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8/02/2026

¿Sirve todavía la democracia en nuestros países?

Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Las democracias liberales no estaban pensadas para que gobernara la izquierda. Cuando eso empezó a pasar, las élites dijeron: esta democracia ya no nos sirve". 

¿Sirve todavía la democracia en nuestros países? Por Juan Carlos Monedero

Desde El Universal de México se pide a la Presidenta Claudia Sheinbaum que deje de emitir La Mañanera. Lo pide un medio que acumula al menos una mentira intolerable por semana, es decir, que hace de la información una mercancía -recordemos la falsa entrevista a Monsiváis o la falsa reunión de Harfuch y Obrador- y que maltrata, por tanto, a la audiencia mintiéndola. A este diario le molesta que el gobierno pueda dar cuenta de lo que está haciendo. A La Mañanera van periodistas que adversan al gobierno de Morena y sus aliados. A los medios en México les molesta no tener el monopolio de lo que se habla y del marco desde el que se interpreta lo que se habla.

En el extremo opuesto, Javier Milei acaba de presentar una Ley para poder expulsar de Argentina a cualquier extranjero que, según su criterio, hable mal de Argentina. Ahí, supongo, entra también decir que la selección de fútbol no jugó bien en el Mundial o que Milei fue un cretino al pedir que expulsaran a Cucurella cuando le dijo que le habían dado un cabezazo en los dientes a un jugador español y el astro argentino mintió diciendo que se había tapado la boca para insultarlo. Nadie tiene nada contra Argentina salvo el Presidente Milei y la gente que se está robando el país y convirtiéndolo en el hazmerreír del mundo con sus payasadas. Argentina es mucho más que su selección de fútbol y que su Presidente, el que, por cierto, en una reunión de juristas les ha dicho que lo relevante no es la Ley sino el Antiguo Testamento. Con esta ley, Milei terminará encarcelando a los argentinos que critiquen al gobierno. Y, por cierto, con esta Ley, a Milei no le debieran dejar entrar ni en Brasil ni en España donde ha ido a insultar a sus presidentes y a sus votantes.

En Inglaterra y en España se está deteniendo a gente que apoya a la causa del pueblo palestino porque EU ha declarado terrorista a la organización Palestine Action. En el documento Cuba: capital del terrorismo mundial, Marco Rubio ha dicho que prácticamente cualquier persona de izquierdas es terrorista. De ahí a proscribir a las fuerzas políticas de izquierda en América Latina hay un paso. Que, por supuesto, apoyarán los Salinas Pliego, Maria Eugenia Campos, "Alito" Moreno en México, así como toda la derecha en cada uno de nuestros países. En España, VOX ya ha amenazado varias veces con prohibir partidos políticos cuando gobierne.

Eso no quita para que el Secretario de Estado de EU, Marco Rubio, haya mandado sus "más cordiales saludos a Su Majestad el Rey Mohammed VI y al pueblo de Marruecos con motivo del aniversario de la ascensión de Su Majestad al trono", insistiendo en que "EU y Marruecos han mantenido la amistad más antigua de la historia de Estados Unidos", y subrayando su "reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental" y enfatizando "el papel fundamental" de Marruecos en los Acuerdos Abraham con Israel. Justo cuando miles de jóvenes marroquíes están cruzando a nado para llegar a la ciudad españolas de Ceuta porque consideran que en su país no tienen la más mínima posibilidad de prosperar.

En Ecuador, el Presidente Noboa, cuya familia exportadora de bananos ha transportado barcos con fruta llenos realmente de cocaína sin consecuencias -digo sin consecuencias porque desde barcos estadounidenses no se les lanzan misiles ni las tropas especiales secuestran al Presidente por narcotraficante-, está proscribiendo a todos los partidos de la izquierda ecuatoriana, a los alcaldes de la izquierda y a los políticos de izquierda a los que no han sido capaces de derrotar en las urnas. El correísmo, esto es, la corriente política inaugurada por Rafael Correa y expresada en el partido Revolución Ciudadana tiene hoy al expresidente exiliado en Bélgica, al Vicepresidente Jorge Glas en la cárcel y al partido proscrito.

La nueva presidenta del Perú, Keiko Fujimori, hija del genocida condenado por crímenes de lesa humanidad, Alberto Fujimori, le ha entregado al ejército, como primera medida en su gobierno -que ganó por apenas medio punto y gracias al voto en el extranjero gestionado en los consulados por los EU-, el control de la situación en el país.

En Colombia, Abelardo de la Espriella, el abogado de gánsters y narcos que, igualmente, ha sido proclamado Presidente con acusaciones de fraude y la probada injerencia de los EU en las elecciones, quiere posesionarse como Presidente en un cuartel militar y no en la sede del Congreso de la República, como siempre ha ocurrido, como una forma de decirle al país: los militares van a estar por encima de los civiles en la nueva Colombia salida del fraude electoral.

Nuestras llamadas democracias, en verdad son “gobiernos representativos”. No participamos de manera directa en la gestión de los asuntos colectivos y menos aún de nuestros asuntos, sino que autorizamos a los que van a representarnos en el parlamento y en el Ejecutivo. Para que estos gobiernos representativos funcionen hay dos requisitos: una esfera pública, donde la ciudadanía sepa si autorizar o desautorizar, de manera que pueda funcionar la alternancia, y una división de poderes donde los jueces realmente apliquen la Ley de manera universal, sin diferencias ni presiones. La esfera pública está podrida porque un multimillonario como Musk se compra Twitter, otro como el de Amazon, Bezos, se compra el Washington Post, un fondo de inversión se compra El País. Y así. Y de los jueces, qué decir. En México tuvieron que hacer una reforma constitucional que le dé al pueblo la capacidad de elegir a los jueces al haberse dedicado durante el sexenio de López Obrador a frenar las leyes que pretendían hacer cumplir el programa electoral con el que ganó la Presidencia.

Y los jueces están encerrando a los líderes de la izquierda, proscribiendo partidos, amenazando a cualquier disidencia de terrorista... Las democracias liberales no estaban pensadas para que gobernara la izquierda. Y cuando eso empezó a pasar, en América Latina con el cambio de siglo y en Europa a partir de la crisis de Lehman Brothers en 2007, las élites dijeron: esta democracia ya no nos sirve.

La derecha se ha hecho nihilista. Es decir, una derecha que asume esta idea de la filosofía que dice que la vida no tiene un sentido real, que nada es seguro y que las reglas de la moral o de la religión no sirven. De hecho, la palabra viene del latín nihil, que quiere decir nada. Traducido al mexicano, es un “me vale madres” o, como se dice en España, me importa todo una mierda. Salvo, claro, mis intereses particulares. 

España está ardiendo por los cuatro costados, y la derecha nihilista dice que no existe el calentamiento global, pese a que los científicos dicen que con temperaturas de más de 40º es más fácil que el monte arda, aunque no estemos acostumbrados. De hecho, la derecha nihilista niega la ciencia. En EU está aumentando espectacularmente el sarampión, porque estos enemigos de la ciencia dicen que las vacunas no sirven para nada. Y, por supuesto, sustituyen a los científicos por influencers que, cuando opinan de cosas que no saben -es decir, cada vez que opinan- terminan perjudicando a la gente que les escucha.

Con la derecha nihilista es casi imposible hablar. Y por eso, hay que regresar a hablar al pueblo, como hacen los evangelistas de la prosperidad, aunque es verdad que ellos lo hacen porque ganan dinero con eso. La izquierda debe regresar a las calles, organizar la política de una manera plural, tanto a la interna, con partidos movimiento, como a la externa, con frentes amplios, que es una manera de asumir que ya ningún partido va a ser capaz de representar a toda la población. Humildad en la organización y esperanza en la política, como una forma de pelear en tiempos que cada vez son más feos pero que son los que nos han tocado.

Pesimistas esperanzados para estar alertas de los muchos peligros pero no paralizarnos en la resignación. La línea del tiempo no es una flecha, como decían los que inventaron la idea de progreso. Se parece más a una espiral ascendente, donde en lapsos de tiempo puedes estar debajo de la anterior espiral pero en la subida llegarás a una posición de mayor emancipación. Ahora estamos en la parte baja de la espiral. Y toca ir preparando el ascenso donde habrá mayor consciencia ecológica, mayor igualdad de género, de raza, un mundo multipolar y más pacífico. Aunque en el corto plazo la noche sea hegemónica. Es momento, pues, de saber, que detrás de cualquier noche siempre amanece.

7/26/2026

Consulta aquí si estás en la lista de terroristas de los EU

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"EU avanza en su cruzada fascista y el mundo sigue mirando esperan un milagro o deseando que lo que está viviendo sea mentira".

Consulta aquí si estás en la lista de terroristas de los EEUU. Por Juan Carlos Monedero

Uno ve la lista de los considerados terroristas internacionales que cita el documento del Departamento de Estado de Marco Rubio y, obviamente, con esa definición, faltan unos cuantos nombres. Me sé de unos cuantos que deben de estar rabiando por no estar en esa lista. Pero no demos ideas. Porque este gobierno de Donald Trump parece una cuerda de payasos, pero están matando a mucha gente por todo el planeta.

Dicen que terroristas… ¿Saben cómo empezó la democracia en Grecia? Pues con la abolición de la esclavitud por deudas, que emancipó a amplios sectores de la población esclavizada y se convirtieron en ciudadanos, en iguales. El otro gran paso fue una reforma agraria, que permitió el acceso a ella limitando los latifundios. En ambos casos, los ricos perdieron una pequeña parte de su riqueza y empezaron a conspirar para tumbar la democracia. Por defender cosas como estas -que no haya esclavitud, que la gente reciba el fruto de su trabajo, que la tierra y el agua sea para todos y también para las generaciones futuras, que no haya jerarquías que subordinen por cuestiones de raza, de género, de clase, que no haya guerras, que la policía no ejerza la violencia desproporcionada contra los seres humanos, incluso asesinándoles, que se controle la riqueza y la tecnología para ponerlos al servicio de toda la sociedad, el gobierno de los EU dice que somos terroristas.

Cualquier observador inteligente ve una escalada en las agresiones de los EU. En Honduras, en Colombia, en México, en Irán, en Venezuela y, todo parece, en Cuba. Las agresiones no van a parar, porque ese comportamiento es como el de un yonqui: cada vez necesitas más dosis. Las agresiones contra países a los que se califica de narcotraficantes -lo hace el Presidente que indultó, previo pago, al expresidente hondureño Luis Orlando Hernández, condenado a 45 años por tráfico de cocaína-

Hasta que te quieran parar los pies y, entonces, estaremos en guerra.

“Cree el ladrón que todos son de su condición”, ha dicho el Presidente cubano Díaz-Canel refiriéndose a Marco Rubio, una persona vinculada a redes familiares de narcotráfico que quiere, siguiendo la estela de enriquecimiento de Donald Trump, hacer su fortuna personal invadiendo la isla de Cuba igual que han hecho con la invasión de Venezuela y el robo de su petróleo, oro, coltán, etc. Hay, en la mejor tradición del Oeste americano, una banda de forajidos que asalta a las poblaciones de la zona robándoles sus bienes, matando a los que protestan y colocando a personas que institucionalicen el robo para hacer lo más sencillo. Digamos que la novedad es que los cuatreros no se hacían propaganda a sí mismos. Sabían que eran ladrones y no les preocupaba que les llamaran ladrones.

Dijeron que Irak era un peligro, que allí había armas de destrucción masiva. Era mentira. Sólo querían quedarse con el petróleo. Obama dijo que Venezuela era de un extraordinario peligro para los EU. Preparó el camino para que Trump secuestrara a Nicolás Maduro y estableciera un protectorado que les permite robarse el petróleo del país. Todo lo del cártel de los soles era mentira. Querían el petróleo. Ahora señalan a Cuba y, dice Marco Rubio, a una supuesta internacional terrorista que dirige una isla que no tiene ni luz eléctrica.

En un encuentro con 66 países Marco Rubio está intentando volver a crear una histeria anticomunistas como la de McCarthy en los años 50, cuando el partido republicano llevaba cuatro elecciones perdidas y decidió inventarse que había comunistas por todos lados. O el Plan Cóndor, bajo mandado de Nixon y Gerald Ford y siempre con el colmillo de Kissinger, con el que querían terminar con todos aquellos que no pudieron matar con las dictaduras en el Cono Sur en los 70. Con la diferencia de que hoy ya no existe la URSS, las Internacionales de izquierda apenas funcionan y no hay ningún peligro comunista por ningún lado.

Pero esto ya no es ni contra Cuba, porque saben que está desplomada por un cerco medieval que no le deja ni alimentarse ni alumbrarse (cómo para estar financiando operaciones terroristas en el mundo), sino contra toda la izquierda mundial y, especialmente, contra la izquierda norteamericana e, incluso, contra el Partido Demócrata. EU avanza en su cruzada fascista y el mundo sigue mirando esperan un milagro o deseando que lo que está viviendo sea mentira. Pero no es mentira y ahí están los muertos en Gaza, los muertos en Irán, los muertos en Líbano, los muertos por el ICE recordándonos que cuando el fascismo regreso con todo, no será porque no hemos tenido señales de que estaba regresando.

Los comienzos de la democracia en Grecia tocaron el bolsillo de las élites. Y por eso las élites, entre ellos Sócrates, siempre estuvieron en contra de la democracia por los mismos argumentos que ha esgrimido Marco Rubio dos mil años después en su arenga contra la izquierda: resentidos, sucios, feos -a esta gente con sueños aristocráticos, desde la Antigüedad, el pueblo siempre le ha parecido poco elegante, desarreglado, mugriento y repulsivo-:

“Pueden llamarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”. Y de paso se inventa sabotajes que atribuye a la izquierda (¡Pero dónde!) que son los que ellos hacen por el mundo: “atacan oleoductos y gasoductos; ferrocarriles; redes eléctricas y laboratorios; y los símbolos físicos y tangibles del poder y la invención”. Cuidado con hacer un grafiti en un MacDonald, terroristas.

Como lo de Cuba no hay por dónde agarrarlo, el gobierno de Trump, que se queja de una supuesta interferencia china y rusa, que por supuesto no demuestra, en los procesos políticos norteamericanos, al tiempo que ofrece dinero a los grupos de derecha y de extrema derecha europeos que trabajen para defender los intereses de los EU. En la expresión de Marco Rubio, esos buenos españoles, alemanes, mexicanos, argentinos que estén en sintonía con los ideales trumpistas del movimiento MAGA (Make America Great Again) y que combatan la supuesta “censura” contra las fuerzas de derecha -de la que no hay tampoco pruebas, cosa que sí ocurre con, por ejemplo, los que defienden a Palestina- y, en definitiva, dedique sus esfuerzos a desarrollar “vínculos civilizatorios” entre los Estados Unidos de Trump, Europa y, para eso está el Escudo de las Américas, la región latinoamericana. Lo que debiera bastar para que todos los países de la Unión Europea cerrasen las embajadas de los EU.

El documento “Cuba: la capital comunista del siglo XXI” hubiera merecido un suspenso si lo hubiera presentado un alumno de primero de Ciencias Políticas. No solamente porque es evidente que lo han hecho con Inteligencia Artificial -suspenso por tramposo, Marco Rubio- sino porque rompe el principio científico de que las cosas hay que probarlas y el discursivo de que las ideas deben ser lógicas y no incurrir en flagrantes contradicciones.

EU, el país de las invasiones por todo el mundo, del apoyo a golpes de Estado en América Latina, en África, en Oriente Medio, de la colaboración en el asesinato de 30 mil argentinos, de cuatro mil chilenos, de un millón de indonesios, culpable del asesinato de decenas de miles de indios americanos, de tres millones de vietnamitas, de miles de filipinos, de miles de panameños, el único país que ha usado bombas atómicas asesinando a cientos de miles de personas en Hiroshima y Nagasaki dice que Cuba es un enorme peligro para los intereses norteamericanos.

La única verdad la dijo Rubio cuando afirmó: “Aún hoy, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza seria se considera una fantasía febril de la derecha o, peor aún, una peligrosa conspiración fascista. Así lo perciben muchos sectores de la prensa, del ámbito académico y universitario, así como muchas de nuestras instituciones tradicionales”.

Y tienes toda la razón Marco Rubio: sois una cuerda de fascistas que matáis con el único objetivo de ganar dinero y, en algunos casos, cumplir vuestros delirios lunáticos de recuperar la gloria familiar que tuvisteis gracias a la esclavitud o el apartheid o acallar las voces que os hablan desde vuestra demencia y que confundís con llamados divinos. Se os ha olvidado, fascistas, que la regla de oro de las religiones es no le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.

Y tú, amable lector que has llegado hasta aquí, también estás en esa lista de terroristas, aunque no citen tu nombre, porque la solidaridad, la compasión y la empatía, ya bastan a la administración Trump y los que les apoyan en nuestros países, para ser considerados terroristas.

7/19/2026

Los muertos por el ICE no verán el Mundial

Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"No nos olvidemos de la gente que no podrá ver el Mundial porque les han asesinado. Como a los 17 mexicanos, a los colombianos".

Los muertos por el ICE no verán el Mundial. Por Juan Carlos Monedero

El ICE ha asesinado a 17 mexicanos en sus redadas y detenciones en EU. Uno podría pensar que un hecho así cometido por un país extranjero contra compatriotas debiera suscitar una respuesta unánime de todas las fuerzas políticas de un país. Pero no es así, porque para la derecha, para el PRI y el PAN, pesa más atacar al gobierno de izquierda y congraciarse con Donald Trump que defender la dignidad de sus connacionales. Y es curioso porque esta gente dice que va con la Selección Nacional de su país pero desprecian a la propia gente de su país. Les pasa como con la interrupción voluntaria del embarazo: están en contra, pero luego les da lo mismo que los niños trabajen, se mueran de hambre, no tengan medicinas o no puedan ir a la escuela.

El ICE ha asesinado a un colombiano en su carro delante de su hija de tres años y el ultraderechista y abogado de narcos Presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, no ha dicho nada, no se sabe si porque también tiene la nacionalidad estadounidense o porque no criticar a Trump es más importante que defender a su gente. Hizo la campaña electoral vistiendo la camiseta de la selección nacional de Colombia. La derecha española hace exactamente lo mismo. Y uno no sabe si hoy Milei irá con la Selección Argentina o con los ingleses.

El ICE mata a tu compatriota para que tú tengas miedo. Igual que Netanyahu ha masacrado a los palestinos para que todos los árabes estén asustados de que les pueda pasar lo mismo. Abelardo de la Espriella, el Presidente fake de Colombia quiere tomar posesión no en el Congreso, como dice la Constitución, sino en una cuartel, como un adelanto de un Presidente, abogado de narcos, que confía más en los fusiles y las balas que en los votos y las leyes. En España acaban de condenar al hermano del Presidente Pedro Sánchez por una plaza en un conservatorio de música. La sentencia dice que “No queda acreditado que la plaza se creara a petición de este último o de persona del entorno del beneficiario" ni para "favorecer a Pérez-Castejón por su relación de parentesco con quien era una figura política señera y futuro Secretario General del PSOE". Es decir, que en España, los jueces pueden condenar a alguien sin pruebas. Ya pasó con la gente de Podemos y con los independentistas, pero el PSOE en aquel momento miró para otro lado. Nadie debe mirar para otro lado cuando hay una injusticia, porque es probable que regrese como un boomerang y entonces te golpee.

Visto cómo se las gasta el ICE con los inmigrantes, alguno habrá que piense que al final tenemos suerte de que no nos pase nada. Claro, si miramos lo que les ha pasado a los palestinos, podemos estar contentos de que no nos bombardeen en nuestra casa y nos maten junto a nuestros familiares. Hay muchos periodistas a los que les pagan para que piensen así. O, por lo menos, que escriban así.

Siempre los castigos tienen un poso disciplinador. Para que nadie vuelva a hacerlo. Por eso, cuando los castigados reinciden en la desobediencia, se convierten en algo realmente peligroso para las élites. Porque indica que no tienen miedo. Por eso siguen disparando contra Andrés Manuel López Obrador, contra el "Che" Guevara, contra Chávez, hasta contra la Unión Soviética y los comunistas, que ni existen, y contra cualquiera que en la política, en el periodismo, en la academia entiendan que les molestan. Porque si no les molestas, te dejan en paz.

Vengo observando que el Mundial de fútbol no deja solamente ruido por su enorme mercantilización, por el precio de las entradas, por las injerencias políticas, por el uso del VAR o de la hipócrita “pausa para hidratación” que sólo sirve para darle más espacio a los anuncios y comerciales. Me parece más preocupante que el peor efecto de este Mundial de fútbol sea la división entre los latinoamericanos. Las simpatías en el continente se han ido hacia las selecciones africanas e, incluso, a favor de los noruegos o de algún pequeño país centroeuropeo antes que apoyar a los que, en algún momento, se veían como “hermanos latinoamericanos”. Lo que unen los terremotos, el Papa Francisco y la izquierda, al final lo separa un Mundial.

Es muy difícil que la política quede fuera del Mundial, cuando un tipo como Infantino, el presidente de la FIFA, ha hecho todo lo que estaba en su mano para que lo que no fuera mercantil fuera político, por ejemplo inventarse un premio para entregárselo a Donald Trump o quitarle una tarjeta roja a un futbolista gringo previa reclamación del Presidente norteamericano. No es la “politización” del fútbol -los que hemos jugado desde pequeños al fútbol en el barrio sabemos que el fútbol claro que también es política- sino la conversión de algo tan grande como la competición de selecciones nacionales del mundo en un entramado turbio, mercantil, interesado, vulgar y cobarde donde pesan más las apuestas en línea por internet que la pasión de defender los colores del país, uno de los consuelos que tenemos los humanos para dotarnos de una identidad que nos ayude a burlar la muerte, siempre que no convirtamos el fútbol en un sucedáneo de la guerra.

Si hay política, hay conspiración. Igual que Trump ha injerido recientemente en las campañas electorales en Honduras y Colombia, no hay que descartar que, visto el poco lustre de la selecciones gringa, haya hecho mañas para ayudar a alguna selección de algún país donde su Presidente esté especialmente inclinado ante su figura. Poder, pues puede haberlo hecho, pero luego Infantino tendría que haber presionado a los árbitros para que ayudaran, lo que va haciéndose más complicado. Y esto no significa creer que, como los jueces, el de los árbitros sea el ramo profesional más honesto del planeta. Es verdad que algunos comportamientos arbitrales parecen un chiste, pero para afirmar que ha habido corrupción, debieran pronunciarse las autoridades correspondientes. Conspiraciones las justas.

Hablando de chistes, los comentarios sarcásticos y los memes son inevitables, porque la situación en el mundo es grave pero no es seria. Cuando alguien dice que si Argentina ganase el Mundial igual Milei y Messi le entregaban las medallas a Donald Trump como hiciera María Corina Machado con el Nobel, pues están sembrando en tierra abonada. En América Latina demasiada gente no ha querido que gane Argentina y eso es un desastre. Porque costó mucho que el continente creara la UNASUR y la CELAC, y esas integraciones regionales necesitan emociones. Pero claro, es que es el Presidente de ese país, Milei, el que dice que las Malvinas son inglesas.

Y luego están las grandes figuras. Messi, un jugador espectacular, no es Maradona, porque con Maradona vibraban aficionados y no aficionados de todo el mundo, dentro y fuera de la cancha, mientras que con Messi, especialmente después de su flirteo con Trump, sólo se vibra cuando hace magia con las piernas. Maradona humilló a los ingleses de las Malvinas con aquel gol con la mano –“que se jodan”, se escuchó en todo el país- mientras que Messi humilló a todas las víctimas de Gaza al simpatizar con alguien que ha apoyado un genocidio y que persigue y mata latinos con el ICE.

Claro que hay política en el fútbol. El expresidente de España, Mariano Rajoy, ha insultado a Francia y a los franceses con dos únicos objetivo: acercarse cada vez más a la extrema derecha -algo que ocurre en todo el mundo- y generar dificultades al gobierno de Pedro Sánchez. Es decir, para la derecha española, como para la latinoamericana, es más importante ganar el gobierno que favorecer al país. Su supremacismo lo enmascaran en la Patria, pero es personal. Porque, como le comentaba Mussolini a su amante en su última etapa o lo expresó Hitler al final de la guerra, desprecian en el fondo a sus propios pueblos.

De manera muy chusca, muy vulgar, el expresidente español, Mariano Rajoy, del Partido Popular ha afirmado que los jugadores de la selección francesa “no son franceses”. El argumento no es que no hayan nacido en Francia -sólo tres no han nacido en el país- sino que son negros y árabes, y sus antepasados no pelearon al lado de Juana de Arco. Vamos, que son africanos y árabes. Ya no es sólo negar que esos jugadores están en la selección porque Francia ha sido una potencia colonial -lo que, tarde o temprano, genera mestizaje-, sino que regresa a una concepción de nacionalidad que es más propia del fascismo, el nazismo, el colaboracionismo y el franquismo, que busca arios, de piel blanca, con ideología supremacista para ver buenos ciudadanos. Pero son tan idiotas que ni siquiera saben que Alexandre Dumas, el inmortal francés autor de Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo, era hijo de un general negro y nieto de una negra esclava antillana.

La religión debe estar separada del Estado para que no vayamos hacia atrás en la consecución de derechos. Los que quieran hacer religión debieran irse a los templos y dejar los parlamentos. Pero eso no va a pasar, así que los defensores del laicismo vamos a tener mucho trabajo. En la misma dirección, no hay que convertir el fútbol en una disputa política, pero tampoco seamos ingenuos y pensemos que, como la propia vida, puede estar al margen de lo que nos pasa. Ayuda más Francisco que Juan Pablo II y Maradona que Messi. Y no nos olvidemos de la gente que no podrá ver el Mundial porque les han asesinado. Como a los 17 mexicanos, a los colombianos, a tanto inmigrante legal o sin papeles. O a Mohammed al-Wahidi, un destacado trabajador humanitario y director de relaciones públicas del comité egipcio en Gaza, que organizó las pantallas allí para que se pudieran ver los partidos. Israel lo ha asesinado.

Y, mientras tanto, que gane el mejor.

7/12/2026

Colombia y el mundo: ¿qué sigue?

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Nunca la izquierda ha tenido tanta fuerza en Colombia, al tiempo que no sé si habrá enfrentado un reto del tamaño que tiene por delante".

Colombia y el mundo: ¿qué sigue? Por Juan Carlos Monedero

Cada vez es más evidente que la derecha global hace todo tipo de trampas para ganar las elecciones, un contrato o el Mundial de futbol, justificar las agresiones dentro y fuera de sus países y prometer desgracias a quienes no se plieguen a los mandatos de estas fuerzas políticas que cada vez más se deslizan hacia lo que hemos conocido históricamente como “fascismo”. Todo cometido por los Estados Unidos (EU) de Donald Trump o bajo su tutela, que igual hace que le quiten una tarjeta roja a un jugador norteamericano en el Mundial que secuestra al Presidente de Venezuela, bombardea Irán porque el lobby judío creyó que era una buena idea o interviene en las elecciones de otros países para tergiversar la voluntad popular. En la cumbre de la OTAN ha vuelto a amenazar a España y una oficina de inteligencia norteamericana mandó a España información sustraída de un celular de un venezolano con la intención de perjudicar al expresidente español Rodríguez Zapatero. No porque lo que haya hecho Zapatero sea diferente de lo que han hecho los expresidentes Aznar o Felipe González, sino porque Zapatero ha demostrado comprensión con las izquierdas latinoamericanas.

En Colombia, las autoridades electorales han señalado como ganador de las elecciones a un empresario y abogado que ha consagrado su vida a defender a paramilitares, a narcos y a delincuentes internacionales.

El Presidente Petro y el bloque del Pacto Histórico han desconocido el resultado de las elecciones en Colombia sobre la base de pruebas que se están consignando en la Fiscalía, en el Consejo de Estado y también ante la justicia norteamericana. Eso no quita que Petro se ha comprometido a entregar el poder el 7 de agosto, cuando termina su mandato. Se reconoce la legalidad de De la Espriella, pero no su legitimidad.

No es común que la izquierda desconozca un resultado electoral. Es algo más propio de la derecha, como se ve con Donald Trump que sigue insistiendo -sin pruebas que le den la razón- que le robaron las elecciones que ganó Joe Biden. Esas reclamaciones desde la izquierda no suelen tener éxito porque el sistema judicial siempre está escorado en todos los países a la derecha (quizá con la salvedad de Italia en su lucha contra la mafia y la corrupción de la democracia cristiana y de Silvio Berlusconi). En todos los países, a los votantes de centro, que no suelen tener una mirada crítica ni sobre el Poder Judicial ni sobre los sistemas electorales, no les gusta que se cuestione el resultado electoral que brindan las instituciones. Ni siquiera cuando hay evidencia de que se han hecho trampas. Los votantes de centro es más fácil que protesten contra la izquierda que contra la derecha o las instituciones.

Todo indica que a López Obrador le robaron las elecciones en 2006 en un sonado fraude electoral, y en 2012 con trampas que el sistema permitió y toleró. Pese a constatarse las corruptelas, el veredicto no se varió, y el PRI y luego el PAN se beneficiaron de esas trampas. En 2028 Lula da Silva fue encarcelado con una falsa acusación de corrupción. Tras 580 días en la cárcel, el Tribunal Supremo anuló sus casos, dictaminando que el Juez Sergio Moro no tenía jurisdicción y actuó de forma parcial (recordemos que Bolsonaro lo nombró Ministro de Justicia e Interior), lo que permitió a Lula recuperar todos sus derechos políticos. Pero Bolsonaro ya era el Presidente y eso no tuvo marcha atrás. En España, al partido Podemos lo acusaron dos semanas antes de las elecciones, con una factura falsa hecha con Photoshop, de haber cobrado 272 mil dólares de Venezuela. Fue multiplicado por los medios aún sabiendo que era falso -caso de televisión La Sexta- lo que provocó un enorme retroceso electoral. Luego se demostró que la factura era falsa, pero nadie restituyó el daño. Y estamos hablando de decisiones que influyen en quién va a gobernar un país. Petro, que es el Presidente de Colombia hasta el 7 de agosto, ha desconocido el resultado tras la constatación de multitud de fraudes y ha llamado a un proceso de desobediencia civil.

¿Tenía otra opción Petro cuando, además de las evidencias, desde las filas del abelardismo se le estaba prometiendo revancha contra él, su familia y todos los que se atrevieron a protagonizar el primer gobierno de izquierdas de la historia de Colombia? ¿Tiene alternativa el Pacto Histórico cuando las primeras medidas prometidas de De la Espriella es la renovación del paramilitarismo que generó en un genocidio en Colombia? La derecha colombiana necesita ruido y furia para ocultar sus enormes debilidades.

La victoria de Abelardo de la Espriella, como va a ocurrir con todas las elecciones en las que intervenga Trump, está llena de desconfianzas y prevenciones. Y dificulta la paz social. Cuando gana las elecciones una fuerza política que empezó mal la carrera electoral, con sospechas de fraude en las firmas necesarias para legalizar la presentación; cuando gana las elecciones, no por sus propios méritos, sino con el apoyo de EU, es decir, de un país extranjero del que el candidato, además, tiene la nacionalidad; cuando la victoria la logra, para más inri, con una costosísima campaña sucia basada en Inteligencia Artificial y en granjas de bots situadas en otros países, y con el uso de algoritmos que tergiversan el resultado; cuando se verifica la compra masiva de votos, y se evidencia la intervención, junto a Donald Trump, de empresarios y gobiernos de otros países que han brindado dinero y tecnología para hacer trampas; si además resulta que esa fuerza política bajo sospecha, una vez que gana las elecciones decide desde el Ejecutivo -quitándole su jurisdicción al Poder Judicial- ir contra el Presidente saliente con la intención de aniquilar a la oposición, en un ánimo claro de revancha, intentando clausurar la posibilidad de que la izquierda -y los demócratas- nunca vuelva a ganar en Colombia, y olvidando que ha ganado por menos de un punto de distancia, siendo además quien lo anuncia Carlos Alonso Lucio, el responsable del “empalme” (esto es, el traslado de poderes), un estafador y prófugo de la justicia devenido pastor evangélico, la verdad es que le están poniendo muy difícil a esos 12 millones 750 mil colombianas y colombianos que votaron por Iván Cepeda y Aída Quilcué aceptar unas reglas del juego que se están quebrando de una manera tan burda.

Antes de que el traspaso de poderes se consume, los paramilitares seguidores de De la Espriella están atacando a campesinos que habían recuperado sus tierras, se está amenazando a los profesores críticos, así como a los defensores del proceso de paz, se pretende crear de nuevo un cuerpo de paramilitares para hacer labores de policía (el llamado “Bloque de Defensa de la Seguridad Urbana”) y, como ejemplo del comportamiento execrable, están acosando a la madre y al padre del Presidente Gustavo Petro, gente humilde de 83 y 92 años respectivamente, a los que la Policía, para colmo, no defiende de esos energúmenos. Lo que, a su vez, demuestra que la petición de “justicia” de Carlos Alonso Lucio no tiene ninguna voluntad de tal, porque no solamente no persigue los delitos que se pueden haber cometido en su espacio ideológico, sino que demuestra con esta persecución a ancianos que lo que buscan es, como era propio del fascismo del siglo pasado, sembrar el terror e intentar disciplinar con el miedo.

Creo que, pese a todo, es muy inteligente la petición de Iván Cepeda de abrir un proceso de desobediencia civil -que por su propia definición es pacífica- ante la quiebra de la Constitución que promete Abelardo de la Espriella, de la misma manera que la petición del Presidente Gustavo Petro de no caer en provocaciones y no responder con nada que no sean los tribunales, las redes sociales, las calles y la comunicación ciudadana allá donde esté cada uno de esos 12.7 millones de colombianos que votaron conscientemente para no perder ni la legalidad constitucional ni la paz ni la soberanía.

El grupo de De la Espriella no destaca por su finura intelectual. Cuando se ha planteado crear desde el Pacto Histórico un shadow cabinet al estilo inglés, es decir, que el Pacto Histórico nombre un equipo que haga seguimiento de los ministros del gobierno -como si fueran unos ministros espejo, que es lo que expresa la idea de un gobierno en la sombra- para realizar una oposición más eficaz, han creído que se trataba de un gobierno paralelo que desconocía al que nombre el Presidente ultraderechista. En la misma línea, no han entendido nada de lo que significa la desobediencia civil, que es un concepto muy desarrollado del derecho constitucional que tiene tres principios. Primero, que lo que reclamas no es particular, sino que lo reclamas para toda tu sociedad; en segundo lugar, y esto es esencial es pacífico. ¿Por qué? Porque la desobediencia civil es algo pensado para los sistemas democráticos que tienen la legitimidad del grueso de la población. Por eso, la violencia se vería como terrorismo. Y en tercer lugar, la desobediencia civil asume las consecuencias de los actos. Es precisamente en la asunción de un castigo a todas luces injusto donde puede crecer la conciencia ciudadana.

Este concepto tiene una prehistoria con Platón. En su diálogo Critón, narra cómo los amigos de Sócrates sobornan a sus carceleros y le ofrecen huir la noche antes de que le vayan a obligar a beber cicuta. Es ahí donde Sócrates argumenta que las leyes son las que le han hecho quien es, de manera que aunque la sentencia sea injusta, debe cumplirla porque ha vivido toda su vida beneficiándose del orden de la ciudad, y romper ese pacto tácito sería una traición mayor que la propia muerte. Se trataba, por tanto, de desafiar públicamente el veredicto sin huir de él, aceptando la pena como parte del propio acto político, que es justo el germen de la "asunción de responsabilidad" que, junto a la reclamación de asuntos que sean universalizables -no se desobedece civilmente para un asunto personal- y la exigencia de la que la reclamación no sea violente, configuran los tres requisitos de la desobediencia civil. Es Habermas quien, más de dos siglos después, le pone marco institucional a todo esto, moderando las posiciones de autores anteriores como Thomas Paine.

Habermas, como una persona de orden, entiende que la desobediencia civil no es una anomalía peligrosa, sino que es parte legítima de la cultura política de una democracia madura, una apelación pública a los principios de legitimidad que la propia Constitución dice defender y, por tanto, un mecanismo mediante el cual el sistema se somete a su propia autocorrección cuando los canales formales de decisión han fracasado a la hora de representar el sentido compartido de justicia. No es raro que un filósofo como Iván Cepeda haya recurrido a este concepto.

Ya hemos dicho que el bloque que ha votado por De la Espriella, a diferencia del que ha votado por Cepeda, no está cohesionado. Es una amalgama sin coser de voto comprado, voto asustado y voto engañado junto con el voto consciente del paramilitarismo, del uribismo, del anarcocapitalismo al estilo Milei, de conservadores tradicionales y de sectores a los que ya les sobra la democracia. ¿Qué es lo único que podría cohesionarles? La violencia por parte del bloque de Cepeda. Lo que, a su vez, justificaría la violencia por parte del nuevo gobierno. De manera que lo inteligente es mantenerse en la legalidad, denunciar las violaciones de los derechos humanos; por supuesto, resistir la violencia -repito, sin permitir que justifiquen la represión- y organizar de manera consistente el bloque de los 12.7 millones de Iván Cepeda para que quede evidente la correlación de fuerzas.

En Colombia, después de la toma de posesión de De la Espriella, habrá tres “poderes” en la oposición. Uno lo organizará el numeroso grupo parlamentario del Pacto Histórico, amplio, bien preparado, con experiencia y liderado con alguien de enorme valía y reconocimiento como Iván Cepeda, acompañado de un gran equipo (Quilcué, Carolina Corcho, y el resto de senadores y diputados) y que ejercerá desde su espacio institucional tanto el desarrollo de su programa como la desobediencia civil a la quiebra de la Constitución y las leyes por parte del abelardismo.

Otro, para mí más relevante, lo tiene que organizar el Pacto Histórico articulándose como un partido-movimiento (no como un partido de vanguardia ni un partido vertical y jerárquico), que actúe como nave nodriza junto a las fuerzas progresistas que no quieran incorporarse al Pacto Histórico. En la organización del partido-movimiento están todas las personas que no tienen cargo institucional y quienes entienden su tarea en lo orgánico. Deben organizar los territorios, debe poner en marcha de manera democrática las elecciones regionales y municipales, debe organizar la defensa jurídica de la ciudadanía que ejerza la desobediencia civil, y debe ser el recipiente donde el vapor político de los 12.7 millones se acumule para poder producir transformaciones. No debe ser en modo alguno correa de transmisión del bloque parlamentario, sino que tiene que ir creando una cultura política democrática donde sea el partido, después de una profunda deliberación, quien marque el rumbo y al que se sometan los cargos de elección popular. Y no tiene por qué estar siempre de acuerdo con el bloque parlamentario -aunque conviene que así sea-. Por ejemplo, el partido puede tener en su agenda el proceso constituyente y no así el bloque parlamentario. O lo puede tener el Pacto Histórico y no los partidos con los que construir algo más amplio que funcione como un frente.

El tercero, que tiene connotaciones obvias propias del Ejecutivo, será lo que haga Gustavo Petro como actor político de enorme relevancia. Si el abelardismo cree que van a poder silenciarlo, se equivocan, igual que se equivocan si piensan que van a poder procesarlo con ánimo de revancha sin que el grueso de los 12.7 millones, entonces sí, se pongan en pacífico pie de guerra.

Nunca la izquierda ha tenido tanta fuerza en Colombia, al tiempo que no sé si en algún momento habrá enfrentado un reto del tamaño que tiene por delante y que amenaza con desmantelar la democracia y sustituirla por una dictadura de corte fascista autorizada por EU. El aparato jurídico colombiano es sólido y no se desmantela de manera tan sencilla. A Trump, gran valedor de De la Espriella y del jugador Balogun, sancionado con tarjeta roja, le crecen los problemas y es muy fácil que, si el Pacto Histórico no comete errores, pronto haya desencantados con el abelardismo que se sumarán a las filas de los que reclaman la democracia en Colombia. Al final, cuando se constate la realidad, en el abelardismo quedarán los realmente abelardistas: paramilitares, uribistas, violentos, empresarios sin escrúpulos, egoístas, gente sin escrúpulos, los pusilánimes que siguen viendo fantasmas en la izquierda y, como en todos los países, ese puñado de indiferentes a los que en la Divina Comedia condenaron a vagar eternamente en el limbo picados por avispas.

7/05/2026

Marxismo para pobres. ¿Malos tiempos para la izquierda?

Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Identificar el dolor social y convertirlo en conciencia. La conciencia sabe quién es el causante y no echa la culpa a quien no la tiene".

Marxismo para pobres. ¿Malos tiempos para la izquierda?

En Europa, en concreto en España, aguanta Pedro Sánchez, con cada vez más dificultades y, sobre todo, más que por lo que hace por sus discusiones con Donald Trump. También están Dinamarca y Malta, países pequeños. Considerar de izquierdas al partido laborista inglés es un exceso. Hay algunas pequeñas victorias, como en la Alcaldía de Graz, la segunda ciudad más grande de Austria, pero el mapa europeo está lleno de banderas de la extrema derecha.

En América Latina resisten -digo resisten porque les atacan constantemente- México, Brasil, Uruguay con Yamandú Orsi y Guatemala con Bernardo Arévalo. El resto da susto. Como se está repitiendo en las redes: un acusado de pederastia en EU, un abogado de mafiosos en Colombia, un Presidente con una familia vinculada al narco en Ecuador, la hija de un genocida en Perú, un psicópata en El Salvador, el hijo de un nazi en Chile, un demente que no siempre se medica en Argentina…

Dice Boaventura de Sousa Santos que por izquierda debemos entender “toda resistencia colectiva -yo añadiría, o individual- organizada contra la injusticia social, la desigualdad y la discriminación causadas por las principales formas de dominación de la era moderna: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado”.

La resistencia está complicada. No solamente por leyes mordaza que silencian con multas, porras y gases las manifestaciones, marchas y protestas; también por la creciente represión; por la estigmatización social de la protesta en medios y redes; por la pérdida de gobiernos progresistas. Y no en último lugar, porque la ciudadanía está debilitando su conciencia crítica. Está comprando el marco neoliberal que dice que no hay alternativa y está perdiendo de vista que su enemigo no es su compañero de trabajo, ni el que es más pobre que él ni el inmigrante ni el sindicalista, el “zurdo”, el de izquierdas, la feminista, las mujeres en general o las personas de otra raza o etnia que reclaman su lugar en la sociedad.

Estos decenios de neoliberalismo nos han ido hurtando la capacidad de imaginar mundos alternativos, nos han convencido de que no hay sociedad para todos y que, por tanto, hay que pelear por recursos escasos. Una sociedad Mad Max. Cuando la educación, la sanidad, el transporte, el trabajo, la vivienda se van volviendo artículos de lujo, la sociedad neoliberal nos pone a luchar a todos contra todos, nos hace protagonistas involuntarios de Los juegos del hambre y nos lleva a votar a rudos, a canallas, a gente sin escrúpulos que nos autorizan también a nosotros a comportarnos como capataces en una plantación de esclavos. Por eso Dios debe ser cada vez más complaciente con nuestros deseos y menos exigente con cualquier compromiso.

Ya la democracia liberal nos había engañado diciéndonos que todos somos iguales. Una gran mentira. Es verdad que el voto de un rico se cuenta igual que el voto de un trabajador pobre. Pero la capacidad de influencia de uno y otro no se pueden comparar. Si con el voto autorizamos a los políticos, unos autorizan más que otros.
Es evidente que los intereses y deseos de los ricos se cumplen con más facilidad que los de los pobres. Si hablamos en lenguaje marxista clásico, la voluntad de la burguesía como clase se aplica con más frecuencia que la voluntad de la clase trabajadora. Tampoco es tan extraño. Cuando los ricos quieren algo, ponen sus recursos en funcionamiento para que eso salga adelante. Saben, además, que el dinero que inviertan lo van a recuperar o, por lo menos, les va a ayudar a reducir pérdidas.

Por supuesto, lo que quieren siempre es funcional al mantenimiento de su statu quo. Los ricos no van a poner a los partidos políticos en los que invierten, a los medios de comunicación que controlan, a los bots que costean, a los intelectuales que están en nómina, a las universidades que financian, a los religiosos que subvencionan, a los clubes de futbol que patrocinan, a los jueces que pagan, a los militares y policías que ensalzan, y a todo el entramado que llamamos “sociedad civil”, para que les perjudiquen económicamente. Por eso, que haya en nuestras sociedades con mucho dinero daña a la democracia; que haya gente con intereses económicos que sea dueña de medios de comunicación, daña a la democracia; que las empresas puedan financiar a los partidos políticos, daña a la democracia; que las empresas se inmiscuyan en las universidades, daña a la democracia; que el dinero decida los galardones, los premios Nobel, las distinciones y reconocimientos, daña a la democracia.

Si los trabajadores necesitan algo, sólo pueden recurrir a los sindicatos. Los sindicatos, a su vez, a la presión de sus delegados, a protestas parciales, quizá a hablar con algún medio progresista que no reciba publicidad de esa empresa, a una huelga en su fábrica o en el lugar de trabajo; a, llegado el caso, una huelga general. Todo con cada vez mayores dificultades.

A la gente de dinero le basta descolgar el teléfono. Saben al abogado a quien llamar, a la consultora que participó en el proceso, al político que elabora la ley, a los medios de comunicación que construyan el marco y pongan a la opinión pública en una dirección o en otra, al Presidente de este o aquel partido, a un Ministro o al Presidente del gobierno. Incluso pueden llamar a los secretarios generales de los sindicatos, sabiendo que algunos van a ser amables a sus peticiones. Y, por supuesto, a otros empresarios, a los banqueros o a la patronal para que defiendan los intereses particulares frente a las exigencias colectivas. En muchos lugares, entonces, también a los policías y a los militares.

Este trabajo puntual, siempre viene acompañado de un trabajo diario donde van convenciendo a la población de que el pez grande tiene derecho a comerse al pez chico, de que hay jerarquías sociales, de que hay un orden social y familiar donde las mujeres, los indígenas, los negros, los inmigrantes, los hijos tienen menos derechos, que lo público funciona peor que lo privado (un paréntesis: como no tienen escrúpulos, han aprovechado los terremotos en Venezuela para disparar contra la Gran Misión Vivienda que puso en marcha Chávez y que dio techo a cinco millones de venezolanos, diciendo que se habían caído esas viviendas, cuando más del 90 por ciento de las casas derruidas han sido de construcción privada, incluido el Hotel Marriot de Playa Grande); decía que van bombardeando con su discurso contra lo colectivo, contra la solidaridad, contra lo público, contra el Estado social (no tienen problema con el gasto en policía, jueces y militares). Y, sobre todo, contra los líderes de la izquierda, a los que acosan, denuncian, juzgan, estigmatizan, tergiversan su imagen y discurso (ahora con Inteligencia Artificial), dividen ofreciendo dádivas a los menos honestos, y, al final, invalidan con la suma de todos estos asuntos junto al discurso de que todos los políticos son iguales.

Una de las herramientas más poderosas del marxismo para sacar a los trabajadores de la miseria en la que estaban en el siglo XIX (y hacia la que vuelven a caminar muchos lugares del mundo) era pensar dialécticamente. Algo que después de Marx, Lenin aplicó para poner en marcha la revolución rusa. Pensar dialécticamente debía funcionar como esas apps que enseñan a hacer taichi en una silla o a meditar adecuadamente. Sería dialéctico usar una app de Apple para superar el capitalismo o, al menos, sus efectos más dañinos sobre los países, la gente y la naturaleza.

“No existe – decía Lenin- un sólo fenómeno que no pueda en ciertas condiciones transformarse en su contrario". Todo está en movimiento. Debemos pensar en el eslabón, en la cadena entera y en una cadena más compleja que la que forja el herrero. No hay reglas matemáticas ni recetas que se puedan aplicar siempre y en todo lugar. Por eso hay que detenerse a pensar. La dialéctica nos ayuda a entender que Trump genera lo que acabe con Trump y que lo que está haciendo Claudia Sheinbaum en México -por ejemplo, ser Presidenta-, en otras circunstancias y con otros actores podría volverse en contra de las mayorías (Una presidencia enemiga del pueblo). Por eso hace falta que la gente consciente se junte en un sitio que no se aleje del pueblo, con la intención de hacer constantemente análisis concretos en situaciones concretas y poner ese asunto concreto en relación con el conjunto. Es decir, crear un partido-movimiento.

Decía Lukács interpretando a Marx y a Lenin: “aprender a encontrar lo particular en lo general y lo general en lo particular, gracias al análisis concreto de la situación concreta; a encontrar en el momento nuevo de una situación lo que la vincula al proceso anterior y en las leyes del proceso histórico lo nuevo que va surgiendo una y otra vez; a encontrar en el todo la parte y en la parte el todo; a encontrar en la necesidad de la evolución el momento de la acción eficaz y en el hecho, la vinculación con la necesidad del proceso histórico”.

Si cualquier fenómeno puede transformarse en su contrario bajo ciertas condiciones, la tarea política es doble. Por un lado, identificar las condiciones bajo las cuales la contradicción interna de lo existente puede producir su inversión emancipatoria (es el gran reto en México, por ejemplo, con la seguridad, que debe solventarse para dar respuesta a una reclamación urgente, pero que no de paso a una política y a unos políticos autoritarios). También vigilar permanentemente las condiciones bajo las cuales lo que nos tiene que hacer libres no puede invertirse y convertirse en opresión.

Identificar el dolor social y convertirlo en conciencia. La conciencia sabe quién es el causante del dolor y, por tanto, no echa la culpa a quien no la tiene. Leer el momento, de donde se viene, a dónde se quiere ir y a dónde se puede ir. Volver a pensar colectivamente. Y salir de la trampa del pensamiento para pobres. Porque el que sabe las causas de sus dolores sociales, sabe que siempre son colectivos y, por tanto, se vuelve inmensamente rico en la voluntad de superarlo.

6/28/2026

Trump: acorralar a Sheinbaum y Lula

Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Lo que dijo Trump en diciembre de 2025 es que no iba a permitir gobiernos en América Latina que no se subordinaran a intereses de EU".

Trump: acorralar a Sheinbaum y Lula. Por Juan Carlos Monedero

Las amenazas de Trump, si no se frenan, si sus bravuconadas no encuentran enfrente capacidad de decir “no”, al final se cumplen. Después de la victoria de un abogado de gángsters y narcos en Colombia, el gobierno de Brasil y el de México están hoy un poco más acorralados. Si Lula Da Silva y Claudia Sheinbaum no resisten esta nueva forma de imperialismo que utiliza bombas, algoritmos, aranceles y dólares, sobre América Latina caerá una noche tan oscura como la de la conquista hace cinco siglos.

“Dos modos de escuchar revela el anciano:
Si pegas tu oreja a la tierra quizá escuches la canción del mar
O el rugir de los ejércitos que avanzan al naufragio”

Así dice Carlos Satizábal en su libro La llama inclinada, un libro de esperanza tras el genocidio que vivió Colombia. Nos dice que hay que escuchar bien las voces.

Otro pensador, Sánchez Ferlosio, dijo: “Cuando la flecha está en el arco, tiene que salir”, o de otra manera, lo que está preparado, se sirve, y no caben ingenuidades.

Donald Trump escribió hace seis meses su “corolario” en la Estrategia de Seguridad Nacional. En ese texto, que es una declaración de guerra al mundo, dice:
“Reclutaremos a nuestros amigos de larga data en el hemisferio para controlar la migración, poner fin al tráfico de drogas y reforzar la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevas alianzas, al tiempo que reforzamos el atractivo de nuestra propia nación como socio económico y de seguridad preferido en el hemisferio.

La política de reclutamiento de Estados Unidos debería centrarse en los líderes regionales capaces de contribuir a crear una estabilidad aceptable en la región, incluso más allá de sus fronteras. Estas naciones nos ayudarían, en particular, a poner fin a la migración ilegal y desestabilizadora, a neutralizar los cárteles, a deslocalizar la producción y a desarrollar las economías privadas locales. Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que se alineen en gran medida con nuestros principios y nuestra estrategia.”

Dice más cosas, pero son mentira, como que van a respetar la soberanía de otros países. No. Lo que dijo Trump en diciembre de 2025, hace apenas seis meses, es que no iba a permitir gobiernos en América Latina que no se subordinaran a los intereses de los EU. Eso es el Escudo de las Américas: un club donde Calígula dicta las reglas y los senadores nombran Senador al caballo de Calígula, diga lo que diga el pueblo que es quien les nombró senadores.

Abelardo de la Espriella, el candidato de Donald Trump, ha ganado de la manera más apretada en treinta años en la segunda vuelta en Colombia. Este abogado, un perfecto desconocido elevado a la presidencia a través de una millonaria campaña electoral de corte norteamericano, ha sacado 12 millones 959 mil votos, el 49.6 por ciento, frente a los 12 mil 708 mil votos de Iván Cepeda, el 48,7 por ciento, con una alta participación, del 63.6 por ciento.

Después del primer gobierno de la izquierda en la historia de Colombia, el “Corolario Trump a la Doctrina Monroe, he vuelto a obtener resultados como ya vimos en Honduras. La injerencia norteamericana ha vuelto a decidir la presidencia de un país latinoamericano. No se trata de los pucherazos clásicos, metiendo votos en las urnas o manipulando el software, cosas que también se han hecho pero que al estar sometidas a mayor vigilancia ha resultado más complicado aplicar.

Ese fraude ha tenido cuatro rubros. Uno, el más numeroso, la compra de votos. Han entrado en Colombia cantidades ingentes de dólares para comprar votos, algo permitido por EU que, cuando quiere, no presta atención al blanqueo de capitales. Otro fraude lo han protagonizado los empresarios que han amenazado a sus trabajadores con el despido si no votaban por De la Espriella. La democracia liberal no se preocupa de formar a los ciudadanos y las amenazas de los empresarios, igual que la compra del voto, forman parte de la forma natural de entender la política que necesita tiempo para ser desterrada.

Un tercer fraude, muy preocupante, es el uso de bots y de inteligencia artificial para mandar mensajes personalizados a los celulares de los votantes suplantando la imagen de Iván Cepeda. La democracia representativa se basa en la autorización y la desautorización a los políticos sobre la base de la información que se tenga de ellos en una esfera pública veraz, plural y objetiva. La IA quiebra la esfera pública, que ya estaba golpeada por las fake news. Iván Cepeda, el candidato de la izquierda, es un hombre de paz que vio de joven cómo la extrema derecha asesinaba a su padre. Desde entonces, no ha hecho otra cosa que bregar por la paz. Sin embargo, la IA lo ha vestido de guerrillero y le ha hecho decir cosas opuestas a lo que piensa. ¿Qué esfera pública se construye cuando el dinero hacer decir a los lideres políticos de la izquierda lo contrario de lo que piensan?

El cuarto fraude son los mensajes de una potencia extranjera anunciando plagas en caso de ganar la izquierda y mostrando su apoyo a uno de los candidatos. Para demostrar que iban en serio, detuvieron en EU a Beto Coral, un influencer de izquierda que llevaba diez años refugiado en EU. Hijo de un policía asesinado que había participado en la caída de Pablo Escobar, llevaba una década con los papeles en regla como solicitante de asilo. Pero Marco Rubio, el Secretario de Estado norteamericano, estableció que sus opiniones a favor de Iván Cepeda iban en contra de los intereses en política exterior de los EU. De manera que en la que presentan como la Patria de las libertades, opinar ya es un delito. Y un mensaje a toda la izquierda: si no nos apoyas a nosotros, vas a tener problemas.

Como dijo Iván Cepeda la noche de las elecciones, Colombia está dividida electoralmente en dos bloques. Por eso llamó al diálogo, fuera quien fuera el ganador, mientras que De la Espriella ha invitado a los líderes de la izquierda a hacer las maletas y salir del país, en una Colombia donde la extrema derecha acostumbra a asesinar a los líderes de la izquierda. Decirle a un líder de la izquierda en Colombia: haz las maletas es sinónimo de “estás en una lista y te vamos a matar”. Ya lo hicieron con la Unión Patriótica, asesinando a más de seis mil miembros de ese partido en un genocidio dirigido desde el Estado.

El bloque de los 13 millones que han votado por De la Espriella no es consistente ni tiene conciencia. Son votos comprados, votos de gente a la que se le ha sembrado el miedo, votos engañados (que pronto verán que ninguna de las propuestas sociales de De la Espriella se cumplen), junto a votos de paramilitares, narcos, sectores empresariales y de personas, esas sí, consistentes con el ideario de la extrema derecha. La asociación de financieros de Colombia ya ha exigido una reforma que exima de pagar impuestos a los más ricos, de manera que se subirán los impuestos a los pobres y a las clases medias y se tendrán que poner en marcha políticas de ajuste que golpearán a las mayorías. Las cifras del gobierno de Gustavo Petro en inflación, precio del dólar, precio de los carburantes, empleo, matrícula universitaria, pensiones a los adultos mayores, reducción de la pobreza, ausencia de conflictividad social, ausencia de represión policial o militar son las mejores en su historia. En un año se va a ver el retroceso.

El bloque de los 13 millones de Cepeda son más conscientes y más consistentes. No son 13 millones votos de la izquierda (y se equivocaría el Pacto Histórico, el partido de Gustavo Petro si los considerara así), pero son votos comprometidos con la Constitución, con la paz, con las mejoras sociales, con la soberanía del país frente a la injerencia norteamericana. Ese bloque ya ha empezado a organizarse para defender los logros democráticos alcanzados en Colombia tanto en el gobierno de Petro los últimos cuatro años como en la década en la que se intenta construir la paz.

Como en todos los países occidentales, donde se la juega la democracia es en lograr crear un partido-movimiento vivo, democrático, plural, fresco, dialogante, capacitado, preparado, flexible, eficaz y alegre que actúe como nave nodriza de esos 13 millones y que pueda, llegado el caso, a liderar un Frente Amplio por la vida -en la expresión usada en Colombia- que dé cabida a una amplia mayoría, a un “bloque histórico” de gobierno que pueda volver a ganar al país para la democracia.

La victoria de una persona sin escrúpulos, partido, proyecto de país ni compromiso nacional -tiene la nacionalidad norteamericana y vivía en Italia- implica que es muy probable que veamos en Colombia lo que estamos viendo en otros lugares del continente. Con dinero y el apoyo de EU se pueden ganar las elecciones, pero no se puede gobernar con la misma facilidad. De manera que esas multitudes en las calles de Bolivia, Argentina o Chile se verán muy pronto en Colombia, eso si no ocurre un “estallido” social como el que se produjo durante el gobierno conservador de Iván Duque.

El gran problema de la izquierda colombiana en las elecciones, que es la ausencia de un partido-movimiento que organizara la campaña, estableciera los marcos, distribuyera recursos, organizara los territorios, estableciera la ideología, tuviera criterio sobre los grandes problemas del país, se ha empezado a resolver con la voluntad del Pacto Histórico de avanzar en su configuración como tal partido-movimiento. Que también debe ocuparse de organizar la defensa de los logros democráticos del país, así como garantizar la seguridad de las personas, grupos y sectores que se han posicionado a favor de Iván Cepeda y Aída Quilcué. La voluntad de venganza de la derecha colombiana es proverbial. Un par de días después de las elecciones, el concejal uribista de Medellín Andrés Felipe Rodríguez, el “gury”, afirmó que había que bombardear las poblaciones donde había ganado Iván Cepeda.

Hay algo que es válido para las elecciones en Brasil y en México. Lo que hace la derrota de Cepeda más lacerante es la idea generalizada de que una semana más de campaña y la victoria hubiera sido de manera evidente para su formación. Es decir, se habrían recuperado esos 250 mil votos. Lo que a su vez indica que hubo errores iniciales en la campaña que podían haberse evitado si hubiera existido un espacio de discusión que no existe cuando el liderazgo se encierra en una cámara de eco, aunque sea, como ocurre con Iván Cepeda, una cámara de eco llena de coherencia, dignidad y desprecio hacia la deriva mediática y frívola de las democracias parlamentarias. Los errores que han señalado diferentes analistas incluirían: un excesivo intelectualismos; arrogancia moral de la izquierda para con quienes no tiene la misma mirada o la misma formación política (por ejemplo el “centro”); infravaloración de la percepción de la corrupción y de la inseguridad que son esenciales en amplios sectores sociales; austeridad electoral absurda en una democracia liberal que obliga a dar a conocer las propuestas; infantilismo vestido de pureza -como lo ha llamado Víctor de Currea recordando al Lenin que criticaba al radicalismo que entendía el momento-; no sacar las conclusiones correctas de los errores de la primera vuelta; no valorar correctamente el aspiracionismo de los sectores que han salido de la pobreza y quieren seguir prosperando; la primacía dada a Bogotá por encima de los territorios y que tampoco sirvió para ganar Bogotá; o la falta de un discurso atractivo para las clases medias. La izquierda no puede cometer errores, y la vacuna para no cometerlos es que la dirección política sea coral y esté asentada en partidos-movimiento que garanticen la democracia interna, el debate y una cultura política que no paralice con debates eternos y estériles ni con intransigencias ideológicas que se olvidan del principio dialéctico propio del marxismo que obliga a hacer análisis concretos de momentos concretos que vinculan siempre lo concreto con la totalidad.

Colombia se suma al Escudo de las Américas, lo que indica que cae la noche sobre el país y un poco más sobre el continente. A De la Espriella, un candidato con el rabo de paja por blanqueo de capitales y relaciones oscuras con narcos, gángsters y personajes oscuros (fue abogado de Alex Saab), cuando le manden ladrar desde EU, ladrará. En su juramento como nacional norteamericano juró defender a los EU con las armas, llegado el caso, contra Colombia. Si fuera un candidato de izquierdas, los jueces lo habrían tumbado sólo con eso. Pero a ser de extrema derecha, le buscarán cómo evitar esa cláusula. Además, su amistad con Marco Rubio explican por qué, pese a ser señalado como bandido por grandes bandidos, no le ha pasado nada.

Pero como decimos, con trampas y dinero se ganan elecciones, pero no se gobierna. De manera que, con toda seguridad, habrá un estallido en Colombia porque hay 13 millones de colombianos y colombianas conscientes que no se van a dejar robar derechos sin protestar. El Pacto Histórico se verá obligado a articularse como un partido-movimiento. Y también hay que contar, aunque no se puede estar simplemente esperando, que la ausencia de Donald Trump, que está biológicamente más cerca de Juan Pablo II que de León XIV, dejará una orfandad política que deberá encontrar a la Colombia democrática -y al México y Brasil democráticos- organizada y con capacidad de dirección política y social. El mundo ha cambiado y habrá trumpismo después de Trump. El nuevo mundo aún no ha llegado ni se ha marchado el viejo. Pero no olvidemos que lo que más ahuyenta a los monstruos en este interregno son los pueblos conscientes y organizados.