10/18/2016

La culpa es de los maestros



Hyderabad Chávez Medina proviene de una familia de maestros con gran vocación; estudió licenciatura en Educación Primaria en el Centro Regional de Educación Normal de Arteaga, Michoacán; maestría en Interculturalidad en la Universidad Pedagógica Nacional; Doctorado en Pedagogía Crítica en el Instituto McLaren y además los fines de semana participa de talleres y otros espacios para su formación continua. Sin duda, es un profesor con una alta preparación profesional y responsabilidad como docente.
Cada semana se traslada de Nueva Italia, su lugar de origen, a la comunidad “El Rincón” en la sierra del occidente michoacano. Hace tres horas de camino en auto particular hasta Aguililla, la cabecera municipal, y de ahí otros cuarenta minutos más en motocicleta por senderos de terracería para llegar finalmente a su escuela. Su situación ha mejorado indudablemente, porque en su anterior centro de trabajo tenía que viajar tres horas adentrándose a la zona serrana para cumplir con su labor.
“Hyder” como le dicen sus compañeros, es el único profesor de su escuela, de hecho el único trabajador de la educación que hay para atender la diversidad de funciones que ésta demanda. Además de sus labores administrativas, directivas y de intendencia, atiende alumnos desde primero hasta sexto grado de primaria y eventualmente los padres de familia le envían a sus hijos en edad preescolar como oyentes, porque no existe un jardín de niños en la comunidad.
La escuela de “El Rincón” sólo tiene un aula de 25 metros cuadrados para atender a los alumnos de todos los grados, no cuenta con luz eléctrica, mucho menos con aula de medios, no hay biblioteca, tampoco existen canchas deportivas, ni material didáctico alguno que le haya proporcionado la Secretaría de Educación Pública (SEP); sólo tiene unas cuantas butacas, un pintarrón, una silla y una mesa para el maestro.
Se podría pensar que las condiciones de Hyder para impartir clases son una cuestión excepcional entre el magisterio, pero no es así, son la regla en muchas escuelas mexicanas. Alrededor del 40% de las primarias son multigrado; es decir, no cuentan con los maestros necesarios para que cada grado sea atendido por un solo docente. En esta condición están prácticamente el 100% de las escuelas comunitarias en todo el país.
Del informe 2016 del Instituto Nacional para Evaluación Educativa (INEE) La Educación obligatoria en México se desprende que no hay docentes suficientes para cumplir con la formación integral de los alumnos; por consecuencia, los que existen enfrentan tareas pedagógicas multifacéticas, de suerte que la promesa de Escuela al Centro con su programa de organización completa que Aurelio Nuño anunció en este año, se descompone rápidamente en el inmenso basurero de los incumplimientos.
Los datos arrojados por el informe dicen que a pesar de que el 67% de las escuelas reportan al menos un alumno con alguna discapacidad, únicamente son atendidas con apoyo de personal especializado el 33.8% de ellas; ahora, siendo la obesidad uno de los mayores problemas de salud infantil en México, sólo 54.7% de las escuelas cuentan con maestros de educación física; en tanto que el 85.8% no tienen maestro de artísticas, 85.7% carecen de maestro de computación y 76.4% de inglés.
Entonces, los maestros mexicanos no sólo deben coberturar las carencias pedagógicas que dejan los vacíos de personal en los centros escolares, también tienen que realizar otras funciones directivas y de carácter administrativo, todo a un mismo tiempo; según el mismo informe: 45.5% de los directores son a su vez, maestros frente a grupo. Evidentemente, la carga laboral y horaria se incrementa considerablemente, pero no así su salario, porque no existen incentivos por hacer funciones adicionales. 
Sin embargo, el gobierno, los empresarios y los organismos de la globalización económica se han empeñado en hacer responsables a los maestros como factor único de cualquier deterioro educativo; a partir de esa tesis se les presenta de manera tendenciosa como un sector privilegiado laboral y salarialmente, pero que no está cumpliendo adecuadamente con su labor.
Recientemente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) presentó su Panorama Educativo 2016 referente a México, en él se informó que los maestros, pese a que están por debajo de la media mundial, son los profesionistas mejor pagados del país y los medios masivos de comunicación no tuvieron ninguna duda en replicar como cierta tal afirmación, aun cuando no coincide con lo que se ha dicho en los últimos años.
Por ejemplo, en el informe 2015 del INEE Los Docentes en México se dijo textualmente que “Más de la mitad de los docentes de educación preescolar y primaria tienen niveles salariales inferiores a los de otros profesionales con contratos de medio tiempo o más. En 2012, la mediana del salario real de las educadoras representó menos de la mitad de la mediana del salario de otros profesionistas con ese nivel de escolaridad y con jornadas de medio tiempo o más”.
Otra referencia que contradice a la OCDE es el estudio elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), llamado Compara Carreras 2016. Una herramienta sobre las consecuencias económicas de escoger una carrera, en el cual, al igual que el año anterior, coloca entre las 10 profesiones peor pagadas del país a 5 relacionadas con la docencia: formación docente para primaria; preescolar; por asignatura; física, artística y tecnología; así como orientación y asesoría educativa.
La falacia de los mentores con salarios de reyes se acompaña de otra que los presenta como profesionistas con baja preparación y con poca disponibilidad a seguir estudiando; pero, las estadísticas de los propios organismos empresariales de la globalización OCDE- Mexicanos Primero, reconocen que cerca del 90% de los docentes en funciones participan en trayectos de formación continua, una taza muy alta con respecto de otros países.
Los Empresarios Primero intentan demeritar esta cualidad del magisterio diciendo que más del 70% no se sienten preparados. Las razones son más que lógicas porque las condiciones para asegurar una educación integral son precarias: ningún maestro que atienda necesidades pedagógicas específicas sin el apoyo de otros docentes especializados, que realice múltiples funciones adicionales teniendo una sobre carga laboral, que sea sometido a evaluaciones punitivas y sin espacios adecuados para el aprendizaje, tendrá la sensación de tener una formación completa, por más que se prepare, siempre le quedará la necesidad de seguir actualizándose.
Efectivamente la culpa es de los maestros, por su incapacidad para escindirse; no obstante, más allá de esa imagen distorsionada que dibujan los enemigos de la educación pública, habrá que rescatar las muestras cotidianas de gratitud que motivan a miles de educadores como Hyder a seguir adelante en las condiciones adversas que enfrentan en sus escuelas, las cuales se resumen en las conclusiones del Informe 2016 del INEE cuando dicen que: “los alumnos en general, consideran que tienen buenos maestros”.
Lev Moujahid Velázquez Barriga. Doctor en Pedagogía Crítica y Educación Popular.

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