8/02/2026

María Sabina, ópera de Marcela Rodríguez

Elena Poniatowska


–Mi proyecto, con el que llevo más de 20 años, es una ópera de cámara de la vida de María Sabina –me dice la compositora Marcela Rodríguez, reconocida en Estados Unidos y en América Latina, autora de la ópera La Sunamita y de Las cartas de Frida, que causaron sensación al presentarse en El Hábito, y aplaudimos con entusiasmo y emoción también en el Palacio de Bellas Artes. Entonces descubrí el talento de la familia Rodríguez encabezada por doña Jesusa, la compositora y pianista amiga de Agustín Lara, quien además dio a luz a ocho hijos creativos y ocurrentes.

–Empecé el libreto, no me gustó –me dice Marcela con su voz fuerte y clara, así como hablan las hermanas Rodríguez.

“Lo tiré, lo hice pedazos, lo volví a hacer, lo volví a romper. Como que es un tema muy difícil porque la curandera María Sabina es una mujer sagrada, con tradiciones milenarias, costumbres impresionantes de curaduría sagrada y ancestral. Los hongos son más viejos que nosotros y mucho más poderosos y mañosos. Alguna vez María Sabina dijo que nadie le enseñó a comerlos y bajarlos a su alma. Uno ya trae ese don adentro o uno sólo tiene un hueco vacío entre las costillas que no sirve para nada.”

–Marcela, ¿tú fuiste a Huau-tla de Jiménez, en Oaxaca?

–Claro. Había gente en Huautla que usaba los hongos para curar, y María Sabina lo vio desde chiquita: llegaba un enfermo con su mamá: “vamos a darle esto y esto otro”. Por hambre, María Sabina, de niña, empezó a comer un poco de hongos, así lo cuenta: “Nosotros no teníamos nada, sólo sueño y hambre”. Todo esto lo sé por Álvaro Estrada, quien lo publicó en su libro Vida de María Sabina: La sabia de los hongos. Estrada hablaba mazateco y la entrevistó en 1950, durante un mes. Él casi no es conocido, vivía aquí en la Ciudad de México, pero iba mucho a Oaxaca, antes de que lo hiciera Gordon Wasson, quien vino de Estados Unidos y de Francia, antes de que Fernando Benítez llegara a la montaña oaxaqueña.

–Benítez también escribió en 1964 Los hongos alucinantes y cuenta de su uso tradicional en las comunidades indígenas de México, así como el libro En la tierra mágica del peyote e Historia de un chamán cora.

–Sí, es verdad. Robert Gordon Wasson llegó a ver a María Sabina en 1957 y grabó sus cánticos con un amigo músico, y ambos se pusieron a transcribir palabras y tonadas que anotaron en un pentagrama. Más tarde, el reportaje lo publicó en la Life Magazine, con el título Seeking the magic mushroom.

“Nicolás Echeverría filmó la película María Sabina, mujer espíritu en 1979. Él me pasó las notas transcritas por Wasson y me dio todos los cantos de la chamana. Algunas de esas notas las usé y otras las saqué de las grabaciones de María Sabina cantando ella misma. Yo las transcribí a música coral.

“En el libro de Álvaro Estrada, editado por Siglo XXI, aparece toda la vida de María Sabina, quien cuenta cómo recogió los hongos desde niña, a los 6 o 7 años. Dice cómo los reconoció desde el primer momento, cómo se los metía a la boca rápidamente, porque con ellos se le quitaba el hambre de inmediato y la hacían sentirse feliz. María Sabina tuvo una vida muy tremenda, muy difícil, muy pobre. La casaron a fuerza para que la mantuviera un hombre. En el último matrimonio, la abandonó el señor, tan malo como los otros, pero ella quedó muy triste, a pesar de haberse casado a fuerzas y con él tuvo dos hijas.”

–Según Fernando Benítez, la vida de María Sabina fue muy dura.

–María aseguraba que no podía curar si estaba casada porque tenía que vivir en “abstención sexual”; entonces, cuando el marido la dejó, pudo empezar sus grandes curaciones. Su hermana Mariana fue la primera a quien alivió de sus males. María Sabina decía: “los señores me enseñaban a curar”. Los libros sagrados que ella llama “señores” se le aparecen en la mente al comer los hongos y ellos le van dictando qué decir y cómo curar. “Los hongos se toman por pares, hembra y macho, se van dando de dos en dos. Es una ceremonia lenta y respetuosa”.

“Cuando María Sabina vio que curó a Mariana, se emocionó muchísimo. La gente se enteró y le empezaron a llevar enfermos. Entonces aparecen algunas partes de las curaciones en esta obrita que yo armé y compuse con muchísimo cuidado y respeto. En el libreto están muchas letanías: ‘soy la mujer aerolito, soy la mujer agua, soy la mujer estrella, soy la mujer huarache, soy la mujer arete, soy la mujer tempestad, soy la mujer cielo’.”

–También Benítez recurre a esos cánticos, como hizo Gordon Wasson.

–He escuchado las grabaciones que se llevó a Estados Unidos y las conozco bien. Son letanías eternas. María Sabina dice que proviene de 200 mujeres que son ella: “Soy la mujer que nada sabe, soy la mujer que sabe nadar, soy la mujer que sabe pensar, soy la mujer que sabe cocinar”. También hay unos cánticos que nadie sabe explicar. No identifico si están en mazateco o son inventados o son parte de los que le dictan los señores que ella llama: “Chonga chinañado, chonga chinañado, chonga chinañado”. Son como mantras, una especie de letanías. Recurro a ese bagaje de canciones para el coro. Cuando le conté a mi hermana Jesusa se emocionó con la posibilidad de hacer un ritual, más que una ópera. Sugirió llamarlo Una invocación a María Sabina, para que arregle nuestro mundo que está tan espantoso, que está tan desigual y sigue tan disparejo.

–¿En qué año murió María Sabina?

–En 1985.

–Fernando Benítez fue a verla después de Gordon Wasson, quien primero viajó solo y más tarde acompañado por su esposa, Vera. Benítez también viajó con Beatriz Braniff.

–Muchos jóvenes viajaron a Oaxaca cuando Wasson la entrevistó para The New York Times; María Sabina se enojó un poco al ver a tanta gente.

–¿Cómo se enteraron esos jóvenes de la posibilidad de tomar los hongos de María Sabina en las montañas de Oaxaca?

–Porque leyeron el periódico. María Sabina se enojó porque salió a la luz su vida y ella no quería: “si el mundo se entera de mis ‘niños santos’, ya no me van a responder”. Empezaron a llegar los jipis y otros muchachos extranjeros a tomarlos, pero sin respeto, y eso a ella no le pareció.

–Creo que hubo alguien que se cayó desde lo más alto al abismo de la selva.

–Huautla está lejísimos de la Ciudad de México y más aún de Estados Unidos. Fui a Huautla de Jiménez, a su casa, hace un año, con Jesusa y con Diana Taylor. Viajamos en 2025 porque se cumplían 130 años de su nacimiento, y ahí encontré su casita tal como aparece en los libros que se han publicado sobre ella. Esa casa se la regaló un presidente, pero no servía para nada, porque le construyeron un baño, una cocina que nunca usó, porque no había ni agua ni luz.

–¿Pero cuál presidente?

–No me acuerdo. Luego, el cineasta Nicolás Echeverría, quien filmó la película, le regaló una tienda miscelánea, pero como nadie tenía dinero, María Sabina les fiaba a los compradores y nunca ganó un centavo. Tuvo que cerrarla. Yo creo que vivía de quienes pagaban las curaciones. Es muy bonito pensar en ella y documentarla porque es adentrarte en un mundo muy antiguo, espiritual. A la hora que María Sabina comía los hongos adquiría una sabiduría que todos querían conocer, algo esotérico.

–¿Por qué te inspiró el caso de María Sabina?

–Me atrajo la seguridad de María Sabina. Nicolás Echeverría contó que cuando terminó su película, la invitó a México a verla en el cine Regis y que llegó descalza. Ni la fama le hizo usar zapatos. Dice Nicolás que María Sabina se la pasó viendo el piso, no levantó los ojos hacia la pantalla, porque le daba vergüenza verse a sí misma.

–¿Te ayudó alguien a escribir el libreto o lo hiciste tú misma?

–Yo hice el libreto de la ópera porque se lo pedí a una escritora, pero como que no nos entendimos, era muy difícil ponernos de acuerdo. Busqué que María Sabina contara su vida, que sus propias frases fueran las que conformen la ópera. Sus letanías son muy claras: “Soy la mujer aerolito, soy la mujer agua, soy la mujer cielo, soy la mujer aire, soy la mujer trueno”. Según María Sabina esos cantos alivian todos los males.

–¿Cómo te imaginas el resultado de tu ópera?

–La idea de Jesusa es que la puesta en escena sea un ritual totalmente a oscuras con una sola velita. El problema técnico es cómo leer la partitura y tocar los instrumentos sin luz. Jesusa dice que hay unos lentes especiales que dan luz. Estamos investigando cómo montarla. Queremos lograr que sea más que una ópera, un ritual acompañando por mi música. Ensayamos también con las primeras voces y está sonando bonito.

–¿Por qué llevas tanto tiempo trabajando en esta ópera?

–La empecé hace más de 20 años, pero no quedé conforme. Rompí muchas partituras, la orquestación cada vez fue disminuyendo hasta quedar cuatro instrumentos. Lo quise hacer lo más austero posible. María Sabina habla mucho del violín y del salterio. Metí salterio y tengo un violín, un chelo, una flauta. Es todo. Tres cantantes del coro y las dos Marías: la niña y la vieja. Esta es la puesta musical. Queremos estrenarla en septiembre, a mediados de agosto empezamos el montaje. Voy a poner algunas grabaciones suyas cantando, su voz es nasal. Las cantantes empiezan y de repente se queda María Sabina solita. Son varias combinaciones musicales con el coro, con los instrumentos y las solistas. Estoy entusiasmada.

Esperemos que esta ópera sobre María Sabina se escuche muy pronto y resuene hasta donde el espíritu de la curandera y chamana oaxaqueña se encuentre.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario