12/12/2010

Feminicidios, el flagelo continúa..





El día de ayer se celebró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en ese marco fueron publicadas las cifras del horror con respecto a los feminicidios cometidos en nuestro país. Antes de pasar a las cifras de la ignominia aclaremos que el feminicidio no es solamente el asesinato de una mujer, por el contrario los asesinatos nombrados como feminicidios son aquellos que se cometen bajo el cobijo de las condiciones históricas que propician la existencia de prácticas sociales que permiten atentar contra la integridad, el desarrollo, la salud, las libertades y las vidas de las mujeres por el sólo hecho de serlo, sin importar su condición socioeconómica, ni su edad. Por lo tanto, al señalar los feminicidios que se cometen en México hacemos referencia a los asesinatos de mujeres cuya característica cumple con lo mencionado líneas arriba.

Tristemente México se significa como uno de los países donde se cometen más feminicidios en todo el mundo. Según cifras de la Oficina Regional para México, Centroamérica, Cuba y República Dominicana del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), de 135 países que se encuentran sin guerra, nuestro país aparece a la cabeza en materia de feminicidios. Por su parte la Misión internacional por acceso a la justicia de las mujeres en la región de Mesoamérica afirman que de enero de 2009 a junio de 2010 se perpetraron mil 728 feminicidios en 18 estados de la república (La Jornada, 25 de noviembre de 2010).

En Jalisco las cosas no son diferentes. De 1995 a 2005 hubo cerca de 500 feminicidios, las edades de las mujeres asesinadas fueron de 15 a 40 años (Proceso Jalisco 154, 21 de octubre de 2007); durante 2009 se cometieron 58; y en lo que va de este año ya suman 67feminicidios en la entidad. En cuanto a casos de mujeres reportadas como desaparecidas, los casos también se han incrementado, mientras que en 2009 se reportaron 178 casos, en lo que va del año, se han contabilizado 270. Por todo ello, a lo largo de 2009, Jalisco ocupó el tercer lugar nacional de asesinatos dolosos de mujeres, sólo por debajo del Distrito Federal y Chihuahua (La Jornada Jalisco, 25 de noviembre de 2010).

Como si esto no fuera ya una razón suficiente para sentir vergüenza por el lugar donde hemos colocado a millones de mujeres en el mundo, el Banco Mundial estima que la violencia contra las mujeres de entre 15 y 44 años de edad causa más muertes y discapacidad que el cáncer, la malaria, los accidentes automovilísticos y la guerra juntos. En la actualidad, las mujeres representan dos tercios de los analfabetas del mundo; 70 por ciento de quienes sobreviven con menos de un dólar al día; sólo uno por ciento de los propietarios de la tierra, y 79 por ciento de las víctimas de tráfico humano. Asimismo, en condiciones iguales de empleo, las mujeres reciben entre 20 y 50 por ciento menos salario que los hombres.

Hoy en día en nuestro país la “lucha” desorganizada contra el crimen organizado y la militarización de la “seguridad” nacional permiten que se perpetúen algunas de las estructuras que hacen posibles las agresiones contra mujeres; peor aún, en la vorágine de las “carnicerías” cotidianas que arrojan decenas de asesinatos sean de criminales, policías, soldados o ciudadanos comunes y corrientes, los feminicidiosjuegan una suerte de violencia invisible socialmente no percibida. Los feminicidios salen de los medios de comunicación, y cuando aparecen lo hacen en el marco de la cruzada contra el crimen organizado. Se descarta por definición la existencia de la violencia de género.

Hipócritamente las “autoridades” parecen decir: “todo se oculta bajo el manto de la lucha contra el narcotráfico sabiéndolo acomodar”. Por vía de mientras, el flagelo de la violencia contra las mujeres continúa en nuestro país, y peligrosamente como tantas cosas que no funcionan en la república, a fuerza de su cotidianidad la sociedad las “normaliza”, y por lo tanto las deja de mirar. La cotidianidad de la violencia contra las mujeres no debe ser sinónimo de normalidad.

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Facebook/Eduardo González Velásquez

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