El propio Ch. se presentó como testigo, pero el juez dictaminó que no cuenta.
En cambio A. quisiera ser invisible, no lo es, se mueve como si lo fuera, y así le va.
A base de ensaladas y yogures, N. invierte la mayor parte de su tiempo en tratar de no comer.
A J. no le gusta el agua sola, la prefiere con sabor.
Nadie echa ya de menos a W.
Z. sabe que todo termina.

Gustavo Esteva: Nuestros fracasos

ace poco más de 50 años se criticó públicamente el apoyo que el presidente Truman prestaba a la dictadura feroz de Somoza en Nicaragua. Se dice que respondió: “Es cierto que es un hijo de puta. Pero es nuestro hijo de puta…”
Pegar la etiqueta “Estado fallido” a México, el pasado diciembre, no fue una finta irresponsable del régimen agónico del presidente Bush. Refleja un estado de ánimo que tiene fundamento en la realidad. Como se ha examinado con rigor en estas páginas, la noción “Estado fallido” es insostenible, pero hay razones de peso en quienes recurrieron a esa etiqueta equívoca. Son razones compartidas por muchos mexicanos.
Estados Unidos no tiene en la actualidad ni la capacidad ni la voluntad imperial que antes tenía. En política internacional, su desafío actual consiste en encontrar formas dignas y apropiadas de abandonar sus ejercicios imperiales, no en ampliarlos. Además, dirige actualmente ese país un personaje notable, entre otras muchas cosas por su lucidez, competencia y sensibilidad políticas. Por todas esas circunstancias, tiene fundamento la hipótesis de que su abierto respaldo a Felipe Calderón se debe a que conoce bien tanto su falta de legitimidad como su incompetencia, no a que las ignora. El gesto, además, corresponde a necesidades de política interna y seguridad nacional de Estados Unidos, no a descuido o vocación injerencista.
En su momento, el presidente Reagan señaló que Estados Unidos había perdido control de su frontera sur. Era cierto desde entonces. Se trataba ya de una línea porosa, incapaz de contener o siquiera detectar el flujo en ambos sentidos de cosas y personas. Pero el asunto tenía otra jerarquía, no sólo porque era anterior a la “amenaza terrorista” y a la violencia que actualmente abarca una amplia zona a ambos lados de la frontera, sino porque no existía la decisión real de reducir la migración.
La situación es hoy radicalmente distinta. El número de mexicanos en Estados Unidos no es la amenaza cultural que percibió Huntington, pero tampoco es irrelevante. Forman ya parte significativa de la realidad política y social de ese país. Y el desgobierno mexicano, una de las razones principales de la corriente migratoria y el factor principal de la violencia actual, se ha convertido en asunto de política interna para Estados Unidos.
El Estado no es sino un conjunto de instituciones. El Estado no “falla”, pero sus instituciones pueden funcionar mal. Esto se debe, habitualmente, a problemas de gestión. Una administración incompetente, corrupta o las dos cosas puede arruinarlas. Las administraciones panistas, que se quisieron ver como remedio a los desastres de las del PRI, han resultado aún peores. Es ahora motivo de vergüenza nacional que haya quienes sientan añoranza por aquéllos.
Pero no se trata sólo de mala gestión. Las instituciones mismas están fracasando: producen lo contrario de lo que pretenden. Es la hora de cambiarlas. No basta ya cambiar a los operadores del aparato. Hace falta desmantelarlo y reorganizar la sociedad desde su base, para dotarnos de estructuras e instituciones que correspondan a las necesidades y aspiraciones actuales de los mexicanos.
El caso más evidente de contraproductividad es el de las instituciones supuestamente dedicadas a la seguridad. El monopolio de la violencia legítima se estableció para que el Estado pudiera cumplir la principal de sus obligaciones: proteger a los ciudadanos. Esta configuración planteaba un alto precio. Como señaló con claridad Hobbes: Protego ergo obligo. La protección exigía que los ciudadanos aceptaran restricciones y controles impuestos por el Estado en nombre de la seguridad. Por ese resquicio se colaron toda suerte de opresiones y distorsiones en la vida social y política de las sociedades modernas.
La función de la policía y el ejército se ha invertido. En vez de proteger a los ciudadanos, cuya inseguridad aumenta, los aparatos de seguridad se dedican a espiar y controlar a los ciudadanos para proteger de ellos a los gobernantes y a las instituciones.
En vez de las garantías individuales, que protegen constitucionalmente a los ciudadanos de los excesos del Estado, reina ahora la impunidad, reconocida con cinismo hasta por la Suprema Corte. Se brindan ahora garantías institucionales a quienes desde posiciones de poder político usan y abusan sus facultades y medios públicos contra los ciudadanos. Esta impunidad se mantiene con abierta participación de los tres poderes constituidos y de los llamados poderes fácticos.
Esto no es simplemente asunto de gestión ni se contrae al caso mexicano y abarca todas las instituciones del Estado.
En vez de convertir el patriotismo en superstición, concentrándolo en la defensa de instituciones obsoletas y contraproductivas, es preciso hacer frente con entereza al desafío real: cómo deshacernos de ellas.
gustavoesteva@gmail.com

León Bendesky: Malos momentos

ste es claramente un muy mal momento económico. Los datos del desempeño de la producción, del empleo, el endeudamiento, el crédito y el comercio exterior son, mes con mes, cada vez más desfavorables.
La caída de la actividad industrial, por ejemplo, que fue el sustento del magro crecimiento de los últimos años, va en caída libre, lo que, además, provocará una mayor desarticulación del sector y un efecto adicionalmente desfavorable para las pequeñas empresas. Se requerirá de mucho tiempo y de recursos, así como de nuevas visiones de la política pública para restituir al mínimo las bases de un nuevo crecimiento.
A estas alturas se estima que se perderán en el país más de un millón de empleos. Y eso que apenas empezamos el segundo trimestre del año. Las condiciones laborales cada vez más difíciles se enmarcan, además, en una gestión oficial dura, cuya manifestación más reciente es Cananea.
El famoso bono demográfico por el que transita ahora esta sociedad se va a desperdiciar brutalmente, ya que los nuevos entrantes al mercado de trabajo están totalmente bloqueados.
Ésta es la verdadera dimensión de la crisis, es decir, no sólo el recuento de los malos resultados de las variables económicas, financieras y sociales, sino su proyección en el tiempo y el debilitamiento que conllevan las condiciones generales. Hay que tener en cuenta que la manifestación agregada o macroeconómica de la crisis se sustenta en las condiciones de empresas y familias concretas, y que están en un proceso de fuerte deterioro.
Hay una pregunta que debe rondar por la cabeza de los ciudadanos en general, y que tendrá diversas formas de expresarse según las actividades en que se ocupen o, mejor dicho, en muchos casos, en las que no se ocupen. Esa cuestión tiene que ver con la capacidad y los intereses que mantienen quienes gobiernan, legislan, administran la justicia o dirigen organizaciones de tipo corporativo. De modo más amplio este asunto se asocia con el tremendo desgaste del orden institucional y de los acuerdos sociales en el país.
El mal momento económico no durará poco tiempo, sino que se extenderá aun por muchos meses, será más profundo de lo que hasta ahora estiman en Hacienda y el Banco de México, y tendrá una extensión muy grande en la capacidad de proveer bienes y servicios, en la configuración del mercado de trabajo, con una mayor informalidad, y en la posición financiera del gobierno.
La única política económica visible en medio de la crisis es la que aplica el Banco de México en el terreno monetario. Ésta se orienta de manera casi exclusiva a sostener el tipo de cambio y revaluar el precio del peso frente al dólar. Al mismo tiempo se rebajan las tasas de interés para aminorar las presiones de la inflación y alentar un crédito que no fluye por las condiciones recesivas prevalecientes.
Ese asunto se vincula en buena medida con el fuerte endeudamiento en dólares de las grandes empresas del sector privado. Es, sin duda, una gestión que está al filo de la navaja, significa grandes riesgos y no se podrá sostener mucho tiempo, por lo que tendrá un rebote que puede nulificar las ventajas que se piensa derivar en el corto plazo. A todo eso se suma el tiempo de las elecciones de medio término que ocurrirán en unas cuantas semanas. El peor momento político para hacerse cargo de la crisis.
Este sistema político, con los arreglos y desarreglos que lo definen, y que parecen inmunes a cualquier declaración de cambio que haga desde derechas e izquierdas, es un aparato cada vez más disfuncional e ineficiente. Sólo conviene a los partidos y a quienes viven de ellos y forman extensas ramificaciones.
Y quienes viven de ellos son, en gran parte, una carga pública demasiado onerosa para un país en el que no se genera suficiente riqueza, donde ésta se distribuye de modo tan inequitativo junto con el ingreso y en el que persisten altos niveles de pobreza.
La democracia que se ha ido forjando en México, lejos de ser capaz de modificar el modo de operar del sistema político-económico, se ha ido adaptando a sus crónicas distorsiones de una manera muy eficaz para quienes devengan sus réditos.
Juntas, la crisis económica y la inoperancia política, ponen al país en una situación muy vulnerable. Esta situación persiste ya por casi tres décadas y no se puede sacudir y modernizar para aprovechar las situaciones de bonanza como las que ha generado ya en dos ocasiones el petróleo, y, menos aún, para absorber de modo menos salvaje las de crisis.
Ni la fugaz visita de Obama ni las promesas ofrecidas al gobierno mexicano van a cambiar significativamente las cosas. El entusiasmo de los voceros de la radio y la televisión por este acto político y social fue otro mal momento adicional. Sólo pone en evidencia el carácter de nación provinciana que se ha creado y así nos va a ir.
leon@jornada.com.mx

. baila para no caerse.
Cuando C. dijo sí, algo se detuvo.
A. escribe para no volverse loco.
D. tiene dedos más largos que el común de la gente.
B. come viendo la televisión.
nunca lo haría.
En E. la insolencia parece innata, pero es adquirida.
F. nunca tiene la menor idea de qué se está hablando.
G. sabe todo de todos, o al menos lo hace creer con su actitud.
Y. envidia otras lenguas, por eso habla tan mal.
Z. sabe que nada termina.
H. no colecciona nada.
En casa de I. siempre hay una veladora encendida en memoria de alguien, pero no se acuerda de quién.
No tiene L. la culpa.
Cuando J. monta a caballo, la pradera se hace tan grande que ahora corre porque corre.
La incomparable sonrisa de K. acaricia las caras y saca de ellas diamantes, aunque la gente cree que son sólo cuentas de vidrio.
Con M. no queda sino entrevistarlo en su hamaca, allí se le ocurren las mejores respuestas.
Ni N. ni nadie que N. conozca ha visto alguna vez un extraterrestre.
R. se enferma de las enfermedades que le platican.
En sus viajes, Ñ. siempre carga además del pasaporte su título nobiliario. Los aduaneros siempre acaban creyendo que es árabe, y ya ven lo latoso que es ser árabe en tierras occidentales.
Aunque S. nació en Tijuana, siempre se comporta como si fuera de otra parte y ya ni se le nota el acento.
En las noches de martes de dominó, T. siempre discute con L. y no le saca nunca la sopa, se enoja y pierde.
Cuando U. llega a alguna parte piensa en la próxima, ni se entera de dónde está y se queja de no encontrarse. El secreto orgullo de sentirse una desadaptada.
V. también baila, pero no como B., nada más lo hace por que sí, lo mismo que los pájaros cuando cantan.
A mitad del desierto, W. no permite que nadie se le acerque, en flor de loto ofrece espinas y agujas de agave.
Los problemas de personalidad de X. son muchos. Va al sicoanalista y piensa que está desperdiciando su dinero.
Cuando H. menstrúa, ve diferentes los colores, como diluídos, y ella luce un pálido verdor filosófico levemente irritado.
Dijeron en Migración que Ch. no existe, pero sus abogados presentaron una controversia constitucional y están en esas. Llevan años. El propio Ch. se presentó como testigo, pero el juez dictaminó que no cuenta.
En cambio A. quisiera ser invisible, no lo es, se mueve como si lo fuera, y así le va.
A base de ensaladas y yogures, N. invierte la mayor parte de su tiempo en tratar de no comer.
A J. no le gusta el agua sola, la prefiere con sabor.
Nadie echa ya de menos a W.
Z. sabe que todo termina.

Cumbre de las Américas: avances y pendientes
Luego de tres días de actividades, la quinta Cumbre de las Américas realizada en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, concluyó ayer con señales de acercamiento y de distensión entre Estados Unidos y algunos de los gobiernos latinoamericanos más críticos de Washington, así como con perspectivas de una nueva etapa en la historia de las relaciones continentales.
Por principio de cuentas, es importante destacar que en el cónclave celebrado en estos días en la nación caribeña se introdujeron elementos novedosos en la agenda de la política de Estados Unidos hacia América Latina y se percibió una nueva proyección de ese país en tanto potencia hemisférica y mundial. Privilegió un discurso con acentos de multilateralismo y de respeto al conjunto de las naciones americanas, que en sí mismo es alentador y positivo por cuanto se despega de la tradicional arrogancia imperial de la Casa Blanca y del espíritu arbitrario con que se condujo el gobierno de George W. Bush, actitudes que dejaron como saldo un deterioro profundo en las relaciones diplomáticas de Washington con un buen número de países latinoamericanos.
Cierto, el espíritu de acercamiento que privó en el cónclave de gobernantes americanos no pudo traducirse en unanimidad con respecto a la declaración final de la reunión. Como señaló el primer ministro anfitrión, Patrick Manning, encargado de signar el texto en representación de los jefes de Estado participantes: “El documento que emerge es un compromiso que recibe la aprobación de unos y no de otros. Al adoptarlo reconocemos que no fue unánime”. Esto último, sin embargo, lejos de ser un signo de ruptura o de confrontación entre los países convocados a la Cumbre, pone en relieve una intención general de privilegiar el diálogo y el consenso –sin que ello signifique soslayar los desacuerdos– que incluso matizó la postura inicial del presidente venezolano Hugo Chávez y de los gobiernos que integran la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), los cuales habían dicho que vetarían la declaración final.
Sin duda, un elemento fundamental para los avances alcanzados en Puerto España ha sido la nueva actitud exhibida por algunos de los protagonistas, en particular los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela. El ánimo de conciliación con el que acudieron a esta cita tanto Barack Obama como Hugo Chávez se tradujo en el anuncio, por parte del segundo, de que se enviará un nuevo embajador venezolano a Washington, puesto vacante desde hace más de seis meses. Por añadidura, la disposición al acercamiento que mostraron los mandatarios estadunidense y venezolano permitió ponderar el peso de las inocultables diferencias político-ideológicas entre la Casa Blanca y el Palacio de Miraflores, y concluir que éstas no constituyen lastres insalvables para el diálogo y el entendimiento entre ambos países, como parecía ser el caso hasta hace unos meses.
Por supuesto, lo ocurrido este fin de semana en la capital trinitense constituye sólo un punto de inicio sobre el cual debe trabajarse. Hasta el momento, no hay certeza de que los apretones de manos y los discursos pronunciados durante los pasados tres días se traducirán efectivamente en la construcción de acuerdos sobre temas principales, como el rumbo de acción que debe tomarse a nivel regional ante la actual crisis económica o el fin a la injusta exclusión de Cuba del denominado sistema interamericano.
El tratamiento de estos asuntos requerirá, a no dudarlo, de un esfuerzo adicional de todos los gobernantes del continente y, en su caso, de una mayor presión de los países latinoamericanos hacia Washington para que rectifique sobre la aplicación de medidas injustas, como las que todavía padece el pueblo cubano.
En suma, la reunión que concluyó ayer resultó, en su balance general, exitosa y esperanzadora, pero habrá que avanzar aún más en aras de la construcción de una América más justa y equitativa, en la que se dé voz a todos los países y se respeten los principios de soberanía y libre determinación de los pueblos.

Lydia Cacho
Plan B
Legislar en lo oscurito
Antes en nuestro país los diputados y gobernadores estaban absolutamente seguros de que podían hacer lo que les viniera en gana sin ser cuestionados, y cuando la sociedad civil o la poca prensa que no estaba dominada por los poderes fácticos revelaba las corruptelas o mentiras de quienes pretendían manipular el destino del país a su antojo, la aplastante maquinaria del sistema lograba acallar el problema con una andanada mediática o con descalificación pura.
Como México está cambiando, poco a poco se desmoronan los sistemas que durante décadas funcionaron en lo oscurito. Beatriz Paredes, por ejemplo, quien llegó al poder montada en un discurso feminista y de los derechos plenos de las mujeres, podría hacer creer a millones, incluso a grupos de feministas de izquierda, que su batalla como presidenta del PRI es por la congruencia entre sus valores y principios; ahora ya no pueden manipular y salirse con la suya. Su partido está haciendo acuerdos con la derecha, que evidencian la mentira.
A lo largo de los últimos seis meses, bajo la mesa, fracciones del PRI y del PAN aliados a lo más recalcitrante de la Iglesia católica, avalados por el ombudsman José Luis Soberanes y por el propio procurador general Eduardo Medina Mora, elaboraron una estrategia nacional para arrebatar a las mujeres los derechos relacionados con la equidad y el trato no discriminatorio en materia de acceso a la justicia, a los servicios de salud, asistencia y seguridad pública y social, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Pero perdieron en la Suprema Corte, y ahora van por los estados.
Hace unos días se hizo evidente cuando una diputada priísta de Quintana Roo limitada en conocimientos, hizo de vocera del obispado quintanarroense para presentar una propuesta de cambio constitucional que niega el derecho de las mujeres a la terminación de un embarazo no deseado o impuesto, como en los casos de violación. La argumentación que presentaron en el Congreso es débil e inconsistente, e intentaron pasarla la noche del miércoles previo a Jueves Santo. Creyeron que las vacaciones impedirían que la prensa y la sociedad se percataran del albazo que va en contra de otras leyes aprobadas por ese mismo Congreso y por tratados internacionales. Pero lo mismo hicieron en Jalisco, en Puebla, donde sí lograron ganar. Ahora intentan hacerlo al menos en otros siete estados, en donde el PRI y el PAN se han aliado para legislar recibiendo instrucciones de la Iglesia católica.
Quintana Roo ocupa el primer lugar en embarazos de adolescentes, sólo seis mujeres de cada 10 usan métodos anticonceptivos en la primera relación sexual, y sólo tres de cada 10 hombres lo hacen. El 26% de las mujeres jóvenes se ha embarazado antes de cumplir los 18 años; de las adolescentes de 12 años o más que declararon haber iniciado su vida sexual, 66.6% ha estado embarazada. Otros estados son similares. Es lógico que la Iglesia intente incidir políticamente, es su misión histórica; lo que resulta inaceptable es que los gobernadores, amenazados por, o coludidos con los obispos, desvanezcan los avances en los derechos de las mujeres.

Leonardo Curzio
La democracia anémica
¡Ayuda! Nos estamos quedando solos los que nos interesamos cotidianamente en el debate político de este país. Según los datos de la última ENCUP (Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Práctica Ciudadanas), el año pasado solamente 9% de los encuestados expresó tener un alto interés por la política, cifra dramáticamente baja si consideramos que la del 2009 es la quinta elección (la primera fue en 1997) que se celebrará bajo reglas que garantizan una competencia real entre los partidos.
El espectáculo político ha aburrido con mucha rapidez al respetable y supongo que a diferencia del futbol, donde una afición poco exigente pero tremendamente leal, acepta entusiasmarse con la idea de que el relevo de Eriksson y la llegada de Aguirre al timón de la nacional reactivará la esperanza por lo menos seis meses, mientras se cocinan los nuevos sinsabores. En política, sin embargo, el espectáculo aburre porque en primera instancia a los actores no les importa lo que piense la gente. Hacen y deshacen en su propia cancha sin considerar a la gente.
En estos tiempos de campaña electoral, en los que se supone que el interés de los ciudadanos sube, aunque sólo fuera por la competencia entre partidos, los actores se han esmerado en alejar más a la gente. En primer lugar, las mentadas precampañas no fueron otra cosa que mensajes publicitarios genéricos sin verdadera competencia y sin involucrar a los ciudadanos en sus procesos internos. Cada partido organizó su lista en acuerdo con su conciencia. En segundo lugar, la subasta de curules ha sido impúdica. Como ahora no quieren campañas altisonantes, algún partido de oposición podría hacer un spot en el que Germán Martínez apareciera abrazando a Manlio Fabio Beltrones y en el fondo se oyera una voz que dijera: la “sopa de letras” fue el primer plato, pero en el segundo nos reponemos… Total, llevamos toda la Legislatura cogobernando. Pero si no quisieran meterse en honduras, podrían simplemente sugerir que Germán Martínez piratea líderes sindicales con toda elegancia y con todo el glamour deja sus principios de lado para regodearse con el corporativismo. La verdad es que aburren y aburren mucho.
En el campo de la izquierda el espectáculo es igualmente previsible y anodino. La disputa entre las tribus ya sólo les interesa a las propias tribus. Y López Obrador sigue instalado en un debate interno que quiso dar cuando era miembro del PRI y sigue repitiendo el mismo discurso de la corriente democrática que reivindicaba “la armonía primigenia” que existía en este país antes de 1982.
Vamos, hasta a Obama le recetó en una misiva pública la conocida versión de que a partir de 1983 el Estado se empezó a desmantelar. ¡Que alguien le diga que estamos en 2009! Si Obama tuviera tiempo de contestarle o lo considerara un interlocutor, tal vez le podría contar que en esos años en los que AMLO liberaba esa disputa al interior del PRI, Estados Unidos tuvo a Reagan, que hizo lo mismo que los gobiernos neoliberales en México, pero que desde entonces ha habido ciclos y contraciclos hasta llegar a la situación actual en la cual el neoliberalismo está en quiebra y hace falta imaginación para pensar en un nuevo intervencionismo estatal. Pero no lo hizo tal vez porque está pensando en el futuro y no en saldar una vieja querella ideológica de un partido hegemónico.
No me sorprende entonces que los partidos políticos tengan solamente un respaldo de 4% en el índice de confianza, muy por debajo del 42% que alcanzan la Iglesia católica a pesar de sus escándalos y notorios abusos. La democracia mexicana está enferma. No es un asunto trivial. Los ciudadanos se comportan como menores de edad que, fastidiados de ver a sus padres pelear, dejan la trinchera para refugiarse en asuntos personales. Es el peor de los mundos porque políticos con poca representatividad seguirán administrando un país en el cual por pereza o inmadurez, la sociedad se niega a ocupar el papel que le corresponde para exigir un cambio.
Analista político

Ricardo Raphael
La guarida de “El Chapo”
Joaquín Guzmán Loera es el segundo hombre más buscado por el FBI y la Interpol. (La prensa lo repite y aquí se consigna). ¿Quién será el primero? ¿Osama Bin Laden? Es de suponerse, pero a diferencia del saudí, El Chapo sí parece contar con domicilio conocido. En días pasados así lo afirmó el arzobispo de la arquidiócesis de Durango, Héctor González Martínez.
Es probable que este religioso personaje no haya obtenido las coordenadas del narcotraficante mexicano por la vía del secreto de confesión. Asegura que Guzmán Loera vive en la población de Guanaceví, situada al sur de Parral y al norte de Santiago Papasquiaro y que, en la región “todo el mundo” lo sabe.
De ser cierto, El Chapo se pasea a sus anchas en un territorio amplio —mitad boscoso, mitad planicie— justo donde hacen intersección los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango, ahora conocido como el Triángulo Dorado (en honor a aquel otro de la ruta asiática del opio).
Para llegar a este lugar existen varios caminos. El menos accidentado lo constituye una antigua ruta fundada hacia finales del siglo XVI por el adelantado don Juan de Oñate. Se trata del Camino Real de Tierra Adentro, que durante cerca de 200 años sirvió para conectar a un largo rosario de ciudades y poblaciones, todas vinculadas con el negocio de la plata.
Siguiendo el rastro dejado por viejas construcciones abandonadas, iglesias desmanteladas y haciendas heridas por las balas de la Revolución, todavía puede recorrerse este fantasmal camino que alguna vez partió de la ciudad de Querétaro para continuarse por San Miguel (de Allende), Guanajuato, Zacatecas, Durango y Parral, y que desembocaba finalmente en Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez).
Ya desde la segunda mitad del siglo XIX, el Camino de Tierra Adentro encontraba su tramo más peligroso delante de la estación de ferrocarril dispuesta en Santiago Papasquiaro (población de origen de la prolífica familia Revueltas). Fue la zona donde operaban las míticas bandas de salteadores que atracaban a las diligencias para luego huir hacia la sierra, donde se escondían mientras duraba la búsqueda.
Esta fue la región donde Heraclio Bernal —antecedente de Malverde— construyó la leyenda del Rayo de Sinaloa, durante los primeros años del porfiriato. También fue aquí donde su segundo de a bordo, Ignacio Parra, asumió el liderazgo de la misma banda, después del asesinato de Bernal. Y también donde Doroteo Arango, un muchacho de apenas 14 años, se formó bajo la tutela y protección de Ignacio Parra, antes de convertirse en Pancho Villa y superar sobresalientemente a sus maestros.
De ser cierto el dicho del arzobispo, algo tiene de folclórico que El Chapo Guzmán haya decidido radicar en un lugar tan público —históricamente hablando— como escondite para forajidos. Es como si, en Gran Bretaña, un famoso ladrón contemporáneo tomara como centro para sus operaciones el bosque de Sherwood, o como si el nieto perverso de Chucho el Roto ubicara hoy su cuartel general en la pequeña isla de San Juan de Ulúa.
La zona donde supuestamente habita El Chapo conserva muchos de los rasgos sociológicos ya notorios en las épocas de Bernal, Parra y Villa. El primero y quizá más emblemático es la relación —o más bien la ausencia de relación— que las poblaciones de la zona sostienen con la ley. También subsiste una arraigada práctica donde las autoridades suelen vincularse a actividades criminales, y donde la fiesta popular es constante y bien financiada por los bandidos.
Memorables fueron en su día las pachangas de tres días organizadas por Bernal y pagadas con la plata robada a las diligencias que transitaban hacia el norte. Aquéllas no distan tanto, cuando se les compara, con las de ahora. En julio del año pasado, la revista Proceso y el periódico Milenio dieron cuenta de la gran celebración que El Chapo (de 55 años de edad) organizó para su casamiento con Emma Coronel Aispuro (de 18 años), en el corazón de este mismo territorio. Por ahí, en el Camino de Tierra Adentro, adelantito de Santiago Papasquiaro y antes de llegar a Parral, hizo historia más de un forajido. Pareciera que la tradición continúa. De haber ofrecido información correcta el arzobispo soplón, se necesita de demasiada inteligencia para no dar con El Chapo; o de muy poca para seguir sosteniendo que se trata del segundo criminal más buscado en el mundo.
Analista político

Horizonte político
José A. Crespo
Crisis de medio sexenio

La izquierda quedó convencida de que había la determinación del gobierno para impedir que por la vía de las urnas su candidato llegara a la Presidencia
Fue en 1976 cuando el país inició un ciclo de diversas crisis de fin de sexenio, cada una más grave que la anterior. A veces dicha crisis fue sólo económica, otras sólo política, y en ocasiones de ambos tipos. En ese 1976 empezó a mostrarse el agotamiento del modelo de desarrollo que impulsó Miguel Alemán en 1946. En 1982 se generó la peor crisis desde 1929. En 1988, a la crisis económica —nueva devaluación, depauperización y elevada inflación— se le sumó otra político-electoral de gran envergadura. En 1994, otra crisis política —con estallido guerrillero y asesinato del candidato oficial—, culminó en una grave crisis económica. Finalmente, las medidas políticas y económicas tomadas por Ernesto Zedillo —un blindaje eficaz— permitieron llegar al primer fin de sexenio —en décadas— sin crisis una política ni económica. Era una gran oportunidad para superar el fatídico ciclo de caídas sexenales: había entusiasmo, confianza, credibilidad y legitimidad. Pero el Presidente en turno tenía que trabajar para ello, tomar las providencias necesarias, respetar las reglas escritas y no escritas de la nueva dinámica democrática.
Vicente Fox tenía conciencia de lo que las crisis previas habían representado al país: “Todos traemos todavía en la cabeza el descalabro aquel de 1994, nunca más queremos volver a vernos en aquellas circunstancias” (28/XI/03). Pero, debido a su ignorancia de la política y su falta de congruencia democrática, creyó que, se hiciese lo que hiciese, no volveríamos a caer en otra crisis: “La democracia es el bien máximo y una conquista que es irreversible” (1/XII/04). Sí, la democracia es un invaluable bien político, pero quién sabe de dónde sacó Fox que era irreversible. Al menos toda la literatura relativa a las transiciones democráticas advierte sobre la posibilidad de que, de ser descuidada, puede dar pasos para atrás y, en el extremo, venirse abajo.
Pero, con la premisa de la irreversibilidad de la democracia, no vio mayor problema en romper el frágil acuerdo democrático sentado durante el gobierno de Zedillo entre las diversas fuerzas políticas, al utilizar el aparato estatal para fines político-electorales, con el desafuero de Andrés López Obrador. Incluso, justo tras fracasar en ese lance, declaró: “Hoy México da ejemplo al mundo de legalidad… y fortaleza de sus instituciones” (7/VI/05). Todo lo contrario. Había quedado claro al mundo que el famoso “desafuero” tenía intencionalidad política, más que legal. Y, sobre todo, la izquierda quedó convencida de que había la determinación del gobierno para impedir que por la vía de las urnas su candidato alcanzara la Presidencia. Eso predispuso a la izquierda y le sembró la convicción de que el primer gobierno de la alternancia intentaría pasar por encima de las reglas democráticas, pactadas por todos en la administración anterior.
Aparentemente, o al menos retóricamente, Fox, como antes Zedillo, estaba consciente de lo importante de la apertura política para preservar la estabilidad en general; la cerrazón implicaría nuevos problemas, tensiones, conflictos, que eventualmente podrían vulnerar la seguridad del país en diversos ámbitos: “Nunca más queremos ver o volver a ver quebrantos como aquel de diciembre de 1994… El mayor blindaje para el país el próximo año, será la realización de comicios tranquilos, alegres, de fuerte participación ciudadana, democráticos, confiables y apegados a la ley” (26/IX/05). En efecto, los comicios exitosos eran la mayor garantía de estabilidad nacional. Pero Fox mantuvo esa apertura sólo en el discurso, al repetir como mantra que la sucesión iba bien y la estabilidad estaba asegurada: “La estabilidad política y económica de México… gane quien gane las elecciones presidenciales de 2006” (9/II/05). Y varias veces aseguró que “La sucesión del 2006 va igualito que la del 2000” (2/XII/03). Sí, igualito. Y prematuramente cantaba victoria: “Se han disipado las tormentas, se ha aclarado el tiempo” (18/XII/04). En la víspera de la elección, cuando el clima estaba ya sumamente polarizado y ríspido, aseguraba que “el año 2006 va a ser un buen año, no será un sexto año de Gobierno como fueron otros” (17/IV/06). Después de los comicios, y habiendo fracasado por perderse el consenso sobre quién había ganado, minimizaba el conflicto resultante, al decir que se reducía “a una calle del país, nada más. Yo no le llamaría polarización a eso, sino debate democrático” (23/VIII/06). Bien por ese debate, como también calificaban los priistas el conflicto posterior a 1988. Por eso, lo de insistir en que se había evitado una nueva crisis de fin de sexenio (no sólo económica, sino política), podía augurar que “México tendrá en Felipe Calderón sus mejores seis años de la historia, porque llevará 12 sin crisis, sin devaluación, con estabilidad social (12/II/2007). Ojalá así hubiera sido, pero ahora es evidente que no. ¿Es la crisis económica responsabilidad de Fox o de Calderón? No. Viene del norte. Pero los excedentes del petróleo, que en esos años fueron muy elevados, fueron despilfarrados por Fox, y se perdió así una nueva oportunidad de fortalecimiento económico. En cambio, la crisis política que polarizó al país y aún se hace sentir, sí fue responsabilidad sobre todo de Fox (aunque también, en menor grado, de Calderón y de López Obrador, por distintas razones). ¿Y la crisis de seguridad, derivada de la lucha contra el narcotráfico? Pues sabemos que la militarización y la profundización de ese combate fue un recurso de Felipe para compensar su insuficiente legitimidad electoral. Ahora ha salido de control. El caso es que hoy enfrentamos una nueva crisis económica, política y de seguridad. No es una crisis de fin de sexenio, como las de antes, pero sí de mitad de sexenio. Y las cosas se le pueden complicar al gobierno aún más, si su margen de maniobra se reduce como consecuencia de la elección intermedia, una posibilidad que evidentemente no se puede descartar.

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