3/29/2026

¿De verdad hay que estar con Cuba?

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

¿De verdad hay que estar con Cuba?

Hoy hay que estar con Cuba igual que en el mundo antiguo había que estar con Atenas y no con Jerjes, el emperador despótico de los persas. Si Jerjes hubiera derrotado a los atenienses, sin duda se habrían fortalecido en Grecia las facciones favorables a depender del poder imperial. Con el apoyo del emperador de los persas, las oligarquías locales se habrían hecho con el poder sostenidas desde fuera y asfixiando la naciente democracia.

Un demócrata no tiene por qué idealizar a Atenas, pero sí reconocer que, frente a Jerjes, defendía algo políticamente decisivo: que la ley nace de la comunidad y no de la imposición imperial y que después de las batallas de Salamina, de Maratón y de Platea, los que remaban también pasaron a ser ciudadanos y no solamente los que se podían pagar el escudo y la espada. De manera que los que defienden a la ciudad, son la ciudad. No toda la gente de Atenas era ciudadana -faltaban los esclavos, las mujeres, los migrantes- pero los ciudadanos gobernaban su ciudad y eran iguales ante la ley y podían defender sus intereses personalmente en el ágora, mientras que Jerjes defendía que un rey tenía derecho, porque así lo decía su Estrategia de seguridad Nacional, a gobernar sobre pueblos sometidos. ¿Nos suena?

Hay que estar con Cuba igual que había que estar con la II República española y no con Franco, como hicieron Francia e Inglaterra con su negativa a mandar armas a la República. Franco se ayudó del apoyo militar de Hitler y Mussolini para dar el golpe contra el Frente Popular que había ganado las elecciones de 1936. Claro que la II República cometió errores, le faltó determinación, infravaloró los peligros, no dio armas al pueblo cuando llegaron las noticias del levantamiento, pero políticos como el socialista León Blum, que en el momento del golpe franquista era Presidente de Francia ni más ni menos que con un Frente Popular, se dejó, cobarde, arrastrar por los conservadores ingleses, dominar por el miedo y llamó prudencia a una neutralidad que le situó del lado de los agresores. Blum subestimó que España era el primer gran campo de batalla contra el fascismo europeo. El “apaciguamiento” de la bestia fascista -quiso explicarse a sí mismo-, buscaba evitar una guerra continental, pero esa falsa prudencia facilitó justo lo contrario: permitió a Hitler y Mussolini intervenir en España como antesala para luego invadir Francia y bombardear Inglaterra, probar armas. Una vez que el fascismo y el nazismo cobraron confianza al comprobar que Francia y Gran Bretaña no iban a plantar cara, tomaron la decisión de lanzarse contra ellos una vez que Franco derrotó a los republicanos. ¿Nos suena?

Hoy a que estar con Cuba igual que había que había que estar con el Vietcong y con la lucha vietnamita porque aquella guerra no era, ni mucho menos, una defensa de la “libertad” por parte de Estados Unidos, sino la intervención de una gran potencia para impedir que un pueblo colonizado decidiera por sí mismo su destino. Había que estar con Vietnam porque venía de resistir primero al colonialismo francés y después a la tutela estadounidense y porque para millones de vietnamitas, la continuidad histórica era clara. El Vietcong, con todos sus límites, encarnaba esa resistencia popular, campesina y anticolonial frente a un poder extranjero que sostenía gobiernos dependientes, corruptos y sin legitimidad suficiente en amplias capas de la población rural.

Había que estar con Vietnam porque EU no tiene el más mínimo derecho a presentarse como parte moralmente superior cuando libró la guerra mediante bombardeos masivos, destrucción sistemática del campo, armas químicas como el napalm y el Agente Naranja, y una doctrina de contrainsurgencia que trató a la población civil como terreno de castigo. La cuestión central para la izquierda no era idealizar al Vietcong, sino entender la asimetría fundamental: un pueblo pobre luchando por la unificación, la soberanía y la emancipación social frente a la maquinaria militar más poderosa del mundo, empeñada en mantener un orden geopolítico favorable a sus intereses. Por coherencia democrática, la solidaridad debía estar del lado vietnamita porque, pese a los cientos de películas, en esa guerra el agresor imperial era Estados Unidos y el campo de la resistencia era Vietnam.

Hay que estar con Cuba igual que había que estar en 1976 con los que iban a ser los 30 mil desaparecidos bajo la dictadura de la Junta Militar argentina que hoy ensalza Javier Milei como Presidente de Argentina. Porque estar con la Junta Militar era estar con los centros clandestinos de tortura donde se negó cualquier humanidad a trabajadores, estudiantes, docentes, profesionales, periodistas, artistas, religiosos, sindicalistas, militantes políticos y sociales, y también personas vinculadas a organizaciones armadas, junto con familiares, parejas, amigos o gente capturada por asociación, delación o simple arbitrariedad represiva. Estar con las madres y abuelas de mayo es estar con la dignidad, mientras que estar enfrente era estar con los que hicieron desaparecer, después de torturarlo, sedarlos y, con frecuencia, darles la extremaunción por parte de algún sacerdote que también iba en los aviones, lanzándolos en los vuelos de la muerte al mar de la plata, por supuesto con la autorización de EU. Militancia política y social, mundo del trabajo, juventud estudiantil, y también una minoría de combatientes armados frente a asesinos, dentro de un universo mucho más amplio de víctimas civiles del terrorismo de Estado.

Hay que estar con Cuba y no con EU porque estar con Cuba es estar por la educación y la salud gratuitas, no sólo para los cubanos, sino también para todos los países que han recibido a los médicos cubanos, sus medicinas o sus vacunas durante la COVID, mientras que EU lo que ha mandado en los últimos 90 años han sido bombas, golpes de Estado, tiranías, dictaduras y miedo.

Hay que estar con Cuba más allá del bombardeo durante medio siglo sobre su sistema político, porque su manera de entender la democracia y su forma de consultar al pueblo las decisiones políticas es diferente al de las democracias liberales. Cierto. Pero ¿es peor que, por ejemplo, el Senado de EU constituido sólo por millonarios que compran campañas electorales o que están marcados por otros millonarios que se compran medios de comunicación como hizo Elon Musk con Twitter o Jeff Bezos con el New York Times, o que están guiados por lobbies de millonarios como el judío que ha llevado al país a una guerra contra Irán?

Hay que estar hoy con Cuba porque los millones de latinoamericanos que sueñan con irse a trabajar a EU, abandonando sus patrias, lo hacen porque precisamente EU, en connivencia con las élites de sus propios países, han arruinado sus economías y han sofocado la democracia y lo han hecho ahuyentando el sueño de que América Latina podía ser soberana como lo ha sido Cuba desde que en 1959 entraron los barbudos con Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Celia Sánchez, Haydée Santamaría y el Che Guevara.

Hay que estar con Cuba porque es la prueba de que en la resistencia a todo un imperio durante décadas y décadas está la dignidad que da sentido a la vida, no con perspectivas de martirio, sino como prueba de que la política, cuando está guiada por los más altos ideales, la termina cantando Carlos Puebla o Víctor Jara o Mercedes Sosa o Pablo Milanés o Silvio Rodríguez. Mientras que ¿quién va a hacerle una canción de respeto a Donald Trump?

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