Un Quijote en Tenochtitlán
Juan Carlos Monedero
"Las democracias liberales no estaban pensadas para que gobernara la izquierda. Cuando eso empezó a pasar, las élites dijeron: esta democracia ya no nos sirve".

Desde El Universal de México se pide a la Presidenta Claudia Sheinbaum que deje de emitir La Mañanera. Lo pide un medio que acumula al menos una mentira intolerable por semana, es decir, que hace de la información una mercancía -recordemos la falsa entrevista a Monsiváis o la falsa reunión de Harfuch y Obrador- y que maltrata, por tanto, a la audiencia mintiéndola. A este diario le molesta que el gobierno pueda dar cuenta de lo que está haciendo. A La Mañanera van periodistas que adversan al gobierno de Morena y sus aliados. A los medios en México les molesta no tener el monopolio de lo que se habla y del marco desde el que se interpreta lo que se habla.
En el extremo opuesto, Javier Milei acaba de presentar una Ley para poder expulsar de Argentina a cualquier extranjero que, según su criterio, hable mal de Argentina. Ahí, supongo, entra también decir que la selección de fútbol no jugó bien en el Mundial o que Milei fue un cretino al pedir que expulsaran a Cucurella cuando le dijo que le habían dado un cabezazo en los dientes a un jugador español y el astro argentino mintió diciendo que se había tapado la boca para insultarlo. Nadie tiene nada contra Argentina salvo el Presidente Milei y la gente que se está robando el país y convirtiéndolo en el hazmerreír del mundo con sus payasadas. Argentina es mucho más que su selección de fútbol y que su Presidente, el que, por cierto, en una reunión de juristas les ha dicho que lo relevante no es la Ley sino el Antiguo Testamento. Con esta ley, Milei terminará encarcelando a los argentinos que critiquen al gobierno. Y, por cierto, con esta Ley, a Milei no le debieran dejar entrar ni en Brasil ni en España donde ha ido a insultar a sus presidentes y a sus votantes.
En Inglaterra y en España se está deteniendo a gente que apoya a la causa del pueblo palestino porque EU ha declarado terrorista a la organización Palestine Action. En el documento Cuba: capital del terrorismo mundial, Marco Rubio ha dicho que prácticamente cualquier persona de izquierdas es terrorista. De ahí a proscribir a las fuerzas políticas de izquierda en América Latina hay un paso. Que, por supuesto, apoyarán los Salinas Pliego, Maria Eugenia Campos, "Alito" Moreno en México, así como toda la derecha en cada uno de nuestros países. En España, VOX ya ha amenazado varias veces con prohibir partidos políticos cuando gobierne.
Eso no quita para que el Secretario de Estado de EU, Marco Rubio, haya mandado sus "más cordiales saludos a Su Majestad el Rey Mohammed VI y al pueblo de Marruecos con motivo del aniversario de la ascensión de Su Majestad al trono", insistiendo en que "EU y Marruecos han mantenido la amistad más antigua de la historia de Estados Unidos", y subrayando su "reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental" y enfatizando "el papel fundamental" de Marruecos en los Acuerdos Abraham con Israel. Justo cuando miles de jóvenes marroquíes están cruzando a nado para llegar a la ciudad españolas de Ceuta porque consideran que en su país no tienen la más mínima posibilidad de prosperar.
En Ecuador, el Presidente Noboa, cuya familia exportadora de bananos ha transportado barcos con fruta llenos realmente de cocaína sin consecuencias -digo sin consecuencias porque desde barcos estadounidenses no se les lanzan misiles ni las tropas especiales secuestran al Presidente por narcotraficante-, está proscribiendo a todos los partidos de la izquierda ecuatoriana, a los alcaldes de la izquierda y a los políticos de izquierda a los que no han sido capaces de derrotar en las urnas. El correísmo, esto es, la corriente política inaugurada por Rafael Correa y expresada en el partido Revolución Ciudadana tiene hoy al expresidente exiliado en Bélgica, al Vicepresidente Jorge Glas en la cárcel y al partido proscrito.
La nueva presidenta del Perú, Keiko Fujimori, hija del genocida condenado por crímenes de lesa humanidad, Alberto Fujimori, le ha entregado al ejército, como primera medida en su gobierno -que ganó por apenas medio punto y gracias al voto en el extranjero gestionado en los consulados por los EU-, el control de la situación en el país.
En Colombia, Abelardo de la Espriella, el abogado de gánsters y narcos que, igualmente, ha sido proclamado Presidente con acusaciones de fraude y la probada injerencia de los EU en las elecciones, quiere posesionarse como Presidente en un cuartel militar y no en la sede del Congreso de la República, como siempre ha ocurrido, como una forma de decirle al país: los militares van a estar por encima de los civiles en la nueva Colombia salida del fraude electoral.
Nuestras llamadas democracias, en verdad son “gobiernos representativos”. No participamos de manera directa en la gestión de los asuntos colectivos y menos aún de nuestros asuntos, sino que autorizamos a los que van a representarnos en el parlamento y en el Ejecutivo. Para que estos gobiernos representativos funcionen hay dos requisitos: una esfera pública, donde la ciudadanía sepa si autorizar o desautorizar, de manera que pueda funcionar la alternancia, y una división de poderes donde los jueces realmente apliquen la Ley de manera universal, sin diferencias ni presiones. La esfera pública está podrida porque un multimillonario como Musk se compra Twitter, otro como el de Amazon, Bezos, se compra el Washington Post, un fondo de inversión se compra El País. Y así. Y de los jueces, qué decir. En México tuvieron que hacer una reforma constitucional que le dé al pueblo la capacidad de elegir a los jueces al haberse dedicado durante el sexenio de López Obrador a frenar las leyes que pretendían hacer cumplir el programa electoral con el que ganó la Presidencia.
Y los jueces están encerrando a los líderes de la izquierda, proscribiendo partidos, amenazando a cualquier disidencia de terrorista... Las democracias liberales no estaban pensadas para que gobernara la izquierda. Y cuando eso empezó a pasar, en América Latina con el cambio de siglo y en Europa a partir de la crisis de Lehman Brothers en 2007, las élites dijeron: esta democracia ya no nos sirve.
La derecha se ha hecho nihilista. Es decir, una derecha que asume esta idea de la filosofía que dice que la vida no tiene un sentido real, que nada es seguro y que las reglas de la moral o de la religión no sirven. De hecho, la palabra viene del latín nihil, que quiere decir nada. Traducido al mexicano, es un “me vale madres” o, como se dice en España, me importa todo una mierda. Salvo, claro, mis intereses particulares.
España está ardiendo por los cuatro costados, y la derecha nihilista dice que no existe el calentamiento global, pese a que los científicos dicen que con temperaturas de más de 40º es más fácil que el monte arda, aunque no estemos acostumbrados. De hecho, la derecha nihilista niega la ciencia. En EU está aumentando espectacularmente el sarampión, porque estos enemigos de la ciencia dicen que las vacunas no sirven para nada. Y, por supuesto, sustituyen a los científicos por influencers que, cuando opinan de cosas que no saben -es decir, cada vez que opinan- terminan perjudicando a la gente que les escucha.
Con la derecha nihilista es casi imposible hablar. Y por eso, hay que regresar a hablar al pueblo, como hacen los evangelistas de la prosperidad, aunque es verdad que ellos lo hacen porque ganan dinero con eso. La izquierda debe regresar a las calles, organizar la política de una manera plural, tanto a la interna, con partidos movimiento, como a la externa, con frentes amplios, que es una manera de asumir que ya ningún partido va a ser capaz de representar a toda la población. Humildad en la organización y esperanza en la política, como una forma de pelear en tiempos que cada vez son más feos pero que son los que nos han tocado.
Pesimistas esperanzados para estar alertas de los muchos peligros pero no paralizarnos en la resignación. La línea del tiempo no es una flecha, como decían los que inventaron la idea de progreso. Se parece más a una espiral ascendente, donde en lapsos de tiempo puedes estar debajo de la anterior espiral pero en la subida llegarás a una posición de mayor emancipación. Ahora estamos en la parte baja de la espiral. Y toca ir preparando el ascenso donde habrá mayor consciencia ecológica, mayor igualdad de género, de raza, un mundo multipolar y más pacífico. Aunque en el corto plazo la noche sea hegemónica. Es momento, pues, de saber, que detrás de cualquier noche siempre amanece.
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