
El gobierno de Trump impuso nuevos aranceles a decenas de países, entre ellos una quincena de América Latina. Alega que los socios no detuvieron adecuadamente el trabajo forzado. En verdad, responde al fallo de la Suprema Corte que frenó los aranceles impuestos a nivel mundial en virtud de poderes de emergencia ilegales. Las tarifas que entran en vigor oscilan entre el 10 por ciento y el 12.5 por ciento, y afectan a socios y rivales por igual, aunque los matices pesan. En el caso de Brasil, representan una sobretasa al arancel punitivo del 25 por ciento anunciado días antes. En cambio, México y Canadá podrían eludir el golpe comercial siempre y cuando cumplan con las reglas de origen del T-MEC, en continua pugna y revisión.
El motivante esencial puede ser estrictamente comercial. Los nuevos aranceles castigan a los 60 principales socios comerciales de Estados Unidos, que representan el 99.4 por ciento de las importaciones. Cabe recordar que Trump prometió cerrar los desbalances comerciales y que el resultado en 2025 fue insatisfactorio: una caída de apenas 2.1 mil millones de dólares (0.2 por ciento) del déficit total de bienes y servicios. La Casa Blanca insiste en que los aranceles son necesarios para proteger a los trabajadores estadounidenses y garantizar una competencia justa, si bien la razón—el trabajo forzado—es ambigua, aunque conveniente: la ausencia de cifras confiables incentiva la arbitrariedad de cualquier presunto avance o retroceso, en función de los intereses de Washington.
Una segunda explicación, complementaria a la causa económica, es la proximidad de la elección intermedia de noviembre. Uno de los barómetros más utilizados por los republicanos, el recopilador de RealClearPolitics, da al Presidente 41 puntos de aprobación que lo colocan a sólo cuatro puntos porcentuales del mínimo registrado en su primer mandato (2017-2021). Las encuestas coinciden en que cuatro-quintas partes del electorado atribuyen a Trump el aumento en los precios de las gasolinas. La inflación gana relevancia como tema por el ambiente laboral; desde que Trump asumió la Presidencia, las contrataciones perdieron dinamismo y la actividad económica decayó. En este escenario de rechazo a una agenda crucial para cualquier Presidente republicano, la guerra comercial de Washington al mundo gana atractivo como bandera económica residual.
En un primer momento (2025), los aranceles de Trump fueron más efectivos para frenar las inversiones fuera de Estados Unidos que para cerrar los déficits comerciales. Asia expandió el superávit a pesar del marcado declive de las exportaciones chinas. En 2025, las importaciones a Estados Unidos de China cayeron 30 por ciento mientras las exportaciones descendieron 26 por ciento, comprimiendo el desbalance favorable a China en 93 mil millones de dólares. En contraste, los envíos combinados de Taiwán, Vietnam e India se dispararon 47 por ciento para ampliar el superávit conjunto en 140 mmdd en solo un año. Por otro lado, a pesar de enfrentar aranceles efectivos más altos que Canadá, México amplió su participación de mercado en las importaciones estadounidenses. Las compras de Estados Unidos provenientes de México aumentaron un seis por ciento en 2025 frente al 2024, mientras que las importaciones desde Canadá disminuyeron un siete por ciento. Esta divergencia permitió a México consolidar en 2025 su delantera como el principal proveedor de Estados Unidos con una participación de mercado de 15.6 por ciento frente al 11.1 por ciento de Canadá y 9.0 por ciento de China.
No obstante, en lo que va del 2026 las dinámicas comerciales comienzan a validar el discurso y las acciones de Trump desde la óptica comercial. En los primeros cinco meses del año, las exportaciones de Estados Unidos crecieron 15 por ciento, mientras que las importaciones cayeron cinco por ciento. Entre los países más afectados por menores compras estadounidenses, Europa (-33 por ciento), China (-30 por ciento), Singapur (-28 por ciento), Brasil (-24 por ciento) y Japón (-7 por ciento) sufren mayores penurias. En cambio, Taiwán (+79 por ciento), Vietnam (+39 por ciento), Corea (+18 por ciento) y México (+11 por ciento) obtienen tajadas más grandes de un pastel que se achica. A nivel agregado, el déficit comercial de Estados Unidos se redujo a 405 mmdd en los primeros cinco meses del 2026 desde 606 mmdd un año antes. Ciertamente, una parte obedece a la debilidad del dólar; además, efectos indeseados como el repunte inflacionario y el deterioro en las relaciones internacionales quedan fuera del balance. En cualquier caso, Trump buscaría blindar lo ganado.
En cuanto al precario T-MEC, Canadá, amenazada por nuevos aranceles punitivos que entrarían en vigor el próximo 19 de agosto, enfrenta un panorama cuesta arriba. En cambio, México gana cuota de mercado (16.9 por ciento vs. 14.5 por ciento en enero-mayo 2025), a costa de China (7.2 por ciento vs. 9.8 por ciento). Sin embargo, la guerra comercial de Washington contra el mundo no trajo a México derramas positivas de corto plazo: (1) las compras estadounidenses totales van en declive, (2) la apreciación del peso mexicano disparó 15 por ciento las importaciones provenientes de Estados Unidos, y (3) la inversión continúa a la expectativa de que la bruma se disipe. Mientras Trump no tenga prisa, cualquier ganancia relativa para México será victoria pírrica.
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