Hablar del orgasmo femenino también es hablar de educación sexual, autonomía corporal y derechos. Aunque durante las últimas décadas se ha avanzado en el conocimiento sobre la sexualidad de las mujeres, persisten desigualdades en la manera en que se viven y se entienden las relaciones sexuales.
Una de ellas es la llamada “brecha del orgasmo” u “orgasm gap”, término utilizado para describir la diferencia en la frecuencia con la que hombres y mujeres alcanzan el orgasmo, particularmente durante encuentros heterosexuales.
Un estudio publicado en Gender & Society encontró que 86 por ciento de los hombres que tuvieron un encuentro sexual heterosexual reportaron haber alcanzado un orgasmo, frente a 62 por ciento de las mujeres. La diferencia fue de 24 puntos porcentuales.
La investigación no apunta a que exista una incapacidad biológica de las mujeres para alcanzar el orgasmo. Por el contrario, distintos estudios han relacionado esta brecha con las prácticas sexuales, las expectativas de género y la importancia que se concede a la estimulación del clítoris.
El orgasmo femenino y una sexualidad centrada en la penetración
Para Carolina Roldán, sexóloga y educadora de la sexualidad entrevistada por CIMAC Noticias, uno de los conceptos necesarios para comprender esta desigualdad es el coitocentrismo, es decir, colocar la penetración como el centro de las relaciones sexuales y asumir que constituye la principal o única forma de obtener placer.
“Las personas van a la vida real, empiezan a tener sus prácticas sexuales y esta es una consecuencia: no saber que existe un órgano por el cual puedes obtener mucho placer”, explicó.
La especialista destacó que el clítoris ha sido históricamente poco estudiado y explicado, pese a que se trata de un órgano cuya función principal está relacionada con el placer sexual.
La evidencia científica también muestra la relevancia de la estimulación del clítoris. Una investigación citada en estudios recientes señala que 96 por ciento de las mujeres consultadas identificó la estimulación del clítoris, sola o combinada con penetración vaginal, como su vía más confiable para alcanzar el orgasmo; sólo 4 por ciento señaló la penetración vaginal por sí sola.
Esto ayuda a entender por qué colocar la penetración como el centro de la experiencia sexual puede dejar fuera prácticas que muchas mujeres consideran necesarias para alcanzar el orgasmo.
El clítoris: un órgano que la ciencia también tardó en conocer
La invisibilización del clítoris no sólo ocurrió en las conversaciones cotidianas. Su anatomía también permaneció durante mucho tiempo ausente o incompleta en los materiales de educación y formación médica.
Carolina Roldán recordó que, aunque el clítoris había sido descrito desde siglos atrás, el conocimiento sobre su anatomía completa avanzó mucho más recientemente.
La ciencia continúa ampliando ese conocimiento. En 2022, investigadores de Oregon Health & Science University realizaron el primer recuento conocido de fibras nerviosas del clítoris humano y estimaron que su nervio dorsal contiene más de 10 mil fibras nerviosas, una cifra superior a la estimación de 8 mil que se había popularizado anteriormente.
Para la especialista, que el conocimiento científico sobre el placer femenino haya sido históricamente limitado también refleja la manera en que se ha construido el estudio de la sexualidad.
“Muchas cosas que están relacionadas al placer han sido silenciadas o poco observadas y también, y sobre todo, hablando del placer femenino”, señaló.
La falta de educación sexual también afecta el placer
La brecha del orgasmo no comienza necesariamente en la vida sexual adulta. También puede relacionarse con la falta de información sobre el cuerpo, la anatomía y el funcionamiento de la sexualidad.
Para la sexóloga Carolina, crecer sin información adecuada puede generar desinformación y expectativas alejadas de la realidad.
Películas, series y otros contenidos suelen representar encuentros sexuales en los que el orgasmo aparece como algo automático, inmediato y prácticamente inevitable. Sin embargo, la experiencia sexual real es mucho más diversa.
“Eso que vimos en las películas de nada más me volteas a ver y ya se me cae la ropa y ya estoy de lo más excitada y con muchos orgasmos, pues es falso”, explicó.
La consecuencia de esta falta de información puede ir más allá de no alcanzar un orgasmo. También puede generar frustración, inseguridad o afectar la autoestima cuando las mujeres sienten que su experiencia sexual no coincide con los modelos que han aprendido.
“Las personas informadas toman mejores decisiones”, resumió la especialista.
Hablar del orgasmo femenino también es hablar de derechos
Reducir la conversación sobre el orgasmo a una cuestión de “placer” puede invisibilizar una dimensión más amplia: el derecho de las mujeres a conocer su cuerpo y tomar decisiones informadas sobre su sexualidad.
La entrevistada explicó que hablar de placer implica hablar también de consentimiento, deseo, libertad y autoconocimiento.
“Es que el placer es salud”, afirmó.
Desde esta perspectiva, el orgasmo no debe convertirse en una nueva obligación para las mujeres ni en una medida para determinar si una relación sexual fue exitosa. La sexualidad puede vivirse de distintas maneras y no todas las experiencias tienen que terminar en un orgasmo.
La cuestión central es que cada persona pueda decidir sobre su propio cuerpo a partir de información científica y sin estar condicionada por expectativas de género.
“Si tú tienes una información, partes desde ahí, puedes escoger, a lo mejor quieres una experiencia de una forma o de otra y todas son válidas”, señaló.
Autoconocimiento para vivir una sexualidad libre
En el marco del mes dedicado a visibilizar el orgasmo femenino, Carolina Roldán recomendó comenzar por el autoconocimiento corporal, sin convertir el orgasmo en una meta obligatoria.
Explorar el propio cuerpo permite identificar qué resulta agradable y qué no, reconocer sensaciones y construir una relación más informada con la propia sexualidad.
La especialista recomendó hacerlo de manera gradual y desde el cuidado personal, por ejemplo, explorando la vulva y observando las propias sensaciones. También destacó la importancia de utilizar productos adecuados para el cuerpo cuando sean necesarios y de mantener una buena higiene.
El objetivo, explicó, no es reproducir una determinada experiencia sexual, sino que cada mujer pueda conocer su cuerpo y decidir qué quiere y qué no quiere hacer.

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