2/20/2010

Recorrido por Léogane con una brigada médica

Sobresaliente el papel de las mujeres en campamentos haitianos

Por Sofía Yañez *

Léogane, Haití, 19 feb. 10 (CIMAC).- A poco más de un mes del sismo que sacudió a Haití, las deplorables condiciones de vida que padecen los habitantes de Léogâne, no dejan duda de que las carencias aquí, vienen desde mucho antes del 12 de enero. Todo lo que se ha dicho o escrito, se queda corto ante la impresionante realidad.

En el recorrido de la organización Pan y Rosas, con una brigada médica por comunidades como la de Petit Rivière, se observa que la mayoría de la población son mujeres, quienes acuden a la consulta por problemas de infecciones vaginales, mientras que sus hijos asisten por problemas gastrointestinales, debido a la mala calidad del agua y a la contaminación ambiental.

En dicha comunidad, hay varios campamentos que se consideran "chicos", en ellos se reúnen unas 60 familias, organizadas por sus propios integrantes, porque la ayuda oficial aún no llega, cabe mencionar que el rol de la mujer frente al campamento es sobresaliente.

Joseph y Guetty, dirigentes locales pertenecientes a la organización Groupe Ecologique pour le Developement Durable en Haití (GEDDH), hablaron del descontento que existe con el gobierno por la falta de apoyo, ya que no hay escuelas ni hospitales , no obstante, las niñas y niños que estudian tardan cuatro horas en llegar al plantel.

En otra brigada, dirigida a tres orfelinatos para el reparto de pañales y alimento para bebés, se constató que aunque la ayuda casi no ha llegado y las necesidades son muchas, la distribución es absolutamente ordenada, ya que la garantiza la propia comunidad.

Los voluntarios participantes en esta acción aseguraron que decidieron hacer las entregas sin militares pues “espantan a la población con sus armas y sus tanques”. Ello, sin duda, evidentemente muestra que, los supuestos disturbios en las entregas de ayuda sólo son provocados por la presencia militar.

En todas partes se ve la miseria acompañada de la destrucción que provocó el sismo. Gente que vive, literalmente, en la calle, improvisando viviendas en los lugares más insalubres; también un mercado que se instala temporalmente en un predio que, al parecer, albergaba un basurero, se ha convertido en uno de los pocos sitios donde la población se puede abastecer de comida y, al mismo tiempo, también sirve como un hogar para mujeres embarazadas.

DESCONTENTO CON LA PRESENCIA MILITAR

Toda la ciudad de Puerto Príncipe está descuidad, así entre la basura, escombros y el llamado “olor a muerto”, la ciudad se mueve y desplaza como si fuera posible la “normalidad”.

Los campamentos más grandes se ubican en Puerto Príncipe y son también los más custodiados por los militares, pues según se dice,

más de un millón de personas viven en carpas en todo Haití, en calles y parques. En está ciudad, casi no hay comercios, la mayoría están derrumbados y los pocos que se mantienen estuvieron cerrados por los días de duelo. En muros semiderrumbados hay pintadas electorales y de protesta, pero las y los haitianos dicen que estaban ahí desde antes del sismo, muchas contra Aristide y algunas contra Preval.

El constante paso de camiones, jeeps y tanques militares complementan el panorama que pareciera de posguerra. En las calles, hasta los soldados que organizan el tránsito se encuentran armados, muchos de ellos sin quitar el dedo del gatillo.

Al cumplirse un mes del sismo, no hay reporte aún de manifestaciones, sin embargo, el descontento con la presencia militar es generalizado.

Esto es, sin duda, lo que motiva las exageradas acciones de control por parte del gobierno y ejércitos extranjeros, situación que en los próximos días podría generar nuevos estallidos sociales de un pueblo que históricamente se ha caracterizado por la lucha inclaudicable de sus derechos.

* Periodista mexicana, enviada especial de la agrupación de mujeres Pan y Rosas

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