2/22/2026

Epstein y Salinas Pliego

sinembargo.mx


Fabrizio Mejía Madrid

El evasor fiscal y dueño de TvAzteca y la tienda Elektra aparece 26 veces en la parte de los archivos del pedófilo y traficante de niñas, Jeffrey Epstein. En todos los casos su nombre aparece relacionado Edge, un club de personajes de depredadores masculinos de ultraderecha convencidos de que sus genes los mandan a someter a los demás, a los débiles e inferiores, como las mujeres, las niñas y los niños. Esa red Edge y la dirigió John Brockman, un pseudocientífico que se dedicó a justificar en supuestos datos científicos la superioridad genética de gente como Epstein, Elon Musk y Bill Gates. Superioridad racial, superioridad por ser varones, superioridad por ser billonarios. Epstein tomó a Edge y la convirtió en el Círculo de las Mentes Brillantes. Salinas Pliego, más pillo, financió lo suyo con recursos públicos a través de la Ciudad de las Ideas en Puebla.   

Existen varias formas en que Ricardo Salinas Pliego se vincula con esta red, además de las invitaciones a cenar y su dicho de que sólo habló “quince minutos” con Epstein. Y es John Brockman, un agente literario de toda la basura pseudocientífica de la ultraderecha. De hecho, en su último libro, La Ciencia del Límite, cita a Andrés Roemer, uno de los “intelectuales” de TvAzteca que organizaba La Ciudad de las Ideas en Puebla. Este festival de mesas redondas comenzó justo durante la gubernatura de Mario Marín el “Gober Precioso”. Por si necesitan recordarlo: Andrés Romer está domiciliado en Israel esperando que un Juez firme su extradición a México para ser procesado por las casi cien acusaciones de mujeres por agresiones, acoso, y violaciones sexuales. La FGR tiene 11 carpetas de investigación abiertas en contra suya, además de los 61 testimonios hechos públicos de mujeres violentadas por el conductor de TvAzteca y único beneficiario de las talegas de dinero público de los gobiernos de Puebla. Mario Marín, por su parte, está recluido en un penal de máxima seguridad que antes se llamó Almoloya, por haber torturado a Lydia Cacho, la periodista que reveló la red de trata infantil en Quintana Roo. Parecería que tanto Roemer como "El Gober" que lo acogió en Puebla están relacionados con violación de mujeres y trata infantil. Como Epstein.  

Brockman dice del exempleado de Salinas Pliego: “Andrés Roemer es el catalizador que ha permitido que las ideas más complejas de la ciencia y el pensamiento contemporáneo encuentren un hogar en Puebla. Su visión de la Ciudad de las Ideas ha convertido a México en un nodo crucial para el debate intelectual global”. ¿Cuáles son esas ideas tan complejas del nodo intelectual global? En otras palabras, ¿qué piensan estos habilitadores de Jeffrey Epstein de las violaciones de niñas y niños, la violencia contra las mujeres, y la superioridad genética de los blancos sobre todos nosotros? De eso va esta videocolumna. 

Empecemos por el enlace entre Epstein con Salinas Pliego. Brockman era el principal enlace entre este evento que todavía sobrevive en Puebla ---y que nos ha costado a los contribuyentes 582 millones de pesos entre 2008 y 2024 --- porque es un agente literario de los supuestos científicos de la derecha fascista mundial, como Epstein. El gobierno del PRI del Gober Precioso, los del PAN de Moreno Valle y Gali Fayad, y los de Morena con Barbosa o Armenta, financiaron esta supuesta intelectualidad sostenida desde Harvard, Pennsylvania, y Rutgers por la red de pedofilia de Epstein. Los invitados del agente Brockman siguen diciendo sandeces en Puebla, a pesar de que Andrés Roemer está detenido en Israel, y el control del festival lo lleva TvAzteca a través de su fundación Salinas Pliego. Pero no me adelanto.  

Nos dice Virginia Heffernan en un reciente artículo en la revista The Nerve: “Edge nació en 1996 como una versión en línea de un club que Brockman fundó para promover ideas tecnológicas y oponerse a lo que él llamaba la "sabiduría de flojera" de las humanidades. Las décadas de 1990 y 2000 fueron una época ideal para Edge. El club cobró impulso junto con una avalancha de libros que atacaban duramente la corrección política, el multiculturalismo y a los "obamacratas". Varios de estos libros fueron escritos por hombres del círculo de Edge y de los archivos de Epstein, incluyendo al cerebro de Palantir, Peter Thiel; el zar de la criptografía de Trump, David O. Sacks; y el informático David Gelernter. (Gelernter dejó de dar clases en Yale este mes tras salir a la luz sus lujuriosos correos electrónicos con Epstein)”. 

Resulta que Epstein, tras el triunfo de Obama, siente que los blancos están perdiendo relevancia en Estados Unidos, y empieza a financiar con 20 millones de dólares al año estas conferencias con científicos que cumplieran con un requisito: que estuvieran de acuerdo en que la dominación sobre los débiles era de origen biológico. Más aún, en la Universidad de Harvard dicta un par de conferencias en las que ataca que se le den ayudas sociales a los vulnerables, diciendo que se están transmitiendo, a través de sus hijos, los genes de la pobreza. Él, que era un señor rico pero sin formación en medicina, biología, o para estas alturas demografía, fue aceptado en Harvard porque donaba nueve millones de dólares para sostener programas de lo que llaman “psicología evolutiva” y que no es más que la vieja escuela darwiniana del racismo natural. Por eso financió a matemáticos como Martin Nowak, porque creía que se podían ubicar con algoritmos los genes del éxito y reproducirlos en el mundo. De hecho, Epstein habló de que sus violaciones eran para esparcir su genética superior. Siempre los peores criminales necesitan de una justificación sublime para sus reprobables conductas y el caso con Epstein es que rodeaba su tráfico de niñas con el aura de una preocupación científica por la población humana. 

También financió a Robert Trivers, un antropólogo que se centró en el supuesto conflicto generacional desde una perspectiva charlantanamente biológica. Invitado recurrente a La Ciudad de las Ideas de Salinas Pliego, Trivers ha defendido la violación de niñas diciendo que son consensuadas. Dijo para Reuters, cuando se le preguntó por Epstein: “A los 14 o 15 años las niñas ya son como mujeres adultas de hace 60 años, por lo que no veo esos actos como algo tan atroz". Así, en 2019, el FBI le abrió una investigación por haber violado a una niña de 15 años. Trivers fue muchas veces a Puebla a dictar conferencias que resultan el trabajo de un embaucador. Habló sobre tres teorías suyas que seguramente hicieron sentir muy cómodo a Salinas Pliego. Una, que las masas se autoengañaban con la división de clases o de raza para no aceptar que las diferencias sociales se debían a las distintas capacidades genéticas, es decir, que un negro podía huir de un león pero no dirigir una orquesta sinfónica. Cuando Roemer decía que había que “pensar fuera de la caja”, lo que implicaba era que la élite de los sabiondos no respetaba las normas morales o sociales porque estaban genéticamente más allá de este tipo de autoengaños. Dos, que el éxito social también dependía de la calidad de los genes. Y tres, que la dominación masculina no era un sistema patriarcal sino resultado de la adaptación evolutiva de los machos alfa.

En los correos que se han dado a conocer entre Trivers y Epstein se proponen que las conferencias en México deben enfatizar que la inteligencia no es social sino biológica. Y, por supuesto, la estrella de estos actos de Puebla y TvAzteca era el charlatán del neoliberalismo biológico, Richard Dawkins, conocido por proclamar el llamado “gene egoísta”, es decir, el que sostiene que el éxito económico es, en realidad, éxito biológico. Dijo en 2008 en Puebla: “La eugenesia de los nazis fue horrible pero eso no quiere decir que no funcione”. Y puso de ejemplo a las vacas. 

Otro grande de La Ciudad de las Ideas fue Steven Pinker que sostuvo: “Es un dogma que todos nacemos iguales. La inteligencia se hereda”. Así, para Pinker, como la inteligencia se hereda, y la inteligencia es sólo de las élites, entonces, las jerarquías sociales no son creaciones históricas, sino naturales. Los aristócratas poblanos aplaudieron este orden natural que los validaba por encima de sus trabajadores. Con estas ideas tan “rebeldes”, como las clasificó Andrés Roemer, entendemos por qué Donald Trump siempre está diciendo que él tiene un índice de inteligencia más alto que cualquiera en la historia de la Humanidad y por qué, cuando habla de sus adversarios, siempre dice algún número bajo de IQ. Digo, además de que el IQ hace mucho que no es considerado para medir los muchos tipos de inteligencia que tenemos, si la preocupación de la élite podrida en dinero es encontrar algún orden natural que valide que, de 2000 a la fecha, el uno por ciento de los más ricos concentraran el 45 por ciento de la nueva riqueza global, mientras el 50 por ciento más pobre sólo tenga el 1 por ciento. Tienen billones de dólares porque son más listos que nosotros. ¿Será? ¿O será que están tratando de tapar su origen familiar, social, étnico, de género, y geográfico con una teoría charlatana de la genética? 

Y ahí es donde vienen la pseudociencia de los racistas Charles Murray y Robert Kurzban. El primero aseguró en Puebla en 2011, cuando gobernaba Moreno Valle, que las clases sociales son, en realidad, reflejo de las capacidades genéticas. En breve, que los negros y los morenos somos menos listos y que no estamos bien adaptados a lo que los blancos hacen bien, es decir, dinero, empresas e innovación. Trajo a cuento su teoría del “desmoronamiento” que consiste en decir que la élite del IQ se está aislando de los estúpidos, es decir, de los pobres, y que eso está acelerando una brecha biológica de talento que podría ser insalvable. Así, los genes de la élite deberían de ser los que se transmitan y evitar la reproducción de los pobres. La “nueva clase alta” no se debería llamar así sino “nueva élite del coeficiente intelectual”. El segundo, Robert Kurzban, en el mismo 2011 dictó una conferencia que se llamó “¿Por qué los demás son hipócritas?” y sus teorías eran casi tan inútiles como las de Murray. Según este embustero, tenemos un módulo en el cerebro para juzgar la moral de los demás y otro módulo distinto para actuar según nuestro propio interés. Por lo tanto, juzgar a los demás moralmente es una falla de “programación”, así dice, biológica. Es decir, que debiéramos aceptar que los ricos roben, extorsionen, violen niños, y asesinen mujeres porque, dado el caso, nosotros lo haríamos también por interés propio. Por eso todo este club llamado Edge desprecia la flojera que les dan las humanidades porque todos los que las estudiamos y leemos nos preguntamos por cuestiones éticas, dilemas morales, explicaciones históricas, pedagógicas, sociales, de género, emociones, política, y literatura. Poesía. Para ellos eso no existe porque sostienen que ellos detentan un saber más exacto que va de la biología a los algoritmos y que revela que así como están las cosas es la vía de la evolución de los genes. Los de ellos, porque los nuestros, son desechables. 

Epstein y Salinas Pliego tienen esta ideología llamada de La Tercera Cultura, que es eliminar las preguntas de las humanidades para darle paso a las supuestas verdades de las ciencias. No todas las ciencias, sólo las que justifiquen el estado de cosas como natural. Que la élite en realidad no es de explotadores sino de talentos de la adaptabilidad biológica. Escribe Virginia H: “Esperaba sembrar la raza humana con su ADN superior al embarazar mujeres en su rancho de Nuevo México. A lo largo de las décadas, según The New York Times, Epstein proclamó esta ambición. Le dijo a al menos un colega eugenista que esperaba congelar su incomparable cerebro y pene al morir, para que sus órganos pudieran ser revividos y utilizados en el futuro en el "transhumanismo". También financió generosamente el trabajo de George Church, el genetista de Harvard y superestrella de Edge, quien desarrolló una aplicación de citas para conectar personas según la aptitud de sus genes. Una joven traumatizada de 16 años, cuyo diario apareció en el último lote de archivos, se autodenomina una "incubadora" de la descendencia de Epstein. Relata el esfuerzo, casi nazi, de Epstein por crear un "acervo genético superior". Con sus puestos en la Ivy League, sus miles de millones y su ADN de élite, los aspirantes a intelectuales del círculo de Epstein convergían nada menos que en la ideología de Mein Kampf”.

Aquí queda la pregunta que me hago como contribuyente y ciudadano: ¿Por qué se financió con dinero público semejante basura intelectual y pseudociencia? ¿Por qué sigue existiendo eso en Puebla? ¿Son sus asistentes afectos a que se les degrade el público al ámbito de la mala genética, la estupidez biológica, y el más duro racismo disfrazado de ideas “rebeldes”? ¿Qué piensa hacer Salinas Pliego difundiendo esa inmundicia en México? Hasta aquí. 

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