10/25/2026

Guterres pide “atar cabos” entre desigualdad y protesta callejera

 

Manifestantes en medio de una nube de gases lacrimógenos junto al Arco de Triunfo en París. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, censuró la violencia y desmanes en que degeneraron algunas demostraciones en ciudades europeas, pero advirtió la necesidad de "atar cabos" entre la protesta y la desigualdad y falta de oportunidades de futuro para los jóvenes. Imagen: Andrs / Adobe Stock
Corresponsal de IPS

NACIONES UNIDAS – Con el telón de fondo de las protestas juveniles y obreras que agitan a una docena de países, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, propuso este jueves 22 “atar cabos” entre las manifestaciones callejeras y la desigualdad que le sirve de combustible.

“En Europa y otras regiones, muchos han salido a la calle frustrados por el aumento del costo de la vida. Y para los jóvenes, la promesa de un futuro mejor se aleja cada vez más de su alcance”, expresó Guterres.

A lo largo de octubre, manifestaciones callejeras en reclamo de educación, vivienda y otras reivindicaciones, han cruzado numerosas ciudades en España, Francia, Italia, Albania, Grecia, Polonia, Serbia, Bélgica, Alemania, Austria, Irlanda, India, Chile, Costa Rica y Colombia.

También en Portugal, país que Guterres gobernó como primer ministro entre 1995 y 2002. El primero de enero entregará el cargo de secretario general de la ONU, que ocupa desde 2017.

En varias ciudades europeas las manifestaciones degeneraron en desórdenes, incendios y saqueos, fuerte represión policial con heridos y centenares de detenidos, y varios gobiernos aumentaron prohibiciones y castigos para encarar las protestas.

“Permítanme ser claro”, dijo Guterres a periodistas en la sede de la ONU poco antes de emprender viaje a Egipto: “La violencia y la destrucción que hemos visto en las calles son inaceptables, y los responsables de las actividades delictivas deben rendir cuentas”.

Pero “al mismo tiempo, no podemos permitir que la violencia intolerable eclipse las quejas legítimas y muy reales de los numerosos manifestantes pacíficos”.

“Debemos atar cabos y comprender mejor hasta qué punto esas quejas, tan reales y expresadas de forma pacífica, están íntimamente relacionadas con la agitación generalizada que se vive en nuestro mundo”, agregó el veterano político y diplomático.

Presentó la desigualdad como combustible de las protestas y de la guerra; “En todas partes aumentan las presiones por el precio de los alimentos, el combustible y otros básicos. Los tipos de interés han subido, para las personas y los países. Y para los jóvenes, la promesa de un futuro mejor se aleja cada vez más”, insistió.

En su opinión, ese panorama “expone la injusticia fundamental de un sistema económico que obliga a quienes menos tienen a absorber los mayores choques”.

Planteó una vez más que la comunidad internacional debe combatir la desigualdad y evitar que las guerras se expandan, para garantizar un mundo más seguro para todos.

Mencionó las guerras en Medio Oriente, Ucrania, Sudán y Yemen, donde los civiles y las infraestructuras civiles son atacadas deliberadamente, y dijo que “el conflicto alimenta el conflicto. Y las consecuencias viajan cada vez más lejos y más rápido”.

«Pero las consecuencias no se detienen en las zonas de combate, ya que la guerra altera los mercados energéticos, el transporte marítimo, las cadenas de suministro y los sistemas financieros”, agregó.

Esos choques “golpean a un mundo que ya era profundamente desigual, donde algunos pueden absorber precios más altos, mientras que otros deben elegir entre comer o calentarse”.

Además, mientras algunos países pueden pedir prestado más barato para proteger a su población, otros deben elegir entre pagar la deuda o invertir en salud, educación y futuro, y “la guerra no crea todas estas desigualdades, pero las alimenta y explota”.

Por ello insistió en que se debe “abordar las desigualdades que dividen a las sociedades y detener los conflictos que multiplican el sufrimiento humano, hacen subir los precios, drenan recursos del desarrollo y separan aún más un mundo ya de por sí desigual”.

“La gente de todas partes quiere seguridad. Quiere dignidad. Quiere que los gobiernos y las instituciones internacionales cumplan”, concluyó.

Vaciar las aulas, llenar las calles


Algo se mueve otra vez en las escuelas de Europa. A comienzos de septiembre, un centenar de alumnos bloqueó un liceo cerca de Rennes para denunciar el caos del inicio de cursos. Seis semanas después, la movilización de liceístas y universitarios se ha convertido en el eje de la crisis política francesa: cientos de liceos bloqueados, cerca de medio millón de personas en las calles el 6 de octubre y, el día 17, la confluencia con los chalecos amarillos en una jornada que reunió a 800 mil manifestantes según los organizadores y 550 mil según el gobierno. La respuesta oficial ha sido la represión: miles de detenidos, muchos de ellos menores de edad.

La ola cruzó fronteras. Se extendió a Bélgica, de Lieja a Bruselas; a Italia, donde las ocupaciones arrancaron en Turín y el 16 de octubre miles de estudiantes marcharon contra la política educativa del gobierno de Meloni y contra el tope de 30 por ciento de alumnos extranjeros por aula; y ha ganado fuerza en Grecia, Irlanda, Alemania y Austria. En España los estudiantes no encabezan, pero nutren un ciclo de protesta que articula la huelga indefinida del profesorado, la lucha por la vivienda y la convocatoria a huelga general. En Serbia, el movimiento nacido tras el derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad en 2024 se ha convertido en actor político y presenta su propia lista en las elecciones del 25 de octubre. Fuera de Europa, en India, la protesta juvenil por la filtración del examen nacional de ingreso a medicina forzó la renuncia del ministro de Educación.

No es la primera vez. En los años 60 los estudiantes fueron detonador en buena parte del mundo. En 1968, en Francia, la movilización que comenzó en Nanterre y la Sorbona desembocó en la mayor huelga general de su historia, con cerca de 10 millones de trabajadores en paro. En México, el Consejo Nacional de Huelga desafió al autoritarismo priísta hasta la masacre de Tlatelolco. Berkeley, Praga, Berlín, Tokio y, un año después, Córdoba completaron el mapa.

Los movimientos estudiantiles de los 60 casi nunca alcanzaron sus objetivos políticos primarios ni sus aspiraciones de transformaciones sociales radicales. Sin embargo, fueron el origen de una profunda revolución cultural cuyo impacto es casi equiparable al de la Revolución Industrial. La idea de Herbert Marcuse de los estudiantes como catalizadores de fuerzas sociales más amplias encontró entonces su confirmación, y también sus límites: el detonador no siempre construye el orden que sigue al estallido.

Menos recordada, pero más cercana a lo que hoy ocurre, fue la oleada de 1986-87. En Francia, el proyecto Devaquet pretendía introducir selección al ingreso universitario y elevar las cuotas; universitarios y liceístas tomaron las calles en noviembre y diciembre de 1986, y la muerte de Malik Oussekine, golpeado por la policía, precipitó la renuncia del ministro y el retiro de la ley. En España, el movimiento de estudiantes de enseñanza media contra la selectividad y las tasas arrancó concesiones al gobierno de Felipe González. En México, el Consejo Estudiantil Universitario enfrentó las reformas del rector Carpizo, que imponían cuotas, restringían el pase reglamentado y endurecían la permanencia; tras el diálogo público y la huelga de 1987, el Consejo Universitario logró la suspensión de las reformas y abrió el camino al Congreso Universitario. Fueron movimientos defensivos frente a la primera embestida neoliberal sobre la educación pública –selección, cobro, exclusión– y, con frecuencia, los ganaron.

Hay similitudes evidentes. Como en 1986, los protagonistas son muy jóvenes –bachilleres, además de universitarios– y sus demandas nacen de condiciones concretas: falta de profesores, edificios que se caen a pedazos, mecanismos de selección como Parcoursup, heredero del espíritu que animó el proyecto Devaquet. Como en 1968, la protesta estudiantil opera como catalizador de malestares que la desbordan: la carestía, la vivienda, la guerra y el rearme. Y como en ambas oleadas, el contagio es transnacional: hoy los estudiantes de Turín se conectan con sus pares franceses como antes circulaban los volantes y las consignas.

Las diferencias también resaltan. Los movimientos de los 60 y de los 80 se apoyaron en organizaciones –grupos de activistas, sindicatos estudiantiles, coordinadoras, consejos, asambleas– que daban continuidad a la acción. Hoy predomina la red, la convocatoria horizontal y efímera, que facilita la convergencia rápida, pero dificulta sostener demandas y negociar. Cambió también el contexto: en 1968 el Estado de bienestar estaba en expansión y en 1986 empezaba a ser disputado; hoy arrastra décadas de austeridad y enfrenta la presión del gasto militar. La juventud europea protesta contra un horizonte que se cierra. Serbia, por su parte, plantea un dilema clásico: cómo transitar de la calle a la disputa electoral sin perder la autonomía que hizo fuerte al movimiento.

Para América Latina, y para México, la lección es doble. La defensa de la educación pública vuelve a ser un eje capaz de articular malestares sociales amplios, siempre que se plantee como derecho y no como servicio. Pero la fuerza de un movimiento depende de su capacidad para construir organización democrática propia, alianzas con docentes y trabajadores, y proyectos alternativos, no sólo resistencia. Los movimientos de 1986-87 ganaron porque combinaron movilización masiva, diálogo público y propuesta. Gobiernos y autoridades universitarias harían bien en escuchar a esta generación antes de reprimirla. Vaciar las aulas para llenar las calles ha sido, una y otra vez, la forma en que los jóvenes reabren el futuro; lo que está en juego ahora es que las calles devuelvan a las aulas una educación pública más justa, más amplia y verdaderamente suya.

El espíritu de Hernán Cortés ¡en Washington!

 Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer

"Rubio ensalzó ante la elite europea el espíritu de occidente en materia de conquistas y resaltó la cadena de conquistadores exitosos, pasando por Hernán Cortés".

El espíritu de Hernán Cortés ¡en  Washington! Por Lorenzo Meyer

Hernán Cortés viajó largo y tendido por lo que hoy es México, pero nunca llegó hasta lo que hoy es Washington. Sin embargo, hace poco Cortés y otros espíritus similares entraron al Departamento de Estado norteamericano convocados por su actual Secretario, Marco Rubio, para que le acompañaran en un viaje a Europa. Ya en el viejo continente, Rubio invocó a esos grandes fantasmas del pasado lejano y los presentó en un discurso que pronunció en la colina del Pnyx en Atenas, un sitio histórico donde en la antigüedad clásica sesionó la Ekklesía o asamblea popular de esa ciudad y que tiene nada menos que al Partenón como trasfondo. Y el contexto en que por un momento se conjuró al conquistador -y destructor- del México antiguo como miembro de un conjunto de grandes invasores y conquistadores del mundo occidental es revelador del ánimo que el dinámico colaborador de Donald Trump busca reactivar tanto en su país como entre los aliados y simpatizantes de Estados Unidos en Europa. Pero, sobre todo, es revelador de la imagen que el trumpismo quisiera que el mundo tenga de lo que se supone que implica ese Make America Great Again o “volver a hacer a América [Estados Unidos] grande otra vez” y que implica dignificar al trumpismo hasta hacerlo el actual heredero de lo esencial de la llamada “Civilización Occidental”. Se trata de una imagen llena de energía positiva pero que omite todos los rasgos negativos y brutales que han acompañado a esa “civilización”. En fin, que la idea del Secretario de Estados de colocar a Cortés y finalmente a Trump como portadores de la esencia de la civilización occidental lleva a ahondar las dudas sobre las virtudes de dicha civilización y sobre el trumpismo como su reencarnación.

Veamos con un poco más de detalle lo que dijo el Scretario en torno al tema y sobre todo las circunstancias en que lo dijo.

Para Marco Rubio no hay duda de que Estados Unidos es el heredero legítimo de la visión del mundo que se forjó y se desarrolló en lo que conocemos como la Grecia clásica, es decir la que existió en los siglos V y IV a.C., y que hoy recordamos positivamente sobre todo al leer a Platón y Aristóteles, al admirar la belleza del Partenón o al recordar el heroísmo del rey Leónidas y el puñado de espartanos que enfrentaron hasta el final a los invasores persas en el paso de las Termópilas. En política de esa Grecia de filósofos y sabios celebramos la idea de la democracia como sistema de gobierno y del ejercicio de la autoridad basado no en designios divinos sino en la voluntad de la mayoría ciudadana y en el uso de la razón y del conocimiento empírico para explicar al mundo. Sin embargo, también debemos de tener en cuenta la base esclavista de su economía, su discriminación de los extranjeros o estatus inferior de las mujeres.

El Secretario Marco Rubio ensalzó ante su auditorio de elite europea el espíritu de occidente en materia de conquistas e imposición de la voluntad de sus grandes líderes guerreros sobre otras sociedades y resaltó la cadena de conquistadores exitosos que va de Alejandro Magno a Julio Cesar a Carlomagno, pasando por Hernán Cortés para continuar con la pujanza del gran imperio creado en los siglos XIX y XX por esa pequeña isla que es Inglaterra y que llegó a abarcar casi una quinta parte del globo terráqueo, pero convenientemente omitió el tema del saqueo, explotación e incluso genocidio de las sociedades conquistadas para finalmente desembocar en lo que Rubio considera que es hoy el final de esa cadena de gigantes -que lo fueron tanto por su capacidad de acción, su osadía como por su cultivo de la ciencia y sus valores cristianos- los Estados Unidos. Personalmente, el sSecretario de Estado se mostró particularmente orgulloso ante los representantes europeos de su propio linaje europeo-español.

Marco Rubio insistió en el discurso de marras que los Estados Unidos se proponen llevar a nuevas alturas lo que para él constituye una sin igual historia de dos mil 500 años de excelencia occidental. En ese contexto el Secretario urgió a los dirigentes y pueblos de la Europa Occidental a apoyar y seguir a unos Estados Unidos llenos de confianza en su capacidad de continuar adelante en la supuesta magna e inigualable empresa de mantener a la Civilización Occidental en su conjunto grande de nuevo.

Pues bien, ¿cómo interpretar este discurso del vocero de la política exterior del Presidente Trump en Atenas? Por un lado, se le puede ver como un intento de exorcizar la idea de China y del oriente en general como los emergentes y exitosos rivales de unos Estados Unidos y de sus aliados europeos en el competitivo y duro mundo de la competencia entre los grandes poderes. No hay duda de que Estados Unidos sigue siendo la primera potencia militar pero tampoco hay duda de que ya ha dejado de ser el centro indiscutible que fue del sistema internacional unipolar tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y donde efectivamente se impusieron las prioridades de Washington. Por otra parte, hoy ninguno de los países que componen ese llamado “Mundo Occidental” tiene la menor posibilidad de llegar a ocupar una posición de liderazgo que rivalice con la que llegó a tener Estados Unidos y cada vez queda más claro que son China en particular y otros países del oriente, como India, los que tienen una dinámica económica, política y científica que rivaliza con la norteamericana y ni que decir de la dinámica demográfica. Es posible, entonces, que el discurso de Marco Rubio haya redactado menos como un llamado a una Europa de la que, en la práctica, el Presidente Trump toma cada vez mayor distancia (todo indica que, por ejemplo, que en el caso de la guerra OTAN-Rusia entorno a Ucrania, Trump ya no apoya de manera decidida a sus aliados europeos) sino que en realidad ese discurso fue un esfuerzo por exorcizar la posibilidad de que el extremo oriental de Eurasia sea el nuevo centro del sistema internacional del siglo XXI.

En los cálculos de un gran experto en la historia económica mundial, el profesor Jeffrey Sachs del Centro para el Desarrollo Sustentable de la Universidad de Columbia, por casi dos milenios China ha sido una gran potencia, y si bien ha experimentado algunos períodos de decadencia, pero siempre se ha recuperado y ahora lo está volviendo a hacer de manera espectacular. Hoy y a ojos de todos China está viviendo uno de esos momentos de gran recuperación a la vez que Estados Unidos experimenta un proceso de desindustrialización, endeudamiento excesivo que ya supera a su propio PIB y cuya élite gobernante da muestras de serias fallas en su capacidad de gobernar. Ninguno de los miembros del gabinete de Trump posee una preparación de excelencia en las áreas técnicas o políticas de las que ellos son los responsables de administrar. En contraste tanto que, según una consulta al chat GPT y tras examinar los currículums de los dirigentes chinos, resulta que el máximo líder chino, Xi Jinping, tiene un doctorado en derecho por la universidad de Tsinghua y encabeza a un gobierno que es: “[Una] élite política con amplia formación de posgrado y [con] componentes tecnocráticos importantes. [En ese círculo] las credenciales académicas coexisten con largas carreras dentro del Partido [Comunista]”. En el actual gobierno de Washington la situación es casi la opuesta.

En conclusión, la herencia griega de Occidente, que por un tiempo casi se perdió, volvió a renacer -curiosamente con el concurso de los grandes intelectuales árabes-, es sin duda una gran herencia, pero en la práctica está mezclada y cimentada en una brutal violencia, explotación e inhumanidad de sus propias sociedades y, sobre todo, de las civilizaciones que colonizó, como es el caso de México. Esa es la parte obscura de su herencia y es también, por tanto, parte central de la historia de Estados Unidos como la gran potencia que ha sido y que busca seguir siendo pero que hoy ya se topa con el renacimiento de las civilizaciones orientales y su sueño de mantener su hegemonía mundial ya es un sueño imposible.

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Don Rubio


Las historias de la mafia tienen algo de las tragedias de Shakespeare: crímenes, traiciones, lealtades compradas y venganzas bíblicas. En ellas, el capo rara vez necesita levantar la voz, porque le basta con recordar al otro cuánto puede perder. “Le haré una oferta que no podrá rechazar”, promete Vito Corleone en El padrino, dejando claro que el poder consiste precisamente en no tener que pronunciar la amenaza.

Ese método recuerda la ofensiva que encabeza el secretario de Estado Marco Rubio para quebrar el respaldo internacional a la resolución contra el bloqueo de Cuba, que Naciones Unidas examinará los días 27 y 28 de octubre. Washin­gton lleva más de tres décadas perdiendo esa votación y ahora intenta reducir la mayoría, conseguir abstenciones y fomentar ausencias. Si no puede impedir el juicio público a una política que está matando diariamente a 70 personas con cáncer y ha multiplicado la mortalidad infantil en Cuba, procura intimidar al jurado internacional que se dará cita la semana próxima en el salón de la Asamblea General de la ONU.

Toda organización mafiosa tiene su arquitectura: un jefe que decide, lugartenientes que ejecutan y operadores que recorren el territorio haciendo saber quién manda. La diplomacia estadunidense ha desplegado una maquinaria semejante, y lo acabamos de ver en Naciones Unidas, donde el embajador Mike Waltz asumió el papel de palanganero. El 19 de octubre organizó un acto para desacreditar a Cuba y pedir a los diplomáticos que votaran contra la resolución. Reunió a conocidos asalariados del gobierno estadunidense, financiados con partidas presupuestarias destinadas al “cambio de régimen”, entre ellos figuras que reclaman abiertamente una intervención militar en la isla.

Una potencia que no consigue convencer al mundo de las virtudes de su política pretende que el mundo cambie de opinión escuchando a quienes llevan años justificándola. Mientras tanto, las embajadas de Rubio procuran votos entre gobiernos cuya relación con Estados Unidos está atravesada por dependencias comerciales, financieras y migratorias. La dimensión exacta de esas gestiones todavía exige documentación, pero la campaña para alterar el resultado es pública.

En paralelo, Miami aporta su propia comedia negra. Mientras el embajador de Rubio retozaba en Nueva York con terroristas, la Fiscalía de Florida anunciaba una nueva orden de arresto contra Raúl Castro. No hay el más mínimo indicio de que el líder histórico cubano vaya a comparecer ante un tribunal de Miami, pero, a dos semanas de las elecciones legislativas estadunidenses, la coincidencia resulta demasiado oportuna para ignorar su dimensión electoral y propagandística.

Una orden de arresto contra Raúl Castro ofrece titulares, fotografías y aplausos en Miami, y quizás también sirva para que el capo obtenga algún voto dubitativo en la ONU. Pero se olvida que, en enero, 32 combatientes cubanos murieron enfrentando la operación militar estadunidense que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en Venezuela. Treinta y dos muertos para defender a un presidente amigo. ¿Qué cálculo habrán hecho en Washington sobre la respuesta que encontraría una operación semejante en territorio cubano? Es mucho más sencillo anunciar una orden de captura ante las cámaras de Miami que intentar ejecutarla en La Habana, lo que prueba otra regularidad: la valentía de los capos suele ser inversamente proporcional a los riesgos que están dispuestos a correr.

La Convención de Palermo de 2000 reserva el concepto jurídico de delincuencia organizada a grupos estructurados que cometen delitos graves para obtener beneficios materiales. La Cosa Nostra diplomática se ha apropiado de un repertorio de procedimientos reconocibles en estas sociedades del crimen, que se expresa en jerarquías, favores condicionados, intimidación y castigos ejemplarizantes contra los países miembros de la ONU. El capo di tutti i capi de la política contra Cuba sabe que una oferta resulta más convincente cuando el destinatario conoce las consecuencias de rechazarla.

Pero Macbeth terminó rodeado de hombres que lo obedecían, aunque no creían en él, porque Shakespeare comprendió que el miedo puede comprar obediencia, pero nunca legitimidad. Don Rubio debería recordarlo cuando la Asamblea General vuelva a votar. A veces, hasta el silencio tiene precio. La dignidad, no.

Traidores a la Patria y traidores entre sí

 Historia de lo inmediato

Álvaro Delgado Gómez

"¿Y ahora a qué santo le van a rezar Vicente Fox, Felipe Calderón, Claudio X. González, Ricardo Salinas Pliego y todos sus achichincles?".

Traidores a la patria y traidores entre sí. Por Álvaro Delgado

La captura del exfiscal general César Jáuregui Moreno ha probado, por si hacía falta, dos asuntos en el caso Chihuahua: La injerencia ilegal de Estados Unidos en territorio mexicano con al menos cuatro agentes de la CIA, con pleno conocimiento del Embajador Ronald Johnson, y el arrodillamiento del Gobierno estatal ante esta grotesca intromisión que alcanza también a la Gobernadora María Eugenia Campos Galván, para cuyo encubrimiento se orquestó la ofensiva estadounidense contra políticos de Morena de Sinaloa.

Si la Fiscalía General de la República (FGR) tenía ya acreditada esta injerencia en Chihuahua que configura entre otros delitos el de Traición a la Patria, que por ahora sólo se le imputa a Jáuregui, esta misma captura que primero se ejecutó por las autoridades del estado exhibe la podredumbre del Gobierno de Maru Campos y del Partido Acción Nacional (PAN), una cloaca que deja en ridículo a los defensores políticos y mediáticos de la Gobernadora que la veían hasta como candidata a Presidenta de México y ahora la miran como traidora sólo para salvarse.

Campos pasó de ufanarse del operativo de abril en la Sierra de Chihuahua, porque evitó que “millones de dosis de drogas envenenaran a jóvenes y familias mexicanas”, a culpar de todo, incluyendo la participaciones de los agentes del la CIA, a César Jáuregui, su amigo y colaborador durante al menos 15 años, incluyendo las complicidades de corrupción por el dinero que les dio el exgoberandor priista César Duarte.

Y es lógico: si traicionan a la Patria, se traicionan entre sí.

¿Y ahora a qué santo le van a rezar Vicente Fox, Felipe Calderón, Claudio X. González, Ricardo Salinas Pliego y todos sus achichincles? Ya no tienen ni al fugitivo Francisco Javier García Cabeza de Vaca y si acaso a Ricardo Anaya Cortés.

Aunque en los planes de Maru Campos está ser Diputada federal del PAN, aún puede ser formalmente imputada por Traición a la Patria, un hipótesis posible si el Fiscal Jáuregui recurre a un criterio de oportunidad con la FGR para salvarse él mismo y tomar venganza de la Gobernadora que no sólo lo descarriló como candidato del PAN a la Presidencia Municipal de Chihuahua, sino que lo acusa de los delitos de ejercicio ilegal del servicio público y coalición por la presencia ilegal de cuatro agentes de la CIA en Chihuahua, en abril, dos de los cuales murieron y sólo entonces se supo de ello.

Esta posibilidad está latente a partir de que la esposa de Jáuregui, Angélica Moreno, afirmó que la acusación a su marido “es una aberración de la Gobernadora”, y lo que declaró también su abogado, Luis Villegas Montes: “Nunca había visto en mis más de 30 años de experiencia en el ámbito político panista una traición, una mezquindad, y un acto tan vil y traicionero. No conozco en el seno del PAN a un hombre que haya luchado con mayor vigor y lealtad, y de forma incansable para proteger a Maru Eugenia. Es una traicionera”.

El mismo sábado de la detención de Jáuregui, en Chihuahua capital, familiares y amigos panistas se congregaron en la explanada del Tribunal Superior del Estado para repudiar a la Gobernadora. Entre los asistentes estaban figuras emblemáticas del PAN como el Senador Mario Vázquez Robles, el exalcalde Juan Blanco Saldívar, el Diputado local Roberto Lara Rocha, el exregidor Luis Terrazas Fraga y Guillermo Luján Peña, quien afirmó: “Todos estos eventos dan una mala espina de que van a seguir entregándose el estado a Morena”.

Aunque está claro que el fondo del caso Chihuahua tiene que ver con la autorización de altos funcionarios del estado para la operación de las agencias de Estados Unidos en territorio mexicano y que hasta se tenía previsto un piso completo de la Torre Centinela en Ciudad Juárez, como lo confesó Gilberto Loya Chávez, actual Fiscal y exsecretario de Seguridad Pública estatal, los panistas del estado y los de la Ciudad de México sólo se concentran en la traición de Maru Campos.

En el mitin en defensa de Jáuregui, el sábado 17, un compositor recitó coplas con ritmo norteño de su composición “Jaque a la lealtad”, según la crónica de la periodista Patricia Mayorga:

En Chihuahua hay un tablero donde manda la ambición

La reina mueve sus piezas

Cada cual con su misión

Ayer jugaban unidos defendiendo una posición

Hoy se rompen las alianzas y comienza la traición…

Es justicia o estrategia para hacerlo desaparecer

En el ajedrez político todo puede suceder

La CIA y Centinela pregunta sin resolver

Quién autorizó los hechos

Quién los tuvo que saber

Hoy las piezas se acomodan

Nadie quiere responder

Pero Chihuahua está mirando cómo juegan al poder…

Todavía falta que brote más pus en Chihuahua, como los negocios corruptos de Manuel Campos Galván, hermano de la Gobernadora. La denuncia pública de la exdirectora operativa de la Feria de Santa Rita, Andrea Cecilia Domínguez Anguiano, va an este sentido: “Este Gobierno cría y guarda criminales, y los tiene dentro de las puertas de Palacio de Gobierno y en su propia casa”.

Alemania: ¿el pasado nunca se fue?


Una vez más, Europa se encuentra en el límite: la austeridad –impuesta por el Banco Central Europeo– ha devenido en una economía política de la pauperización; una guerra cercana –en Ucrania– y otra lejana en Irán escalaron los precios de la energía a tal grado que postraron las expectativas industriales, y una crisis política de gobiernos de centro-derecha ha propiciado que, por su inmovilidad, pierdan día a día legitimidad. Cierto, hay una excepción: España, que cuenta con autonomía energética y un gobierno de centro-izquierda, crece económicamente.

Sin embargo, hoy las calles europeas no hacen ninguna excepción: lo que se extiende por Madrid, París, Bruselas, Lisboa y Tirana no es una suma agregada de protestas, es lo que se revela como insoportable para el poder: la multiplicidad de la rebelión. Decenas de miles de estudiantes que exigen el cuidado de sus escuelas. Médicos, abogados e ingenieros saturados por los recortes presupuestales. Y cada vez más trabajadores que demandan salarios que les permitan vivir y no tan sólo sobrevivir. Todos se preguntan por una paz negociada (en Ucrania).

Esta lista de exigencias resume algo más que demandas y ajustes de lo que hace poco tiempo equivalía a la norma de la normalidad: encierra en sí el principio significante de la actual crisis europea. Hoy la deuda pública ascendente (la de Francia ya alcanzó 125 por ciento del PIB) no es un dato neutro; es una noticia que define la falta de un porvenir: por ello el incendio en las calles. Ahí donde se prometía autonomía y espíritu empresarial, se produjo precariedad. Donde se preveía seguridad, impera el miedo. Donde se vislumbraba crecimiento, prevalece la pérdida de legitimidad. La inversión en educación y en los rubros básicos del Estado de bienestar se redujo drásticamente. Los más afectados han sido los hijos de los migrantes que habitan en los barrios de la banlieue: ahí se vive un régimen de completo abandono, o más cáusticamente, de abandono diferencial. En los últimos cuatro años, los salarios se desplomaron frente a la inflación. Y la innovación tecnológica se estancó desde hace una década y media (el Viejo Continente no cuenta con una sola plataforma digital global). En la otra Europa, la de los estudiantes marginados, los asalariados de estación y los egresados universitarios desempleados, la suma de lo que la retórica oficial explica como “ajustes necesarios y sacrificios para retomar el crecimiento” se lee como una lista inaceptable de agravios y agresiones.

La respuesta gubernamental frente a las protestas ha sido la brutalidad policiaca. El blanco de la gendarmerie son los ojos de los manifestantes (no es una metáfora, son las balas de goma endurecida que disparan a discreción). En Francia se reportan 2 mil 400 detenidos; en Tirana, más de 500; en Bélgica suman 200, y en Italia, 250.

Si en el país galo el Nuevo Frente Popular (la alianza entre Francia Insumisa, los ecologistas, el PC y el Partido Socialista) obtuvo el triunfo en la segunda vuelta de las elecciones de 2024, hoy Macron los combate con toda la enjundia que le queda en las manos. Deberían recordar el refrán latino: “Entrega el poder a un mediocre y obtendrás sangre”. Lo notable aquí es el corrimiento de los principales órganos de la prensa conservadora hacia la normalización de la extrema derecha. Marine Le Pen fue entrevistada recientemente por el Financial Times; ahí pasó de la página roja (eternamente acusada de “agente rusa”) a la primera plana. Y Alice Weidel (del AfD) mereció la misma cobertura en The Economist. ¿Realmente piensan las élites financieras europeas entregarles el poder ejecutivo? Quien creía que las cosas habían tocado fondo, aún queda por delante lo peor. Falta por ver la opinión de los votantes en las elecciones del próximo año. Aunque la pregunta es inevitable: ¿cómo es que la versión “neo” del fascismo alemán se encuentra en el umbral de la máxima palestra?

La teoría de Yanis Varoufakis recuerda una interpretación clásica: “El fascismo tiene su origen en el momento en que el capitalismo enfrenta una crisis existencial”. Pero en la Europa actual el capitalismo está muy lejos de una crisis de esas proporciones. Más bien se trata de un impasse o un estancamiento. Acaso la antigua versión de Gramsci abre más preguntas. El fascismo surge cuando existe una conjunción entre el colapso del poder soberano (en la época, la caída del régimen liberal provocada por la crisis de 1929) y una radical revolución en el mundo de la técnica (el fordismo). Hoy el colapso del poder soberano se centra en el peculiar arreglo de la Unión Europea que expropió a los estados locales la posibilidad de regular su política monetaria, así como en la ya insostenible sumisión a Estados Unidos. Y la revolución tecnológica corre por los caminos del ascenso del mundo digital. En suma, una pérdida de mundo de la condición que proviene de los años 80, que afecta a los de “arriba” y a los de “abajo” y remueve el antiguo “cemento social”.

El fascismo es el que apunta el dedo hacia el otro. En los años 30 eran los bolcheviques, los judíos, los gays y los gitanos. Hoy son los migrantes, los “terroristas” y el mundo “ woke”. En el subsuelo del imaginario alemán existe un profundo resentimiento: un trauma que no se asume como duelo y responsabilidad de las generaciones venideras vuelve por la ventana menos esperada. La única franja de pensamiento que se atrevió a decirlo públicamente fueron los miembros de la primera generación de la escuela de Fráncfort. Basta leer Minima moralia, de Theodor Adorno, un filósofo tan celebrado como poco leído.

Breve guía del espectador de Morelia


Ofrezco esta guía como una ayuda al espectador hipotético del festival de Morelia, que inició el pasado viernes, dado el volumen de películas en oferta. Desde luego, para que no lo ataquen por malinchista, el susodicho deberá darles prioridad a los nuevos largometrajes mexicanos de ficción. Son doce nomás. Y es más probable que consiga ver antes las películas extranjeras cuando se estrenen en cartelera, que el material nacional. Ya saben.

Pasemos a la larga lista, pues, de títulos extranjeros. De éstos, según mi muy personal y subjetiva opinión, los imprescindibles son Tierra de mi padre, del polaco Pavel Pavlikoski, quizá mi favorito en lo que va del año. No tiene desperdicio. En Cannes compartió con La bola negra, del dúo español conocido como Los Javis, el premio de mejor dirección y… bueno, la película viene además precedida de un impulso publicitario considerable. Pero es un vigoroso fresco gay merecedor de sus elogios. También de Cannes es la ganadora de la Concha de Oro, la controvertida Fjord, del rumano Cristian Mungiu. La recepción ha sido tan diversa que un crítico argentino la tildó hasta de “fascista”. El drama es complejo pues las emociones que entran en juego así lo son.

De lo que vi en San Sebastián, sobresalen un par de títulos de los cuales escribí recientemente: Wild Horse Nine, del británico Martin Mc Donagh, divertidísima comedia negra sobre un par de agentes de la CIA en Chile. E Ink, del también británico Danny Boyle, quien recupera mi estima con la fascinante historia del diario tabloide The Sun.

Para los interesados en el tema LGBTQ+ hay ejemplos meritorios, además de La bola negra, como Club Kid, del gringo Jordan Firstman, Cobarde, del belga Lukas Dhont, Elsinore, del británico Simon Stone y The Man I Love, del neoyorquino Ira Sachs. Esta última tiene un grave problema (dos palabras: Rami Malek).

En esta ocasión, lo que conozco de cine asiático no es muy emocionante, me temo. La mejor es All of a Sudden, del japonés Ryusuke Hamaguchi, que es interesante, aunque algo didáctica y cansina en sus más de tres horas de duración. Mientras el apreciable Hirokazu Koreeda dirigió su película más fallida, Sheep in the Box. Para compensar hizo después Look Back, que también está en el festival, pero no he visto aún. Igualmente, Un amor posible, del sudcoreano Lee Chang-dong es algo decepcionante, sobre todo para quienes admiramos su obra.

Del cine iberoamericano hay poco (si no contamos todas las producciones mexicanas, claro). El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, es el entretenido y bien actuado recuento de una caótica filmación en medio de un drama edípico. También recomendable es El deshielo, coproducción chilena con México y España, de la otrora actriz infantil Manuela Martelli, cuyo relato sobre una desaparición se vuelve inquietante. Y perdida entre extranjeros está la mexicana La venganza del Charro Negro, de Marvick Eduardo Núñez Aguilera. A saber de qué se trata. Igual desconozco Pepita, la pistolera, de la argentina Lucía Puenzo y Después de Kim, de la española Ángeles González Sinde.

Un misterio: no sé por qué se incluyó en el programa Adolescencia, sexo y muerte en el Campamento Miasma, de Jane Schoenbrun, ya estrenada en nuestra cartelera. Y una decepción: no se programó la versión restaurada de Los demonios, de Ken Russell.

Estoy consciente de que apenas rasco la superficie de todo lo que el festival de Morelia ofrece en su semana y pico de duración. En fin, es un intento por facilitarle un poco las opciones al esforzado e hipotético espectador.

X: @walyder