8/02/2026

Motivos para estudiar la carrera de derecho

Fernando Jiménez Mier y Terán*

Es la época del primer ingreso a la licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Titubeos, aciertos, equivocaciones, alegrías y decepciones del estudiantado. Cada cabeza orientando sus propios tanteos. En ocasión anterior, relaté el caso de aquel estudiante que por presiones familiares estudiaba la licenciatura en derecho, aunque soñaba con ser torero (17-8-25). Recuerdo otro suceso de elección de carrera que tiene que ver con la disciplina jurídica. En los primeros meses de 1975 sucedió lo siguiente. Yo era profesor de un curso de sociología en la licenciatura en derecho en la naciente ENEP Acatlán. En clase, una estudiante manifestó tener cierta dolencia, con el aviso de abandono del salón; en eso, antes de salir, otro de los participantes tomó la palabra y, con aplomo, sugirió a su compañera tomar determinado medicamento. Brotó mi curiosidad, ante una opinión que sonaba convincente, y pregunté: ¿de dónde te viene la inquietud por la medicina? La respuesta no se hizo esperar, había un interés marcado según expresó: “terminé el bachillerato en provincia y me desplacé a la capital para hacer mi examen de ingreso a la Facultad de Medicina en la UNAM, pero no conseguí siquiera que me dieran el formato de solicitud”. Era la época en que el rector Guillermo Soberón Acevedo, médico que instauró que no accediera a la Facultad de Medicina ningún estudiante, procedente de algún estado de la república en donde existiese universidad que ofertara la licenciatura en medicina. No logré convencer al joven para que buscase otras opciones de estudio de lo que tenía en mente al principio. Agregó que, ante la negativa de la solicitud de ingreso a medicina, se puso a indagar sobre alguna escuela o facultad de la UNAM a la cual poder acceder sin problema, una vez aprobado el examen de selección. Fue así como llegó a derecho en Acatlán. En realidad, puso en claro que su principal objetivo era estudiar y titularse en la UNAM. Deseo que se haya convertido en un buen abogado.

Por último, me tomaré la libertad de contarle al lector el verdadero motivo por el cual me matriculé en la licenciatura de derecho en la UNAM el año 1969. Estos recuerdos los anoto hoy por primera vez, antes de que caigan en el olvido. En realidad, recuerdo bien el asunto gracias a mi madre, quien traía el tema a colación con cierta frecuencia, por haber sido partícipe y testigo directa de tan importante asunto para su hijo Fernando.

Era la UNAM una institución muy distinta a la de ahora. Casi todo estaba concentrado en Ciudad Universitaria. Se estilaba la presentación del examen de selección, pero con la salvedad de que apenas se asomaba el tema de los rechazados. Tiempos del rector Javier Barros Sierra y el pase reglamentado. No me costó trabajo pasar el examen e ingresar a la UNAM, lo difícil fue elegir la carrera. Me recuerdo pasando insistentemente las páginas de un libro, de pastas anaranjadas, que todavía conservo en mi biblioteca: Las profesiones universitarias (guía de carreras), de la autoría del Dr. Jorge Derbez (confieso que no lo entendía del todo). Acudí, además, a una sicóloga orientadora profesional, mi prima Carmen, quien me aplicó muchos test, y el resultado fue que yo servía para la mayoría de las profesiones. El cuadro, que podría parecer halagador y claro, lo viví confuso, para decir lo menos. Me falta agregar que en esa época el proceso para el primer ingreso tenía una modalidad peculiar. En cierta fecha me entregaron el machote de solicitud para ser llenado en casa, y unas semanas después regresarlo cumplimentado en alguno de los viejos edificios universitarios del centro. Llegué a casa muy satisfecho con el papel aquel, y procedí a su llenado. Todo fue fácil al principio (nombre, edad, domicilio…), pero después vino lo complicado: el señalamiento de la carrera que deseaba estudiar. Me atoré, no supe qué poner, dejé la respuesta en blanco para un mejor momento, volví al libro anaranjado y a la amplia sugerencia de la orientadora, y después, con cara de incógnita, de nuevo al papel. Mis padres, por supuesto, se enteraron de mi titubeo, pero confiaron en que decidiría lo correcto. A partir de aquel momento mamá fue la que estuvo más cerca del proceso, quizá hasta angustiada. Ella recordaba que, día a día, me preguntaba: “¿llenaste la hoja?”, “¿te decidiste, por fin?, mira, casi es la fecha”, “¿por qué dudas?”. Un buen día llegué adonde mamá, con el papel en la mano y estas palabras en la boca: “lo llené, está listo”, “ya sé que voy estudiar”. Rápido me preguntó: “¿y qué quieres estudiar?” “¿qué anotaste?” Mi respuesta fue contundente: “derecho”. A lo que mamá, sorprendida, agregó: “¿por qué derecho?”. Fue entonces que expresé: “para cambiar a México”. Mi padre, quien era abogado (con gran vocación filosófica, histórica, literaria y religiosa), fue quien infundió en mí el anhelo por la transformación radical de este lastimado país. Casi desde que inicié la licenciatura, me di cuenta que no era precisamente el derecho el mejor campo para emprender mi sueño. Pronto me di cuenta de que la transformación de México resulta muy complicada y que el derecho, por lo general es muy conservador y se resiste al cambio. Fue por ello que en algún momento reduje mi objetivo a pugnar por la transformación de la UNAM; aquello seguía siendo ambicioso, y por eso llegué a la conclusión de centrarme en la transformación, junto con el estudiantado, de un espacio mucho más cercano: la sala de clase. A veces avanzamos en el empeño y en ocasiones nos tropezamos. Tal reducción no significa de ninguna manera que yo haya claudicado de la necesidad urgente de transformar a la UNAM y a México. El país comenzó a modificarse, poco a poco, a partir del año 2018, pero la UNAM sigue dormida. ¿Hasta cuándo suspenderá, por ejemplo, el injusto examen de admisión?

Coletilla: no reniego de la importancia y utilidad del derecho, pues para transformar el trabajo en el aula, por ejemplo, se requiere conocer ciertos aspectos de la legislación universitaria que obstaculizan la práctica en la UNAM de una docencia contraria al escolasticismo y a la educación bancaria. El derecho en mi práctica universitaria ha sido fundamental.

¡Elevemos la mirada de la educación!

* Profesor en la UNAM

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