1/13/2026

Por Estrategia de Seguridad Nacional, Trump presionará en minerales, energía y armamento

Aníbal García Fernández

Minerales críticos, energía, infraestructura y el complejo militar industrial son algunos de los rubros que el gobierno de Estados Unidos intenta mantener bajo su control a nivel global, según la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025. En un contexto de alta disputa geopolítica, Trump reafirma que América Latina y el Caribe están en la primera línea de una contienda decisiva y urgente. Frente a esa nueva definición estratégica se enfrenta el gobierno de Claudia Sheinbaum que tendrá que renegociar el T-MEC con un Estados Unidos que en la ESN deja claro que va por establecer contratos de proveedor único para empresas estadunidenses.

A fines de noviembre de 2025, como mandata la legislación estadunidense, la administración de Donald Trump publicó la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), documento importante que delinea el interés nacional de la élite en el poder, pues, a pesar de su declive, Estados Unidos sigue estableciendo su hegemonía mundial, cada vez mediante mayores métodos de coerción.

Lamentablemente, los medios de comunicación, columnistas y uno que otro analista se fueron con la parte más mediática: el corolario Trump, en vez de analizar los alcances reales de esa política expansionista. Al centrarse en eso –que, además, es parte de la estrategia del presidente estadunidense, al imprimirle su impronta y su sello a sus administraciones– la trampa está en que las conclusiones nada dicen de los verdaderos y peligrosos objetivos. Por ejemplo, acaban indicando: “vuelta de la Doctrina Monroe”, “EU revive la Doctrina Monroe”, “El regreso de la Doctrina Monroe en pleno siglo XXI”.

En 2023, se cumplieron 200 años de esa doctrina que es directriz para marcar el destino manifiesto de la élite estadunidense sobre el Continente Americano, que ha dejado colonialismo, despojo territorial, intervencionismo de tipo militar, con invasiones y bases militares; el acaparamiento de vastos territorios con sus amplios recursos minerales estratégicos y críticos; el acaparamiento de mercado para sus empresas que establecen monopolios sobre los sectores más dinámicos de las economías latinoamericanas y, con ello, la extracción de plusvalor mediante explotación de una clase trabajadora latinoamericana y caribeña altamente calificada, pero con salarios deprimidos. En síntesis, posesión del Continente bajo predominio estadunidense, sea por la vía militar o comercial. Es la visión de Nicholas Spykman en pleno siglo XXI. ¿Qué es si no imperialismo la disputa por materias primas, el reparto del mundo entre potencias, el militarismo-militarización y la constitución de monopolios con predominio del capital financiero?

https://contralinea.com.mx/interno/semana/por-estrategia-de-seguridad-nacional-trump-presionara-en-minerales-energia-y-armamento/

Energía, minerales e infraestructura, la disputa de poder

Como se abordó en otras ocasiones, el Comando Sur en 2025 ya había dejado claro que América Latina y el Caribe “se sitúa en la primera línea de una contienda decisiva y urgente para definir el futuro de nuestro mundo”. La ESN 2025 lo confirma, y permite analizar las acciones de Trump en este año.

Por ejemplo, la Estrategia de Seguridad Nacional menciona que negará a competidores no hemisféricos –dígase China– “la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales”, además de “reconsiderar su presencia militar”, controlar rutas marítimas y frustrar la migración ilegal, establecer “despliegues [militares] específicos para asegurar la frontera y derrotar a cárteles incluyendo, cuando sea necesario, el uso de fuerza letal”. Y por último ampliar acceso en lugares estratégicamente importantes.

¿Qué implica lo anterior? Pensar en los recursos que tiene Groenlandia y en las intenciones de Trump de comprarla (reparto imperial del mundo en el siglo XXI); implica recordar por qué el interés en hacerse de nuevo con el Canal de Panamá, que en el fondo oculta el hecho de que una empresa china posee dos puertos en cada extremo del canal y que intentaron ser vendidos al enorme capital financiero de BlackRock –que lo mismo tiene acciones en farmacéuticas, que empresas de energía, tecnología y alimentos–; implica poner atención en “la llave del imperio”, o sea el control marítimo del Caribe, con sus distintos afluentes entre islas, pero también en las Galápagos, islas que dan proyección imperial hacia el Pacífico, con miras a contener a China, algo que mencionó la doctora Tamara Lajtman para Contralínea.

Fuente: Observatorio Lawfare, 2025.

En el centro de la disputa están, además, los minerales; ello quedó claro desde la reunión del G7 –a la que asistió la presidenta Claudia Sheinbaum–. Además del interés de seguridad nacional que tienen las élites estadunidenses, es claro que la fracción del capital que está detrás de esta Estrategia es el capital financiero, y también el capital tecnológico y el capital fósil.

En la reunión del G7 de 2025 se estableció como líneas de acción: “construir seguridad energética y acelerar la transición digital”, “fortalecer las cadenas de suministro de minerales críticos”, “impulsar la adopción de la IA en los sectores público y privado”.

La Estrategia de Seguridad Nacional muestra que la administración de Donald Trump –como en la primera vez– fortalece espacios para el capital privado que trabajará en mancuerna con los Departamentos de Estado, Guerra y Energía; la Administración de Pequeñas Empresas; la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo –previamente reestructurada por Trump en su primera administración–; el Banco de Exportación e Importación, y la Corporación Reto del Milenio.

¿Qué minerales son críticos para Estados Unidos? Para responder es necesario mirar el Servicio Geológico de aquella nación, y con ello entender la enorme dependencia mineral que tiene de una decena de países. Entre ellos China, Brasil, Rusia, México, Canadá, Sudáfrica, Alemania, Australia, India, Corea del Sur, Perú, Bolivia y, por lo menos, Chile.

Y entre los minerales de los cuales depende en un ciento por ciento destacan: arsénico, asbesto, cesio, flúor, grafito, indio, manganeso, mica, niobio, rubidio, escandio, estroncio, tantalio e itrio. Y una larga lista hasta llegar al 50 por ciento de dependencia, en donde siguen apareciendo Brasil, México, Chile, Canadá, China, India, Sudáfrica.

Fuente: USGS, Mineral Commodity Summaries, 2025.

Pensar en esa dependencia mineral, implica dos aspectos: el control de la cadena de extracción-producción-transformación y, por lo tanto, en las rutas comerciales; varias de ellas, centradas en el área geopolítica de relevancia que es el Indo-Pacífico, en el cual, Estados Unidos tiene una estrategia de seguridad desde la primera administración de Trump, con claros antecedentes de seguridad con Australia.

Por otro lado, implica pensar en las industrias que requieren este tipo de minerales. Y ahí es donde resurge el complejo militar-industrial y las manufacturas, así como la alta tecnología, particularmente centrada en los semiconductores, en los chips y en las nuevas tecnologías de energías renovables. Esta última ha sido una rama económica en la que la disputa con China es fuerte desde 2017, que comenzó la guerra comercial entre ambas potencias. Sin embargo, como sugiere Financial Times, es probable que de nuevo se establezcan relaciones comerciales para cierto tipo de chips entre ambos países, pese a la continuidad de conflictos geopolíticos con China por semiconductores, el sector automotriz, militar y, desde luego, el factor Taiwán.

Por último, están la energía e infraestructura. La Estrategia de Seguridad Nacional destaca que se tiene que construir una “infraestructura energética escalable y resiliente, invertir en el acceso a minerales críticos y fortalecer las redes de cibercomunicaciones existentes y futuras que aprovechen al máximo el potencial de cifrado y seguridad de EU”.

En su primera administración, Trump estableció la Iniciativa para la Gobernanza de los Recursos Energéticos –en 2019– y la Red Limpia –en 2020–, para dejar fuera de la infraestructura 5G a empresas chinas. En 2025, la ESN retoma esta línea para fortalecer la presencia del sector privado en América Latina. Establece una continuidad entre las últimas cuatro administraciones de Estados Unidos en las cuales, como sugiere la doctora Rocío Vargas, hay una geoestrategia de reposicionamiento hegemónico a partir de la energía, en la que se estructuran una serie de estrategias de largo plazo.

Como se dio cuenta meses atrás, al revisar los cien días de Trump, algunas de esas estrategias son: Conectando Américas 2022, establecida desde 2012; Estrategia de Protección Energética con Europa; Estrategia EU-Caribe 2020; Cooperación Atlántica 2024, y estrategia del AUKUS, que protege las principales rutas marítimas por donde circulan varias mercancías estratégicas, entre ellas petróleo y gas.

Por lo anterior, es sumamente relevante considerar las acciones de Trump en el Caribe contra Venezuela, que posee las mayores reservas de petróleo y gas del mundo; pero también la relevancia energética de Brasil y, en menor medida, de Colombia y México. En gas desde luego está el mega-yacimiento de gas no convencional de Argentina, Vaca Muerta. Por eso América Latina está en el centro de disputa internacional, porque no hay otra región con los recursos estratégicos.

FOTO: WHITE HOUSE

Pero, además, porque estamos ya frente a una crisis energética: quedan los remanentes de petróleo y gas en el mundo. Terminaron las eras de los grandes pozos petroleros y los costos bajos por barril de petróleo, y ahora hay señales de que Estados Unidos, que se convirtió en el principal productor de petróleo y gas, está llegando a su peak oil. Además, es uno de los principales consumidores de petróleo, y requiere disponer de manera segura de crudo y gas para abastecer su economía y su industria.

Dos datos más: Estados Unidos es el principal país con infraestructura energética y con gasoductos en el mundo. En segundo lugar, es muy importante indicar que México es el principal socio comercial y principal mercado: representamos el 30 por ciento de las exportaciones de gas, según datos de la Administración de Información Energética del vecino país del norte. Dicho gas representó para nuestro país cubrir el 74 por ciento de la demanda nacional en 2024. Gas que se usa principalmente como energético primario para abastecer el sistema eléctrico nacional.

Por ello, estamos frente a una carrera contra el tiempo para fortalecer no sólo la soberanía energética, sino la seguridad energética que implica por lo menos pensar en asequibilidad, accesibilidad económica, resiliencia, disponibilidad física, sea infraestructura y suministro. En ese contexto, hay que reconocer la relevancia del fortalecimiento de Pemex y CFE, empresas que fueron chatarrizadas en el periodo neoliberal y que aun conservan disposiciones en contra como parte del T-MEC, que necesariamente se tendrán que revisar en la actualización del tratado, en función de las reformas a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales.

Y en cuanto a infraestructura, nos retrotrae a 2019 a la Ley BUILD, que fue promovida por Trump para expulsar a empresas de otros continentes de la región, básicamente chinas, pero también otras asiáticas. La ley BUILD pretendió “modernizar capacidades estadunidenses de financiamiento para el desarrollo”, y la institución elegida para ello fue ni más ni menos que la Corporación Internacional de Financiamiento para el Desarrollo (OPIC). Por eso, veremos distintos proyectos de la OPIC en áreas de infraestructura, energía y minería.

En 2021, el gobierno de Joe Biden publicó la “Iniciativa Reconstruyamos un mundo mejor” (B3W). Pretendió fortalecer la presencia multilateral de Estados Unidos con organismos del G-7, la OTAN y otros como el BID, para frenar el avance de China y Rusia en proyectos de infraestructura, comercio y poder militar.

FOTO: WHITE HOUSE

Ahora, Trump en la Estrategia de Seguridad Nacional menciona que los acuerdos con países que “dependen de nosotros” –México, entre ellos, y varios caribeños y latinoamericanos– deben tener contratos de proveedor único para nuestras empresas y “hacer todo lo posible para expulsar a las empresas extranjeras que construyen infraestructura en la región”. Claramente van contra empresas de China, Rusia, incluso en menor medida algunas europeas.

De ese tamaño es la negociación del T-MEC a la que se enfrenta la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿Estarían negociando la posibilidad de asignarle contratos “de proveedor único” a empresas estadunidenses en el marco del T-MEC? Eso quedará claro en este 2026. También sabremos si el gobierno estadunidense logra establecer ese objetivo en los países con los que tiene acuerdos comerciales, entre ellos México, Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana. Y la posibilidad de que llegue el tratado comercial con Argentina y quizá Ecuador.

En otra ocasión se analizarán las ventas militares, otro elemento de interés estadunidense que ha dado muestras de poder, por ejemplo, con Argentina, que compró aviones obsoletos en millones de dólares. Pero países como Colombia y México han reducido sus compras a empresas estadunidenses.

En el caso de nuestro país, como quedó de manifiesto por el ahora Departamento de Guerra en plena pandemia en 2020: los impactos más graves para el Departamento de Defensa de los cierres industriales relacionados con Covid-19 a nivel nacional se encuentran en la cadena de suministro de aviación, la construcción naval y el lanzamiento de pequeños espacios […] en una conferencia de prensa del Pentágono, Ellen M Lord dijo que a nivel internacional, varios focos de cierres de bases industriales están afectando al Departamento de Defensa, particularmente en México”.

Debe quedar claro el lugar estratégico que tiene México en el complejo militar industrial estadunidense, así como del capital financiero, otro de los elementos de poder que destaca la nueva ESN 2025.

De Monroe a Trump

Hace dos años en la UNAM, se efectuó un seminario internacional que derivó en la publicación de un libro que llega en un momento relevante: De Monroe a Trump. Del expansionismo estadounidense temprano al imperialismo tardío, coordinado por el doctor José Guadalupe Gandarilla. El texto cuenta con nueve capítulos que dan cuenta justamente de lo contrario a lo que titulan varios rotativos a nivel latinoamericano: la Doctrina Monroe nunca se fue y está más viva que nunca, pese a administraciones demócratas y republicanas. Desde luego, la pregunta lógica es: ¿si nunca se fue, siempre ha sido la misma o han habido cambios?

Como apuntan Silvina Romano, Tamara Lajtman y Marcelo Maisonnave, hay una novedad central: “disminuye la importancia asignada a Oriente Medio y deja de colocar a China como la amenaza principal. La mala noticia es que desplaza su foco hacia el Hemisferio Occidental [América Latina y el Caribe], retomando de manera explícita las premisas de la Doctrina Monroe y del Corolario Roosevelt”.

De ese calibre es el imperialismo recargado y, de manera dialéctica, de esa dimensión es el declive hegemónico en el que, a punta de presencia militar, con sanciones económicas, poder suave ejercido mediante alianzas con grupos de derecha y títeres políticos, intenta controlar lo que, en teoría, iba a ser el nuevo siglo americano. Lo anterior se sintetiza en la frase que viene en la propia Estrategia de Seguridad Nacional 2025: “los tiempos en que Estados Unidos apuntalaba el orden mundial como Atlas han terminado”.

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