En septiembre de 2025, la Corte Suprema de los Estados Unidos accedió a que los agentes de inmigración consideraran la raza, etnia e idioma como factores de sospecha sobre la situación migratoria de una persona. Con ese permiso, no solo llevaron a cabo las detenciones sino una serie de violaciones a derechos humanos que implicó casos extremos de violencia física.
Ante este panorama, donde el color de la piel, el tipo de cabello, rasgos físicos particulares y el idioma se convirtieron en criterios de sospecha, miles de mujeres fueron expuestas a una forma de vigilancia basada en estereotipos raciales y de género. Fueron criminalizadas por mostrar su identidad a través de la moda por autoridades migratorias para determinar quién debe irse del país. Esto fue lo que motivó a Dulce Flores y Angie Portillo a crear el movimiento Ponte Your Moños.
De acuerdo con su sitio web, el movimiento es una iniciativa comunitaria y de activismo cultural en California, Los Ángeles como una respuesta pacífica a las redadas migratorias de ICE en 2025. Su nombre es un juego de palabras que al español se traduce «ponte tus moños», coloquialmente en México se usa para referirse a alguien que se pone exigente o quisquilloso; sin embargo, para el movimiento representa literalmente colocarse moños tradicionales para mostrar con orgullo la identidad latina.

La dinámica de Ponte Your Moños consiste en tejer tranzas tradicionales con listones y moños coloridos, incluso algunos peinados la combinación de colores hace alusión a la bandera mexicana. Muchos tipos de trenzados hacen referencia a las comunidades indígenas mexicanas y en peinados festivos con cintas como los que se realizan en celebraciones familiares. Más allá de un peinado, para el movimiento las trenzas se han convertido en un símbolo de orgullo cultural y presencia comunitaria.
Para Ponte Your Moños, la moda no es un adorno, sino un territorio de disputa política. Parte de la premisa de que, para mujeres latinas, migrantes e indocumentadas, el cuerpo, el cabello y la vestimenta fueron históricamente vigilados, racializados y usados como marcadores de pertenecía o exclusión. En este contexto, las trenzas y los moños no son accesorios, sino que están cargados de memoria, identidad y resistencia.
Las mujeres migrantes en Los Ángeles, resisten frente al trumpismo – cimacnoticias.com.mx
«Trenzar es resistir. Es entrelazar nostalgia, memoria y amor en cada hebra. Porque antes de ser estilo, las trenzas fueron escudo. Trenzarse a una misma, o a otra, es un acto de amor que te devuelve a ti. A lo que eres. A lo que fuiste. A lo que ninguna moda podrá quitarte» señalan Ponte Your Moños en una publicación de su cuenta de Instagram.
Ponte Your Moños también ha organizado eventos comunitarios y campañas en redes sociales para compartir los peinados a través de redes sociales. Además de su dimensión simbólica, el movimiento tiene un propósito: recaudar recursos para apoyar a las familias afectadas por redadas, detenciones y procesos de deportación. Las integrantes organizan encuentros públicos, eventos comunitarios y jornadas de trenzado donde reciben donaciones voluntarias. Estos fondos se destinan a cubrir necesidades básicas de personas que, debido al miedo de ser detenidas, han visto limitadas sus posibilidades de trabajar.

Las deportaciones masivas en Estados Unidos se consolidaron como uno de los ejes centrales de la política migratoria de Donald Trump desde el inicio de su segundo mandato en enero de 2025. A través de una serie de órdenes ejecutivas, su administración impulsó la suspensión de programas e implementación de medidas para frenar el paso migratorio y expulsar a la comunidad de inmigrantes que ya habitaba el país, incluso contando con permisos legales.
En junio de 2025, comenzaron las redadas en la ciudad de Los Ángeles junto con el despliegue de 6 mil elementos de la Guardia Nacional y 700 Marinos en las calles ante las protestas masivas. Pronto, personas y familias completas fueron deportadas mientras realizaban cualquier actividad en el espacio público y privado como hacer las compras, ir al trabajo, viajar en el auto o permanecer en sus hogares.
Ante la ausencia de datos y registros por parte del gobierno estadounidense, el medio independiente ProPublica documentó al menos 170 detenciones durante redadas o protestas ocurrida durante los primeros nueve meses de la segunda gestión de Trump. De estos, al menos 20 personas permanecieron más de un día sin poder llamar a sus familiares o pedir defensa legal y 130 se dirigieron contra personas funcionarias y aquellas acusadas de obstaculizar a las autoridades migratorias.
En este mes, la ciudadana Renee Nicole Good fue asesinada en Mineápolis, Estados Unidos, por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) luego de una redada migratoria. Aunque, por lo general, cuando se trata de personas ciudadanas estadounidenses, son liberarados después del arresto, la violencia ejercida contra la comunidad migrante, especialmente mujeres, se profundiza por su condición de migrantes y género.
Históricamente, el sistema patriarcal ha provocado que las mujeres sufran violencia de matera diferenciara debido al factor de género. A esto se suma que, por su situación de movilidad, en búsqueda de mejores oportunidades, sea otro elemento determinante para que sufra dicha violencia durante su trayecto. La violencia proviene de agentes criminales y de las propias autoridades encargados de su protección, siendo que enfrentan distintos tipos de violencia.
Lorena Cano, coordinadora de la clínica Jurídica, Instituto para las Mujeres en la Migración, AC (IMUMI), documentó que entre 2021 y 2022 se contabilizaron 5 mil 382 delitos cometidos contra personas migrantes en Estados Unidos, y el 20 por ciento fueron contra mujeres. Los delitos más frecuentes fueron el abuso sexual, la violencia familiar, el secuestro y el feminicidio.
Del total de delitos, solo 116 resultaron con una sentencia definitiva, aunque no necesariamente condenatoria, es decir, el acceso a la justicia apenas tuvo una efectividad del 2 por ciento. Algunos delitos son cometidos por las propias autoridades, tanto federales como estatales. Por lo que, en casi ningún escenario, la justicia y la reparación del daño se ha hecho efectiva para las migrantes.


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