11/09/2017

La mujer como sujeto empoderado del capitalismo

El manual de la mina copada publicado por Clarin ha generado un sinfín de rechazos. De tan cotidiano, apesta a obviedad un requerimiento que siempre es más sutil: el de amoldarse. La pedantería del tono suena como un llamamiento al orden ¡Formen, mano al frente, fir! Una orden, que como todo lo construido por la comunicación liberal, se disfraza de crema chantillí para manosear nuestro sentido común.
No subestimemos lo que sucede. Clarín es productor y termómetro de discursos hegemónicos. Muestra de ello es el repertorio de Magda Tagtachian, progenitora inmaculada de adiestramientos como El manual de la mina copada, entre otros muchos. Echar un ojo a sus artículos es resumir a modo de rompecabezas el ideario de Self Made Women que sustenta el sueño liberal de una sociedad que cree que la desigualdad es correlativa a la meritocrácia. Que hay pobres porque quieren ser pobres. Que hay ricos portadores de toda la buena onda que necesita un mundo lleno de paz y amor. Que individualmente se puede triunfar si nos esmeramos en aplastar cabezas mientras ascendemos con un manto de luz al cielo. El gran triunfo de este discurso tiene que ver con hacer de la excepción la regla. De esta tela de araña no escapa ni el feminismo, y con esto debemos ser claras. La mujer en su singularidad inmanente, en su todo eterno, en su esencia universal ¡No existe! Las mujeres, como todos los seres humanos, nos debemos a un contexto social, a una historia, a un territorio. No somos reductibles a una fórmula ni para la plenitud, ni para el socialismo, ni para las expectativas de las instituciones (sociales, económicas, políticas, etc.). Y el feminismo, como lo anota Julieta Paredes, no es más ni menos que la lucha y la propuesta política de vida de cualquier mujer en cualquier lugar del mundo, en cualquier etapa de la historia que se haya rebelado ante el patriarcado que la oprime.
Dada la composición sociohistórica del movimiento de mujeres, es insano instalar "feministómetros". Sin embargo, no todo socialismo es feminista ni todo feminismo es socialista. Tagtachian es completamente coherente con el lugar que ocupa al interpelar a las mujeres. Es firme en hacer parecer a la excepción como un sueño de hadas en el que todas participamos como bailarinas en puntas de pie como en una caja de música. El problema está en darnos cuenta que la muñeca sólo baila cuando abren la caja. En la serie El Cuento De La Criada se torna brutalmente explícita la función de la caja de sonido: la excepcionalidad convenientemente generalizada se desatiende de dar explicaciones sobre fenómenos complejos. En su reduccionismo individualista subyace su eficacia. ¿Eficaz ante qué? El sujeto mujer debe ser disputado, o adiestrado, o mercantilizado, o liberado.
Si Tagtachian se para en el primer caso, María Riot se para en el segundo. En su particular entendimiento del trabajo sexual la caja de música todo el tiempo nos remite a la bailarina girando sobre la punta de su pie. Y no es que María Riot sea menos feminista que ninguna, simplemente aporta coherentemente desde su postura: una mujer con ciertos privilegios de clase decide por cuenta propia (¡!) ingresar al mundo de la prostitución. Viaja a Europa, trabaja en la industria porno y vuelve a modo de Candi a presentarnos, con su experiencia individual de nueva emprendedora, todos los beneficios de la prostitución por elección. Pero, como sabemos, la prostitución es un fenómeno masificado en el que intervienen los poderes más rancios de la sociedad y la compulsión del mercado a insertar a los sectores más vulnerables en los oficios más degradantes: eso explica las corrientes migratorias de mujeres en condiciones de terrible conmoción social (por pobreza o conflicto armado) que se movilizan de país a país. En la República Dominicana la prostitución es el segundo rubro en el PIB y el Gobierno es el gestor de la trata. A Chile llegan contingentes de jóvenes colombianas a riesgo de ser "desaparecidas" por sus contrabandistas. Algo similar ocurre con las prostitutas paraguayas.
Entendamos que las trabajadoras sexuales merecen todas las garantías sociales que debe garantizar un estado de bienestar, pero en esta propuesta falta algo crucial: insertar a las mujeres de la trata, y el cómo reviste las entrañas de una discusión necesaria.
Así, excluir del fenómeno prostibulario la compulsión del mercado capitalista y la conjunción con las demandas del patriarcado genocida, deja a la bailarina girando en un lugar muy estable. La bailarina de María Riot se para en el punto de equilibrio de la mano invisible en condiciones sociales “deseables”; nos propone un punto de equilibrio entre la oferta y la demanda, en el que su ejemplo personal como Self Made Women funciona a la perfección. En la cara te dice el cuerpo de las mujeres es mercancía –obvio, echando mano del verso de la voluntad individual, como quien adjudica a los pobres la pobreza por una cuestión de v o l u n t a d-.
Al respecto, quienes creemos, posta, que es necesario un feminismo para la liberación, debemos empezar a no subestimar el entorno en que nos encontramos. Vivimos en una sociedad capitalista que nos vende el mérito individual para ratificar el desgarramiento de nuestros vínculos comunitarios. Es importante el músculo social que estamos ejercitando. Pero debemos estar atentas, porque de buenas intenciones está empedrado el camino a la total aceptación del sistema capitalista.
No soy copada
No soy mercancía
No soy excepcional: soy en el somos.
Blog de la autora: http://historiaygeopolitica.wordpress.com/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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