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7/18/2026

Alimentar a África: las agricultoras, clave para acabar con el hambre

 

Algunas agricultoras cosechan hojas de té en una plantación en Nyaruguru, en el distrito de Kibeho, en Ruanda. El té es uno de los principales productos agrícolas de exportación del país. Imagen: Jean Baptiste Nkurunziza / IPS.- Zipporah Musau

NACIONES UNIDAS – Mientras la FAO coordina la puesta en marcha del Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026, el responsable del equipo de género, Tacko Ndiaye, explica por qué invertir en las mujeres agricultoras de África es esencial para la seguridad alimentaria, el crecimiento económico y la creación de sistemas agroalimentarios más resilientes

¿Qué papel desempeñan las agricultoras a la hora de garantizar la seguridad alimentaria en África?, se la pregunta.

Y Ndiaye responde: «Sabemos que las mujeres son el núcleo de los sistemas agroalimentarios de África. En todo el continente, las mujeres desempeñan un papel fundamental en los sistemas agroalimentarios gracias a su trabajo, sus conocimientos y su dedicación, apoyando a los hogares, las comunidades y los mercados locales».

Las mujeres constituyen casi la mitad de la mano de obra agroalimentaria —49 %— y contribuyen en todas las etapas de la cadena de valor, desde la producción y la transformación hasta la distribución y el comercio, según el reciente informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) titulado «La situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios del África subsahariana».

Además, las mujeres son las guardianas de la cultura y las depositarias de los conocimientos tradicionales transmitidos de generación en generación sobre la conservación de semillas y la protección de la biodiversidad, además de mantener los lazos sociales que sustentan el sector agroalimentario.

Al mismo tiempo, el África subsahariana sigue enfrentándose a múltiples retos en materia de inseguridad alimentaria. Por poner un ejemplo, en 2024, alrededor del 64 % de la población de África subsahariana sufría inseguridad alimentaria moderada o grave, según datos de la FAO. También sabemos que más del 30 % de las mujeres de entre 15 y 49 años padecen anemia en la región.

La autora, Zipporah Musa

Si África quiere hacer frente a sus retos en materia de seguridad alimentaria, el empoderamiento de las agricultoras debe ser una prioridad.

¿Cuáles son los retos más acuciantes a los que se enfrentan hoy en día las agricultoras en África?

En África, como sabéis, son las mujeres las que labran la tierra. Cada vez que veis una publicación sobre agricultura y sistemas alimentarios en África, es muy probable que encontréis una foto de una agricultora en la portada.

Sin embargo, a pesar de su papel fundamental, las mujeres siguen enfrentándose a desigualdades estructurales que limitan su productividad, su resiliencia y sus oportunidades económicas.

• Una de las barreras más importantes a las que se enfrentan las mujeres es el acceso y el control desiguales de la tierra. En 28 de los 32 países del África subsahariana que hemos estudiado, los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de poseer o controlar tierras agrícolas. En más del 40 % de esos países, la brecha de género en la propiedad o en los derechos seguros sobre las tierras agrícolas es especialmente pronunciada.

• También sabemos que, incluso cuando existen leyes que protegen los derechos sobre la tierra, dichas protecciones jurídicas son débiles o insuficientes. En la mitad de los países que hemos estudiado, la legislación no protege adecuadamente los derechos de las mujeres sobre la tierra.

• La propiedad de la tierra también está estrechamente vinculada al acceso a la financiación, ya que la tierra se utiliza a menudo como garantía. Sin embargo, solo el 49 % de las mujeres de la región tiene una cuenta financiera, frente al 61 % de los hombres.

• Las mujeres también se enfrentan a obstáculos a la hora de acceder a insumos agrícolas, servicios de extensión, mercados y tecnología.

• La exclusión digital es otro reto. Las plataformas digitales se han convertido en esenciales para comercializar productos, acceder a la información y adquirir nuevas competencias. Sin embargo, las mujeres tienen un 29 % menos de probabilidades que los hombres de utilizar Internet móvil. Se estima que 205 millones de mujeres en África subsahariana siguen sin tener acceso a herramientas digitales.

• Además, a pesar de sus importantes contribuciones a los sistemas agroalimentarios, las mujeres suelen trabajar en condiciones peores que los hombres. Están representadas de manera desproporcionada en empleos precarios, informales, intensivos en mano de obra, poco cualificados y mal remunerados. Esto se refleja en el hecho de que casi el 90 % de las mujeres de la región trabajan en el sector informal.

• Las normas sociales discriminatorias, la violencia de género, las restricciones al liderazgo y la participación de las mujeres, así como la pesada carga que supone el trabajo de cuidados no remunerado, limitan aún más sus oportunidades.

Hay muchos retos que deben abordarse si queremos construir sistemas agroalimentarios más inclusivos, resilientes y eficientes.

Zipporah Musau es escritora de Africa Renewal (Renovación de África), publicación digital de las Naciones Unidas.

7/04/2026

América Central cuida con desigualdad y con sistemas débiles

 

Ana Alvarado cuida desde hace cinco años a su padre, Manuel de Jesús Alvarado, de 85 años, en su vivienda del cantón El Tránsito, en Santa María Ostuma, en el centro de El Salvador, en un contexto donde, en América Central, el peso del cuidado recae mayoritariamente en las mujeres. Imagen: Edgardo Ayala / IPS.- Edgardo Ayala

SANTA MARÍA OSTUMA, El Salvador – Los esfuerzos por establecer políticas sobre cuidados en América Central avanzan lentamente, con rezagos estructurales y sin una red pública de servicios, como centros de cuido para niños y personas mayores, que evite que el peso del trabajo recaiga en su mayor parte en las mujeres.

El financiamiento siempre limitado en las siete naciones centroamericanas impide ampliar esos servicios, de modo que la construcción de un sistema integral de cuidados sigue siendo un objetivo lejano en la región, conformada por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

El istmo está marcado por profundas brechas socioeconómicas, con altos niveles de desigualdad, informalidad laboral y limitaciones fiscales que condicionan la capacidad de los Estados para ampliar sistemas de protección social para una población conjunta de 53 millones.

Detrás de las brechas estructurales en la provisión de cuidados, las dinámicas cotidianas se traducen en arreglos familiares donde la responsabilidad recae de forma desigual en una sola persona, generalmente una mujer cercana al familiar frágil, en el caso de los adultos mayores.

“Tal vez me hubiera gustado tener mis propias cosas, trabajar para tener mi casa, mi familia, pero ya era el destino que me tocaba”: Ana Alvarado.

“Aquí estamos siempre pendientes de mi papá, él es un hombre fuerte, gracias a Dios”, dijo a IPS Ana Alvarado, de 51 años, responsable del cuidado de su padre, Manuel de Jesús Alvarado, de 85 años.

Ana y su padre viven en el cantón El Tránsito, un asentamiento rural del distrito de Santa María Ostuma, en el centro de El Salvador.

Ana relató que ella trabajaba en San Salvador, la capital del país, distante unos 70 kilómetros. Pero hace cinco años asumió el cuidado permanente de su padre, luego de una serie de complicaciones médicas graves que incluyeron múltiples cirugías y una infección que dejó secuelas en el estado de salud de él.

“Casi se nos muere”, contó.

Su padre, sentado a su lado asintió, y comentó: “No todo el tiempo pasa uno con toda la energía de cuando uno es joven, se nota el avance de la edad y los golpes de las enfermedades”.

“Me tocó venirme a mí, porque era la única soltera. Me tocó estar aquí. Mis hermanos aunque quisieran estar aquí no pueden, ellos trabajan en San Salvador y ya tienen su hogar”, dijo Ana entre comprensiva y resignada.

Integrantes del Centro de Estudios de la Mujer de Honduras, 
una de las organizaciones que impulsan la creación de una ley
 de cuidados en su país, junto a un cartel con el lema “Hora de
 Cuidar”. Imagen: Cortesía del CEM

El peso sobre las mujeres

Los cuidados se entienden como el conjunto de actividades necesarias para sostener la vida diaria y el bienestar de las personas, que incluyen desde la atención a niños y personas mayores o enfermas y dependientes hasta el trabajo doméstico asociado a esas tareas.

Según el enfoque de ONU Mujeres, se trata de un trabajo esencial para el funcionamiento de la sociedad y la economía. Comprende tanto el cuidado no remunerado dentro de los hogares como los servicios de cuidado pagados, y que tiende a recaer de forma desproporcionada sobre las mujeres.

Las mujeres del Triángulo Norte de Centroamérica continúan asumiendo la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado, según el informe Estado de situación del sector de cuidados en Guatemala, El Salvador y Honduras, publicado en octubre de 2025.

El reporte establece que en los tres países persisten patrones similares en la organización del cuidado que profundizan las brechas de género.

En los tres las mujeres dedican entre tres y cinco veces más tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres, lo que se refleja en una menor participación laboral femenina.

Cerca de 70 % de las mujeres guatemaltecas permanece fuera de los sistemas laborales regulados, al igual que 66,7 % de las salvadoreñas y 64,7 % de las hondureñas. Muchas terminan incorporándose a ocupaciones precarias, caracterizadas por bajos ingresos, ausencia de protección social y escasas oportunidades de capacitación.

“En Guatemala, las mujeres continúan asumiendo la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado, lo que les impide incorporarse al mercado laboral, continuar sus estudios o dedicar tiempo a su propio bienestar”, afirmó a IPS Maritza Velásquez, de la Asociación de Trabajadoras del Hogar a Domicilio y de Maquila y de la Red Guatemalteca por los Cuidados.

Velásquez actuó como coordinadora del estudio.

La investigación también encontró que la provisión de cuidados en la región sigue descansando principalmente en arreglos familiares informales, debido a la falta de marcos normativos coherentes y mecanismos de financiamiento sostenibles, un modelo que reproduce desigualdades de género a lo largo del ciclo de vida de las mujeres.

“Hemos visto que las mujeres se dedican definitivamente más tiempo de su vida a cuidar a otros que a cuidarse ellas mismas”, acotó Velásquez.

Ante este panorama, el estudio propone destinar al menos el equivalente a 1 % del producto interno bruto (PIB) a un fondo plurianual de cuidados para ampliar la infraestructura social y reducir el déficit de servicios dirigidos a la primera infancia, personas mayores y población dependiente.

Actividad en un centro diurno en San José de Costa Rica, donde se apoya
 el cuidado de los adultos mayores, como parte de las mejoras del Sistema
 Nacional de Cuidados y Apoyos, que se considera el más avanzado hasta 
 ahora en América Central. Imagen: Sinca

Pocos avances reales

El avance de las políticas de cuidados en América Central muestra distintos niveles de desarrollo entre países, con brechas importantes en su institucionalización y alcance.

Mientras Guatemala, Honduras y El Salvador apenas comienzan a construir marcos más sistemáticos para organizar la provisión de cuidados, todavía con iniciativas fragmentadas y limitaciones de financiamiento, Costa Rica se ubica en una etapa más avanzada.

Esa nación aprobó en 2022 la Ley del Sistema Nacional de Cuidados, que dio base legal a su implementación, con una red estatal que articula servicios públicos y privados para personas adultas y en situación de dependencia, a fin de protegerlas y dar apoyo a los cuidadores, remunerados o no, para mejorar la calidad de vida de las dos partes.

En El Salvador, la política de cuidados existe como marco, pero su alcance sigue siendo muy limitado en la práctica.

“Es un instrumento poco conocido y con limitaciones para volverse operativo, pues carece de un presupuesto”, señaló a IPS Carmen Urquilla, de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz, al referirse a la Política Nacional de Corresponsabilidad de los Cuidados, aprobada en el 2023.

Esa iniciativa no es una ley aprobada por la Asamblea Legislativa, sino un instrumento de política pública del Poder Ejecutivo.

Esto significa que no tiene rango legal vinculante, sino que funciona como un marco de orientación para acciones institucionales y programas. Su implementación depende, en la práctica, de la voluntad política y de la asignación de recursos presupuestarios.

La experta salvadoreña explicó que uno de los principales desafíos no está en la definición del problema, sino en la falta de recursos para traducirlo en servicios concretos como centros de atención infantil o espacios de apoyo para personas mayores.

También advirtió que el énfasis del enfoque vigente tiende a centrarse más en quienes reciben cuidados que en la organización del sistema que los sostiene.

En Guatemala, la discusión sobre cuidados se mantiene en una fase inicial y con avances intermitentes.

“El avance es muy incipiente”, afirmó la guatemalteca Velásquez, al señalar que no existe aún una política pública consolidada.

La dirigente señaló que algunos acercamientos institucionales en materia de cuidados fueron impulsados desde la Secretaría Presidencial de la Mujer durante el gobierno de Alejandro Giammattei (2020-2024), pero advirtió que estos procesos han perdido continuidad con el cambio de administración hacia el actual gobierno de Bernardo Arévalo.

La activista agregó que la transición entre ambas gestiones ha implicado la interrupción o ralentización de varias iniciativas previas, lo que ha afectado la posibilidad de darles seguimiento sostenido dentro del aparato estatal.

Según explicó, esa inestabilidad ha dificultado la construcción de un sistema sostenido y con participación formal de las organizaciones sociales.

Velásquez agregó que, aunque se han retomado conversaciones recientes, el proceso sigue sin una hoja de ruta clara y sin mecanismos estables de articulación entre Estado y sociedad civil. En su visión, el país aún se encuentra en una etapa de definición básica de qué tipo de sistema de cuidados se quiere construir.

En Honduras, el debate ha avanzado hacia propuestas más estructuradas, aunque sin aprobación legislativa.

“El país aún no cuenta con una ley aprobada, pero sí con borradores y mesas de trabajo”, explicó a IPS Suyapa Martínez, directora del Centro de Estudios de la Mujer de Honduras.

La especialista explicó que existe una iniciativa de Ley del Sistema Integral de Cuidados presentada por una diputada de oposición, mientras el gobierno trabaja en una propuesta propia, con la intención de fusionarlas y avanzar hacia una normativa común.

Sin embargo, advirtió que el avance de esta agenda ha estado marcado por vaivenes políticos y cambios de prioridades con la llegada de un nuevo gobierno, lo que ha impedido darle continuidad sostenida a los esfuerzos previos y consolidar un marco legal estable para el sistema de cuidados.

Tras el gobierno de Xiomara Castro (2022-2026), en enero de este año llegó a la presidencia de Honduras el ultraconservador Nasry Asfura, promovido por el presidente estadounidense, Donald Trump.

Retrato de Manuel de Jesús Alvarado y su esposa, María Cristina López, cuando eran más jóvenes, 
que destaca en la sala familiar. López falleció en 2010, a los 62 años, y años después, tras sufrir varias 
enfermedades, el esposo requirió cuidados permanentes, que quedaron en manos de su hija, Ana
 Alvarado. Ella debió dejar su vida en San Salvador y trasladarse a la comunidad rural del padre. 
Imagen: Edgardo Ayala / IPS

Buenas leyes, pero de momento lejanas

La activista hondureña explicó que la propuesta de sistema integral de cuidados contempla una combinación de transferencias económicas y expansión de servicios públicos, con la creación de bonos para personas cuidadoras y apoyos directos a hogares que realizan estas tareas.

A esto se sumarían centros diurnos para personas mayores, programas de atención domiciliaria y servicios de asistencia para personas con discapacidad, como parte de una red de apoyo que busca reducir la sobrecarga actual en las familias.

La implementación de este esquema, señaló Martínez, requeriría una inversión significativa, estimada en alrededor de 29 millones de dólares en un período de cuatro años, según los estudios preliminares incluidos en la propuesta.


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En ese contexto, señaló que una de las principales referencias para el diseño del sistema es la experiencia de Uruguay.

Ese país cuenta desde 2015 con un Sistema Nacional Integrado de Cuidados, que reconoce el cuidado como un derecho humano, en lo que fue un modelo pionero en América Latina que se sustenta en la corresponsabilidad y el financiamiento compartido del Estado, las familias, el mercado y la comunidad.

En 2024, Panamá siguió parcialmente ese modelo al establecer un Sistema de Cuidado de Personas, que “garantiza el derecho al cuidado, el pleno bienestar y el desarrollo de las personas, así como a la protección de su autonomía”, brindando apoyo legal a las personas bajo cuidado y sus cuidadores. Pero el sistema enfrenta aún desafíos en su aplicación.

En el caso hondureño, Martínez advirtió que el proceso aún depende de acuerdos políticos y de la definición de recursos sostenidos para su implementación.

Mientras tanto, la cuidadora salvadoreña, Ana Alvarado, señaló que le habría gustado continuar trabajando o desarrollar un proyecto propio, pero terminó reorganizando completamente su vida para atender a su padre.

Contó que ella recibe apoyo financiero de sus hermanos para medicamentos y otros gastos de su padre, ellos se mantienen muy pendientes de él, pero el cuidado cotidiano recae casi por completo en ella.

“Tal vez me hubiera gustado tener mis propias cosas, trabajar para tener mi casa, mi familia, pero ya era el destino que me tocaba”, afirmó Ana.

6/27/2026

Paternidades presentes, cuidados desiguales

 

.-Ciudad de México.- Este domingo se celebra en México el Día del Padre. Aunque las más recientes ediciones de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (Enasic) 2022 y la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), muestran una mayor participación de los hombres en la crianza de sus hijas e hijos, las mujeres continúan asumiendo la mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados.

De acuerdo con la Enasic, en 2022, 34.7 por ciento de los hombres de entre 15 y 60 años (13.1 millones de personas) eran padres de al menos una hija o hijo menor de 18 años. De ellos, 95.5 por ciento afirmó estar al pendiente de sus cuidados; 91.7 por ciento acompañó a su pareja a consultas prenatales; 91.6 por ciento estuvo presente durante el nacimiento, y 75.9 por ciento participó en actividades como bañar, cambiar pañales, vestir o arreglar a sus hijos.

Sin embargo, la encuesta también muestra que una parte importante de los padres no vive con sus hijas e hijos. De los 13.1 millones de padres de menores de edad, 4.4 millones tenían hijos viviendo fuera del hogar. Entre ellos, 73.6 por ciento, equivalente a 2.4 millones de hombres, proporcionó apoyo económico.

De este grupo:

  • 44.7 por ciento cubrió más de la mitad o la totalidad de las necesidades de sus hijas e hijos;
  • 32.9 por ciento cubrió aproximadamente la mitad;
  • 18.3 por ciento aportó menos de la mitad, y
  • 4.2 por ciento no brindó apoyo económico o no supo responder.

En cuanto a la convivencia con sus hijas e hijos, los hombres reportaron menor participación que las mujeres en algunas actividades escolares. Mientras 45.3 por ciento de los padres asistió a reuniones o festivales escolares, entre las madres la cifra fue de 51.7 por ciento. Asimismo, 66 por ciento de los hombres dijo mantenerse al pendiente de las calificaciones escolares, frente a 69.4 por ciento de las mujeres.

En contraste, los padres reportaron una mayor participación en actividades recreativas con sus hijos durante la semana: 54.8 por ciento frente a 51 por ciento de las madres.

Las madres siguen siendo las principales cuidadoras

A pesar del mayor involucramiento paterno en algunas tareas de crianza, la responsabilidad principal de los cuidados continúa recayendo en las mujeres.

La Enasic señala que, entre las niñas y niños de 0 a 5 años que reciben cuidados dentro del hogar, 86.3 por ciento son atendidos principalmente por sus madres, mientras que únicamente 6.1 por ciento tiene como principal cuidador al padre u otro familiar.

En el grupo de 6 a 17 años, las madres continúan siendo las principales responsables del cuidado en 81.7 por ciento de los casos, mientras que los padres lo son en apenas 6.6 por ciento.

Asimismo, entre los hombres de 15 a 60 años con hijas o hijos, solo 23 por ciento realiza labores de cuidado, frente a un 77 por ciento que no se identifica como cuidador principal.

La encuesta también muestra que 83.2 por ciento de los padres están casados o viven en unión libre; 12.2 por ciento son separados, divorciados o viudos, y 4.6 por ciento son solteros.

Licencia de paternidad: cinco días desde hace más de una década

En noviembre de 2012 México incorporó a la Ley Federal del Trabajo la licencia de paternidad, un permiso laboral con goce de sueldo que busca fomentar la corresponsabilidad parental durante los primeros días de vida de las hijas e hijos.

El artículo 132, fracción XXVII Bis, establece la obligación de los empleadores de otorgar a los trabajadores cinco días laborables con goce de sueldo por el nacimiento o adopción de una hija o hijo.

No obstante, especialistas han señalado que este periodo resulta insuficiente para promover una participación más activa de los padres en los cuidados tempranos.

Datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) indican que, para 2025, 23 entidades federativas habían ampliado las licencias de paternidad para trabajadores del sector público, aunque estas disposiciones no son obligatorias para las empresas privadas.

Según el organismo, siete estados conceden más de 40 días de licencia; 14 otorgan entre 6 y 20 días; dos estados ofrecen entre 21 y 40 días, mientras que nueve mantienen permisos de cinco días.

En diciembre de 2023, la Cámara de Diputados aprobó una reforma para ampliar la licencia de paternidad de cinco a 20 días laborables con goce de sueldo. Sin embargo, la iniciativa permanece pendiente de discusión y aprobación en el Senado.

La brecha en el uso del tiempo persiste

La desigualdad también se refleja en el uso del tiempo. La ENUT 2024 revela que las mujeres continúan destinando muchas más horas que los hombres al trabajo no remunerado de cuidados, labores domésticas, trabajo comunitario y voluntario.

Mientras las mujeres dedicaron en promedio 64.8 horas semanales a estas actividades, los hombres invirtieron 30.9 horas, menos de la mitad.

Entre las personas que trabajan 40 horas o más a la semana en actividades remuneradas, las mujeres destinaron además 12.7 horas más al trabajo doméstico que los hombres en la misma condición laboral.

Las mayores brechas se registraron en la preparación de alimentos y la limpieza del hogar. Las mujeres dedicaron en promedio 13 horas semanales a la preparación y servicio de alimentos, frente a 4.7 horas de los hombres. En las labores de limpieza, ellas invirtieron 4.8 horas más por semana.

La diferencia también es evidente en el cuidado infantil. Las mujeres destinaron 33.4 horas semanales al cuidado de niñas y niños de 0 a 5 años, mientras que los hombres dedicaron 14.8 horas. En el cuidado de personas con enfermedades crónicas o discapacidad, ellas invirtieron 23.8 horas semanales, casi el doble que las 13.1 horas reportadas por los hombres.

Aunque las encuestas muestran avances en la participación de los padres en la crianza y una mayor presencia en la vida de sus hijas e hijos, los datos evidencian que la corresponsabilidad en los cuidados continúa siendo una tarea pendiente en México.

«Cuidar también es producir». Proponen incluir los cuidados en política industrial del país

 

.-Ciudad de México.- La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en conjunto con la Secretaría de Economía (SE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentaron el documento «Acción para la igualdad de género y la sociedad del cuidado: propuesta normativa», una iniciativa que plantea acciones concretas para integrar la perspectiva de cuidados en la política industrial y el desarrollo económico del país.

 
El documento parte de una premisa fundamental:

«Para que México aproveche plenamente las oportunidades derivadas de la reconfiguración de las cadenas globales de valor y los objetivos del Plan México, es indispensable avanzar hacia un modelo de desarrollo que elimine las barreras estructurales que limitan la participación económica de las mujeres».

Como parte de la presentación de esta propuesta, señalan que «la prosperidad compartida en México exige desmantelar la división sexual del trabajo y la injusta organización social de los cuidados», porque esto constituye un nudo estructural de la desigualdad de género.

Resaltan que «el éxito del Plan México y la transformación económica del país dependen de consolidar una política industrial feminista que eleve el cuidado al rango de infraestructura habilitadora».

Recordemos que en agosto del 2025, de forma previa a la 16 Conferencia Regional de la Mujer en América Latina y el Caribe con sede en Ciudad de México, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoció el cuidado como un derecho humano y señaló que corresponde a los Estados garantizarlo, así como adaptar medidas legislativas para lograr su plena eficacia.

La Corte determinó que los Estados tienen la obligación de implementar acciones concretas para desmantelar los estereotipos que generar una distribución desigual de las labores del cuidado, así como asegurar que las mujeres que realizan este trabajo de la forma no remunerada puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.

La propuesta

La propuesta identifica que la actual organización social de los cuidados constituye uno de los principales nudos de la desigualdad de género.

La insuficiente infraestructura de cuidados restringe la autonomía económica de millones de mujeres —de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la participación laboral de las mujeres en el país es de apenas 45,7%, y el valor del trabajo no remunerado que recae mayoritariamente sobre ellas equivale al 23,9% del PIB nacional—. Esta exclusión representa, además, un obstáculo para la productividad, la competitividad y la disponibilidad de talento que requieren los sectores productivos estratégicos.
 
Como respuesta, en un ejercicio iniciado bajo la solicitud de la Secretaría de Economía, el grupo de instituciones propone actualizar el Estándar de Parques Industriales (NMX-R-046-SCFI-2015) para incorporar servicios como Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI), lavanderías, comedores duales, lactarios, áreas de autocuidado y sistemas de transporte seguro. La incorporación de esta infraestructura permitiría facilitar la participación laboral de las mujeres y mejorar las condiciones de bienestar de las trabajadoras.
 
El documento destaca que la localización de estos servicios en parques industriales y Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar (PODECOBI) generaría economías de escala y de aglomeración que permitirían compartir costos entre empresas, beneficiando especialmente a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).
 
La importancia de esta propuesta radica en que se inscribe en una de las líneas estratégicas de trabajo más relevantes de la CEPAL durante las últimas décadas: el reconocimiento del cuidado como un pilar del desarrollo sostenible. 

Desde una perspectiva regional, la CEPAL ha impulsado la construcción de la sociedad del cuidado como una condición indispensable para alcanzar la igualdad de género, fortalecer la cohesión social y promover un crecimiento económico más inclusivo y sostenible.
 
A través de sus investigaciones y recomendaciones de política pública, la Comisión ha demostrado que los cuidados no deben entenderse únicamente como una responsabilidad privada de los hogares o de las mujeres, sino como una función social y económica que requiere la corresponsabilidad del Estado, el sector privado, las comunidades y las familias.
 
La propuesta presentada refuerza esta visión al reconocer que la inversión en infraestructura y servicios de cuidado genera un triple dividendo: incrementa ael bienestar de las personas, promueve la creación de empleo y fortalece la productividad empresarial. En este sentido, el documento plantea una nueva forma de entender el desarrollo económico, donde el cuidado se convierte en una infraestructura habilitadora para la competitividad y el bienestar.
  
«Cuidar también es producir», concluye el documento, sintetizando una visión de desarrollo que coloca a las personas y a la sostenibilidad de la vida en el centro de la estrategia económica.

11/29/2025

Valor del trabajo en labores domésticas y de cuidados supera contribución en PIB de manufacturas y comercio

 

El organismo autónomo precisó que esos 8 billones de pesos del trabajo no remunerado representó casi el 24 por ciento del PIB nacional en el 2024, siendo el porcentaje más alto desde 2020 (25.1 por ciento).
El organismo autónomo precisó que esos 8 billones de pesos del trabajo no remunerado representó casi el 24 por ciento del PIB nacional en el 2024, siendo el porcentaje más alto desde 2020 (25.1 por ciento). Foto Cuartoscuro / Archivo

Ciudad de México. El valor del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados en México equivale a alrededor del 23.9 por ciento del producto interno bruto (PIB) del total de la economía mexicana, reveló el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Además, el valor que se generó por el trabajo no remunerado de los hogares, como porcentaje del PIB del total de la economía, superó algunas actividades económicas, como la industria manufacturera (20.1 por ciento) y el comercio (18.7 por ciento), principales actividades de la economía nacional.

Al dar a conocer la Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares de México, el Inegi estimó que el valor económico de las labores domésticas y de cuidados que realizó la población de 12 años y más fue de aproximadamente 8 billones de pesos, cifra similar a los activos administrados por las afores (el ahorro de los trabajadores para su retiro) de 8.18 billones de pesos al cierre de octubre del presente año. Pero también muy cerca de los 7.5 billones de pesos que alcanzó el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) en 2024.

El organismo autónomo precisó que esos 8 billones de pesos del trabajo no remunerado representó casi el 24 por ciento del PIB nacional en el 2024, siendo el porcentaje más alto desde 2020 (25.1 por ciento). De ese monto, las mujeres contribuyeron con el 72.6 por ciento y los hombres, con 27.4 por ciento. En conjunto, las labores domésticas y de cuidados que realizaron las mujeres aportaron 2.7 veces más valor económico que las que desempeñaron los hombres.

En 2024, la población que realizó trabajo no remunerado se compuso mayoritariamente de mujeres, con 53.9 por ciento del total. Los hombres representaron 46.1 por ciento. Sin embargo, al medir este trabajo en número de horas y en valor económico, las mujeres aportaron casi tres cuartas partes del total de esta actividad.

Por tipo de actividad, la limpieza y mantenimiento a la vivienda participaron con 26.8 por ciento del valor económico total; las actividades de cuidados y apoyo contribuyeron con 23.6 por ciento; las de alimentación, con 23 por ciento; las compras y administración del hogar, con 10.4 por ciento; la ayuda a otros hogares y trabajo voluntario, con 8.7 por ciento, mientras que la limpieza y cuidado de la ropa y calzado, con 7.5 por ciento.

El valor económico neto (no consideran el componente de prestaciones sociales) anual fue de 60 mil 379 pesos, en promedio, por persona. De dicho monto, cada mujer realizó trabajo no remunerado equivalente a 82 mil 339 pesos anuales. Por su parte, cada hombre realizó actividades similares por un monto promedio de 34 mil 695 pesos.

La Ciudad de México, estado de México, Jalisco, Veracruz y Nuevo León registraron el mayor valor económico de las labores domésticas y de cuidados. Y es que el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados fue de poco más de 8 billones de pesos. De ese total, los estados que aportaron una mayor participación fueron el estado de México, con 11.6 por ciento; la Ciudad de México, con 6.7 por ciento; Jalisco, con 6.6 por ciento; Veracruz, con 6.3 por ciento, y Nuevo León, con 5.6 por ciento.

El Inegi destaco que al revisar el valor del trabajo no remunerado de cada entidad federativa respecto del PIB que generaron, los estados con los niveles más altos fueron el de Chiapas (58.4 por ciento); Guerrero (50.3 por ciento); Tlaxcala (46.9 por ciento); Oaxaca (42.9 por ciento) e Hidalgo (38.9 por ciento).

11/01/2025

Indispensable dejar de feminizar tareas de cuidado, es una responsabilidad compartida: ONU

El trabajo de cuidados es uno de los principales sostenes del mundo, ya que está presente en la vida de todas las personas y da forma a las economías y comunidades. Sin embargo, históricamente se ha reforzado la idea de que los cuidados son “cosa de mujeres”, lo que limita los derechos y las oportunidades de ellas y constituye a “un lastre” para la sociedad en su conjunto.

Pese a que el trabajo de cuidados es esencial, sigue siendo invisible e infravalorado. Si se contabilizara el trabajo no remunerado que realizan las mujeres, superaría el 40 por ciento del producto interno bruto (PIB) en algunos países, de acuerdo a la ONU.

Además, los trabajos de cuidados remunerados también han sido ocupados mayoritariamente por mujeres, como niñeras, empleadas del hogar, cuidadoras, enfermeras y docentes. Sin embargo, estas funciones suelen ser informales, estar mal remuneradas y carecer de protecciones básicas, como atención sanitaria o licencias retribuidas.

Datos de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados de 2022 mostraron que en México hay 58.3 millones de personas susceptibles de recibir cuidados en los hogares. Entre ellas se encuentran personas con discapacidad o dependientes, niñas y niños, y personas adultas mayores. No obstante, son las mujeres de 15 años en adelante quienes mayormente se dedican a esta labor, conformando el 75.1 % de las personas cuidadoras.

Además, dedican en promedio 37.9 horas a la semana a estas tareas, atendiendo principalmente a niñas y niños, así como encargándose de los cuidados del hogar. De las mujeres que proveen cuidados, el 39.1 % afirmó experimentar cansancio; el 31.7 % vio reducido su tiempo de sueño; el 22.7 % sintió irritabilidad; el 16.3 % manifestó depresión; y el 12.7 % indicó que su salud física se vio afectada.

El continuar relegando estas tareas de cuidados a las mujeres contribuye a limitar el tiempo que estas pueden dedicar a estudiar, acceder a un empleo remunerado decente, participar en la vida pública o descansar. Alrededor del 45 por ciento de las mujeres en edad de trabajar están fuera del mercado laboral como consecuencia del trabajo de cuidados no remunerado, frente a tan solo el 5 por ciento de los hombres.

El verdadero cambio empieza por considerar el trabajo de los cuidados como una labor esencial y cualificada; no como un favor o un deber de las mujeres, sino como un bien público que merece reconocimiento e inversión y constituye una responsabilidad compartida. ONU Mujeres 

Persiste la negativa a delegar el trabajo de cuidado a alguien que no sean las mujeres, siendo el Sistema Nacional de Cuidados una alternativa para ellas. Este modelo quedó estipulado como parte de las promesas de campaña y de los 100 compromisos de Claudia Sheinbaum Pardo, pero no será una realidad en este sexenio, la actual titular de la Secretaría de las Mujeres, Citlali Hernández, declaró que en esta administración México no contará con un Sistema Nacional de Cuidados porque “requiere años de planeación política y recursos que probablemente no alcancen a estar cubiertos en este sexenio”.

Pese a ello, es importante seguir insistiendo en que un sistema de cuidados que funcione adecuadamente debe reconocer los cuidados como un pilar de sociedades prósperas e igualitarias desde el punto de vista de género. También implica reducir las tareas domésticas y de cuidados no remuneradas, que requieren gran cantidad de energía, mediante el uso de infraestructuras y tecnología, y redistribuir las responsabilidades de manera más equitativa entre mujeres y hombres, hogares y Estado, así como familias, comunidades y empresas.

Además, un sistema de cuidados efectivo debe recompensar a quienes se dedican a esta labor con un salario justo, protección social y condiciones de trabajo dignas; garantizar la participación de estas personas en el diseño de políticas y en los espacios de toma de decisiones que afectan sus vidas; y dotar de recursos a los sistemas de cuidados mediante fondos públicos para políticas, servicios, infraestructuras, normas y capacitación.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) refirió durante la pasada Conferencia Regional sobre la Mujer que un SNC consta de lo siguiente:

Diseñar sistemas integrales de cuidado desde una perspectiva de género, interseccionalidad e interculturalidad y de derechos humanos que promuevan la corresponsabilidad entre mujeres y hombres, Estado, mercado, familias y comunidad, e incluyan políticas articuladas sobre el tiempo, los recursos, las prestaciones y los servicios públicos universales y de calidad, para satisfacer las distintas necesidades de cuidado de la población como parte de sistemas de protección civil.

10/18/2025

Cómo se cuidan los vínculos a la distancia? Cuidados transnacionales

 

A estas prácticas se les conoce como cuidados transnacionales: gestos, rutinas y estrategias mediante las cuales las personas en movilidad acompañan y sostienen a sus seres queridos desde otros países.

Los vínculos a la distancia se expresan de diferentes formas: apoyo económico a través del envío de remesas, acompañamiento emocional mediante llamadas y videollamadas, participación en la crianza de hijas e hijos, o incluso en la toma de decisiones familiares importantes. Estos cuidados pueden provenir tanto de quienes migran como de quienes permanecen en el lugar de origen, lo que evidencia que el cuidado es un proceso bidireccional y compartido.

En la práctica, los cuidados transnacionales se ejercen de manera cotidiana, aun cuando los cuerpos no estén en el mismo territorio. Desde un mensaje de ánimo en medio de la jornada laboral, hasta participar en la educación de una hija o hijo a través de plataformas digitales, estos gestos mantienen vivos los lazos afectivos y familiares. Así, el cuidado a la distancia se convierte en una forma de resistencia y de amor que sostiene a las familias en contextos marcados por la separación física.

No obstante, muchas veces en esas llamadas no se habla de lo que realmente se está viviendo. Se omiten las experiencias de discriminación, las duras condiciones laborales o los percances sufridos durante los trayectos migratorios. Se silencian los propios sentires “para cuidar” a quienes se quedaron, en un intento de no preocuparles. Aunque este silencio nace del afecto, con el tiempo puede generar frustración, aislamiento emocional y una sensación de desconexión que debilita el vínculo familiar.

Sabemos que los cuidados son fundamentales para la sostenibilidad de la vida. Como plantea Silvia Federici, el sistema capitalista se sostiene a través de la fragmentación: nos aísla, rompe redes de apoyo y privatiza el cuidado, manteniéndonos dependientes del salario y del mercado.

Llevando esta lectura al caso de las familias transnacionales, vemos cómo esa lógica se profundiza. Una mujer que migra para sostener económicamente a su familia vive la fragmentación del cuidado de forma encarnada: su cuerpo y su tiempo de vida se desplazan para mantener otras vidas, reproduciendo el trabajo de cuidado, pero a la distancia.

En este contexto, Federici propone repolitizar el cuidado, reconstruirlo como una práctica colectiva y comunitaria, incluso más allá de las fronteras. Frente al despojo y la separación que impone el capitalismo global, la apuesta feminista es reconectar los vínculos de cuidado entre quienes migran y quienes se quedan, imaginando formas de sostener la vida desde la red, no desde la soledad.

Frente a las distancias impuestas por el sistema, es urgente construir estrategias que fortalezcan los vínculos afectivos transnacionales. Hablar de forma abierta y asertiva, compartir tanto las alegrías como las dificultades, puede convertirse en un acto político y reparador. Reconocer la vulnerabilidad como parte del cuidado nos permite romper con el silencio que fragmenta y aísla.

Apostar por redes de apoyo familiares, comunitarias o virtuales, que escuchen sin juicio y acompañen sin estigma, es una forma de reconstituir los lazos que el sistema intenta deshacer. Cuidar(se) en la distancia no solo implica enviar dinero o brindar apoyo material. También es mantener viva la palabra y la escucha como formas de resistencia colectiva.

Cuidar a la distancia es una práctica profundamente humana que desafía las fronteras impuestas. En cada gesto, en cada llamada, en cada silencio cargado de amor, las familias transnacionales reinventan el cuidado como una forma de resistencia cotidiana. Reconocer estas prácticas, visibilizarlas y fortalecerlas es un paso necesario para imaginar un mundo donde la vida, incluso entre distancias, pueda sostenerse con dignidad, acompañamiento y ternura.

México: a mujeres, el doble del trabajo doméstico y de cuidados

Gabriela Rodríguez *       

Ciertamente el tiempo dedicado al trabajo no remunerado de cuidados apenas en los últimos años se está reconociendo. El Inegi presentó los resultados de la Encuesta Nacional sobre el uso del Tiempo (ENUT, 2024), un trabajo realizado en una muestra de 32 mil 48 viviendas del país.

Se define “tiempo total de trabajo” el que comprende tanto el trabajo que genera ingresos como el que no. El “trabajo remunerado o para el mercado” comprende el trabajo de producción de bienes y la prestación de servicios para terceros a cambio de un pago o beneficio. Abarca trabajo formal (con contrato y seguridad social) y el informal, el tiempo de búsqueda de trabajo, la creación de negocios y los traslados para realizar el trabajo. El “trabajo no remunerado” comprende el trabajo de producción de bienes de autoconsumo, el trabajo doméstico (preparación de alimentos, limpieza, lavado, compras, etcétera) y el de cuidados para el propio hogar y de familiares (bebés, niñas, niños y adolescentes, personas mayores dependientes, enfermas o con alguna discapacidad), así como el trabajo comunitario y el voluntario.

En México, es mucho el tiempo que mujeres y hombres se dedican a trabajar, el promedio nacional es de 59.1 horas semanales: ellas trabajan 61.1 por semana y ellos 58. Al trabajo no remunerado (doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario) las mujeres dedican 39.7 horas semanales en promedio, el doble que los hombres, quienes a estos trabajos dedican 18.2 horas, por lo que la brecha es de 21.5 horas.

Tan sólo al trabajo doméstico ellas dedican en promedio 28.2 horas semanales y ellos 11.5; al trabajo de cuidados, ellas dedican 13.6 horas y ellos 8.7, en tanto que al trabajo voluntario ellas dedican 8 horas semanales y ellos 5.5; al trabajo comunitario ellos dedican 3.7 horas semanales y ellas 2.6 horas. Al trabajo para el mercado o remunerado, las mujeres dedican 9 horas menos, 42.2 horas semanales, en tanto que los hombres dedican 51.3 horas semanales.

La población que habla lengua indígena (HLI) trabaja muchas más horas que la no hablante y las brechas de género son mayores: ellas dedican 44 horas semanales al trabajo no remunerado (doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario), al que ellos dedican 16.7 horas, una diferencia de 28 horas; en tanto que al trabajo remunerado, ellas dedican 36 horas, 11 horas menos que las 47.3 horas semanales que le dedican ellos.

En la población HLI es de destacar la brecha entre los sexos en trabajo doméstico: ellas dedican 23 horas más, 32.7 horas semanales, en tanto que ellos sólo 9.5 horas a la semana. Las mujeres HLI trabajan en total 80 horas a la semana y sus contrapartes masculinas, 64.

Entre personas con discapacidad, también son relevantes las diferencias: ellas dedican 24.9 horas semanales al trabajo doméstico, más del doble que los hombres con alguna discapacidad, quienes dedican 11.7 a estas labores.

Las brechas de género en el trabajo presentan grandes diferencias en las entidades federativas. En Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Nayarit, Durango y Sinaloa las mujeres dedican en promedio 24 horas semanales más que los hombres al trabajo no remunerado (doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario); en la Ciudad de México y Baja California la brecha de género es la menor con 15 horas en promedio, la segunda posición la tienen Chihuahua, Yucatán y Quintana Roo, lugares donde las mujeres dedican 18 horas más al trabajo no remunerado que sus contrapartes masculinas.

Focalizando en el trabajo de cuidados, las mayores brechas de género las registran Veracruz, Nuevo León, Campeche e Hidalgo, donde las mujeres dedican 6 horas más a diferencia de los hombres, en tanto que en Baja California, Jalisco, Durango y la Ciudad de México, las mujeres muestran menores brechas, con diferencias de 3 a 4 horas más que los hombres al trabajo de cuidados.

Entre la población económicamente activa (PEA), quienes dedican 40 horas semanales al trabajo remunerado o de mercado, ellas dedican 23.8 horas (12.7 horas más) al trabajo doméstico, en tanto que ellos sólo 11.1 horas semanales; al trabajo de cuidados, las mujeres de la PEA que cubren 40 horas laborales dedican 8.3 horas y los hombres 5.3 horas.

El 15.2 por ciento de las mujeres quisieran dedicar menos tiempo al trabajo doméstico, un deseo de 6.4 por ciento de los hombres. Las horas semanales dedicadas a utilizar medios de comunicación masiva es de 15.1 horas para las mujeres y 15. 7 horas, los hombres. A deportes ellas dedican 4.7 horas y ellos 5.4, en tanto que a juegos y aficiones ellas dedican 4.1 horas y ellos 6.1 horas semanales. Los hombres dedican 6.9 por ciento menos tiempo a rezar, meditar y descansar, y 2.5 menos horas a los cuidados de salud.

Las estadísticas confirman una distribución desigual e injusta del tiempo dedicado al trabajo, un tema de interés público, toda vez que las brechas laborales de género son un freno estructural para la economía del país, para la movilidad social y para la autonomía y crecimiento de las mujeres, y en menor medida para la movilidad social de los hombres. Los mexicanos se resisten a colaborar más en las tareas domésticas y de cuidados, a lo que contribuyen jefes y patrones al no flexibilizar ni reducir los horarios laborales ni mejorar los salarios de las trabajadoras y de los trabajadores.

* Secretaria técnica del Conapo

X: Gabrielarodr108

9/20/2025

Trabajo de cuidados, la otra cara del postparto

 

El puerperio es la etapa que comienza una mujer inmediatamente después del nacimiento. Suele decirse que tiene una duración de 40 días, aunque puede extenderse por meses e incluso hasta un año. En ese período retroceden los cambios que se produjeron durante el embarazo. Existe un puerperio inmediato que se produce en las primeras 24 a 48 horas inmeditatas luego del parto, en los que las mujeres puérperas experimentarán grandes cambios tanto a nivel físico como emocional. Sea cual sea la etapa del puerperio en que la mujer se encuentre, requerirá apoyo especial de su entorno más cercano. UNICEF

En entrevista para Cimacnoticias, Brisa Armenta, sexóloga de la organización Psicobienestar y Sexualidad Integral, declaró que una mujer atraviesa diferentes cambios en su cuerpo desde que comienza su embarazo e incluso después de este. Por ejemplo, los órganos se mueven de lugar para dar espacio al crecimiento del feto y este mismo hace presión en la zona pélvica causando incontinencia urinaria.

Para Armenta, no se debe perder de vista los aspectos psicológicos y emocionales cuando una mujer se convierte en madre, ya que debe adaptarse a nuevos roles que le son otorgados es sociedades patriarcales, uno de ellos es el trabajo de cuidado que recaen en las mujeres al considerar que es algo inherente a su género. Debido al trabajo que implica cuidar y alimentar a un recién nacido, pueden presentar falta de sueño y cansancio que influye en su deseo sexual.

Datos de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 mostraron que en México hay 58.3 millones de personas susceptibles de recibir cuidados en los hogares. Entre ellos, la población infantil entre 0 a 5 años representó el porcentaje más alto de cobertura de cuidados llegando a conformar el 99%; pero también se encuentran personas con discapacidad o dependientes, infancias y personas adultas mayores. 

No obstante, son las mujeres de 15 años en adelante quienes mayormente se dedican a esta tarea conformando el 75.1% de personas cuidadoras. Además, ellas atienden principalmente a niñas y niños, así como se hacen cargo de los cuidados del hogar. De las mujeres que proporcionan cuidados, el 39.1% afirmó tener cansancio; 31.7% disminuyó su tiempo de sueño; 22.7% sintió irritabilidad; 16.3 sintió depresión y el 12.7% vio afectada su salud física. 

Algunas mujeres también tienen un empleo remunerado que balancean con el trabajo de cuidados. La encuesta reveló que la tasa de participación de las mujeres económicamente activas que brindan cuidados es de 56.3%. Además, personas de entre 15 a 60 años, el 42.7% estuvieron en desacuerdo con llevar a las infancias a una guardería o estancia infantil y el 50.6% manifestó no estar de acuerdo con dejar a las personas mayores a una institución para su cuidado. Esta situación muestra una negativa de delegar el trabajo de cuidados a terceros.

Por otro lado, la auto imagen de las mujeres en el posparto también se coloca como un factor esencial y tampoco se sienten cómodas por cómo lucen causando síntomas de inflamación e inseguridad en ellas: «Es como una serie de sensaciones, dicen algunas pacientes, como si te hubiera atropellado un carro y entonces es como un poco de todo», mencionó Brisa Armenta.

Por lo tanto, para que el cuerpo se reconfigure a su estado anterior necesita tiempo de reposo. Esto aplica especialmente cuando atravesaron por procesos de cirugía como una cesárea, llevándola a no forzar su cuerpo hasta que pueda cicatrizar completamente, ya que en el proceso se abren varias capas de la piel y en promedio se estiman 2 años para que pueda cicatrizar al interior.

A los cambios fisiológicos se suman los bajos niveles de libido que les provoca no querer tener relaciones sexuales. Los motivos de que esto ocurra pueden ser debido a síntomas psicológicos, baja calidad de relación, estrés, agotamiento o sensación de experiencia negativa del parto como daño perineal. Otro factor importante es la lactancia materna debido a que suprime la ovulación y la menstruación, según establece el artículo.

En el posparto tardío, a partir de los 40 días después de dar a luz, algunas mujeres llegan a experimentar bajo libido sexual como producto de cambios anatómicos, fisiológicos, psicológicos y sociales propios de esta etapa, sin embargo algunas se enfrentan a presión de sus parejas para retomar la actividad sexual, lo que en algunos casos puede derivar en situaciones de coerción.

De acuerdo con el articulo «Conflicto sexual sobre sexo ¿Una consecuencia subestimada del parto?» en algunas sociedades son los hombres quienes desean tener familias numerosas y este factor es determinante en los conflictos sexuales de pareja durante el posparto. A esto se suma que por lo general ellos presentan un libido más alto que ellas en esta etapa, por lo que, suelen presionar o forzar a sus parejas para que suceda el acto sexual en esta etapa, un fenómeno que es invisibilizado y difícilmente nombrado como violencia sexual.

Las consecuencias no de cumplir con la cuarentena

De acuerdo con Brisa Armenta el periodo en promedio de espera antes de llevar a cabo un acto coital completo es entre 4 a 6 semanas en lo que se recupera el cuerpo físicamente. De no esperar a que el cuerpo descanse, las mujeres pueden experimentar desgarre vaginal, abertura del cuello uterino y sangrado posparto (sangre, tejido uterino, moco y otros restos del útero).

Asimismo, la vagina también puede presentar sequedad por los cambios hormonales dados del parto, por lo que no pueden lubricar y si se lleva a cabo el acto sexual con penetración puede provocar laceraciones o rozaduras. Esto no es cómodo para las mujeres e incluso algunas deben usar lubricantes cuando retoman la actividad sexual para ayudar al cuerpo.

El suelo pélvico también se encuentra débil después del parto e incluso el personal médico llega a recomendar ejercicios para ayudar a recuperar el tono muscular de la vagina, ya que se encuentra lastimada por el peso que tuvo que cargar durante el embarazo, pero también por aquellas mujeres que parieron vía vaginal, de lo contrario las madres pueden perder la capacidad de sostener esfínteres.

En adherencia, los tejidos genitales también se encuentran sensibles o inflamados después del parto y esto puede durar varias semanas. Esta situación provoca que durante una penetración existe presencia de dolor e inflamación.

Por esta razón, Brisa apuntó que es necesario que las mujeres identifiquen si se sienten listas física y mentalmente para retomar la actividad sexual fuera de una situación de coerción o presión por parte de sus parejas, el cual puede derivar en varias violencias y terminar en una situación grave de emergencia médica.

Para evitar estas situaciones, la sexóloga recomienda mantener una comunicación abierta entre parejas sobre cómo se sienten y cuáles son sus deseos y necesidades para que la relación se nutra.

Retomar la relación sexual de forma segura

En caso de que ambos quieran retomar la relación sexual, existen formas más seguras para obtener placer sin que exista una penetración, ya que el erotismo no solo se consigue a través de los genitales u órganos sexuales.

Una vez que se comience con las penetraciones se debe tener en cuenta que la mujer no estará completamente lista, por lo que no podrá realizar posiciones sexuales con facilidad. Regularmente se debe empezar con posiciones donde ella no haga mucho esfuerzo o que el hombre no aplique mucha fuerza, de lo contrario puede provocar que las mujeres ya no quieran tener contacto sexual por miedo a sentir dolor.

Claudia pide 466,674 millones para “Sociedad de Cuidados”

 sinembargo.mx

La creación de una Sociedad de Cuidados es una acción de justicia para el tiempo y actividades de las mujeres. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, las mujeres dedicaron en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, mientras que los hombres,18.2 horas: la brecha fue de 21.5 horas.

Ciudad de México, 9 de septiembre (SinEmbargo).- El primer Paquete Presupuestal del Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum contempla recursos para la Consolidación de una Sociedad de Cuidados, atendiendo un reclamo antiguo de colectivos feministas y de mujeres en general que abogan porque el Estado asuma tareas de cuidado que históricamente han sido asignadas a las mujeres sólo por un rol de género.

El Proyecto de Presupuesto plantea la creación del Anexo Transversal 31 que tendrá el fin de avanzar en la construcción del Sistema Nacional de Cuidados. El Gobierno de México solicitará un monto de 466 mil 674 millones de pesos para dicho fin.

Incluye 49 programas presupuestarios de 18 ramos, que estarían destinados a modificar la organización social del cuidado en México y a “contribuir en la garantía del acceso efectivo al cuidado de infancias, personas mayores con diversos niveles de autonomía y apoyos para personas con discapacidad, así como al reconocimiento de derechos de las personas cuidadoras”. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el 75 por ciento de las personas que trabajan en cuidados son mujeres.

Pero además de las personas que reportan trabajo de cuidados, estas actividades han sido asignadas a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres independientemente de su edad, desde la infancia una mujer puede empezar a cuidar a los hermanos, a los padres, a los adultos mayores.

Esta dinámica ha tenido como consecuencia que muchas mujeres no puedan acceder a un empleo formal, ya que deben atender el trabajo en los hogares. Para muchas de ellas, la informalidad ha sido una opción pero conlleva no tener acceso a la seguridad social y demás prestaciones de ley.

Hay generado también que muchas mujeres en edad productiva que deciden ser madres no pueden reincorporarse a sus trabajos para atener a los hijos o adultas mayores que tienen que hacerse cargo de nietos o familiares enfermos a pesar de ellas también tener dolencias.

Este Anexo Transversal, puede leerse en la exposición de motivos, buscará reconocer la importancia de los cuidados como un trabajo, un derecho y un bien público; reducir el tiempo que dedican las familias al trabajo de cuidados; redistribuir los cuidados para garantizar una participación más justa y equitativa de los hombres; ampliar la cobertura de los servicios de cuidados; reducir las barreras al acceso a los programas y servicios de cuidados, y garantizar la pertinencia de los servicios de cuidados.

Implicará también proyectos de inversión para ampliar la capacidad instalada para la prestación de servicios de cuidados como la construcción de los Centros de Educación y Cuidado Infantil; programas de transferencias monetarias; prestación de servicios de cuidados y otros proyectos que contribuyen a reducir barreras económicas y físicas a los servicios de cuidados.

En su carta de exposición de motivos, la Presidenta Claudia Sheinbaum establece que la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados, impulsará la autonomía de las mujeres y fortalecerá su participación plena en todos los ámbitos de su vida, “asegurando que sus derechos sean respetados y promovidos en todos los espacios donde se desarrollen”.

Se trata de una acción de justicia para el tiempo y actividades de las mujeres. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del INEGI, las mujeres dedicaron en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, mientras que los hombres,18.2 horas: la brecha fue de 21.5 horas.

Esta brecha de género es aún más amplia para hablantes de lengua indígena (27.3 horas) y para quienes residen en localidades con menos de 10 mil habitantes (26.4 horas).

Las mujeres dedicaron, en promedio, 9.4 horas más a la semana que los hombres al cuidado de niñas y niños de 0 a 5 años y 5.3 horas más en cuidados a personas con alguna enfermedad o discapacidad.

De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la creación de este Anexo es una medida que busca hacer efectivo el derecho al cuidado y que, adicionalmente, contribuye a cerrar brechas de ingreso, sociales y de género."Reconocer, reducir, redistribuir, remunerar y representar las tareas de cuidados —que recaen de forma desproporcionada en las mujeres— significa avanzar hacia un país más igualitario y justo".

El Paquete Económico cita cifras del INEGI sobre el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados que ascendió a 8.4 billones de pesos en 2023, equivalente al 26.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

La carga desigual limita directamente la participación laboral femenina, que en 2025 fue de 45.6 por ciento, muy por debajo del 74.9 por ciento de los hombres.

"Continuar con la construcción de un sistema de cuidados robusto permitirá liberar tiempo y generar oportunidades laborales para millones de mujeres. Si todas aquellas fuera de la fuerza laboral, pero con interés de trabajar de forma remunerada y que hoy dedican su tiempo exclusivamente al cuidado no remunerado lograran incorporarse al mercado laboral, el empleo femenino podría aumentar en 2.6 millones de personas. Si además este sistema demuestra las ventajas de autonomía para las mujeres y provee las condiciones adecuadas de apoyo y corresponsabilidad, la cifra podría ascender en 18.2 millones de mujeres más que, actualmente, se encuentran fuera de la fuerza laboral y no disponibles", agrega Hacienda.

9/06/2025

El derecho al cuidado: una victoria jurídica feminista que podría cambiar América

 ipsnoticias.net

Inés M. Pousadela

MONTEVIDEO – El 7 de agosto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) dictó un fallo histórico que podría transformar la vida de las mujeres en toda América. Por primera vez en el derecho internacional, un tribunal internacional reconoció el cuidado como un derecho humano autónomo. La Opinión Consultiva 31/25, emitida en respuesta a una solicitud de Argentina, eleva el cuidado —durante mucho tiempo invisible y relegado a la esfera privada— al nivel de un derecho universal exigible.

La decisión del tribunal surgió de un proceso altamente participativo que incluyó amplias presentaciones escritas de la sociedad civil, académicos, gobiernos y organizaciones internacionales, además de audiencias públicas celebradas en marzo de 2024 en San José de Costa Rica, sede la Corte IDH.

La sentencia emitida ahora valida lo que las activistas feministas han defendido durante décadas: el trabajo de cuidados es un trabajo con un inmenso valor social y económico que merece reconocimiento y protección.

Tres dimensiones de los cuidados

Las estadísticas en las que se basa esta sentencia cuentan una historia cruda. En América Latina, las mujeres realizan entre 69 % y 86 % de todo el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo que obstaculiza sus carreras profesionales, su educación y su desarrollo personal.

El tribunal interamericano reconoció este desequilibrio como una fuente de desigualdad estructural de género que requiere una acción urgente por parte del Estado.

La autora, Inés M. Pousadela

La resolución define el cuidado de manera amplia, abarcando todas las tareas necesarias para la reproducción y el sustento de la vida, desde proporcionar alimentos y atención médica hasta ofrecer apoyo emocional. Establece tres dimensiones interdependientes: el derecho a proporcionar cuidados, el derecho a recibir cuidados y el derecho al autocuidado.

El tribunal interpretó que la Convención Americana sobre Derechos Humanos abarca el derecho al cuidado, dejando claro que los Estados deben respetar, proteger y garantizar este derecho mediante leyes, políticas públicas y recursos.

Esbozó las medidas que deben adoptar los Estados, entre ellas la licencia de paternidad remunerada obligatoria equivalente a la licencia de maternidad, la flexibilidad en el lugar de trabajo para los cuidadores, el reconocimiento del trabajo de cuidado como trabajo que merece protección social y sistemas públicos de cuidado integrales.

La defensa feminista reivindicada

La decisión de la Corte IDH refleja la profunda influencia de los estudios feministas. Durante décadas, las activistas feministas han insistido en que el trabajo de cuidados, realizado en su gran mayoría por mujeres, es invisible e infravalorado a pesar de ser fundamental para el sostenimiento de la vida y las economías.

El reconocimiento del tribunal valida estos argumentos, afirmando que el trabajo de cuidados no es una extensión natural de los roles de las mujeres confinados en la esfera privada, sino un trabajo con un inmenso valor social y económico.

El enfoque interseccional del tribunal representa otra victoria crucial para los movimientos feministas. La opinión consultiva reconoció que las cargas del cuidado no se distribuyen de manera uniforme entre las mujeres: las mujeres indígenas, afrodescendientes, migrantes y de bajos ingresos se enfrentan a responsabilidades desproporcionadas y a múltiples niveles de discriminación.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Este reconocimiento coincide con el énfasis de los movimientos feministas en las formas en que el género, la raza, la clase y la situación migratoria se entrecruzan para configurar la desigualdad.

Es significativo que la Corte IDH haya relacionado explícitamente el autocuidado con el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, reconociendo que el bienestar genuino requiere la capacidad de tomar decisiones libres e informadas sobre el embarazo, el parto, la maternidad y la autonomía corporal.

También ha destacado que todas las personas, incluidas las mujeres, las personas transgénero y las personas no binarias que pueden quedar embarazadas, deben estar libres de mandatos impuestos de maternidad o cuidado.

El papel crucial de la sociedad civil

Esta victoria pertenece a la sociedad civil. Las organizaciones feministas y de derechos humanos de toda América Latina hicieron campaña para llevar el tema ante el tribunal y aportaron conocimientos especializados cruciales.

Grupos como Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), Dejusticia, la Iniciativa Global para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales y Mujeres en el Empleo Informal-Globalizando y Organizando presentaron argumentos y pruebas que influyeron en el razonamiento del tribunal.

Las organizaciones documentaron la realidad de las mujeres que cuidan a familiares encarcelados, las mujeres migrantes que realizan trabajos de cuidados en condiciones precarias y las comunidades que carecen de servicios básicos como agua y saneamiento, lo que hace que el trabajo de cuidados no remunerado sea aún más pesado.

Esto contribuyó a que la opinión de la Corte IDH reflejara las realidades sociales en lugar de principios abstractos.

El potencial transformador de la opinión va más allá de la igualdad de género. Al reconocer el cuidado como una necesidad humana universal, lo posiciona como una piedra angular del desarrollo sostenible.

Las inversiones en infraestructura de cuidados crean puestos de trabajo, reducen la desigualdad y apoyan la participación de las mujeres en el lugar de trabajo, al tiempo que garantizan que los niños, las personas mayores y las personas con discapacidad puedan vivir con dignidad y autonomía.

El camino hacia la implementación

Las resoluciones sobre las opiniones consultivas no son vinculantes, al contrario de las sentencias sobre casos juzgados, pero tienen un peso jurídico y político considerable, ya que establecen normas regionales que influyen en las reformas constitucionales, los litigios estratégicos y el desarrollo de políticas.

Esta decisión proporciona un modelo para las sociedades en las que el cuidado no es una carga invisible, sino una responsabilidad compartida y respaldada.

Sin embargo, las organizaciones feministas han señalado una limitación crucial: la decisión de la Corte IDH de no designar al Estado como garante principal de los derechos de cuidado crea una ambigüedad que corre el riesgo de permitir que los gobiernos descarguen sus obligaciones en las familias, perpetuando las desigualdades que la decisión pretende abordar.

La sociedad civil se enfrenta a la tarea crucial de garantizar que la implementación dé prioridad a la responsabilidad del Estado. La prueba consiste en transformar el reconocimiento legal en leyes, políticas y prácticas que lleguen a los más necesitados. La lucha se traslada ahora de los tribunales al ámbito político.

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Los movimientos feministas ya están preparando casos estratégicos y lanzando campañas para presionar a los gobiernos a fin de que aprueben leyes, asignen presupuestos y construyan la infraestructura necesaria.

Los Estados deben aprobar leyes que reconozcan el derecho al cuidado, diseñar sistemas de cuidado universales, integrar encuestas sobre el uso del tiempo en las cuentas nacionales y construir una infraestructura de cuidado sólida. Los empleadores deben adaptar los lugares de trabajo para reconocer las responsabilidades de cuidado. La sociedad civil y los gobiernos deben desafiar los estereotipos de género e involucrar a los hombres y los niños en las tareas de cuidado.

La Corte IDH ha demostrado lo que es posible: sociedades en las que el cuidado se valora, se apoya y se comparte. Para los millones de mujeres de toda América que han llevado esta carga en silencio, el trabajo de convertir este reconocimiento histórico en una realidad vivida comienza ahora.

Inés M. Pousadela es especialista sénior en Investigación de Civicus, codirectora y redactora de Civicus Lens y coautora del Informe sobre el Estado de la Sociedad Civil de la organización.

T: MF / ED: EG