Fernando Jiménez Mier y Terán*
Por último, me tomaré la libertad de contarle al lector el verdadero motivo por el cual me matriculé en la licenciatura de derecho en la UNAM el año 1969. Estos recuerdos los anoto hoy por primera vez, antes de que caigan en el olvido. En realidad, recuerdo bien el asunto gracias a mi madre, quien traía el tema a colación con cierta frecuencia, por haber sido partícipe y testigo directa de tan importante asunto para su hijo Fernando.
Era la UNAM una institución muy distinta a la de ahora. Casi todo estaba concentrado en Ciudad Universitaria. Se estilaba la presentación del examen de selección, pero con la salvedad de que apenas se asomaba el tema de los rechazados. Tiempos del rector Javier Barros Sierra y el pase reglamentado. No me costó trabajo pasar el examen e ingresar a la UNAM, lo difícil fue elegir la carrera. Me recuerdo pasando insistentemente las páginas de un libro, de pastas anaranjadas, que todavía conservo en mi biblioteca: Las profesiones universitarias (guía de carreras), de la autoría del Dr. Jorge Derbez (confieso que no lo entendía del todo). Acudí, además, a una sicóloga orientadora profesional, mi prima Carmen, quien me aplicó muchos test, y el resultado fue que yo servía para la mayoría de las profesiones. El cuadro, que podría parecer halagador y claro, lo viví confuso, para decir lo menos. Me falta agregar que en esa época el proceso para el primer ingreso tenía una modalidad peculiar. En cierta fecha me entregaron el machote de solicitud para ser llenado en casa, y unas semanas después regresarlo cumplimentado en alguno de los viejos edificios universitarios del centro. Llegué a casa muy satisfecho con el papel aquel, y procedí a su llenado. Todo fue fácil al principio (nombre, edad, domicilio…), pero después vino lo complicado: el señalamiento de la carrera que deseaba estudiar. Me atoré, no supe qué poner, dejé la respuesta en blanco para un mejor momento, volví al libro anaranjado y a la amplia sugerencia de la orientadora, y después, con cara de incógnita, de nuevo al papel. Mis padres, por supuesto, se enteraron de mi titubeo, pero confiaron en que decidiría lo correcto. A partir de aquel momento mamá fue la que estuvo más cerca del proceso, quizá hasta angustiada. Ella recordaba que, día a día, me preguntaba: “¿llenaste la hoja?”, “¿te decidiste, por fin?, mira, casi es la fecha”, “¿por qué dudas?”. Un buen día llegué adonde mamá, con el papel en la mano y estas palabras en la boca: “lo llené, está listo”, “ya sé que voy estudiar”. Rápido me preguntó: “¿y qué quieres estudiar?” “¿qué anotaste?” Mi respuesta fue contundente: “derecho”. A lo que mamá, sorprendida, agregó: “¿por qué derecho?”. Fue entonces que expresé: “para cambiar a México”. Mi padre, quien era abogado (con gran vocación filosófica, histórica, literaria y religiosa), fue quien infundió en mí el anhelo por la transformación radical de este lastimado país. Casi desde que inicié la licenciatura, me di cuenta que no era precisamente el derecho el mejor campo para emprender mi sueño. Pronto me di cuenta de que la transformación de México resulta muy complicada y que el derecho, por lo general es muy conservador y se resiste al cambio. Fue por ello que en algún momento reduje mi objetivo a pugnar por la transformación de la UNAM; aquello seguía siendo ambicioso, y por eso llegué a la conclusión de centrarme en la transformación, junto con el estudiantado, de un espacio mucho más cercano: la sala de clase. A veces avanzamos en el empeño y en ocasiones nos tropezamos. Tal reducción no significa de ninguna manera que yo haya claudicado de la necesidad urgente de transformar a la UNAM y a México. El país comenzó a modificarse, poco a poco, a partir del año 2018, pero la UNAM sigue dormida. ¿Hasta cuándo suspenderá, por ejemplo, el injusto examen de admisión?
Coletilla: no reniego de la importancia y utilidad del derecho, pues para transformar el trabajo en el aula, por ejemplo, se requiere conocer ciertos aspectos de la legislación universitaria que obstaculizan la práctica en la UNAM de una docencia contraria al escolasticismo y a la educación bancaria. El derecho en mi práctica universitaria ha sido fundamental.
¡Elevemos la mirada de la educación!
* Profesor en la UNAM
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