Unos años atrás, Vanessa Gámez pasaba sus días como cualquier madre con dos hijos. Cada mañana se levantaba en punto de las 5:30 y se aseguraba que tanto Leonardo como Ana Amelí estuvieran listos para ir a sus respectivas escuelas. También les cocinaba sus almuerzos con un poco de fruta, huevo, proteína, café, leche o té.
Como podía, los llevaba personalmente a la escuela y después se dirigía a trabajar a distintos hospitales y clínicas donde se desempeñaba como representante médica. Su labor consistía en presentar a los médicos las novedades sobre productos, escuchar sus necesidades y conocer los resultados de los tratamientos en los pacientes.
Debido a las exigencias de su trabajo, muchas veces tenía que comer en la calle. Aun así, al terminar su jornada se comunicaba con Leonardo y Ana Amelí para saber cómo estaban y dónde se encontraban, hasta reunirse nuevamente con ellos en su hogar. Ya juntos, merendaban, veían películas o iban al cine hasta dos o tres veces por semana, según recuerda Vanessa Gámez.
Los sábados y domingos, solía llevar a sus hijos a reuniones sociales, museos o actividades escolares. En otras ocasiones viajaban a Morelos para visitar a su madre, disfrutar del clima tropical y alejarse por unos días del ritmo de la ciudad.
Hoy la vida de esta mujer no es la misma, cambió las tardes de cine por las jornadas de búsquedas para dar con el paradero de su hija, una de las 133 mil 855 personas desaparecidas en México, de las cuales 29 mil 44 son mujeres.
Al igual que otras madres buscadoras, Vanessa Gámez es directa en decir que este 10 de mayo «no hay nada que celebrar» porque la desaparición de sus hija transformó por completo su vida cotidiana. Señala que «ya nada es igual» y toda gira alrededor de buscar sin vacaciones o festejos, porque la búsqueda se convierte en lo más importante, mientras otras familias celebran, las madres buscadoras viven la ausencia y la incertidumbre.
Vanessa Gámez asegura que le resulta difícil celebrar el Día de las Madres porque siente que “le falta una”. También mencionó que, aunque su otro hijo Leonardo junto con ella e intenta acompañarla o celebrarla, la desaparición de Ana Amelí impide que viva la fecha como antes. Afirmó que ya no puede festejar el 10 de mayo de la misma manera debido a que desconoce el paradero de su hija.
Al igual que Vanessa Gámez, otras madres buscadoras se unen a este sentimiento y, por ello, algunas de ellas asistirán a una Velada organizada en el Monumento a la Madre este sábado 9 de mayo en punto de las 5 de la tarde y otras caminarán varios kilómetros exigiendo justicia en la Marcha por nuestros desaparecidos el 10 de mayo en punto de las 10 de la mañana.

La vida como madre buscadora
Vanessa Gámez se quedó sin trabajo para formar parte de las jornadas de búsqueda con el fin de encontrar a su hija. Las colectivas de búsqueda se acercaron a ella para advertirle sobre el actuar de las autoridades y las omisiones ante la situación generalizada de las crisis de desapariciones en México. Desde el inicio se sintió cobijada, sobre todo madres buscadoras.
De acuerdo con Amnistía Internacional en su informe «Desaparecer otra vez. Violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en México», son las mujeres quienes asumen el rol de busqueda como una extención del trabajo de cuidados que se les asigna por los estereotipos de género.
Al día de hoy, se estima que existen 234 colectivas de familias buscadoras, de las cuales el 90% se conforma por mujeres.
Si bien, Vanessa Gámez no forma parte de una colectiva formalmente, es común que se una a ellas durante las jornadas de búsqueda, sobre todo aquellas dirigidas en el Ajusco.
Ha conocido a otras madres como Jacqueline Palmeros, quien busca a Jael Montserrat Uribe Palomeros de 21 años desapaericda el el 24 de julio de 2020 y a María del Carmen Volante, madre de Pamela Gallardo Volante de 23 años que fue vista por última vez el 5 de noviembre de 2017.
Silenciosamente, el Ajusco se ha convertido en una de las principales zonas de desapariciones en la capital, los colectivos de búsqueda han reportado al menos 300 personas como desaparecidas en la zona. Se trata de una sierra ubicada a 3 mil 900 sobre el nivel de la mar conformada por 940 hectáreas de puro busque con más de 200 senderos.
Como parte de los obstáculos que ha tenido que enfrentar junto a otras madres buscadoras se encuentra la negación de las autoridades para buscar mujeres jóvenes desaparecidas con las características de Ana Amelí, pues persiste la revictimización en donde acusan a las víctimas de huir por voluntad o encontrasre con los amigos o la pareja a escondidas de los padres, sin asegurarse si es una situación que involucra violencia de género o crimen organizado.
También se ha enfrentado que las autoridades delegan la tarea de búsqueda a las madres, muchas veces, deben hacerlo en «terrenos agrestes con todo el calor, el polvo, entre víboras, entre maleza, entre alacranes, piedras filosas y no sabes que cada paso que das puede ser tu último porque puedes irte a un barranco, hacia un hoyo» describe Vanessa Gámez.
Esto sucede incluso cuando van acompañadas de personal de la Comisión de Búsqueda a quienes señala por supervisar su actividad, en lugar de buscar por su cuenta siendo la autoridad experta en la materia. «Hasta parece que a nosotros nos pagaran por buscar (…) esto no debería suceder», acusa la madre buscadora y añade que las autoridades deberían investigar los crímenes, usando inteligencia de todas las áreas del gobierno para que la búsqueda de óseos humanos sea la última opción.

Vanesa debe enfrentar esta búsqueda en medio de una crisis forense reconocida por el propio Alejandro Encinas en 2022 durante la rendición de cuentas sobre la situación de personas desaparecidas en México. En ese año reconoció alrededor de 52 mil cuerpos que permanecían sin identificar, hoy suman 72 mil 100 restos humanos y la existencia de 5 mil 696 fosas clandestinas repartidas en todo el territorio mexicano como reporta Amnistía Internacional.
Vanessa Gámez ha pasado largas jornadas de tiempo en el campo, con mala alimentación, poca hidratación y sin las condiciones necesarias para realizar la búsqueda, pero al igual que otras madres, lo hace con sentido de urgencia ante la incertidumbre de dónde esta Ana Amelí y en qué condiciones se encuentra.
También relata que la búsqueda ha impactado profundamente su vida personal y salud. Explica que, aunque siempre se consideró una persona sana y fuerte, ha comenzado a presentar problemas de salud relacionados con nervios, insomnio y falta de apetito. A ello se suma el desgaste emocional contante, que le ha hecho perder la tranquilidad, armonía, estabilidad física y emocional desde la desaparición de su hija.
La experiencia de Vanessa Gámez no es aislada, Amnistía Internacional reporta que durante las labores de búsqueda las madres buscadoras estan expuestas a condiciones meteorológicas y geográficas adversas, lo que las pone en riesgo de adquirir o agravar enfermedades por la exposición al sol, caminan en terrenos insalubres donde tienen la posibilidad de adquirir hongos, tienen el riesgo de caerse o resbalarse en los terrenos en donde se hacen las búsquedas.
Las mujeres también se enfrentan al empobrecimiento y la violencia de género. Al menos el 97% de un total de 521 mujeres buscadoras encuestadas por Amnistía Internacional en su informe experimentaron un episodio de violencia.
Entre las afectaciones reportadas por estas mujeres se encuentran violaciones a diversos derechos como la vida (amenazas); a la integridad (secuestros, ataques físicos), a la circulación y residencia (desplazamiento interno); a la igualdad y no discriminación; así como a derechos económicos, sociales y culturales.
Casi 10 meses sin Ana Amelí
Ana Amelí es una joven de 20 años que estudiaba Biología en la Universidad Nacional Autónoma de México y estaba en proceso de cambiarse a la carrera de Fisioterapia antes de desaparecer. Su madre la recuerda como una joven que también es artista, realiza yoga, le gustan los cuarzos y tiene un acercamiento a la naturaleza, por lo que constantemente realizaba actividades de senderismo.
El terror de Vanessa Gámez, como ella lo describe, comenzó el 12 de julio de 2025, ese día, la familia vio por última vez a Ana Amelí quien asistió al Pico del Águila, en el Parque Nacional Cumbres del Ajusco para hacer senderismo con sus amigos.
La última vez que supieron de ella fue a la 1 de la tarde, cuando la joven envió una fotografía de ella desde la cima del Punto del Águila con un paisaje de fondo. A las 5 de la tarde, cuando el señor Ricardo García intentó comunicarse de nueva cuenta, no recibió respuesta y a las 7 de la tarde la ausencia de Ana Amelí indicó una alerta para sus padres.
La Fiscalía General de la Ciudad de México informó sobre la activación del Protocolo de Búsqueda Inmediata, pero para ese momento ya se habían perdido las horas vitales para encontrar a Ana Amelí. Ante la exigencia de la familia y la mediatización del caso por medio de manifestaciones en la Ciudad de México, el 25 de julio de 2025 el Gobierno de la capital a cargo de la Jefa de Gobierno Clara Brugada dio inicio a la mayor búsqueda desplegada de una persona desaparecida en campo abierto.
Participaron 342 elementos durante la jornada de búsqueda para la exploración de los puntos pendientes como el Tianguillo, La Cañada y La Joya en el Ajusco, Asimismo, se tuvo la ayuda de 6 drones, 6 perros, 34 vehículos y un helicóptero; sin embargo, se concluyó que Ana Amelí no se encuentra en el lugar y se determinó que la búsqueda tendría que extenderse hacia otras zonas fuera del parque.
Crónica. Buscar en el Ajusco a Ana Ameli, su hija desaparecida – cimacnoticias.com.mx

A casi 10 meses de la desaparición de Ana Amelí, Vanessa Gámez ha vivido revictimizaciones y omisiones de las autoridades. La propia Jefa de Gobierno, Clara Brugada, la llamó para asegurarle que se ejecutaron 17 órdenes de cateo en el mismo mes que desapareció su hija, pero hasta ahora, no tiene información concreta de en donde se realizaron y qué encontraron, ninguna autoridad ha sabido darle respuestas de esa información.
La familia de Ana Amelí ha recurrido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU quienes emitieron acciones urgentes y medidas cautelares ante las omisiones en las investigaciones sobre Ana Amelí.
Vanessa Gámez señala asegura que las autoridades continúan realizando diligencias, aunque sin resultados concretos y acusa «falta de voluntad política», cuestiona la capacidad de los ministerios públicos para desarrollar investigaciones profundas que permitan localizar a las personas desaparecidas.
A su consideración, las autoridades se limitan a labores administrativas y no generan nuevas líneas de investigación ni actos que permitan obtener pistas.
Vanessa sostiene que la zona donde desapareció su hija representa una dificultad adicional para el caso; sin embargo, acusa que las autoridades no han ido más allá en las indagatorias. Mientras tanto, afirma que su familia continúa presionando y exigiendo avances en la investigación para dar con el paradero de Ana Amelí.
Si quieres saber más sobre Vanessa Gámez y su camino para buscar a Ana Amelí, te recomendamos escuchar la siguiente entrevista.

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