En ese contexto se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Desde entonces, nueve hombres han ocupado la Secretaría General:
Trygve Lie (Noruega), 1946-1952; Dag Hammarskjöld (Suecia), 1953-1961; U
Thant (Birmania), 1961-1971; Kurt Waldheim (Austria), 1972-1981; Javier
Pérez de Cuéllar (Perú), 1982-1991; Butros Butros-Ghali (Egipto),
1992-1996; Kofi Annan (Ghana), 1997-2006; Ban Ki-moon (Corea del Sur),
2007-2016; y António Guterres (Portugal), 2017 a la fecha.
Un año después de su creación, en 1946, se crea la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW por sus siglas en inglés) y dos años más tarde, la Declaración Universal de Derechos Humanos, en cuya redacción participaron mujeres como Eleanor Roosevelt, primera dama de los Estados Unidos, delegada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y presidenta del comité de redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Participaron también Hansa Mehta de la India, a quien se le atribuye el mérito de cambiar la frase “Todos los hombres nacen libres e iguales” a “Todos los seres humanos nacen libres e iguales” en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Minerva Bernardino, diplomática de República Dominicana, quien junto a la brasileña Bertha Lutz y la uruguaya Isabel de Vidal, defendieron la no discriminación basada en la diferencia sexual en la Declaración. Así como la francesa Marie-Hélène Lefaucheux, por quienes el artículo 2 señala:
“Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta
Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo…”.
Begum Shaista Ikramullah,
de Pakistán, quien defendió los valores de libertad, igualdad y libre
elección en la Declaración, así como la igualdad de derechos en el
matrimonio. La danesa Bodil Begtrup quien defendió que la Declaración debería refiriese a “toda persona”, en lugar de “todos los hombres”.
Evdokia Uralova, de la República Socialista Soviética de Bielorrusia quien defendió con firmeza la igualdad de salario para las mujeres. Lakshmi Menon quien abogó por la mención de “la igualdad de derechos de hombres y mujeres” en el preámbulo.
Y la mexicana, Amalia González Caballero de Castillo Ledón,
fundadora y presidenta del Club Internacional de Mujeres y delegada
ante la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer durante
la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Su
participación no solo favoreció un cambio de redacción de la
Declaración para garantizar que las mujeres fuesen nombradas si no la
conciencia y reconocimiento de las mujeres como ciudadanas del mundo y
sujetas de derechos.
Tras 80 años, el panorama global no
es sencillo. Justo ahora el mundo está envuelto en guerras que se llevan
a cabo de manera simultánea como Ucrania y Rusia, el genocidio en Palestina, la guerra civil en Sudán y otros conflictos en África,
entre otros, con la siempre presente bandera estadounidense en ellos.
Así como las tensiones políticas tras el arribo de gobiernos
conservadores en América Latina y otros continentes que nos encaminan una reconfiguración geopolítica.
En
un contexto en el que Naciones Unidas se encuentra deslegitimada debido
a su limitada acción frente a los conflictos y una reorganización
derivada de recortes presupuestales, cuatro mujeres latinoamericanas y dos hombres se postulan para ocupar la secretaría general de la ONU. América Latina no tiene una candidatura como región, tiene cinco.
- Michelle Bachelet: política chilena, presidenta de su país en dos ocasiones como integrante del Partido Socialista.
- María
Fernanda Espinosa: política ecuatoriana destacada en temas de seguridad
quien fue presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas
durante el período 2018-2019 (cuarta mujer y la primera de América
Latina y el Caribe en ocupar este cargo).
- Rebeca Grynspan: ex
vicepresidenta de Costa Rica, , actual secretaria general de la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.
- Carolyn
Rodrigues-Birkett: actual representante permanente de Guyana en la ONU,
ex directora de la Oficina de Enlace de la Organización de las Naciones
Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Ginebra.
El pasado 3 de agosto, se llevó a cabo el Diálogo Regional sobre el Futuro Liderazgo de las Naciones Unidas,
un encuentro realizado en Montevideo, Uruguay en su calidad de
Presidencia Pro Tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC), en el que participaron cinco candidaturas de América
Latina y el Caribe a la Secretaría General de la ONU. Primera vez en la
historia que se realiza un debate de este tipo convocado por la región.
Participaron
de manera presencial María Fernanda Espinosa, nominada por Antigua y
Barbuda; y Rebeca Grynspan, nominada por Costa Rica. A distancia
participó Carolyn Rodrigues-Birkett de Guyana.
Debido a
complicaciones de salud, Bachelet nominada por Brasil y México; no pudo
participar, en su lugar envío una carta en la que expresó que se trata
de una oportunidad histórica para que una mujer latinoamericana ocupe la
secretaria. En su visión Naciones Unidas debe ser una institución cercana a las personas que actúe con independencia, imparcialidad, criterio y valentía.
Frente a presiones e intereses internacionales, debe escuchar, no ser
instrumento de nadie, construir acuerdos con base en la Carta magna y
actuar con firmeza.
El quinto diplomático argentino Rafael Mariano Grossi,
director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica,
envío un video recordó la presencia del ex secretario general de
Naciones Unidas peruano Javier Pérez de Cuéllar en conflictos armados.
El sexto candidato es Macky Sall, expresidente de la República de Senegal.
En sus intervenciones, María Fernanda Espinosa dejó
clara su visión de prevención de conflictos. Experta en seguridad
encabeza una plataforma de reestructura de naciones unidas para actuar
frente a los conflictos armados, la fragilidad institucional y crisis
financiera recuperando el rol original de la Naciones Unidas para
prevenir conflictos, construir la paz y proteger a las personas.
Su
propuesta incluye acompañar a los países que sufren los impactos de las
guerras no solo en términos de costos y de seguridad alimentaria y
reconoció que América Latina es la región más rica en biodiversidad pero
la que presenta mayor desigualdad y una de las más violentas.
Propuso
la creación de una alerta temprana y acción temprana para priorizar la
presencia de Naciones Unidas donde están los conflictos y el sufrimiento
humano.
Espinosa defendió el derecho internacional como no
opcional, sino como el horizonte y brújula de los Estados, también se
comprometió a potenciar la presencia de los países en desarrollo en el
sistema universal.
Por su parte, Rebeca Grynspan
destacó su visión de paz. Para ella, la creación de Naciones Unidas fue
reconocer que la destrucción del mundo debía cesar y debía establecerse
un gran acuerdo global basado en reglas y confianza.
Grynspan destacó la visión de paz de América Latina
“somos una región sin armas nucleares, de resolución a través de la paz
y no con conflictos armados, conocemos la violencia y atenderla debe
ser una prioridad”.
Destaco
que la reforma en Naciones Unidas implica no solo la no duplicación de
funciones, sino en devolver esperanza y confianza en la implementación
de soluciones. En un contexto de nuevos actores y nuevos instrumentos
para la guerra se requiere recuperar el comercio para evitar crisis
alimentaria en el mundo. Naciones Unidas debe tener la capacidad de
hablar con todos los actores para la mediación y diplomacia y
reconstruir la confianza.
“La transición
justa requiere que el sistema internacional resuelva necesidades, un
sistema financiero internacional para transiciones energética y
digital».
También se comprometió a incluir a las juventudes en la estructura de naciones unidas para sumar su talento.
Carolyn Rodrigues-Birkett
reconoció que los países de primera línea de nuestra región se
enfrentan a los graves impactos del cambio climático; por ello, su
proyecto busca fortalecer el multilateralismo, superar las divisiones y
garantizar que las Naciones Unidas goce de la confianza que el mundo
desea ver.
Rodrigues señaló que, aunque las candidaturas vienen de
esta región, y a pesar de que América Latina y el Caribe han defendido
con firmeza un sistema multilateral más representativo, eficaz y basado
en normas, ésta es una petición que escuchamos provenir de todas las
regiones del mundo: que el desarrollo que llegue a los sectores más
vulnerables.
Su
propuesta es que el personal y los recursos del sistema de las Naciones
Unidas se destinen a atender las necesidades de los Estados miembros y
proporcionarles información pertinente para analizar y responder las
amenazas contra la paz y la seguridad mundiales.
Aseguró
que como Secretaria General trabajará para poner fin a los conflictos y
prevenirlos, dialogar tanto con las partes en conflicto como con
aquellos que tienen influencia sobre ellas y colaborar con las
organizaciones regionales para que se respeten los derechos humanos en
todas las operaciones de las Naciones Unidas con base en tres pilares: paz y seguridad, desarrollo y derechos humanos.
Rodrígues
señaló la importancia de buscar se cumplan los compromisos adquiridos
en el Acuerdo de París para proteger a las personas y al planeta
mientras alcanzamos nuestras aspiraciones de desarrollo y fomentamos la
creatividad y la innovación tecnológica.
En su moderación, la periodista mexicana Carmen Aristegui fue clara: “¿Qué
tipo de liderazgo necesita Naciones Unidas para recuperar confianza,
construir consensos y ejercer la autoridad moral para defender los
principios de la Carta? ¿Qué puede aportar nuestra región a la ONU?”.
En la construcción del sistema de Naciones Unidas, las mujeres marcaron la diferencia y garantizaron la inclusión de las mujeres en la Carta Magna.
Por eso, en esta elección es tan importante que quien ocupe la próxima
Secretaría no solo deberá promover la paz, el desarrollo y la justicia, y
consolidar el multilateralismo; debe mirar a las mujeres en la escena mundial y actuar para consolidar el desarrollo y la protección de ellas.