Fabrizio Mejía Madrid
En días pasados, un abogado llamado Mauricio Castillo presentó una iniciativa ciudadana en el Congreso de Nuevo León contra la discriminación hacia los therians en las escuelas. Éstos son una comunidad virtual que se identifican con rasgos animales ( ther es “bestia” en griego y an de “antropoide”), que tienen rituales de validación para elaborar sus disfraces y hacen de su experiencia una muy íntima ensoñación que recuerda a los nahuales, el chamanismo o a las mitologías griega y china.
El abogado detrás de esta propuesta es el mismo que defendió la reforma para incluir candidatos independientes en su estado, con la cual Jaime Rodríguez, El Bronco, llegó a la gubernatura. También ha propuesto que se baje la edad penal para sentenciar a menores como adultos. Ahora presentó esta “iniciativa ciudadana” con un veterinario de 28 años de edad, Luis, que portaba una cabeza de caballo hecha de cartón.
El hecho de que no existe ninguna demanda real debajo y de que, en todo caso, el tema de discusión legislativa debería ser sobre los protocolos antibullying en las escuelas de Nuevo León, el propósito es ridiculizar la cultura identitaria, como sería el caso de los transgénero, sugiriendo que la identidad de género y de especie son igualmente absurdas. Que si se puede ser hombre o mujer “a capricho”, también hay que proteger a quien se reivindica como fuera de la especie. Que las leyes que protegen contra la discriminación serán infinitas. Que hay que regresar a los “límites biológicos” de nuestras identidades. De inmediato, la ultraderecha formuló esa similitud y un fantasma convocó a una convivencia de teriotipos en la UNAM, como en los peores momentos de la convocatoria –que luego asumió el PRI– de la Marcha Gen Z y que, como recordarán, terminó en un intento de golpe de Estado desde Tv Azteca.
La idea es tomar a ese culto de audiencia que son los therians y los “aparte-de-humano” –que incluye gente que se piensa en la intimidad como ángel, dragón, unicornio, elfo, vampiro– como caricatura del género, como autopercepción que ha dado lugar a reformas que posibilitan cambiarse el nombre, el sexo y la imagen en los registros oficiales. El ataque contra estas leyes fue llevado al extremo en la pobre Argentina de Milei –el que dice ser león–, usando de la misma manera el tema de los teriántropos para generar pánico social. Ciertos medios argentinos que están abiertamente en contra de los derechos, y no solamente los de género, empezaron a difundir noticias falsas de transeúntes mordidos por therians y previniendo a la opinión pública del riesgo en el que estaban los niños y niñas por “la confusión” que generaban.
Esta estrategia de criminalización de la diferencia no es nueva para la ultraderecha. En Estados Unidos, Marjorie Taylor Greene, la llamada “candidata de QAnon” y luego, y hasta la crisis por los archivos Epstein, diputada trumpista por Georgia, aseguró en más de una ocasión que “la identidad de género es una fantasía animal”. El representante por Nebraska, Bruce Bostelman, inventó que, por culpa de la identidad autopercibida, se estaban instalando cajas con arena en los baños de las escuelas porque algunos infantes se sentían gatos, en burlona referencia a los baños unisex.
La forma de utilizar lo no-humano contra el género autopercibido es la misma que utilizó el propio Donald Trump contra la inmigración sin papeles. Se recuerda todavía que en el debate del 10 de septiembre de 2024 con Kamala Harris, Trump aseguró que los inmigrantes haitianos se estaban comiendo a las mascotas en Ohio: “En Springfield se están comiendo a los perros, se están comiendo a los gatos, se están comiendo a las mascotas de los vecinos”. El que ahora es vicepresidente de Trump, JD Vance, dijo después que era necesario “inventar estas historias para que la gente pusiera atención en ciertos temas”. Esa vez fue la inmigración. Después, los derechos de las minorías. Ahora, en Nuevo León son los trans.
El diputado del PAN en la Ciudad de México Raúl Torres Guerrero, que fue junto con Alazraki, Cabeza de Vaca, Jorge Fernández Meléndez y Beatriz Pagés al encuentro de la Conferencia de Acción Política Conservadora, aseguró inmediatamente después de la presentación de la llamada ley therian en la oficialía de partes del Congreso local: “Lo que hoy vemos con el fenómeno de los therians no es casualidad. Es el resultado de años de políticas públicas de izquierda que han confundido libertad con relativismo y han inyectado ideología en lugar de valores, ciencia y responsabilidad de nuestros jóvenes”. Hay que decir que Torres Guerrero aseguró muy “científica y responsablemente” en la conferencia de la ultraderecha en Washington, el pasado 5 de febrero, que “86 por ciento del territorio mexicano estaba controlado por los cárteles” y que el T-MEC debía “disolverse” porque el gobierno de Claudia Sheinbaum “tenía vínculos con el crimen organizado”. Ahora utiliza la terantopía como arma para dañar, mediante el pánico social, las conquistas identitarias de los géneros. Pero me detengo ahora en Nuevo León. En esa misma conferencia de la ultraderecha también estuvo el que quiere fundar un partido de Trump en México, Juan Iván Peña Nader, que dijo, sin nombrar encuesta alguna, que 74 por ciento de los neoleoneses y del Bajío pedían una invasión militar de Estados Unidos. Sembrar pánico social puede ser una estrategia indirecta para saber cuántos pueden decidirse por la ultraderecha.
En 1993, un sitio de Internet sobre la licantropía se convirtió en uno sobre identidades no-humanas. No era de gays ni de trans ni de lesbianas. Eran personas que a veces sentían que cambiaban de alma. Es ruin usarlos para evitar hablar con claridad de que, en realidad, estás en contra de los derechos de los demás.
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