10/03/2026

Derecho a decidir: resistencia de las mujeres a ola autoritaria latinoamericana

 

Carteles alusivos al derecho a decidir de las mujeres que se enarbolan en una manifestación en las calles de Lima, como expresión de una demanda persistente y vigente en países de la región de América Latina y el Caribe. Imagen: Mariela Jara / IPS
Mariela Jara

LIMA – “Hemos pasado de los discursos autoritarios a un patriarcado feroz que ataca los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres latinoamericanas para afianzar una sociedad sumisa y excluyente”, alertó la feminista peruana Liz Meléndez.

Al analizar el impacto de las nuevas y extremas derechas que han llegado al poder en la región sostuvo que están desplegando una ofensiva concreta en contra de la agenda de la igualdad que tiene como un eje relevante el control de los cuerpos de las mujeres.

Meléndez dialogó con IPS en la sede en Lima del no gubernamental Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, institución feminista con 47 años de existencia del que es directora. Fundada en 1979, en pleno gobierno militar del general Francisco Morales Bermúdez, colocó por primera vez en la sociedad peruana el tema de la despenalización del aborto.

El lunes 28 de septiembre se celebra el Día Internacional del Aborto Seguro, justamente cuando, según la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (Figo), la ausencia de este derecho hace que 45 % de todos los abortos en el mundo sean inseguros y es responsable de 13 % de las muertes maternas.

Esta jornada mundial se originó de hecho en la región, en 1990, durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, inicialmente para promocionar la despenalización del aborto, hasta que se volvió mundial, con el derecho a decidir de las mujeres como consigna global.

“Cuando las políticas de los gobiernos autoritarios promueven el retroceso en el derecho a la autonomía reproductiva de las mujeres, a decidir sobre sus cuerpos, se afectan las garantías para su vida, especialmente de quienes viven en situación de pobreza y precariedad”: Liz Meléndez.

En el caso de América Latina y el Caribe la restricción a ese derecho se da con una población femenina estimada en más de 340 millones, que en comparación con sus pares hombres enfrenta desigualdades que limitan su poder de decisión y oportunidades de desarrollo.

Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ellas dedican el triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados sin remuneración, una de cada cuatro no tiene ingresos propios, situación que empeora entre poblaciones indígenas y afrodescendientes; a la vez que entre seis y ocho de cada diez vivió la violencia de género.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que se realizan a nivel global cerca de 73 millones de abortos cada año. De estos, la mayoría de los practicados en países latinoamericanos se hicieron en condiciones inseguras y peligrosas para la salud y vida de las mujeres debido a su penalización.

“Cuando las políticas de los gobiernos autoritarios promueven el retroceso en el derecho a la autonomía reproductiva de las mujeres, a decidir sobre sus cuerpos, se afectan las garantías para su vida, especialmente de quienes viven en situación de pobreza y precariedad y no de los sectores económicos altos”, afirmó Meléndez.

Explicó que, ante un embarazo no deseado, la capacidad de decisión de las mujeres estará condicionada por su situación socio económica, porque con el debilitamiento de las políticas públicas, el Estado deja desprotegida a la población en mayor vulnerabilidad.

Liz Meléndez, directora de la organización feminista Centro 
de la Mujer Peruana Flora Tristán, cuestionó la ferocidad 
del patriarcado en el actual contexto regional, que pretende 
el control de los cuerpos de las mujeres a través de retrocesos
 y el debilitamiento de las políticas públicas. 
Imagen: Mariela Jara / IPS

Avances bajo amenaza

El marco legal internacional que garantiza el acceso al aborto legal y seguro como una cuestión de derechos humanos y las luchas del movimiento feminista y de mujeres generaron leyes y políticas de avanzada en numerosos países de la región que hoy, sin embargo, están bajo amenaza y ataque por la ola conservadora que caracteriza a varios gobiernos.

Hasta 2025, solo 31 % de países de América Latina y el Caribe contaba con leyes y normas para el acceso a servicios públicos de interrupción voluntaria del embarazo según informes de ONU Mujeres y de Cepal.

En Argentina, Colombia, México, Uruguay y Cuba el aborto está despenaliza según plazos variables, pero gobiernos de extrema derecha como los del presidente argentino Javier Milei y el colombiano Abelardo de la Espriella, son contrarios al derecho a decidir de las mujeres y de que accedan al aborto, y se han expresado públicamente en ese sentido.

“El desmantelamiento de las políticas de género con la eliminación del Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidades, y el ajuste en todas las áreas, muestra que el gobierno de Javier Milei es bastante cruel”: Graciela Morgade.

En el resto de los países es considerado un delito integrado a su código penal, y solo se permite en determinadas y restrictivas causales. En Chile, por ejemplo, cuando se trata de un embarazo por violación, existe riesgo para la gestante o inviabilidad fetal. El presidente José Antonio Kast, de posición ultraconservadora, es opuesto a toda causal.

Brasil, Bolivia, Panamá y Ecuador también lo despenalizan en determinadas causales, como violación. Sin embargo, otros como Perú, Guatemala, Paraguay, Venezuela, tienen una legislación más restrictiva al permitirse solo si es un medio para salvar la vida de la gestante o evitar daños permanentes a su salud.

Aun con ese marco tan limitado, persisten barreras para su implementación como sucede en el Perú, donde se obstaculiza el acceso a las mujeres y se acosa al personal médico que realiza el aborto terapéutico, pese al alto número de embarazos de niñas menores de 14 años. Al 2026 sumaban cerca de 800 estos casos.

Ellas se vieron forzadas a una maternidad impuesta por no poder interrumpir legalmente el embarazo producto de una violación sexual.

La presidenta ultraconservadora Keiko Fujimori, quien asumió en julio de este año, se ha declarado contraria a toda forma de aborto, inclusive cuando de por medio está la vida y salud de las mujeres.

En países como El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Suriname la prohibición es total.

La demanda del acceso al aborto para las niñas víctimas de violencia sexual 
es parte de la agenda de lucha de las feministas latinoamericanas, como
 ocurre en Perú, donde cerca de 800 menores de 14 años resultaron 
madres en el 2026 en una grave afectación a sus derechos. 
Imagen: Mariela Jara / IPS

La política de la crueldad

Reducir los presupuestos para la provisión de los servicios de salud sexual y reproductiva, y la implementación de la educación sexual integral, es una de las formas de atacar la normativa vigente sobre la interrupción legal del embarazo.

“El desmantelamiento de las políticas de género con la eliminación del Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidades, y el ajuste en todas las áreas, muestra que el gobierno de Javier Milei es bastante cruel”, manifestó a IPS desde Buenos Aires la docente e investigadora argentina Graciela Morgade.

Doctora en educación especializada en género y sexualidades, y docente en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, indicó que desfinanciar planes y programas exitosos está llevando al retroceso de logros como la reducción de los embarazos adolescentes no intencionales.

Morgade explicó que en su país las políticas tienen un impulso nacional y una gestión en las provincias, lo que marca un panorama heterogéneo en su implementación dependiendo de que cuenten con recursos o de su alineamiento a la ideología conservadora del gobierno.

Desde el 2020, Argentina tiene la Ley 27.610 de interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14. Sin embargo, su aplicación no es del todo accesible, sobre todo para las mujeres alejadas de centros urbanos con acceso a apenas un hospital cercano.

“Si en ese hospital el personal médico alega objeción de conciencia, el procedimiento no se concreta, es una barrera”, precisó Morgade.

Sostuvo que la llamada “batalla cultural” que enarbola el mandatario argentino oculta la intención de retrotraerlos a un Estado del siglo XIX donde el poder es del padre en lugar de la mujer, las relaciones sexuales coitales son con el propósito de la procreación y otras formas de familia son consideradas inmorales o ilegales.

La especialista remarcó que aún no se han derogado leyes vinculadas a la salud reproductiva o la educación sexual integral, pero que el riesgo es latente. Destacó la importancia de un movimiento feminista y político posicionado en su defensa. “Es una esperanza de que los vientos cambien en algún momento”, añadió.

La docente universitaria, especialista en género y sexualidades, la argentina Graciela Morgade, 
destaca la importancia de los movimientos sociales en la defensa del derecho al aborto con la 
ley de interrupción voluntaria del embarazo para las mujeres en Argentina. Imagen: 
Cortesía de El Grito del Sur

No cambia nada

Ofelia, como pide que la llame, tiene 52 años y hace 30 se practicó un aborto en la ciudad de Lima. Tenía seis semanas de gestación. “Yo estudiaba en un instituto y tenía vida sexual, pero no era muy regular en el uso de métodos anticonceptivos. Cuando salí embarazada le dije a mi pareja que debíamos interrumpir. El aceptó”, recuerda en diálogo con IPS en su domicilio en Comas, municipio popular al norte de la capital.

Lo difícil fue encontrar un servicio seguro. “En el colegio una amiga se murió desangrada en su casa, se había ido a abortar a un lugar donde la dejaron muy mal. Yo tenía mucho miedo, pero más pánico me daba traer un hijo al mundo sin estar preparada, sin trabajo, sin haber logrado terminar mi carrera, iba a ser una mala vida para todos”, reflexionó.

Venciendo diversas barreras lograron que una enfermera, familiar de su pareja, hiciera el procedimiento.

“Ahora estoy casada, con dos hijas y una nieta, estoy por jubilarme, pero nada ha cambiado prácticamente. Si una jovencita sale embarazada contra su voluntad y va al hospital a solicitar una interrupción, seguro la denuncian, y si lo hace a escondidas en un lugar inseguro, se puede morir. Esa es la realidad en pleno siglo XXI”, deploró.

Meléndez, directora del Centro Flora Tristán, el retroceso en relación a los derechos de las mujeres se enmarca en la disputa global por el tipo de mundo que se desea instalar.

“Los valores de igualdad y no discriminación parecen caer porque el paradigma de derechos humanos es odioso para quienes desean el poder absoluto. Pero espero que este sea un ciclo corto de involución y que los movimientos sociales se fortalezcan y digan basta, hasta aquí”, manifestó.

Su esperanza tiene un fundamento: “Somos más quienes pensamos que no debemos retroceder, que aquellos que se callan ante esta situación”.

Más tarde para casarse, más temprano para divorciarse: ¿qué dicen los datos del INEGI?

 

Las mujeres en México se casan cada vez más tarde, pero las desigualdades relacionadas con el trabajo y los cuidados permanecen. Las estadísticas de matrimonios y divorcios correspondientes a 2025, publicadas este 29 de septiembre por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), muestran que la edad promedio de las mujeres al contraer matrimonio llegó a 32.5 años, mientras que la de los hombres fue de 35.4.

Los datos también muestran una diferencia marcada en la participación laboral: 58.3% de las mujeres que contrajeron matrimonio declaró tener trabajo, frente a 94.4% de los hombres.

El contraste es todavía mayor entre quienes no participaban en el mercado laboral. De las mujeres en esta condición, 93.4% señaló que se dedicaba a los quehaceres del hogar. En el caso de los hombres, 77.6% declaró ser jubilado o pensionado.

Las cifras forman parte de la Estadística de Matrimonios (EMAT) 2025 y la Estadística de Divorcios (ED) 2025, elaboradas a partir de registros administrativos de las Oficialías del Registro Civil y de los juzgados correspondientes.

Las mujeres llegan al matrimonio a mayor edad

Durante 2025 se registraron 491 mil 640 matrimonios en México, 1% más que en 2024.

Sin embargo, la tasa de matrimonios fue de 5.4 por cada mil habitantes de 18 años y más, menor a la registrada en 2016, cuando fue de 6.6.

La edad promedio también cambió durante este periodo. Entre 2016 y 2025, aumentó 4.1 años tanto para mujeres como para hombres.

En las mujeres pasó de 28.4 a 32.5 años, mientras que en los hombres pasó de 31.3 a 35.4 años.

El grupo de edad con mayor proporción de matrimonios para ambos sexos fue el de 25 a 29 años.

Quintana Roo registró la tasa de matrimonios más alta, con 8.6 por cada mil habitantes de 18 años y más. Le siguieron Campeche y Sinaloa, con 7.0 cada una.

En contraste, las tasas más bajas se registraron en Ciudad de México, con 3.0; Tlaxcala, con 3.3, y Guerrero, con 3.6.

El trabajo remunerado no se distribuye igual

Los registros del INEGI muestran una diferencia de 36.1 puntos porcentuales entre mujeres y hombres que declararon tener trabajo al momento de casarse.

Mientras 58.3% de las mujeres señaló que trabajaba, la proporción entre los hombres llegó a 94.4%.

Entre quienes sí tenían una actividad laboral, la posición más frecuente fue la de empleada o empleado: representó 77.8% entre las mujeres y 70% entre los hombres.

La segunda posición más frecuente fue el trabajo por cuenta propia, con 14.7% para las mujeres y 13.6% para los hombres.

Pero el dato que muestra con mayor claridad la división sexual del trabajo aparece entre las personas que no participaban en el mercado laboral.

En este grupo, 93.4% de las mujeres declaró dedicarse a los quehaceres del hogar, mientras que entre los hombres la principal actividad fue ser jubilado o pensionado, con 77.6%.

Los datos no permiten establecer por sí mismos las razones por las que las personas se encontraban fuera del mercado laboral, pero sí muestran una diferencia importante en las actividades declaradas por mujeres y hombres al momento de contraer matrimonio.

En 2025 hubo 155 mil divorcios

El INEGI registró 155 mil 254 divorcios durante 2025.

De estos, 88.3% se resolvió por la vía judicial y 11.7% por la vía administrativa. La tasa fue de 1.7 divorcios por cada mil habitantes de 18 años y más, la misma registrada en 2016.

La principal causa registrada fue el divorcio incausado, con 66.4% de los casos. Le siguió el mutuo consentimiento, con 32.5%.

La edad promedio al iniciar los trámites de divorcio fue de 41.1 años para las mujeres y 43.6 para los hombres.

La autonomía económica también aparece en los divorcios

Las diferencias en la participación laboral no desaparecen cuando termina el matrimonio.

En 2025, 52.9% de las mujeres divorciadas declaró que trabajaba, frente a 66.8% de los hombres.

Entre quienes tenían un trabajo, la posición más frecuente fue la de empleada o empleado: 80.1% de las mujeres y 72.8% de los hombres.

La estadística también muestra que las separaciones legales involucran dimensiones relacionadas con los cuidados. Entre los divorcios judiciales, 22.1% correspondía a matrimonios con una hija o hijo menor de edad; 15.7% tenía dos y 5.2% más de dos.

En 37.2% de los divorcios judiciales, la custodia de las hijas e hijos fue asignada a alguna de las personas divorciantes; en 5.7% se concedió a ambas.

La pensión alimenticia se asignó a las hijas e hijos en 37.7% de los divorcios judiciales.

Matrimonio y divorcio: más allá de las cifras

Durante 2025 hubo 491 mil 640 matrimonios y 155 mil 254 divorcios. Esto representó 31.6 divorcios por cada 100 matrimonios, una relación que aumentó 5.9 puntos entre 2016 y 2025.

Las estadísticas muestran así transformaciones en la vida conyugal: las personas llegan al matrimonio a edades mayores y los divorcios continúan formando parte de las trayectorias familiares.

Pero, al observar los datos con perspectiva de género, también aparecen diferencias que trascienden el estado civil. La participación laboral de las mujeres sigue siendo menor que la de los hombres y, entre quienes no tienen un empleo, los quehaceres del hogar continúan concentrándose de manera marcada en ellas.

Los registros del INEGI permiten, de esta manera, mirar el matrimonio y el divorcio no sólo como acontecimientos personales, sino también como fenómenos vinculados con el trabajo, los cuidados y las condiciones económicas que atraviesan la vida de mujeres y hombres en México.

Desinformación médica, presión y ofertas de “ultrasonidos gratuitos”

Mujeres que acuden a Centros de Salud de la Ciudad de México para solicitar una Interrupción Legal del Embarazo (ILE) son abordadas en el exterior por integrantes del Centro de Ayuda a la Mujer (CAM), quienes ofrecen orientación y estudios gratuitos mientras cuestionan el diagnóstico de embarazo y advierten sobre supuestos riesgos de los procedimientos.

Durante estos acercamientos, integrantes del grupo inicialmente evitan identificarse y únicamente señalan que pertenecen a “una organización”. Es hasta que las usuarias preguntan directamente por su procedencia que mencionan al Centro de Ayuda a la Mujer.

La propia Secretaría de Salud de la Ciudad de México advierte que las unidades móviles o módulos instalados en el exterior de las clínicas no forman parte del servicio de ILE y que la orientación, consulta y estudios deben realizarse al interior de las unidades médicas.

Cuestionan pruebas de embarazo y ofrecen ultrasonidos

Como parte del abordaje, integrantes del CAM cuestionan la validez de las pruebas de embarazo de orina y señalan que un resultado positivo podría relacionarse con “problemas hormonales”.

Con el argumento de confirmar el embarazo, ofrecen realizar un “ultrasonido gratuito” en una camioneta adaptada, sin informar inicialmente que pertenecen a una organización que busca desalentar la interrupción del embarazo.

Información imprecisa sobre medicamentos y procedimientos

Durante la consejería también se descalifica el uso de misoprostol, medicamento utilizado para la interrupción del embarazo, al señalar que se trata principalmente de un fármaco para tratar úlceras gástricas y que la expulsión del embarazo sería un “efecto colateral”.

También se advierte sobre supuestas consecuencias como hematomas y tumoraciones en el útero, además de presentar el sangrado como un escenario particularmente peligroso.

Sin embargo, la Secretaría de Salud capitalina establece que la ILE puede realizarse mediante medicamentos o procedimientos de aspiración endouterina, de acuerdo con la edad gestacional y los criterios clínicos. El servicio se ofrece de manera legal, confidencial y gratuita en unidades médicas y hospitales públicos.

La AMEU tampoco es un procedimiento ajeno a la atención de ILE en la capital. Los lineamientos oficiales la contemplan como un método de aspiración endouterina, mientras que las preguntas frecuentes del programa señalan su utilización entre las 11 y 12 semanas completas de gestación.

Advierten sobre infertilidad y muerte

Otra parte de la orientación consiste en presentar la perforación uterina, la infertilidad, la extirpación del útero y la muerte como posibles consecuencias de los procedimientos.

Estas afirmaciones contrastan con los datos oficiales del programa de ILE. La Secretaría de Salud de la Ciudad de México informó en 2023 que, desde la aprobación del programa en 2007, se habían realizado más de 300 mil atenciones de aborto sin registrar muertes maternas relacionadas con estos servicios.

Además, los registros oficiales muestran que entre 2007 y 2023 se realizaron más de 270 mil procedimientos de ILE, de los cuales más de 214 mil fueron mediante medicamentos y más de 52 mil mediante AMEU.

También recurren a argumentos sobre salud emocional

La estrategia de disuasión incluye advertencias sobre las consecuencias psicológicas del aborto. Durante los acercamientos se afirma que las mujeres necesariamente experimentarán tristeza o arrepentimiento después de interrumpir el embarazo.

La evidencia disponible no sostiene que exista una respuesta emocional única. Un estudio longitudinal sobre las experiencias de mujeres que abortaron encontró una combinación de emociones, pero señaló que el alivio fue la emoción reportada con mayor frecuencia a lo largo de cinco años.

El programa de ILE de la Ciudad de México, por su parte, establece que las instituciones públicas deben proporcionar consejería médica, psicológica y social con información veraz y oportuna sobre las opciones disponibles y el derecho a decidir.

Frente a las dudas sobre la seguridad de la ILE, integrantes del CAM también desacreditan la información disponible en internet y la proporcionada por instituciones de salud, al señalar que los datos sobre la seguridad de los procedimientos no coinciden con los casos que, aseguran, han observado.

Mientras tanto, la Secretaría de Salud capitalina mantiene un directorio de unidades médicas donde se ofrece la ILE y señala que las mujeres pueden recibir información y atención directamente dentro de estos centros. 

Anexo 31 proyecta 475 mil mdp para avanzar en el Sistema Nacional de Cuidados

 

El Gobierno de México proyectó 475 mil 960 millones de pesos para 2027 a través del Anexo Transversal 31, denominado “Consolidación de una sociedad de Cuidados”, instrumento con el que busca identificar y articular el gasto público relacionado con la construcción del Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados (SNPC).

De acuerdo con la Secretaría de las Mujeres, los recursos están contemplados en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2027, por lo que aún deben ser discutidos y aprobados por la Cámara de Diputados.

El Anexo 31 contempla 74 acciones transversales, que serían operadas mediante 56 programas presupuestarios de 22 ramos de la Administración Pública Federal.

La propuesta presupuestaria busca que los recursos destinados a cuidados no se concentren únicamente en una dependencia, sino que sean identificados en distintas áreas del Gobierno federal para avanzar en una política pública transversal.

¿Qué es el Anexo 31?

El Anexo Transversal 31 fue incorporado por primera vez al Paquete Económico para el ejercicio 2026. Su objetivo es identificar, contabilizar y dar seguimiento a los recursos públicos vinculados con las políticas de cuidados.

Para 2027, la Secretaría de las Mujeres plantea fortalecer este mecanismo mediante la incorporación de un indicador de monitoreo sustantivo para cada acción transversal.

Con ello, el seguimiento presupuestario buscaría ir más allá de conocer cuánto dinero se asigna o ejerce y permitiría observar también los resultados de las políticas y programas relacionados con los cuidados.

La propuesta parte de reconocer los cuidados como un trabajo, un derecho, un bien público y una responsabilidad compartida entre el Estado, las familias, las comunidades y los sectores privado y social.

Más allá del presupuesto

El proyecto para 2027 incorpora nuevas acciones bajo el principio de progresividad. Entre ellas se encuentra la asesoría jurídica para trabajadoras del sector de cuidados y la adecuación de salas de lactancia en aeropuertos.

También se contemplan actividades de difusión artística y contenidos orientados a promover la corresponsabilidad social y de género en los cuidados.

La intención es avanzar hacia una redistribución de estas tareas, que históricamente han recaído de manera desproporcionada sobre las mujeres.

La incorporación del Anexo 31 también permite identificar cuánto del presupuesto federal se destina a acciones relacionadas con cuidados y establecer un mecanismo común para su seguimiento entre distintas instituciones.

Un sistema que busca redistribuir los cuidados

La propuesta presupuestaria se plantea como parte de la construcción del Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados, cuyo propósito es ampliar y articular servicios para que las personas puedan acceder a cuidados de manera equitativa y con calidad.

Desde la Secretaría de las Mujeres se plantea que esta transformación requiere modificar la actual organización social de los cuidados y avanzar hacia una mayor corresponsabilidad entre mujeres y hombres, Estado, sector privado y comunidades.

El proyecto también vincula estas acciones con los objetivos del Programa Nacional de Proyectos Estratégicos para la Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres 2026-2030.

Para el Gobierno federal, la incorporación del Anexo 31 por segundo año consecutivo representa un mecanismo para consolidar esta política como una responsabilidad transversal de la Administración Pública Federal.

La propuesta se presenta además en un contexto internacional en el que México ha asumido compromisos relacionados con el derecho a los cuidados, entre ellos la Carta Iberoamericana de Cuidados y Apoyos, el Pacto Birregional por los Cuidados y la Opinión Consultiva OC-31/25 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Así, los 475 mil 960 millones de pesos proyectados en el Anexo 31 para 2027 representan el monto identificado por el Gobierno federal para las acciones vinculadas con cuidados dentro del PPEF. Su aprobación y distribución final dependerán del proceso de discusión del presupuesto en la Cámara de Diputados.

ONU exige proteger a mujeres buscadoras en México; Gobierno niega violencia sistemática

Las mujeres que buscan a sus familiares y a otras personas desaparecidas en México enfrentan niveles alarmantes de violencia que, en los casos más graves, han terminado en su propia desaparición o asesinato, advirtieron personas expertas independientes de Naciones Unidas.

En un pronunciamiento difundido el 30 de septiembre, las y los expertos llamaron al Estado mexicano a cumplir con sus obligaciones internacionales para proteger a las personas defensoras de derechos humanos y garantizar que las mujeres buscadoras puedan realizar su labor en condiciones de seguridad.

La alerta ocurre mientras organizaciones internacionales han documentado que las mujeres tienen una participación central en la búsqueda de personas desaparecidas y, al mismo tiempo, enfrentan distintas formas de violencia por realizar esta labor.

X trackers and content blocked

Your Firefox settings blocked this content from tracking you across sites or being used for ads.

Content from blocked embed
#Mexico: Women searching for disappeared persons face deadly violence and are often subjected to enforced disappearance themselves, warn UN experts. “A tragic example of the State’s failure to fulfil its obligations to protect human rights defenders.”https://t.co/HoSJvmUN9v pic.twitter.com/HxtXzmsKFv— UN Special Procedures (@UN_SPExperts) September 30, 2026

Mujeres buscadoras enfrentan ataques y desapariciones

Las personas expertas de la ONU señalaron que durante el último año se han documentado al menos cinco agresiones contra colectivos de búsqueda en Sinaloa, tres de ellas ocurridas en un periodo de 72 horas.

Entre los casos mencionados está el de Elisa Altagracia Bonilla, defensora de derechos humanos y activista por las personas desaparecidas, cuya desaparición fue denunciada el 29 de agosto de 2026.

Ese mismo día, Alma Rosa Rojo Medina, fundadora del colectivo Voces Unidas por la Vida, fue atacada a balazos junto con su hija y dos menores.

También recordaron que el 1 de septiembre integrantes del colectivo Corazones Unidos por una Misma Causa fueron arrollados por un vehículo durante una manifestación pacífica en Mazatlán.

El colectivo ya había enfrentado otros ataques. En febrero de este año fue asesinada su integrante Rubí Gómez-Tagle, mientras que María de los Ángeles Valenzuela desapareció en octubre de 2025.

Para los expertos, estos hechos ocurren en un contexto de impunidad que favorece la continuidad de las agresiones.

La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha documentado además preocupaciones relacionadas con ataques digitales, intimidación y obstáculos al ejercicio de los derechos de reunión y participación de personas buscadoras y familiares de personas desaparecidas.

La búsqueda no debe recaer sobre las familias

Uno de los principales señalamientos de Naciones Unidas es que la búsqueda de personas desaparecidas y la investigación de estos casos corresponde primordialmente al Estado.

Las familias deben poder participar en las tareas de búsqueda y en las investigaciones, pero esta responsabilidad no puede trasladarse a ellas, especialmente cuando hacerlo las coloca en situaciones de riesgo.

Los expertos señalaron que atacar a las mujeres buscadoras profundiza el ciclo de dolor e impunidad y afecta sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación.

También destacaron que la violencia contra mujeres defensoras de derechos humanos puede adquirir características específicas de género, relacionadas con su participación en el espacio público y con el cuestionamiento de los roles tradicionales asignados a las mujeres.

Por ello, pidieron al Estado actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar, sancionar y reparar la violencia contra las defensoras.

Amnistía documentó violencia contra 97% de buscadoras entrevistadas

La advertencia de Naciones Unidas coincide con investigaciones realizadas por organizaciones de derechos humanos.

En 2025, Amnistía Internacional publicó el informe Desaparecer otra vez: Violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en México, elaborado a partir de testimonios de 600 mujeres buscadoras de México y otros países de la región.

El informe encontró que 97 por ciento de las mujeres entrevistadas había enfrentado algún tipo de violencia o afectación relacionada con su labor de búsqueda. Entre las principales formas de violencia se documentaron amenazas, extorsiones, ataques y desplazamiento forzado; también se registraron casos de secuestro, tortura, violencia sexual, desaparición y asesinato.

Amnistía Internacional también documentó afectaciones en la salud física y mental, deterioro de las relaciones familiares y pérdida de recursos económicos entre las mujeres buscadoras.

La organización señaló que las buscadoras enfrentan además estigmatización y revictimización, incluso por parte de autoridades, y que existen obstáculos para acceder a mecanismos de protección con perspectiva de género.

Estos hallazgos permiten dimensionar que el riesgo no se limita a los momentos en que las mujeres salen a buscar a sus familiares: la violencia puede extenderse a sus hogares, familias, comunidades y espacios de participación pública.

X trackers and content blocked

Your Firefox settings blocked this content from tracking you across sites or being used for ads.

Content from blocked embed
Amnistía Internacional se suma al llamado que hacen personas expertas de Naciones Unidas al Estado mexicano de cumplir con sus obligaciones internacionales de proteger a las mujeres buscadoras, quienes enfrentan violencias y riesgos que, en muchos casos, conducen a su propia…— Amnistía Int. México (@amnistiamexico) September 30, 2026

Gobierno rechaza que exista un patrón estatal

Después de la alerta de Naciones Unidas, el Gobierno de México rechazó que exista un patrón estatal o recurrente de desaparición forzada de personas buscadoras.

En un comunicado conjunto, las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores reconocieron que existen desafíos en materia de búsqueda, investigación, identificación humana y acceso a la justicia, pero sostuvieron que atender las desapariciones constituye una de las prioridades nacionales.

El gobierno también señaló que las opiniones de las personas expertas de Naciones Unidas se emiten a título personal e independiente y, por tanto, no representan necesariamente la posición institucional de la ONU.

La respuesta oficial agregó que la información disponible, desde su perspectiva, no acredita la existencia de un patrón estatal ni recurrente de desaparición forzada de personas buscadoras.

X trackers and content blocked

Your Firefox settings blocked this content from tracking you across sites or being used for ads.

Content from blocked embed
El @GobiernoMX reafirma que la atención al problema de la desaparición y no localización de personas es una prioridad nacional y su compromiso con el diálogo, la atención y acompañamiento a las madres buscadoras y sus familias

Comunicado: … pic.twitter.com/UigilTfZ3L— Gobernación (@SEGOB_mx) October 1, 2026

ONU reconoce a las mujeres buscadoras

La advertencia de los expertos ocurre además después de que la Asamblea General de Naciones Unidas aprobara una resolución para establecer el 19 de diciembre como Día Internacional en Reconocimiento a las Mujeres Buscadoras de Personas Desaparecidas.

Para los expertos, este reconocimiento internacional visibiliza la fortaleza, las voces, la capacidad de acción y el liderazgo de las mujeres que participan en la búsqueda de personas desaparecidas.

Pero el reconocimiento internacional también plantea una exigencia para el Estado mexicano: garantizar que las mujeres puedan buscar sin que esa labor implique poner en riesgo su propia vida.

En México, la búsqueda continúa siendo encabezada en gran medida por mujeres que, además de enfrentar la desaparición de un ser querido, han tenido que asumir tareas que corresponden a las instituciones públicas.

La protección de las buscadoras, advierten los organismos internacionales, no puede separarse del derecho de las familias a conocer la verdad, acceder a la justicia y obtener una reparación integral.

Asistentes sociales ayudan a mujeres a afrontar la violencia en Papúa Nueva Guinea

 

“Di no a la violencia contra las mujeres”, reza un cartel en la vía pública que promueve la lucha contra las agresiones machistas en las Tierras Altas de Papúa Nueva Guinea. Imagen: Catherine Wilson / IPS
Catherine Wilson

SÍDNEY – En la remota región de las Tierras Altas de Papúa Nueva Guinea (PNG), los trabajadores humanitarios son un salvavidas para las mujeres y niñas que enfrentan múltiples formas de violencia.

A pesar de años de programas de concientización y promoción, la incidencia de la violencia doméstica y sexual no disminuye. Pero Janet Kilea es una sobreviviente que confrontó el miedo y el estigma asociados con su experiencia y ahora dedica su energía a transformar la vida de otras mujeres.

“Me identifico con otras mujeres que atraviesan los desafíos que yo atravesé”, dijo a IPS Kilea, quien trabaja con comunidades de la montañosa provincia de Jiwaka para la organización médica humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF). “Necesito utilizar mi experiencia para defender y empoderar a las mujeres. Las mujeres deben salir adelante y no guardar silencio frente a la violencia de género”, agregó.

A nivel mundial, alrededor de 31,6 % de las mujeres fueron víctimas de violencia física o sexual, según informa la Organización Mundial de la Salud (OMS), frente a un estimado de 64 %, más del doble, en PNG, un país insular de Oceanía, situado al norte de Australia y con una población de unos 10 millones de habitantes.

Sin embargo, el abuso contra las mujeres, ya sea físico, psicológico o económico, constituye una preocupación a nivel mundial.

Afecta a mujeres y niñas tanto en países desarrollados como en desarrollo, y la OMS sostiene que la meta 2 del 5 Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS), que busca eliminar ese abuso, está muy lejos de cumplirse y que, de mantenerse las tendencias actuales, no se alcanzará para 2030.

La supervisora de Participación Comunitaria de Médicos Sin Fronteras, Janet Kilea (izquierda), junto a la trabajadora de Salud Comunitaria, Judith (C), y la voluntaria de Salud Comunitaria, Cathy (D), en la aldea de Mondumil, en provincia de Jiwaka, Papúa Nueva Guinea. Imagen: Sophie McNamara / MSF

Además, en las Tierras Altas de PNG existen numerosas barreras para modificar las conductas que ponen en peligro la vida de las mujeres y para hacer llegar los servicios médicos y de apoyo a quienes los necesitan con urgencia.

La mayoría de la población vive en comunidades aisladas, dispersas en un vasto territorio escarpado, con bosques impenetrables, zonas de gran altitud de difícil acceso y profundos valles. Muchas personas no tienen acceso a caminos, mientras que los servicios estatales, incluida la aplicación de la ley, rara vez llegan más allá de las principales ciudades.

En todo el Pacífico, las mujeres y niñas de zonas rurales son particularmente vulnerables, ya que tienen el doble de probabilidades de vivir en la pobreza que aquellas que residen en centros urbanos, según informa ONU Mujeres, y enfrentan creencias y prácticas tradicionales arraigadas que refuerzan las nociones de desigualdad de género.

El matrimonio polígamo, por ejemplo, aumenta en 24 % el riesgo de sufrir violencia de pareja, según el Banco Mundial.

En el Pacífico, “los hombres todavía ven a las mujeres y niñas como de su propiedad y creen que tienen derecho a controlarlas. Y hasta ahora no existen iniciativas lideradas por hombres para cambiar la situación”, dijo a IPS Colin Tukuitonga, profesor de Salud Pública de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda.

“En la provincia de Jiwaka, se estima que 60 % de las mujeres y niñas sufren algún tipo de violencia”, dijo a IPS Frédérique Butez, coordinadora del proyecto de MSF en la provincia de Jiwaka.

Detalló que “en este momento solo hay un establecimiento operativo en la ciudad de Minj, un establecimiento que ofrece servicios de centros de apoyo familiar, que son servicios integrados dentro del sistema público de salud, con consultas médicas y primeros auxilios y apoyo directo. Luego se realizan derivaciones adecuadas a servicios de protección o legales, de acuerdo con las necesidades de la sobreviviente”.

El sufrimiento de las sobrevivientes puede ser enorme. Sus experiencias pueden haber involucrado armas, como cuchillos o machetes, y haber provocado dolor crónico, enfermedades de transmisión sexual, problemas de salud reproductiva, traumas graves o depresión.

También es fundamental brindar servicios de apoyo externos, ya que las mujeres con frecuencia enfrentan estigmatización y presiones dentro de sus familias y comunidades para no denunciar los abusos ante las autoridades.

Pero eso no ha disminuido la determinación de Kilea de generar un cambio. La violencia de género (VG) “es un tema muy delicado en nuestra cultura, es un tabú. Por eso, cuando vamos a las comunidades, hablamos con las mujeres sobre su vida cotidiana. Después hablamos sobre las causas profundas de la VG y comenzamos una conversación con las mujeres. Creamos un espacio para compartir experiencias”, explicó Kilea.

MSF también capacita a voluntarios de salud comunitaria, quienes son los primeros en responder y cuentan con la confianza de las comunidades. “Son el corazón del proyecto, porque son el punto de referencia dentro de cada comunidad para brindar los primeros cuidados esenciales. Son quienes permiten a las mujeres acceder al apoyo y la atención que necesitan”, dijo Butez.

Jiwaka es una provincia relativamente nueva, establecida en el territorio continental de PNG en 2012, y el gobierno provincial, que presta servicios a una población principalmente rural de unas 343.987 personas, todavía está desarrollando su alcance de servicios.

“En términos de la magnitud de las necesidades y los servicios, es bastante enorme”, dijo Butez.

Pero MSF, en asociación con la provincia de Jiwaka, utiliza sus conocimientos especializados y recursos para fortalecer las capacidades de los trabajadores de la salud locales y la capacidad de los servicios médicos y psicosociales, y para apoyar la planificación de políticas del gobierno.

La magnitud de las necesidades de salud pública también es reconocida a nivel nacional. La legislación, incluido el Código Penal y la Ley de Protección Familiar de 2013, prohíbe la violencia doméstica y la violencia contra mujeres y niños.

La estrategia de respuesta de PNG frente a la violencia de género promueve la tolerancia cero y establece objetivos como el desarrollo de una respuesta eficaz y la prestación de servicios a las personas afectadas, así como la ampliación de los programas de comunicación pública destinados a la prevención.

Algunos dirigentes políticos también se pronunciaron al respecto.

En marzo, el primer ministro James Marape dijo ante el Parlamento de PNG que “la violencia doméstica no es aceptada en nuestra sociedad. No puede golpearse el pecho como líder si maltrata a su esposa en casa. Simple. Punto”.

También sostuvo que el país “no progresará si se debilita el tejido fundamental de nuestra sociedad”.

Sin embargo, las mujeres todavía tienen dificultades para acceder a apoyo oportuno, mientras que la impunidad continúa siendo la norma para la gran mayoría de los agresores.

Una evaluación de avances realizada el año pasado por la Secretaría Nacional de Violencia de Género informó una disminución de la proporción de encuestados que presenciaron violencia doméstica en sus hogares, de 70 % en 2016 a 51 % en 2025.

Pero, en contraste, registró un aumento de 210 % en los casos denunciados de violencia contra las mujeres desde 1986 y un importante déficit en la implementación de los objetivos.

“Las estructuras de gobernanza siguen fragmentadas y carecen de recursos suficientes: solo cinco de las 22 provincias cuentan con secretarías de VG operativas y apenas 12 reciben financiamiento anual”, señala el informe, mientras que “el sistema de justicia les está fallando a las sobrevivientes, con tasas de condena por casos de VG de apenas 0,5 % en algunas regiones”.

“La implementación es un desafío en toda la región de las Islas del Pacífico”, enfatizó Tukuitonga. Un obstáculo es que los planes estratégicos suelen superar la capacidad presupuestaria de los gobiernos, y “el segundo problema es que a menudo no existen localmente las capacidades necesarias para implementar los planes de manera eficaz”.

Kilea, que cada día ayuda a mujeres y niñas que enfrentan situaciones que ponen en riesgo sus vidas, forma parte de los esfuerzos para abordar este último problema.

“Recuerdo a una mujer a la que ayudé, que tenía tres hijos varones y una hija. Su esposo la golpeaba con frecuencia y se quedaba con el dinero”, relató Kilea.

Ella no tenía ingresos ni trabajo. Además, era analfabeta y no había recibido educación, por lo que le resultaba muy difícil saber qué hacer. Pero Kilea pudo orientarla para que tuviera paciencia y se concentrara en sus hijos mientras buscaba oportunidades para alcanzar su independencia económica.

“Poco después se enteró de una oportunidad para realizar trabajo voluntario, que ahora se convirtió en un trabajo remunerado diario”, lo que le permitió dejar la relación abusiva en la que se encontraba y mudarse con sus hijos a un lugar más seguro.

A Butez le resulta alentador ver que el proyecto logra resultados y es bien recibido en la provincia. “Las comunidades realmente nos aceptan. Y, como organización, es muy importante que exista confianza con las comunidades, porque sin ella no podríamos trabajar”, dijo. “Es algo de lo que estamos realmente orgullosos”, agregó.

El trabajo de los humanitarios será fundamental ahora y en el futuro para abordar las dificultades y el sufrimiento que provoca la violencia de género, ya que la Secretaría de VG de PNG prevé que para 2046 esta podría afectar a hasta ocho millones de mujeres en el país.

Menopausia: mujeres de 45 a 65 años enfrentan una etapa clave para la economía

 

La menopausia no es únicamente una etapa de la vida relacionada con la salud de las mujeres. También tiene implicaciones en el empleo, la productividad, los ingresos y la economía, por lo que requiere respuestas desde las instituciones públicas, los servicios de salud y los espacios laborales.

Ese fue uno de los principales planteamientos de la Cumbre Sin Reglas 2026, realizada este lunes 28 de septiembre en Ciudad de México, donde especialistas, representantes gubernamentales, integrantes de la iniciativa privada y organizaciones de la sociedad civil discutieron las condiciones que enfrentan las mujeres durante la transición a la menopausia.

Durante el encuentro, funcionarias y especialistas coincidieron en que las mujeres no atraviesan esta etapa en las mismas condiciones. Factores como el tipo de empleo, el nivel socioeconómico, la región y el acceso a servicios de salud pueden determinar la manera en que viven la menopausia y las posibilidades que tienen para recibir atención.

Mujeres de 45 a 65 años, un sector clave para la economía

La titular de la Unidad de Administración y Finanzas de la Secretaría de Economía, la doctora Soledad Guadalupe López Acosta, señaló que hablar del climaterio y la menopausia también implica revisar las condiciones de los espacios laborales.

Advirtió que la falta de atención puede convertirse en una “variante oculta” de la economía, debido a que existen mujeres que continúan presentes en sus centros de trabajo, pero cuya productividad puede verse afectada por síntomas que no han sido diagnosticados o atendidos.

En ese contexto, destacó la importancia de poner atención en las mujeres de entre 45 y 65 años, a quienes identificó como uno de los sectores con mayor experiencia y capacidades para continuar aportando a la actividad económica del país.

La funcionaria señaló que muchas mujeres no hablan de lo que están viviendo por temor a perder su empleo, mientras que la ausencia de políticas y condiciones adecuadas puede llevar a que reduzcan su actividad o enfrenten dificultades para desempeñar sus funciones.

Por ello, planteó la necesidad de impulsar medidas que permitan a las trabajadoras hacer pausas, recibir atención y posteriormente retomar sus actividades.

La discusión, explicó, también debe traducirse en estadísticas y estudios que permitan dimensionar el impacto económico de la menopausia y diseñar políticas públicas específicas.

La salud también necesita prepararse

La secretaria de Salud de la Ciudad de México, la doctora Nadine Gasman, señaló que la menopausia forma parte de las distintas etapas por las que atraviesan las mujeres a lo largo de su vida y que las instituciones deben generar condiciones para que puedan desarrollar plenamente su potencial.

Durante su participación, planteó que las empresas y los gobiernos deben permitir que las mujeres puedan vivir las diferentes etapas de su vida de manera compatible con su desarrollo personal y profesional.

La funcionaria también destacó la necesidad de formar al personal de salud para atender específicamente a las mujeres durante la menopausia, de manera que quienes acudan a consulta encuentren profesionales capaces de explicar qué pueden esperar de esta etapa y cuáles son las alternativas disponibles.

La falta de especialistas y de información médica, señaló, forma parte de las brechas que deben atenderse para evitar que la menopausia se convierta en un obstáculo para la vida cotidiana y laboral de las mujeres.

No todas las mujeres viven la menopausia de la misma manera

Otro de los planteamientos de la Cumbre fue la necesidad de evitar una visión homogénea sobre la menopausia.

El director de El Economista, Luis Miguel González señaló que las condiciones laborales y económicas son distintas entre una alta ejecutiva y una trabajadora obrera, por lo que el debate debe considerar las diferencias socioeconómicas y regionales.

También destacó que las nuevas generaciones están demandando mayor flexibilidad en los espacios de trabajo, una discusión que puede contribuir a transformar las condiciones laborales para quienes atraviesan diferentes etapas de la vida.

Para las y los participantes, incorporar esta perspectiva resulta fundamental: hablar de menopausia desde una visión de derechos laborales y salud pública implica preguntarse qué sistemas deben cambiar para que las mujeres puedan permanecer en la actividad económica sin que su salud sea un obstáculo.

En la charla, también estuvo presente, Anders Thomsen, representante de UNFPA México, con la moderación de la periodista Karla Iberia Sánchez.

“Hay que hablarlo”

Gabriela Rojas Jiménez, fundadora y CEO de Sin Reglas, señaló en entrevista con CIMAC que uno de los principales retos es dejar de considerar la menopausia como un tema limitado a determinados espacios de conversación.

“La menopausia es un asunto que atañe a toda la sociedad”, planteó durante la Cumbre, al señalar que sus efectos atraviesan la salud, la economía y el empleo.

Para las mujeres que se encuentran en esta etapa, Rojas recomendó buscar información y atención médica, así como registrar los síntomas y hablar con profesionales de la salud sobre el impacto que tienen en su vida cotidiana.

Explicó que existen múltiples síntomas asociados con la transición a la menopausia y que no todas las mujeres los experimentan de la misma manera. Por ello, consideró importante que cada mujer pueda conversar con su médica o médico sobre las alternativas hormonales y no hormonales disponibles, así como sus posibles riesgos y beneficios.

Pero la conversación, sostuvo, no debe quedarse en el consultorio.

“Es importante hablarlo”, dijo, al considerar necesario llevar la conversación a los hogares, las relaciones de pareja, los círculos de amistad y los espacios laborales.

Una agenda nacional para cerrar brechas

Durante la Cumbre Sin Reglas 2026 también se presentó una Agenda Nacional de Menopausia, cuyo objetivo, explicó Rojas, parte de reconocer que existen diferentes brechas que afectan a las mujeres.

Entre ellas mencionó las brechas de información, atención, conocimiento, acceso y calidad.

La propuesta busca generar datos que permitan conocer con mayor precisión la situación de las mujeres durante esta etapa y avanzar en acciones para mejorar la atención y el acceso a información y servicios.

Para Rojas, el reto central es que las soluciones lleguen también a las mujeres que actualmente tienen mayores dificultades para acceder a información y atención.

La discusión sobre menopausia, así, trasciende la experiencia individual. Las condiciones en que millones de mujeres atraviesan esta etapa también plantean preguntas sobre los servicios de salud, los espacios de trabajo y las políticas públicas necesarias para que puedan continuar desarrollando sus proyectos de vida y su participación económica.

Las mujeres que cosieron la revolución


Despliego las copias digitales de los sumarios de 1868 y la pantalla me devuelve el reflejo de una selección deliberada del Estado. El polvo de los legajos judiciales se levanta como residuo de una persecución que buscaba cuellos para la horca. Durante décadas la historiografía oficial extrajo de ese despojo una sola figura femenina, puliéndola hasta convertirla en un bronce aceptable. El resto de las mujeres se disolvía en la mancha de lo anecdótico. Me niego a rescatar heroínas para adornar el relato patrio; prefiero interrogar el mecanismo exacto que convirtió la acción colectiva en una biografía suelta; el archivo guarda el silencio de quienes sostenían la estructura y ese silencio pesa mucho más que las proclamas impresas en las islas vecinas.

La conspiración exigía un cerebro invisible, una logística de sociedades secretas y claves masónicas operando bajo la amenaza constante del destierro; ese cerebro necesitaba un cuerpo físico donde esconderse, respirar y planificar sin levantar sospechas. Las haciendas y las casas se convirtieron en la infraestructura misma de la rebelión, un espacio donde Obdulia Valentina Serrano Ríos arriesgaba su libertad y la de sus tres hijos cada vez que la puerta de la hacienda El Triunfo se abría para los insurgentes. La domesticidad se volvió trinchera y las mujeres que cocinaban para los conspiradores no sabían si el arroz que hervían sería el último antes de que las tropas españolas irrumpieran con las bayonetas. Cuando las autoridades registraron el hogar de Ana Martínez Pumarejo buscando a su esposo Francisco José Méndez y a sus hijos Aurelio, Gerardo y Zoilo, ella abrió la puerta con las manos manchadas por la cáscara de guineos y respondió sin bajar la voz. La memoria oral le atribuye una respuesta que desnuda la complicidad total: “Mi esposo y mis hijos están en la Revolución cumpliendo con su deber. Búsquenlos allí”. La frase impregnó la casa llenándola de valor para revelarse como la manifestación de una unidad familiar que había decidido cruzar la línea de la legalidad colonial, asumiendo que la casa entera era un campo de batalla y que el castigo caería sobre todos por igual.

La familia funcionaba como el canal principal de movilización; no era la única estructura que sostenía la rebelión. María Eduviges Beauchamp Sterling formaba parte de una red de sangre que se extendía más allá de su propio cuerpo: Elías y sus cuatro hermanos, junto con un sobrino de apenas catorce años, participaron activamente en la insurrección, y todos los adultos terminaron encarcelados. La documentación inédita rescatada por el historiador Joseph Harrison Flores la señala como la verdadera “Brazo de Oro”. El título apócrifo de Mariana Bracetti se deshace al contacto con el archivo. Betances la distinguió como “benemérita patriota”, un rótulo de bronce que choca con la realidad íntima de una mujer maltratada por su esposo. Los informes oficiales confirman que gestionaba los fondos de la causa y reclutaba adeptos, operando además el contrabando de revólveres. Su nombre aparece en los interrogatorios como el centro gravitacional de una familia que el Estado colonial reconocía como peligrosa por su capacidad de reproducir la rebeldía generación tras generación. Esa capacidad se confirmó décadas después cuando Elías Beauchamp, descendiente de esa misma estirpe, ajustició al coronel Elisha Francis Riggs el 23 de febrero de 1936 y fue asesinado ese mismo día. La familia Beauchamp fue una herencia política que se transmitió por las mesas de cocina y los susurros en los patios traseros, encontrando en el siglo XX una continuidad que el relato oficial nunca supo cómo acomodar.

Desplazar el foco hacia el trabajo material obliga a mirar las manos que manipularon telas y agujas para producir las banderas de un ejército que apenas se formaba. Los archivos militares y las declaraciones de los delatores revelan la existencia de al menos seis banderas vinculadas a la gesta, desmontando el mito de una sola reliquia sagrada. Una de esas telas, capturada en Camuy por el Comandante Iturriaga, yace hoy en el Museo del Ejército de Toledo, lejos de la tierra que debía cubrir. Mariana Bracetti aparece en los documentos como encargada de las comunicaciones en clave sobre la planificación y ejecución de la revuelta, mientras la costura del símbolo fue obra de otras manos. Rosalía Márquez en Mayagüez y Dolores González de Cos en Arecibo unían retazos en la penumbra, entrelazando su labor con una movilidad en el espacio público que las nociones de género de la época subestimaban por completo. Jornaleras y mujeres esclavizadas transportaban armas y alimentos bajo el amparo de faldas amplias, sintiendo el bulto pesado contra las piernas y el frío del machete oculto, aprovechando la ceguera selectiva de unas autoridades que las consideraban inofensivas. La aguja y el bulto bajo la falda operaban como pliegues del cuerpo, sosteniendo el peso de una insurrección que el poder colonial se negaba a ver en su totalidad. Muchas de esas costureras no dejaron nombre en los sumarios. El Estado solo sabía leer la rebelión cuando venía firmada por hombres con apellidos de hacendados; sus dedos callosos y la tela pegada a la piel eran tan parte de la revolución como las proclamas de Betances.

Entre los presos, los hacendados son una minoría casi invisible: 4.5 por ciento, frente a un 39 de jornaleros y un 10 de esclavos; la revuelta no fue asunto de élites. Entre los nombres que sobreviven al filtro de los sumarios emerge Francisca Brignoni, una morena libre de Juana Díaz arrestada en Ponce por manifestaciones subversivas, cuya presencia en el registro judicial fractura la imagen homogénea del independentismo decimonónico. La mulata María Vásquez y Romana Galindo, con el cuerpo ya marcado por décadas de trabajo, fueron acusadas en Vega Baja y excarceladas por falta de pruebas; el solo hecho de que sus nombres aparezcan en los legajos revela que la revolución atravesaba las líneas de raza y clase de una manera que la historiografía posterior intentó suavizar. Los nombres que faltan en los papeles son la prueba de una red que supo esconderlos del Estado. Un Estado más preocupado por castigar a los hombres que lideraban que por rastrear a las mujeres que sostenían la estructura.

La represión española castigó cualquier transgresión de los roles de género con una violencia que los sumarios apenas insinúan entre líneas. Celia Broagau, tras ver caer a su padre en combate, enfrentó a las tropas españolas armada con un machete cuando fueron a registrar su casa, y fue arrestada de inmediato. Rosa Medina fue detenida por loar públicamente a los insurgentes cuando pasaban frente a su casa en San Sebastián, un gesto que parece menor pero que en el contexto de 1868 era una declaración de guerra. El castigo cayó sobre aquellas que usaban sus hogares como espacios revolucionarios. Obdulia Valentina Serrano Ríos y Mariana Bracetti, concuñadas y grandes amigas, compartieron la misma celda en la prisión de Arecibo, donde ambas fueron torturadas antes de ser exiliadas. Obdulia partió con su esposo a Santo Domingo y luego se radicó en Boconó, estado Trujillo, en Venezuela, donde falleció lejos de la tierra que había ayudado a conspirar. Dolores González de Cos se mudó a la provincia de Samaná, en la República Dominicana, después de la amnistía. La red revolucionaria se extendía por todo el Caribe, y el exilio guardó sus nombres en otros idiomas.

La amnistía general de 1869 que liberó a los presos de Lares fue el resultado de una operación política en la que las familias de los encarcelados tuvieron un papel que la historiografía ha mencionado solo de paso. Mientras Eugenio María de Hostos y Manuel Alonso negociaban en Madrid, las mujeres de la Isla sostenían la presión desde sus casas tejiendo redes de apoyo que cruzaban el Atlántico. El decreto se firmó el 21 de enero de 1869. Esa acción política organizada y efectiva fue borrada del relato porque no encajaba en la imagen de la mujer dócil y apolítica que la historiografía tradicional posterior necesitaba construir. La amnistía cruzó el Atlántico en un sobre con olor a sal.

La escritura de la historia recorta lo que incomoda, dejando fuera el rastro de la mujer que desafiaba a los soldados en la puerta de su casa, ocultando a las familias que sostuvieron la presión política para forzar la amnistía de 1869. Tras la represión de 1868 y los sucesos de 1887, los intelectuales liberales y autonomistas necesitaban distanciarse del radicalismo separatista. Salvador Brau institucionalizó la imagen paternalista de la mujer puertorriqueña confinada a la cabaña dedicada a las labores propias de su sexo, una imagen que no representaba un reto al orden y la jerarquía social existente. El olvido fue una decisión política para hacerlo compatible con un proyecto de gobierno propio moderado que no toleraba la indocilidad femenina. La cabaña de Brau todavía tiene las ventanas cerradas.

Para el independentismo, el Grito de Lares se ha consolidado como la fecha que más convoca, una peregrinación anual que desde 1930 —cuando Pedro Albizu Campos llamó a reunirse allí porque “Lares es el altar de la Patria”— reafirma el derecho a la libre determinación. La plaza de Lares se llena de discursos y banderas de tela nueva cada septiembre, y esa memoria convive con un silencio estructural: el Estado nunca ha hecho suya esta historia. En los libros de texto, Lares ocupa una línea, y a veces ni eso. Amplios sectores de la isla, situados fuera de ese círculo de resistencia, ignoran o desaprueban lo que ocurrió en 1868, y las mujeres fueron borradas: primero por la historiografía liberal del siglo XIX, y luego por un sistema que prefiere no recordar que un grupo de jornaleras, esclavizadas y esposas de hacendados se atrevió a desafiar el orden establecido. A pesar de que Lares nunca dejó de recordarse, el relato se construyó en torno a los héroes y mártires masculinos y a una sola figura femenina excepcional a la que se le inventó el apócrifo título de “Brazo de Oro”. Honrar la gesta implica mirar más allá del monumento y cuestionar quién decide qué nombres se graban en la piedra y cuáles se dejan a la intemperie, porque las mujeres del 68 operaban en los márgenes de una sociedad que las quería invisibles y mudas. Cada septiembre, la plaza se llena de banderas nuevas y las costureras siguen sin nombre.

La historia oficial prefiere la sombra fría de una sola heroína; la revolución se sostuvo sobre el sudor de muchas mujeres cuyos nombres el Estado nunca mencionó, o nunca quiso, deletrear. Al cerrar la aplicación me queda la imagen de esas manos cosiendo en la penumbra, el frío del machete oculto bajo la falda, y la certeza incómoda de que el archivo siempre estará incompleto, sobre todo cuando la memoria pública decide quién merece ser recordado.