2/17/2010


Horizonte político
José Antonio Crespo

Apuesta electoral de Calderón

Al respaldar las coaliciones con el PRD, para así poner trabas al posible retorno del PRI a Los Pinos, Felipe Calderón ha hecho una temeraria apuesta, pues las probabilidades de ganar esa jugada son pequeñas, y los costos políticos que en ello le pueden ir, elevados.

A) No es automático que triunfen las coaliciones opositoras, pues no se tiene garantizado que los simpatizantes duros de cada partido aliancista voten por lo que consideran una ignominiosa sociedad con su mayor adversario ideológico (¿cómo verán los panistas a la APPO en Oaxaca?). El PRI irá con el PVEM y el Panal (socio histórico del PAN) va por su lado. Además, el difícil triunfo opositor en esas entidades tampoco garantiza nada para 2012.Son muchas las variables que intervienen en ello, sobre pocas de las cuales Calderón puede incidir directamente.

B) Mientras tanto, la coalición con el PRD implicó dinamitar la interlocución con el PRI, cuya cooperación constituye la única oportunidad para que Calderón entregue algo significativo al final de su gobierno. Pocos logros ha tenido hasta ahora, y algunos de ellos muy desvirtuados (como una reforma electoral que no gustó al PAN por serle perjudicial, y una reforma energética que terminó con el sello del PRD).

C) Calderón ha dado el banderazo a la sucesión presidencial, cerrando anticipadamente su gestión.

D) La renuncia de Fernando Gómez Mont a su partido podrá verse como un acto de congruencia, pero lo debilita como secretario de Gobernación al quedar claro que no cuenta con el respaldo de su partido ni de la Presidencia, por lo cual es difícil que siga mucho tiempo más en ese cargo, o que desde ahí pueda operar eficazmente. Y la palabra de Calderón queda vulnerada, si bien Gómez Mont asume haber negociado con el PRI por su cuenta, sin consultar previamente al presidente (16/II/10). Algo difícil de creer.

E) Coaligarse con el PRD, independientemente de los resultados, genera malestar en los segmentos doctrinarios del PAN, que no son pocos. Si además las coaliciones fracasan en derrotar al PRI, el enojo del panismo ortodoxo se profundizará. Esa corriente vital del PAN considerará que se jugó con la esencia ideológica del partido, por una preocupación estrictamente personal de Calderón (pues, como aclaró Diego Fernández de Cevallos, para muchos panistas no es prioritario detener el retorno del PRI en caso de que el PAN no logre preservar el poder).

F) Peor sería para los panistas un triunfo de la coalición en Oaxaca, pero no en Hidalgo o Puebla, pues ello no le reportaría mayor ganancia al PAN, y en cambio se le habría hecho un enorme favor a Andrés Manuel López Obrador, cuyo movimiento social (de corte anticalderonista) seguramente se vería nutrido por el enorme presupuesto oaxaqueño. El PAN habría jugado al “tonto útil” en favor del obradorismo. Y el responsable de semejante desastre (desde la óptica panista) no sería otro que Calderón (según ha enfatizado Manuel Espino).

H) En tales circunstancias, el delfín de Calderón, quienquiera que sea, tendría un ambiente muy adverso dentro del PAN, y sus probabilidades de ser candidato se habrán reducido significativamente. Algún disidente que se haya manifestado contra las coaliciones, tendría mejores perspectivas (muchos piensan en Gómez Mont).

La pregunta clave aquí es, ¿a partir de qué cálculo Calderón hizo una apuesta tan temeraria, con tan pocas probabilidades de coronar y con elevados costos a pagar ya? Lo único que se me ocurre es el pavor de Calderón a que el PRI, en efecto, retorne a Los Pinos. ¿Por qué tanto rechazo a esa idea? ¿No sería ello consecuencia de una decisión mayoritaria de los electores que simplemente habría que respetar (el voto masoquista, según Mario Vargas Llosa)?

Es probable que Calderón visualice con enojo la escena donde él entrega la banda a, por ejemplo, Enrique Peña Nieto, con la presencia física o moral, pero emblemática, de Carlos Salinas de Gortari en la ceremonia (Salinas es asiduo asistente a las galas de Peña Nieto).

Dado lo que el PRI representa en nuestro desarrollo político, Calderón pasaría inevitablemente a la historia como el Presidente que clausuró el breve paréntesis democrático que abrió Vicente Fox (aunque éste, poco después, haya claudicado a su mandato democratizador). Y tal vez no quiera cargar con ese estigma político el resto de sus días. No encuentro otra explicación a la política de alianzas de Calderón. Una posible ruta de gobierno sacrificada en el altar de la imagen histórica del Presidente, algo que obsesiona a los poderosos.

Es probable que el Presidente visualice con enojo la escena donde él entrega la banda a, por ejemplo, Enrique Peña Nieto.

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