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9/27/2026

Leigh y Moland: dos competidores memorables

Leonardo García Tsao

Ayer fue el día más afortunado de la competencia donostiarra hasta el momento. La primera cinta en proyectarse fue Tender Loving Care (aquí le pusieron Cuidados intensivos), que muy probablemente sea la última realización en la ilustre carrera del británico Mike Leigh.

Según él, que ya cumplió 83 años, su físico ya no podrá aguantar los rigores de otra filmación, lo cual sería una lástima porque Leigh es un maestro en pintar con humanismo, humor, y también desesperanza, la vida de sus coterráneos. En este caso, las protagonistas son Amy (Kate O’Flynn) y Rosie (Alice Bailey Johnson), dos trabajadoras sociales y amigas desde la infancia que vuelven a vivir juntas porque la primera se ha separado de su marido crápula.

El par atiende casos que el sistema ha dejado a la deriva, sobre todo después del gobierno de Thatcher y el Brexit. Esas instancias rompen el buen humor que las mujeres mantienen a pesar de todo, auxiliadas por sempiternas copas de vino blanco o champaña. Leigh también enfoca a los padres de Amy: Birdie (Marion Bailey, pareja del director) y Geoff (Paul Jesson), que se decepcionan al saber del fracaso matrimonial de su hija.

Los viejos son encantadores y entre ellos hay un ritmo de conversación establecido a través de 50 años como pareja. Aquí también Leigh introduce una nota melancólica final, cuando la mente de Geoff empieza a deteriorarse de un momento para otro. ¿Será el jurado sensible al difícil equilibrio tonal que consigue Mike Leigh al final de su filmografía? ¿Y al superlativo trabajo de sus actores?

Del director noruego Hans Petter Moland yo había visto en este festival y escrito una crítica elogiosa de su primer largometraje, Cero grados kelvin, improbablemente estrenada en México en 1995. Después de 31 años, Moland compite nuevamente en San Sebastián con Markens grode ( La germinación de la tierra), una fascinante saga sobre la fuerza de la civilización basada en una novela de Knut Hamsun.

La película comienza con el encuentro en territorio agreste de dos personajes solitarios: Isak (Herbert Nordrum) e Inger (Asta Kamma August), quien tiene labio leporino. Ambos forman una pareja primigenia, y en medio de la nada consiguen establecerse con lo que será después una próspera granja con diversos tipos de rebaños (su mejora puede parecer un poco improbable, sobre todo con el chalé que ambos se construyen con piedras y madera, al que sólo le falta un jacuzzi).

Lo más interesante viene después. Inger es llevada a la cárcel durante ocho años por un crimen impensable, y cuando vuelve con su familia es una mujer cambiada: le han operado el labio, ha aprendido a leer y también a usar un aparato nuevo: una máquina de coser. Es Isak quien no parece avanzar con el paso del tiempo.

Moland cuenta su historia con mano maestra, subrayando lo inexorables que son el tiempo y el progreso. La prueba segura de que la civilización no es muy lejana es que no tarda en aparecer un alguacil con una orden para cobrar impuestos. Markens grode debería figurar igualmente en el palmarés final. Ya veremos.

X: @walyder

9/20/2026

74 festival de San Sebastián Mucho cine mexicano, pero fuera de la sección oficial

Leonardo García Tsao

Después de la intensidad de Venecia y Toronto, llega la relativa calma de San Sebastián. Digo relativa porque si bien su programación es cuantiosa, no se somete tanto al escrutinio mediático como sus homólogos. Hay mucho que ver, pero siempre hay tiempo para otros placeres, como el gastronómico. Es por eso por lo que he repetido tantas veces mi preferencia por el festival donostiarra.

Esta edición será la última dirigida por el eficiente José Luis Rebordinos, quien ha sabido balancear las diferentes secciones del festival y hacerlas atractivas. Como ya he señalado muchas veces, por cuestiones de calendario, la sección oficial de competencia suele ser la más débil. Cada año, Rebordinos y su equipo se esfuerzan por que no sea así. Y, ante todo, la competencia sirve de escaparate para las producciones españolas más sobresalientes de la temporada.

Desconozco a los directores que ahora compiten: Roberto Bueso ( El mal padre), Mikel Gurrea ( Santos) y Javier Ruiz Caldera ( 5 minutos más). Y sorprende que no haya ahora una realizadora, como en años anteriores. Fuera de competencia, la oferta se amplía con autores más conocidos –Fernando Trueba, Daniel Monzón– y un par de series, El castillo y Más allá de la sociedad.

De Latinoamérica figuran el chileno Pablo Larraín con la miniserie Mis muertos tristes y el argentino Benjamín Naishtat con Glaxo. No debe extrañar la ausencia de títulos mexicanos. Por alguna razón misteriosa, San Sebastián lleva años ignorando el producto nacional, que sólo es admitido en otra competencia, la de la sección Horizontes Latinos. Y esta vez la participación es numerosa: Ceniza en la boca, de Diego Luna, Chicas tristes, de Fernanda Tovar, Moscas, de Fernando Eimbcke y Seis meses en el edificio rosa con azul, de Bruno Santamaría Razo. Todas ellas se estrenaron antes en Berlín o en Cannes. Mientras en la sección Nuevos Directores compite otro título mexicano: Morro, segundo largometraje de Rodrigo García Sáiz, egresado del ENAC.

El más conocido de todos ellos, el también actor Diego Luna, participará también en algo llamado Conversaciones, donde diferentes cineastas expondrán sus puntos de vista.

Una de las secciones más fuertes del festival es la Retrospectiva, dedicada esta vez al cineasta francés José Giovanni, cuya reputación como hampón en la vida real explica su gusto por el thriller policiaco y el cine negro. Además de las películas dirigidas por Giovanni, están las que otros directores como Jean-Pierre Melville, Claude Sautet y Jacques Deray dirigieron sobre novelas y/o guiones escritos por el mismo.

Y desde luego, está la útil sección Perlak, que recupera películas premiadas o elogiadas en Cannes, sobre todo, pero igualmente algunas recién exhibidas en Venecia, entre otros festivales.

Finalmente, los premios honoríficos Donostia se entregarán en esta ocasión a personajes realmente meritorios como son el realizador alemán Werner Herzog y la actriz británica/australiana Naomi Watts. El primero presentará su más reciente ficción Bucking Fastard (algo así como Cinche Pabrón), que apenas compitió en Venecia.

X: @walyder

74 festival de San Sebastián ; Fantasmas presentes y nuevos miserables

Leonardo García Tsao

La sección competitiva oficial arrancó esta mañana con Geister ( Canción fantasma), la más reciente realización del cineasta alemán de origen turco Fatih Akin. Situada en Hamburgo, la película se centra en la pareja formada por los estudiantes Farisha (Mariam Dawoud) y Faris (Eren M. Güvercin), quienes se conocen en una discoteca en lo alto de una torre. El flechazo es instantáneo; sin embargo, un accidente automovilístico en el que muere la primera parece ponerle fin al plan.

Pero no. La atracción es tan intensa que el fantasma de Farisha (“mariposa” en árabe) se le aparece a Faris en un mundo alternativo, onírico, que tendrá una duración de 40 días. Aunque el joven se niega a vivir sin ella e intenta una solución fatídica, no todo es tan fácil. Faris tendrá que revivir el accidente varias veces para tener una revelación.

Akin filma todo –menos el final y algunos letreros– en estético blanco y negro, lo cual se presta a un lirismo algo lánguido. El relato es previsible, hasta cierto punto, y muchas de sus instancias fantásticas resultan inevitables (por ejemplo, el tatuaje de mariposa que ella lleva en su cuerpo cobra vida y vuela). De una filmografía muy desigual, Akin ha hecho su mejor película a la fecha en Expulsados del paraíso (2025), recién vista en nuestro país. Con Geister va a concursar por primera vez por la Concha de Oro.

La segunda película en competencia fue la enésima versión cinematográfica de Los miserables, la célebre novela de Víctor Hugo que fue adaptada desde tiempos del cine mudo. Menuda faena la del director para mí desconocido Fred Cavayé, insistir en los conocidos personajes y temas que más recientemente se desarrollaron en la cargante adaptación del musical de Broadway, dirigida por el inepto Tom Hooper, en 2012.

Inútil repetir la trama del pobre inocente Jean Valjean, condenado a la cárcel por robarse una hogaza de pan, o del siniestro inspector Javert, obsesionado con su captura. Cabe anotar que Cavayé, quien también se encargó del guion, ha hecho una loable labor de volver a contar la tan querida historia para espectadores contemporáneos.

Con un presupuesto de superproducción, esta versión es vistosa y entretenida al grado de que no pesan sus tres horas de duración. El nuevo Valjean es interpretado, a partir de que adopta otra identidad, por el sólido Vincent Lindon. Mientras Tahar Rahim, de origen argelino, hace algo muy interesante con su Javert, dotándolo de una neurosis que lo corroe.

Haciendo comparaciones con otra adaptación reciente de un clásico de la literatura – La Odisea, por supuesto– se aprecia que Cavayé es mucho más modesto que Nolan y consigue momentos emotivos que eludieron al británico.

Hoy fue también el estreno mundial de Morro, meritorio segundo largometraje del mexicano Rodrigo García Sáiz en la sección Nuevos Directores. El drama gira en torno a un veterinario que, tras la pérdida de su hijo, cura a la fuerza al perro de un narco local. Bajo un clima de permanente tensión, el realizador no ofrece fáciles soluciones. El premio de esta sección es de 50 mil euros para el director ganador. Ya saben a quién pedirle los tragos si Morro gana.

X: @walyder

74 festival de San Sebastián : Las dos del premio Donostia


Las dos películas seleccionadas para otorgar el Premio Donostia han dado de qué hablar. La primera fue Bucking Fastard ( Cinche Pabrón), la más reciente ficción del gran Werner Herzog. Rechazada en Cannes, donde no la quisieron para su competencia y finalmente estrenada en Venecia, la película ha sido vapuleada por buena parte de la crítica internacional. Vamos a contradecirla.

Dedicada a David Lynch, a quien Herzog estimaba mucho, esta especie de fábula subversiva comienza como un relato picaresco sobre el chofer (Orlando Bloom) que demanda a dos hermanas irlandesas (Kate y Rooney Mara) por fungir de eróticas vaqueras cuando lo que él quería era casarse (no con ellas). Ese arranque es gracioso sobre todo por la forma en que las Mara hablan y actúan al unísono en un increíble despliegue de disciplina actoral.

Al principio, ellas hablan de sus visiones de pájaros y el director llena la pantalla con aves digitales… que nunca se vuelven a mencionar. Es evidente que Herzog está de un humor caprichoso y que la película va a tomar vericuetos desconcertantes centrados en las excéntricas hermanas. Todo concluye con las chicas cavando un túnel al interior de una montaña, donde encuentran unas fabulosas grutas iluminadas, con un tren para turistas y hasta una tienda de souvenirs.

Si se quiere, Bucking Fastard es un disparate que carece de sentido. ¿Y saben qué? A estas alturas de su prodigiosa filmografía, Herzog tiene todo el derecho de inventarse la historia que se le antoje. Además, como él mismo presume, nadie acompaña sus imágenes con música de una manera tan atinada.

La segunda fue la estadunidense The Housewife ( El ama de casa), del debutante Ben Shirinian, cuya proyección esta noche enmarcará la entrega del mismo premio a la estupenda actriz Naomi Watts. Basado en un caso real poco conocido, el drama situado en 1964 gira en torno a una inmigrante austriaca (Watts, claro) que empieza a recibir visitas inquisitivas de un periodista del New York Times, pues él sospecha que su marido es un ex nazi. Lo interesante y sorpresivo de la película, según se revela, es que fue la mujer, una dulce ama de casa en apariencia, quien tuvo un pasado criminal como cruel guardia de un par de campos de exterminio.

Si bien Watts ha desempeñado chambas para ganarse la vida, su papel en The Housewife es uno de sus trabajos recientes más meritorios. Todo en su personaje es una fachada de amabilidad y adhesión al American Way of Life, bajo la cual se oculta un monstruo. Lástima que sus coactores –el joven Tye Sheridan, el televisivo Michael Imperioli– se sobreactúan al grado de reducir sus personajes a caricaturas imbuidas de un sentido del deber.

Hoy también se estrenó 5 minutos más, de Javier Ruiz Caldera, la primera película del país anfitrión en competencia. El cine español ha tenido un buen instinto para el humor negro de la mano de cineastas como Luis García Berlanga y Rafael Azcona. Pero ante la evidencia de esta estridente comedia, no se puede poner a Ruiz Caldera en tan distinguida compañía. Sobre la premisa fantástica y mal llevada de cómo las acciones de un trío de personajes en una casa de campo retroceden cada cinco minutos, la película acumula muertes “chistosas” con singular torpeza formal. Parte del público donostiarra festejó con risas y aplausos las reiterativas ocurrencias. Yo me abstuve.

X: @walyder

8/09/2026

Buen pronóstico


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▲ Se cree que esta imagen muestra a la Compañía E del 16 Regimiento de la Primera División de Infantería participando en la oleada de asaltos durante el Día D en Normandía, Francia.Foto Ap / Archivo
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ebo confesar mi enorme gusto por las películas bélicas –buenas, malas o regulares–, en especial las situadas en la Segunda Guerra Mundial en el territorio europeo. O sea, aliados contra nazis. Por otro lado, soy un obstinado observador de los pronósticos del clima, porque me gusta saber cuándo debo llevarme el paraguas. Ambas instancias explican mi especial interés por El día D: Bajo presión, del director australiano Anthony Maras.

En su segundo largometraje –el primero fue el estrujante thriller Hotel Mumbai: el atentado– Maras adaptó una obra de teatro de David Haig para hacernos un recuento original de lo sucedido en los días previos a la invasión de las playas de Normandía el 6 de junio de 1944. Según se sabe, la complicada operación estaba bajo el mando del general Dwight Eisenhower (Brendan Fraser), quien antes había hecho un desastroso ensayo llamado Ejercicio Tigre.

Tratándose de una operación marina, el clima era un elemento fundamental para asegurar el éxito de ésta. El meteorólogo gringo Irving Krick (Chris Messina) pronostica sol y cielos despejados para el día 5. Pero el recién llegado colega escocés James Stagg (Andrew Scott) tiene otros datos: lluvia y clima tormentoso.

Esa es básicamente la premisa de El día D. La actitud de Stagg es rígida y estrictamente profesional. Krick, en cambio, es un tipo canchero, como dirían los argentinos, quien se basa en datos analógicos para hacer sus predicciones. Es decir, estudia anteriores comportamientos del clima para adivinar situaciones similares. Lo de Stagg es mucho más científico y eso le permite más precisión. Contra la opinión de todo el alto mando, el hombre propone que la invasión se retrase un par de semanas. Le toca a Eisenhower tomar la decisión correcta.

Maras consigue la necesaria tensión dramática para hacer de su película una variante interesante sobre todas las películas hechas sobre el día D. Sí, hay escenas de consecuente combate –varias de ellas reminiscentes de lo realizado por Spielberg en Rescatando al soldado Ryan (1998), en escala mucho menor– pero el drama es el enfrentamiento entre los dos meteorólogos y las reacciones de los generales. No importa que sabemos históricamente lo sucedido en la invasión, el desarrollo narrativo mantiene el suspenso.

Gran parte de ese mérito pertenece al actor irlandés Scott en otra brillante actuación. Aunque su personaje resulta antipático, uno entiende las razones de su rigidez: Stagg no vino a hacer amigos sino a procurar resultados, bajo la presión adicional de tener una esposa a punto de dar a luz a su primogénito. Fraser cumple como un Eisenhower dubitativo, pero inclinado a entender razones. Mientras la siempre bienvenida Kerry Condon aporta el factor femenino como la prudente asistente de Eisenhower. (La rumorología señala que era su amante, detalle no explorado por la película). Y Damian Lewis se divierte documentando la legendaria pomposidad del general británico Montgomery.

El día D: Bajo presión no va a cambiar la historia del cine, ni lo pretende. Es simplemente un buen relato bélico, contado con solvencia y economía (dura apenas 100 minutos). Ideal para pasar el rato en una tarde lluviosa.

El día D: Bajo presión

( Pressure)

D: Anthony Maras / G: Anthony Maras y David Haig, basado en la obra teatral de David Haig / F. en C: Jaimie Ramsay / M: Volker Bertelmann / Ed: Anthony Maras / Con: Andrew Scott, Brendan Fraser, Kerry Condon, Chris Messina, Damian Lewis / P: StudioCanal, Working Title Films. Reino Unido-Francia-Estados Unidos, 2026.

X: @walyder

7/19/2026

El largo camino a casa

Leonardo García Tsao

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▲ Fotograma de la película La Odisea, cortesía de Universal Pictures

En sus inicios, la obra del cineasta británico Christopher Nolan me llamó la atención por la forma inteligente con la cual jugaba con la narrativa cinematográfica. De allí, brincó al espectáculo hollywoodense de gran presupuesto, aportando revisiones a la mitología del cómic. Mientras no perdía su interés por la propuesta ambiciosa – El origen (2010), Interestelar (2014), hasta llegar a la pedantería extrema de Tenet (2020). Y conseguir con Oppenheimer (2023), su película más premiada a la fecha.

Todo lo cual no nos anticipaba su realización más accesible hasta el momento. La Odisea no prescinde de los juegos con el tiempo, que vienen al caso porque el tema es la importancia de la narración oral. Por eso, la película abre con un bardo negro (el rapero Travis Scott) narrando a ritmo de los golpes de su cayado (“una guerra… un hombre”) la historia que veremos a continuación.

Justo esa decisión estética responde al llamado stunt casting elaborado por Nolan para escándalo de muchos espectadores. El que una actriz negra, Lupita Nyong’o interprete por partida doble a Helena y Clitemnestra, o que un actor trans, Elliot Page, lo haga con el guerrero Sinón, son ejemplos de una apuesta por la polémica que trae a cuento las convenciones a las que estamos acostumbrados. Asimismo, La Odisea está hablada en inglés contemporáneo gringo, cuando antes lo que se estilaba era el acento británico.

Por suerte, esos elementos secundarios no distraen de lo que es una enérgica aventura épica. Aunque la película dura casi tres horas, el ritmo se sostiene a lo largo del brioso recuento de cómo el héroe Odiseo (Matt Damon, convincente) sortea guerras, peligros, dioses y monstruos para finalmente llegar a su casa en Ítaca, a los brazos de su fiel Penélope (Anne Hathaway) y su hijo Telémaco (Tom Holland), y eliminar a los torvos pretendientes de aquella.

Como en el poema épico de Homero, la narrativa es episódica. Odiseo y sus hombres enfrentan diferentes antagonistas en el camino. Los únicos momentos tranquilos son el tiempo transcurrido bajo el cuidado de la ninfa Calipso (Charlize Theron, como salida de un comercial de Chanel), con quien trata de recuperar su memoria. Al final, el héroe se vuelve culposo por la guerra, el sacrificio de sus hombres y el abandono de su familia. Es un giro que no está en el texto original y le brinda un aire actual a la historia.

Los mejores episodios del viaje me remitieron a la capacidad de asombro que sentí cuando, a los nueve años, vi Jasón y los Argonautas (Don Chaffey, 1963) en el desaparecido cine Internacional. Aquí no hay efectos especiales de Ray Harryhausen, sino magia digital que le confiere vida al temible cíclope antropófago Polifemo (Bill Irwin), o convierte a los hombres de Odiseo en una piara de puercos, bajo el hechizo de Circe (Samantha Morton, excelente).

Cabe elogiar al cinefotógrafo suizo Hoyte Van Hoytema, usual colaborador de Nolan, quien consigue unas alucinantes secuencias nocturnas iluminadas sólo por el fuego de antorchas y pebeteros (la destrucción de Troya es en especial efectiva). Y al compositor sueco Ludwig Göransson, quien ha prescindido de instrumentos modernos para emplear los griegos auténticos, así como las voces humanas, creando una partitura que se siente genuina.

No vi La Odisea en una sala IMAX, formato en el que fue filmada por vez primera, sino en un cine digital común. Mea culpa. Pero es un buen pretexto para volver a ver la película como Zeus manda.

La Odisea

( The Odyssey)

D: Christopher Nolan / G: Christopher Nolan, basado en el poema de Homero / F. en C: Hoyte Van Hoytema / M: Ludwig Göransson / Ed: Jennifer Lame / Diseño de producción: Ruth De Jong / Con: Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Robert Pattinson, Samantha Morton, Charlize Theron / P: Syncopy. Reino Unido-Estados Unidos, 2026.

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7/05/2026

Un dulce zumbido


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▲ Fotograma de Moscas, del cineasta mexicano Fernando Eimbcke.Foto
Con sólo cinco largometrajes en su haber, el cineasta mexicano Fernando Eimbcke ha demostrado ser muy coherente con sus intereses y obsesiones. Su enfoque es minimalista, sus protagonistas suelen ser niños o adolescentes, las figuras de autoridad pueden estar ausentes y hay un apreciable humanismo en la forma como se desarrollan las historias.

En 2004, su ópera prima Temporada de patos supuso una dosis de frescura para el cine mexicano de entonces y ahora, en Moscas, su quinto esfuerzo, refrenda las cualidades de aquella recuperando dicha frescura con algunas similitudes.

Las dos se ubican en edificios reconocibles para el espectador chilango –en este caso, el multifamiliar Alemán y el aledaño hospital 20 de Noviembre–, la fotografía es en blanco y negro, el protagonista Cristian (Bastián Escobar) en un momento se queda sin padres, los videojuegos son una actividad fundamental e incluso aparece el actor Enrique Arreola en un papel secundario. Sin embargo, Moscas supera a su predecesora con buenos sentimientos que nunca caen en la sensiblería.

Los insectos del título se refieren a las moscas cuyo zumbido molesta a Olga (Teresita Sánchez), la señora cincuentona que vive sola en uno de los departamentos del citado multifamiliar. Ella decide rentar una de sus habitaciones para alguien que tenga familiares internados en el vecino hospital. Quien acude es el humilde Tulio (Hugo Ramírez), cuya esposa está internada de una enfermedad grave. El hombre omite decir que estará acompañado por Cristian, de 8 años, y eso no cae bien a Olga, cuyo mal carácter impone reglas severas a sus inquilinos. De hecho, el niño debe orinar en una botella de plástico, pues el baño no está incluido en la renta.

Como Cristian no puede entrar al hospital, se las arregla para entretenerse en la calle y eso se reduce a jugar a las maquinitas de un negocio. Su obsesión es el juego Space Invaders (en la película lleva otro nombre, quizá por cuestión de derechos), con el cual él desea imponer un récord. Por cuestiones económicas, Tulio debe marcharse de la ciudad a buscar trabajo. El niño se queda absolutamente solo.

Con buen sentido del humor, Eimbcke describe el dilema de su protagonista y la forma como en su tensa interacción con Olga, va a conseguir ablandarla en su trato. Aquí el desempeño de los actores es básico. Sánchez se ha vuelto una especie de tesoro nacional, pues es una actriz todoterreno, susceptible de expresar diversas emociones con gestos mínimos. Su cálida sonrisa implica un cambio total en la personalidad de Olga. Mientras que el debutante Escobar se aleja de los mohines típicos del niño actor mexicano. La escena en que ambos bailan chachachá es una sucinta demostración de un acercamiento emocional.

El director –quien uno supone es adicto a los videojuegos– juega con las gráficas de Space Invaders de manera ingeniosa, integrándolas al tejido visual de su película. Lo meritorio es cómo sostiene el interés de su relato, apoyándose en el humor que no excluye instancias dramáticas.

Para no variar, Moscas se acaba de estrenar en condiciones desfavorables, cuando el público está distraído con espejismos de campeonato. Esperemos se sostenga en cartelera, a fin de que sea apreciada justamente.

Moscas / Director: Fernando Eimbcke/ Guión: Fernando Eimbcke, Vanesa Garnica / Filme en ByN: María Secco / Sonido: Javier Umpierrez / Edición: Salvador Reyes Zúñiga, Fernando Eimbcke / Con : Teresita Sánchez, Bastián Escobar, Hugo Ramírez, Enrique Arreola/ Productoras: Kinotitlan, Teorema. México-España, 2026.

X: @walyder

5/24/2026

79 festival de Cannes : La cosa no levanta cabeza


Lo siguiente va a sonar a sacrilegio, pero esta edición de Cannes va a ser recordada en parte por estrenar la más fallida realización, a la fecha, del estimable cineasta japonés Hirokazu Koreeda. Hasta ahora, su cine se ha caracterizado por un estilo realista, especialmente enfocado a la familia y los niños. Esto último sigue siendo cierto de Hako no naka no hitsuki ( Oveja en la caja), pero su género es la ciencia-ficción y creo que allí está la razón del traspié.

Situada en un futuro cercano, la película plantea una realidad donde se puede conseguir una réplica androide de un niño. Eso es lo que hace la familia Komoto, cuyo hijo desapareció en circunstancias misteriosas. Sobre todo, Otone (Haruka Ayse), la madre, se entusiasma con la idea de recuperar a su retoño, Kakeru (Rimu Kuwaki), aunque sea un robot. El padre (el cómico televisivo Daigo) es más reticente y lo llama una mezcla entre Tamagotchi y Rumba.

Con un discurso largo y lleno de divagaciones, reforzadas por la encimosa música de Yutah Bando, el cineasta no consigue darle un sentido coherente. Uno supone que está en contra de la inteligencia artificial en tanto los robots de los niños abandonan a sus padres antes de tiempo. ¿O eso es una ventaja?

Mejor fue la aportación del español Rodrigo Sorogoyen, El ser querido, un entretenido ejemplo del cine visto por el cine que se sostiene en las persuasivas actuaciones de Javier Bardem, como el arrogante y temperamental director Esteban Martínez, y la actriz de moda Victoria Luengo, como su hija Emilia, que acepta trabajar bajo las órdenes del padre que la abandonó de niña.

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▲ La actriz australiana Cate Blanchett durante su arribo a la proyección de Paper Tiger y Javier Bardem, en la presentación de El ser querido. El español defendió su derecho a expresar su punto de vista en temas de política o de actualidad internacional, y aseguró que incluso lo “están llamando más todavía” para trabajar. “Considero importante poder expresar tu punto de vista, sabiendo que habrá gente que estará de acuerdo y quien no”, dijo el oscarizado actor. “Pero tengo ese derecho, igual que lo tiene un fontanero o un camarero”, añadiò el artista de 57 años.Foto Afp

La película peca de formalismo por la manera en que Sorogoyen utiliza más close-ups que Sergio Leone, vira al blanco y negro sin decir agua va, cambia el tamaño del cuadro, entre otros recursos más bien distractores. Pero encuentra su mejor secuencia cuando una toma se arruina tras otra, por la risa incontrolable de los actores y provoca la furia de Martínez, causando una crisis.

Por alguna razón extraña, los franceses le rinden culto al director estadunidense James Gray, invitado frecuente a la competencia sin que parezca justificarlo. (Será un poco como lo sucedido con Jerry Lewis). Esta vez, Gray ha presentado Paper Tiger ( Tigre de papel), thriller dramático situado en Queens en 1986.

La historia se centra en la familia Pearl, cuando el pudiente Gary (Adam Driver), ex policía, invita a su hermano Irwin (Miles Teller) a una ambiciosa obra de drenaje que involucra a una compañía rusa. Adivinaron: la tal compañía esun frente de la temible mafia rusa. Pronto Irwin, su mujer Hester (Scarlett Johansson) e hijos adolescentes (Roman Engel, Gavin Goudey) son amenazados en su propio hogar por los peores hampones. Gary intenta arreglar las cosas.

En su primera parte, la película interesa por su tensa descripción de como una típica e inofensiva familia gringa ve en peligro su integridad y su futuro por una avalancha de infortunio (para colmo, a Hester se le encuentra un enorme tumor cerebral). Sin embargo, Gray, quien también escribió el guion, arruina todo con una resolución simplista y harto predecible.

X: @walyder

79 Festival De Cannes : En polos opuestos, Arthur Harari y Cristian Mungiu

Leonardo García Tsao

En efecto, ya no se puede confiar en nadie. Nos acercamos a la proyección de L’inconnue (La desconocida) con ciertas esperanzas pues su director y guionista, Arthur Harari, había sido coautor, junto con su esposa, Justine Triet, del guion de Anatomía de una caída, el thriller francés que en 2023 obtuvo la Palma de Oro y al año siguiente un Oscar al mejor guion.

Pues llegamos a la conclusión de que Triet fue quien hizo el trabajo pesado y meritorio. L’inconnue es una pésima variante sobre el tema del intercambio de cuerpos: David (Niels Schneider), un fotógrafo intenso, fornica en una fiesta con la mujer (Léa Seydoux) de sus fantasías. Tras un orgasmo furioso, él despierta con el cuerpo de ella, llamada Eva.

Dicha premisa es bastante común y generalmente se usa para la comedia (hace poco, Bárbara de Regil protagonizó con ese mismo asunto una teleserie en Vix llamada Lalola). Pero Harari es muy pretensioso y hace un giro en el cual el cuerpo de David es ocupado, a su vez, por otra chica llamada Malia (Lilith Grasmug). Entonces la pareja angustiada se dedica a buscar a otras personas que han sufrido el mismo fenómeno.

Uno se queda hasta el absurdo y postergado final en busca de una conclusión coherente. Es inútil. Harari no sabe contar su historia ni dotarla de misterio o convicción. Con L’inconnue, la muy débil competencia ha tocado fondo. ¿Y para esto me desperté a las 7 de la mañana?

Menos mal que llegó el rumano Cristian Mungiu para compensar las cosas. En Fjord confirma ser un cineasta muy apto para plantear dilemas morales que no tienen una fácil solución. En una pequeña comunidad noruega, la pareja formada por el rumano Mihai (Sebastian Stan, casi irreconocible) y la noruega Lisbet (Renate Reinsve) más sus cinco hijos, se dedican devotamente a su religión evangélica. Sin embargo, una de sus hijas muestra huellas de golpes en su cuerpo y eso provoca una desmedida investigación por parte de Protección Infantil.

Debido a esa intervención, los hijos son separados de sus padres (incluyendo al bebé de la familia) y los padres son sometidos a un juicio civil. Es la vecina Mia (Lisa Carlehed) quien decide tomar el caso como abogada. Durante el proceso, es evidente que el matrimonio es acusado tanto por sus creencias religiosas, que sí son conservadoras, como por las nalgadas propinadas a los niños.

Mungiu, ganador de la Palma de Oro en 2007 por Cuatro meses, tres semanas y dos días, es esa rareza, un director de corte preciso y estupendo sentido elíptico cuyas secuencias duran exactamente lo que deben durar. No hay paja en Fjord no obstante una duración de 146 minutos. El drama es complejo pues las emociones humanas que entran en juego así lo son.

Este año el festival ha tenido problemas hasta con sus invitados de honor. Barbra Streisand iba a recibir una Palma de Oro honorífica, pero ya canceló su viaje aduciendo una rodilla lastimada. No quiero ser mal pensado, pero suena a excusa fácil. ¿Se habrá enterado de que antes dieron otra Palma de Oro a John Travolta?

X: @walyder

79 Festival de Cannes : De torturas nazis, una alcohólica y monstruos extraterrestres


Tocó el turno de concursar al cineasta húngaro László Nemes, quien en dos largometrajes ha sobresalido como un esteta del sufrimiento. Se recordará que fue históricamente el primero en recrear visualmente, en su primer largometraje, El hijo de Saúl (2015), el exterminio en un horno crematorio de Auschwitz. Ahora con Moulin, coproducción franco-belga, describe los últimos días en la vida de Jean Moulin (Gilles Lellouche), líder de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra.

Bajo el seudónimo de Jacques Martel, el héroe opera en Lyon cuando es capturado por la Gestapo, para luego ser interrogado por Klaus Barbie (Lars Eidinger), sin duda uno de los peores seres humanos que jamás han existido. Por suerte, casi no hay escenas de tortura física, siendo más numerosas y terribles las de intención sicológica. La desesperanza es la misma que la del clásico El ejército de las sombras (1969), de Jean-Pierre Melville, e incluso Lellouche recuerda un poco a Lino Ventura en su sobrio heroísmo.

Nemes filma muy bien el clima de paranoia de la primera parte en un ambiente casi siempre nocturno y luego nos sumerge en la pesadilla del personaje epónimo, quien sabe que no podrá resistir demasiado ante la tortura sin hablar.

En un giro violento, la siguiente concursante –francesa, para no variar– trata sobre una joven actriz alcohólica llamada Garance (Adèle Exarchopoulos), quien depende del trago para superar sus temores e inseguridades.

La película, dirigida de forma impersonal por Jeanne Herry, sigue la fórmula del drama de adicciones con una conclusión optimista. Gracias, sobre todo, a la comprensión de su pareja, la tímida Pauline (Sara Giraudeau), al cuidado de su hermana cancerosa y la intervención de un doctor sabio, Garance podrá dejar el vicio. Si se deja ver algo tan convencional y rutinario es sólo por la presencia siempre carismática de Exarchopoulos.

La tercera del día, la sudcoreana Hope, de Na Hong-jin, indica qué tan desesperados estaban los programadores de la competencia. Normalmente hubiera sido seleccionada, si acaso, para una de las sesiones especiales de la sección oficial. Pero en tiempos de escasez todo se vale.

Es una aventura de monstruos extraterrestres que atacan a la población del pueblo fronterizo llamado Hope, y ésta se defiende como puede. Eso es todo. No hay subtramas ni subterfugios. Son 2 horas 40 minutos de ver cómo los humanos –dos policías y civiles armados– se la pasan echando tiros y granadas para ver si logran matar a unos gigantes humanoides casi indestructibles, creados digitalmente.

Es un espectáculo tan ruidoso como cualquier blockbuster, pero está filmado con una técnica irreprochable. Na conoce su oficio. Lo que no sabe es controlar a sus actores para que no digan todos sus diálogos a puros gritos de groserías y gestos bufonescos. Eso, a la larga, se vuelve monótono y cansino.

X: @walyder

79 festival de Cannes : El ruso Zvyagintsev y el español Almodóvar


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▲ El actor estadunidense Andy Garcia llega a la proyección de la película Diamond en la 79 edición del Festival de Cine de Cannes .Foto Afp

Con películas como Sin amor (2017) y Leviathan (2014) el director ruso Andrei Zvyagintsev se había distinguido como uno de los pocos en su país aún preocupado por hacer un cine ambicioso, de cualidades formales muy evidentes. Por desgracia, enfermó de gravedad con el covid y eso lo mantuvo alejado de las cámaras hasta ahora que ha realizado Minotaur.

La película se sitúa en un pequeño pueblo ruso en 2022, el año de la invasión a Ucrania, para describir la crisis laboral y personal de un influyente ejecutivo llamado Gleb (Dimitri Mazurov). En medio de recortes y peticiones gubernamentales de reclutar a empleados para llevarlos al frente de combate, el hombre averigua que su atractiva esposa Galina (Iris Lebedeva) lo engaña con un joven fotógrafo. Gleb acude a su departamento y lo mata a sangre fría, ocultando el cadáver en un riachuelo. La policía investiga, pero Gleb se sale con la suya.

Lo que ha hecho Zvyagintsev no es otra cosa que el remake ruso de La mujer infiel (1969), el clásico de Claude Chabrol. Igual que en la cinta francesa, Minotaur muestra el esfuerzo del marido cornudo por limpiar las manchas de sangre, eliminar pruebas en la escena del crimen y deshacerse del cuerpo de la víctima. Sin embargo, el cineasta ha querido filtrar un comentario crítico sobre Ucrania y se ven y escuchan imágenes y sonidos alusivos a la guerra. Francamente, en el contexto de la intriga principal, eso se siente como un pegote añadido para darle relevancia política.

Por otra parte, también se exhibió en concurso Amarga Navidad, la más reciente realización del español Pedro Almodóvar, estrenada en su país desde principios de año, suscitando comentarios elogiosos o escépticos. Me incluyo en el segundo grupo.

La película es estilísticamente impecable, está actuada por un reparto (Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón) muy profesional, ostenta la inventiva cromática de su autor, hace un homenaje –doble– a Chavela Vargas… pero no funciona. Su eje narrativo es una llamada autoficción escrita por el personaje de Sbaraglia, sobre el de Lennie e inspirado por el de Sánchez-Gijón. Se supone debe operar como cajas chinas, sin que eso suceda. Salvo unos detalles chispeantes al principio, Amarga Navidad aburre y eso no es digno de Almodóvar.

En una secuencia, Sbaraglia pronuncia diálogos que suenan a un cineasta haciendo autocrítica. Quizá sean los únicos momentos veraces.

Ya en los últimos días del festival, vamos a los números. Hasta ahora, la concursante que ha ganado en el aplausómetro es Fjord, del rumano Cristian Mungiu con doce minutos de ovación. En las calificaciones de la crítica internacional, de un total de cinco puntos sólo dos títulos han ganado tres puntos: Fatherland, de Pavel Pavlikowski con 3.3, y De repente, de Ryusuke Hamaguchi, con 3.1. De las peor calificadas están La oveja en la caja, de Hirokazu Koreeda con 1.4, Historias paralelas, de Asghar Farhadi, con 1.7, y Garance, de Jeanne Herry, con 1.7. Conste que no me he puesto de acuerdo con mis colegas.

Mis lectores sabrán disculpar que no puedo comentar sobre S eis meses en el edificio rosa con azul, de Bruno Santamaría Razo, el otro largometraje mexicano en todo el festival, además de Ceniza en la boca, de Diego Luna. De alguna manera, la programación de la sección oficial se las arregla para estrangular a las secciones paralelas. Es una estrategia buscada y ejecutada con malicia. Hasta ahora, no he podido ver una sola proyección de la Quincena de Cineastas o de la Semana de la Crítica, donde se seleccionó la película de Santamaría. Ya la veré en México.

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5/17/2026

79 festival de Cannes : Otra vez, el cine mexicano salva el día


Hay una ley no escrita en la competencia de Cannes que no se debe comenzar el festival con algo fuerte. Por alguna razón, el primer día se dedica siempre a algo flojito, como para no esperanzar al respetable.

Así, esta edición presentó hoy la japonesa Nagi Notes ( Notas de Nagi), del realizador Koji Fukada, de quien no había visto ningún otro título de una filmografía iniciada en 2002. La narrativa se sitúa en varios días de marzo en el pequeño poblado titular, donde la escultora en madera Yoriko hospeda a su ex cuñada Yuri para esculpir su busto. Resulta que la primera es una lesbiana que básicamente no ha acabado de salir del clóset, aunque tuvo un amor imposible. Yuri, en cambio, despierta pasiones entre algunos hombres del lugar, sobre todo al padre de un adolescente enamorado de su mejor amigo.

Obviamente influido por Yasujiro Ozu en la medida que nada parece ocurrir en la superficie, por las abundantes emociones que se reprimen por prejuicios sociales. Es evidente que Yoriko siente algo por Yuri, pero se limita a esculpirla de manera obsesiva, mientras los muchachos que recién descubren su preferencia gay prefieren intentar huir del pueblo. Notas de Nagi tiene sus momentos, pero plantea todos sus conflictos de forma dialogada y eso la hace algo monótona.

También fue el turno del país anfitrión. Ciertamente el cine francés debe ofrecer algo mejor que La vie d’une femme ( La vida de una mujer), segundo largometraje de Charline Bourgeois-Tacquet. Según anuncia el título, trata de la complicada existencia de Gabrielle (la siempre convincente Léa Drucker), una cirujana de reconstrucción facial que tiene problemas de pareja, de trabajo y encima responde a la propuesta sáfica de una novelista (Mélanie Thierry) que se interesa en su vida profesional.

La película recurre a convencionalismos dignos de programa televisivo, ya sea referidos a la profesión médica, o al enamoramiento bajo el signo de Lesbos. O sea, este fue el día dedicado a salidas tardías del clóset.

Lo que vino a salvarlo, al menos por lo que a mí respecta, fue Ceniza en la boca, título con el cual el mexicano Diego Luna ha logrado su mejor esfuerzo a la fecha como director. La película, una coproducción entre México y España, va de menos a más. Tras un arranque algo confuso por desarticulado, la historia de una joven (Anna Díaz, sorprendente) que enfrenta el abandono de su madre (Adriana Paz) y emigra a España, para cuidar a su hermano menor, donde se gana la vida haciendo diversas chambas, va ganando en peso dramático hasta llegar a la tragedia.

Apoyado en el descarnado realismo de la fotografía de Damián García, Luna va desarrollando los temas de desarraigo en tierra extranjera, sólo para volver a México y exponer los horrores que nos son familiares y cotidianos. A saber, por qué fue excluida de la competencia y relegada a una función especial. Como era de esperarse, la sala Buñuel registró un lleno total con muchos mexicanos presentes en Cannes, incluyendo a Alfonso Cuarón. (Por cierto, la Buñuel es una de las salas más incómodas en todo el espacio del Palais. Ay, don Luis, cuántos crímenes se cometen en su nombre).

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79 festival de Cannes: Pavlikowski pone el ejemplo


Hoy apareció el buen cine en Cannes bajo la mano del polaco Pavel Pavlikowski, quien en 2018 nos brindó una de las mejores películas de ese año, Guerra fría, también concursante aquí.

El director, quien hizo su posgrado en la Universidad de Oxford sobre literatura alemana, ha aplicado ese conocimiento en Fatherland, el recuento del viaje hecho por el escritor Thomas Mann (Hanns Zischler), acompañado por su hija Erika (Sandra Hüller, perfecta) a la Alemania de 1949, después de haber vivido dieciséis años en Estados Unidos.

Ciertamente es una película para germanófilos. Hay referencias no sólo al propio Mann y sus hijos, sino también a Goethe –el eje temático de sus discursos ya sea en la Alemania en ruinas ocupada por los gringos o en la de los soviéticos– la música de Bach, Mozart y Wagner. Hay un aire de tragedia en el recorrido pues su hijo Klaus (August Diehl) se ha suicidado justo en ese momento, un hecho doloroso para Erika, con quien sostenía un amor incestuoso.

Aunque Fatherland es una película sobria, en fúnebre blanco y negro, resulta muy elocuente al reflexionar sobre el arte y la ideología, así como la responsabilidad social y el concepto de patria. En un momento, Erika expresa su deseo de volver al hogar. “¿Cuál?”, replica su padre.

Todo eso lo ha logrado Pavlikowski en tan sólo 82 minutos de duración. Lo cual debería servir de ejemplo a la mayoría de los cineastas en competencia que han necesitado un promedio de dos horas y media para contar sus historias. Tan sólo por esa proeza, habría que premiar a Fatherland.

En cambio, la gran decepción ha sido Histoires parallèles ( Historias paralelas), producción francesa dirigida por el iraní Asghar Farhadi. La premisa es promisoria: una escritora parisina llamada Sylvie (la inmarcesible Isabelle Huppert) se inspira para sus novelas al espiar a sus vecinos con un telescopio, en particular al equipo que hace efectos de sonido en un estudio. La cosa se complica cuando ella contrata a un ladrón (Adam Bessa) como su asistente.

Al principio, parecería que la imaginación de Sylvie va a transformar la realidad de sus espiados –en efecto, vemos como reales los hechos de su novela. Pero Farhadi, quien coescribió el guion inspirado en una idea del polaco Krzysztof Kieslovski, pronto se olvida del juego de espejos, desaprovechando la premisa y llevando su historia a una resolución prosaica. Y para ello, se toma 140 minutos. ¿No les digo?

En la sección Una Cierta Mirada, pude ver El deshielo, coproducción entre Chile, México y España, dirigida por la menuda Manuela Martelli, otrora actriz infantil. Situada en 1992, el año del Quinto Centenario, la película narra la desaparición de Hanna, una adolescente alemana (Maia Domagala), campeona de esquí, en el entorno de un hotel nevado. Todo es visto desde la perspectiva de la niña Inés (Maya O’Rourke), la última que la vio con vida en la compañía de un chico.

Martelli mantiene la tensión y la atmósfera de misterio gracias a la histeria de la madre (Saskia Rosendahl) de Hanna, quien usa a Inés a modo de guía. Como su paisano Patricio Guzmán, la cineasta no pierde la ocasión de usar el tema de los desaparecidos para aludir a los propios del gobierno pinochetista. El deshielo pudo haber hecho un buen papel en la competencia y trascender el “ya merito” de Una Cierta Mirada.

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79 festival de Cannes ; Una casa para ancianos, la pornografía infantil y el clima


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▲ Elenco de Soudain en la edición 79 del Festival de Cannes.Foto Afp

Al igual que el iraní Asghar Farhadi, el japonés Ryusuke Hamaguchi ha hecho una película de producción mayoritariamente francesa. Pero, a diferencia de aquél, Soudain ( De repente) no hace concesión alguna al mercado occidental y es, en esencia, una realización japonesa que, con una duración superior a las tres horas, difícilmente tendrá una salida comercial.

En este caso, Hamaguchi ha narrado una historia lineal. En París, en una casa para ancianos llamada El jardín de la humanidad, la nueva directora Marie-Lou (Virginie Efira) pone nuevas reglas al equipo de enfermeros y coordinadores para que la atención a los pacientes se esmere más en un trato personal. No todos aceptan las nuevas reglas y las renuncias no se hacen esperar.

La mujer asiste a una puesta en escena de una obra llamada De cerca nadie es normal, interpretada por un solo actor bajo la dirección de la japonesa Mari Morisaki ( Tao Okamoto). Marie-Lou se queda a conversar con la joven directora y dicho encuentro tendrá repercusiones profundas. Aunque Mari está desahuciada por un cáncer terminal, ella está dispuesta a seguir trabajando mientras pueda. Ninguna quiere separarse de la otra. La relación no tiene nada de sexual, sino es de un afecto platónico y una identificación mutua.

La película es desigual porque hay momentos que pecan de didactismo. Mari incluso llega a colocarse frente a un pizarrón para explicarnos los procesos del capitalismo con todo y gráficas. Sin embargo, hay un humanismo innegable en la intención de Hamaguchi y su visión de los ancianos del asilo y su tratamiento bajo el nuevo orden es hasta emotiva.

La otra película en competencia del día fue Gentle Monster ( Tierno monstruo), segundo largometraje de la austriaca Marie Kreutzer, cuyo debut Corsage. La emperatriz rebelde fue una original recreación de la vida de Sissi (alguna vez interpretada por Romy Schneider). El pasado le ha resultado más fértil a la directora, pues su nueva película trata sin mucha fortuna un tema escabroso de la actualidad: la pornografía infantil.

El planteamiento es el siguiente: la estrella pop Lucy (Léa Seydoux) vive en el campo alemán con su marido Philip (Laurence Rupp) y pequeño hijo Johnny (Malo Blanchet). Un día la policía irrumpe en su hogar con una orden de cateo y arresto para el segundo, a quien se acusa de haber traficado con porno infantil. El hombre, un cineasta desempleado, lo niega todo y a través de su abogado alega que se trata de un malentendido. No obstante, una rabiosa Lucy lo rechaza y se refugia con su madre (Catherine Deneuve).

Obviamente el guion de la propia Kreutzer no logró desarrollar el delicado tema, por lo que a la mitad se hace un flashback que repite básicamente la misma información. Una subtrama sobre la mujer policía (Jella Haase) que investiga el caso, revela que su padre senil (Sylvester Groth) acosa sexualmente a su cuidadora. Según la cineasta, no se puede confiar en nadie.

Por si alguien extrañaba mi reporte meteorológico, ahí les va. El clima no ha sido agradable en Cannes. No ha llovido, menos mal, pero desde el martes un fuerte viento frío ha recorrido esta parte de la Costa Azul. ¿Será por eso que algunos dicen que el festival está desangelado?

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5/03/2026

Gotas amargas


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▲ Fotograma del largometraje Un poeta, del realizador colombiano Simón Mesa Soto
Normalmente las plataformas digitales no dan mucho de qué escribir. Pero hay excepciones, como la colombiana Un poeta, de Simón Mesa Soto, que ya se puede ver en HBO Max. Seguramente uno de los mejores estrenos del año.

En su segundo largometraje, Mesa Soto ha conseguido una incisiva sátira social a partir de su personaje epónimo. El poeta en cuestión es ciertamente un caballero de la triste figura, según lo interpreta el actor no profesional,Ubeimar Ríos: feo, chaparro, encorvado, con una sonrisa que es una mueca de dientes chuecos.

Eso ya le concede cierta lástima al personaje de Óscar Restrepo, una joven promesa convertida en triste realidad. Las únicas publicaciones a su nombre datan de principios de los años 90. Como bien le señala su hermana, no es un poeta, sino un desempleado. Óscar vive mantenido por su señora madre, quien a veces le presta su coche. Su único desahogo es emborracharse constantemente hasta quedar tirado en la banqueta. Su única ilusión, hacerse rico con las prometidas inversiones de un amigo transa. En el camino, él ha abandonado a su hija Daniela (Alisson Correa), ahora una adolescente a quien le causa vergüenza.

La misma hermana lo obliga a dar clases de poesía en un bachillerato. Óscar acepta de mala gana, no sin antes llenar su termo con un chupe. Sin embargo, la ebriedad no le impide reconocer dotes poéticas en una alumna, la corpulenta Yurlady (Rebeca Andrade), que más bien desea trabajar en un salón de belleza.

Óscar quiere aprovechar el potencial de la chica y propone a los escépticos encargados del Centro Cultural Poesía Viva, que se le permita a Yurlady competir en el cercano concurso de poesía, dotado de un premio en efectivo. En efecto, la poeta novata gana el concurso, pero se emborracha hasta quedar inconsciente en la posterior fiesta. Todo le sale mal a Óscar. Todo.

Dividida en cuatro capítulos, la narrativa de Un poeta describe las varias desgracias de su protagonista con una crueldad que deviene en patetismo. Uno empatiza con Óscar Restrepo porque en el fondo es un buen hombre, que vive sinceramente su pasión por la poesía. Su ídolo es el malogrado poeta del siglo XIX, José Asunción Silva, que fue reconocido después de su muerte prematura. Pues Óscar también se siente maldecido por el destino y trata de recuperar, por lo menos, la relación con su hija.

Con un estilo apresurado y nervioso, Mesa Soto demuestra tener la habilidad de extraer la mayor cantidad de humor de las situaciones y es un agudo observador de cómo en países del tercer mundo, la cultura es un asunto enrarecido, en manos de farsantes. Hay que ver cómo caracteriza a Efraín (Guillermo Cardona), un poeta reconocido y oportunista que no pierde la ocasión de tratar de inculcarle a la obra de Yurlady “valores sociales”. O el entusiasmo condescendiente de una representante de los Países Bajos, que se siente hermanada con Yurlady.

Un éxito de taquilla en Colombia, Un poeta es el resultado de un programa ambicioso de producción y coproducción internacional que ya ha dado varios frutos. Habría que seguirles el ejemplo.

Un poeta

D y G: Simón Mesa Soto / F. en C: Juan Sarmiento G. / M: Matti Bye, Gustav Davidsson, Johann Ekholm, Pelle Westlin / Ed: Ricardo Saraiva / Con: Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona, Margarita Soto, Hugo Valencia / P: ZDF, Film i Väst, Ma.ja.de. Fiction, Medio de Contención Producciones, Momento Film, Ocúltimo, ZDF /Arte. Colombia-Alemania-Suecia. 2025.

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1/18/2026

cine : Cómo conservar la chamba

 

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▲ Fotograma de la cinta La única opción de Park Chan-wook.Foto Cortesía Mubi

Curiosos son los orígenes literarios y cinematográficos de La última opción, el más reciente largometraje del surcoreano Park Chan-wook. Desde hace tiempo, el cineasta quería adaptar la novela The Ax ( El hacha, 1997), de Donald E. Westlake, agudo especialista en el género policiaco. Pero antes hubo una previa adaptación de esta, a cargo de Costa-Gavras –a quien se dedica esta película–, titulada Le couperet (2005), que desconozco pues no se exhibió en México.

Park intentó hacerla en inglés, pero finalmente decidió adaptarla a la Corea contemporánea, para hablar de los males del capitalismo a través de las desventuras de Man-su (Lee Byung-hun, conocido por su desempeño en El juego del calamar), quien tiene todo lo que un hombre común podría desear: una esposa guapa llamada Miri (Son Ye-jin), dos hijos prodigio, una mansión que pertenece a su familia hace años y hasta un par de hermosos perros. Y, claro, un trabajo satisfactorio.

Man-su celebra el cumpleaños de Miri con unas costosas anguilas que le han mandado de su trabajo, como supervisor en una fábrica de papel, que recién ha pasado a ser propiedad de unos empresarios gringos. Lo que él ignora es que se trata de un regalo de despedida, pues la empresa lo ha liquidado junto a la mayoría de los empleados.

La familia se resigna a hacer recortes en sus gastos (“vamos a cancelarNetflix”), y Man-su consigue una chamba empacando cajas. Pero acude a una entrevista de trabajo en otra papelera, donde resulta humillado. El hombre toma una decisión radical: asesinar a los posibles rivales profesionales que podrían quitarle el ansiado puesto.

La premisa es muy semejante a la del clásico de la comedia inglesa Mis ocho sentenciados ( Kind Hearts and Coronets, Robert Hamer, 1949), sólo que se extraña la parquedad del humor negro británico, por la cual las muertes eran despachadas con singular elegancia. Park, en cambio, ha optado por un tono de humor bufonesco para ilustrar qué tan complicado es matar a otro ser humano y cubrir las evidencias.

El primer asesinato es el colmo de esa estrategia. Man-su acecha a su víctima potencial espiando su casa, donde la esposa le está poniendo el cuerno con otro hombre. Mediante su celular, Man-su trata de distraer al primero para matarlo fuera de la casa, pero es demasiado torpe para manejar la pistola. La secuencia termina como una exagerada farsa de disparos de mal tino.

El cineasta es dueño de un privilegiado sentido formal, admirado en películas como Cinco días para vengarse (2003), Señora Venganza y la reciente La decisión de partir (2022). Aquí está siempre en evidencia esa habilidad, aunque Park se toma su tiempo para hacer digresiones a su relato central. Por ejemplo, un baile de disfraces chistoso que no conduce a nada.

La única opción concluye con una advertencia pesimista sobre cómo las máquinas robotizadas se harán cargo de todo en el futuro. Es un elocuente final cuya economía pudo haberse extendido al resto de la película. En esta ocasión, Park se ha dejado llevar por la tentación de hacer una comedia excesivamente bufa.

La única opción

D: Park Chan-wook / G: Park Chan-wook, Lee Kyoung-mi, Don McKellar, Jahye Lee / F. en C: Kim Woo-hyung / M: Cho Young-wuk / Ed: Kim Ho-bin, Kim Sang-beom / Con: Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Woo Seung Kim, So Yul Choi, Park Hee-soon / P: CJ ENM Co, CJ Entertainment, Moho Film. Corea del Sur, 2025.

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12/14/2025

Un nuevo amanecer


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▲ Fotograma de Nouvelle vague, cinta del realizador Richard Linklater estrenada en Cannes.
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asta ahora, la carrera del realizador texano Richard Linklater no podía ser más desigual. Su filmografía tiene aciertos como la trilogía del Antes de…, pero también algunos petardos definitivos (¿alguien vio ¿Dónde estás Bernardette?, de 2019?). Sin embargo, este año se ha redimido totalmente con un par de títulos: Nouvelle vague y la próxima a estrenarse, Blue Moon.

La primera no es otra cosa que la canción de amor más sentida que se le ha hecho a esa fundamental corriente epónima del cine francés que, a fines de los años 50, empezó a transformar la concepción misma de la narrativa cinematográfica.

Estrenada en Cannes, donde no recibió premio alguno, la película es la divertida recreación del singular rodaje, en el París de 1959, de Sin aliento, la ópera prima de Jean-Luc Godard (Guillaume Marbeck). Linklater identifica con letreros a todos los cineastas, actores, personalidades que influyeron en la Nueva Ola, de una forma u otra. Y homenajea además a Roberto Rossellini, Robert Bresson y Jean-Pierre Melville como padrinos simbólicos del movimiento y figuras definitivas del cambio.

El relato, en radiante blanco y negro, comienza con la aclamación recibida en Cannes por Los 400 golpes (de François Truffaut, claro) y la evidente envidia que eso le provoca a Godard, el último de los críticos del influyente Cahiers du Cinéma que no ha filmado su primer largometraje. El mismo Truffaut (Adrien Rouyard) ha escrito un guion sobre la relación entre un hampón de poca monta y una gringa, y Godard decide debutar sobre esa base, bajo el patrocinio del bonachón productor Georges de Beauregard (Bruno Dreyfürst).

Sobre un ocurrente guion de Holly Gent y Vincent Palmo Jr., adaptado por las francesas Michèle Halberstadt y Laetitia Masson, Linklater hace la crónica de las tres semanas de rodaje. Godard es caracterizado como un mamón inspirado, quien no utiliza un guion si no consulta su libreta de notas sobre la naturaleza del cine. Es el origen de un cine de ruptura, de un cambio que no tiene marcha atrás.

Como en sus escritos, el cineasta –de sempiternas gafas oscuras y cigarrillo en la boca– se basa en citas célebres y aforismos para darse a entender. Su negativa a ser convencional lo lleva a hacer rodajes de un par de horas diarias –o incluso, a cancelar labores fingiendo estar enfermo– y a no cumplir ningún precepto de la industria, para exasperación de Beauregard y de la actriz estadunidense Jean Seberg (Zoey Deutch), acostumbrada al método hollywoodense de hacer las cosas.

Ahora que las biopics no se preocupan mayormente por conseguir el parecido físico del biografiado (ahí tienen a Jeremy Allen White como Bruce Springsteen), es loable el casting realizado en este caso. Todo el reparto está integrado por réplicas muy convincentes de los originales, detalle que le da especial convicción a las escenas recreadas de Sin aliento, interpretadas por Aubry Dullin, como Jean-Paul Belmondo y la ya mencionada Deutch, quien nos brinda una Seberg mucho más creíble que la interpretada por Kristen Stewart en Vigilando a Jean Seberg (Benedict Andrews, 2019).

Sin duda, el cinéfilo empedernido gozará Nouvelle vague mucho más que quien ignore las glorias de la Nueva Ola francesa. No obstante, aún sin ese contexto, la película es una de las más inspiradas miradas al proceso creativo de hacer cine, visto como un juego genial.

Nouvelle vague:

D: Richard Linklater/ G: Holly Gent, Vincent Palmo Jr., adaptado por Michèle Halberstadt, Laetitia Masson/ F. en ByN: David Chambille/ Ed: Catherine Schwarz/ Con: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Adrien Rouyard, Antoine Besson/ P: ARP Sélection, Detour Filmproduction, Ciné + OCS, Francia-Estados Unidos, 2025.

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10/19/2025

Morelia 2025: refrendando la categoría

Leonardo García Tsao

Siempre es grato volver al festival de cine más útil e importante del país. En un año en el cual la competencia de largometrajes mexicanos fue en especial sólida –ningún petardo a la vista–, la programación del 23 festival de Morelia se vio complementada por la usual colección de obligatorios estrenos internacionales.

De los once largometrajes nacionales en competencia, sólo no alcancé a ver Juana, el debut como director del actor Daniel Giménez Cacho. Al escribir este artículo todavía ignoro cuáles fueron los premiados de acuerdo con el jurado, pero a mi juicio personal hubo varios títulos meritorios.

Entre ellos, sobresale El guardián, primer trabajo de ficción de la documentalista Nuria Ibáñez. Retomando el ambiente costeño de su anterior Una corriente salvaje (2018), la película tiene por protagonista a Basilio (Basilio Moncada), un hombre solitario contratado para cuidar una playa desierta. En un momento dado, todo se le vuelve en contra: el patrón nunca le paga, una denuncia que hace le resulta contraproducente y hasta pierde a su único amigo (Gerardo Trejoluna). De alguna forma es emotiva la obstinación del personaje, que ostenta una rara dignidad, gracias en buena parte a la interpretación de Moncada, sorprendente en tanto no es un actor profesional.

Por su parte, David Pablos ofreció su película más contundente a la fecha. En el camino es una intensa road movie sobre el improbable amor que se da entre dos hombres, el camionero nominalmente heterosexual apodado El Muñeco (Víctor Miguel Prieto) y el joven Veneno (Osvaldo Sánchez), conecte de drogas al menudeo. La relación se desarrolla sobre el filo de la navaja en lo que se descubre la deuda que el segundo tiene con el narco. Bien filmada como todo lo de Pablos, la película se mueve en una atmósfera sórdida de peligro, con un número récord de escenas homoeróticas que, seguramente, van a provocar escozor entre los pudibundos.

Otra sensible historia de amor gay, enclosetado, pudo verse en la ópera prima Adiós, amor, de la realizadora Indra Villaseñor Amador, egresada de la ENAC. Ambientada con mucha convicción en Sinaloa, la película narra el regreso a México de Chuy (Ernesto Rocha), quien fracasó en Estados Unidos en su intento de ser cantante. En este caso, el protagonista oculta su relación de antaño con el ahora joven narco Chano (Nick Angiuly), que vuelve a aflorar cuando aquél pretende llevar una vida convencional de hombre casado. Hay mucho simbolismo con la figura de un león suelto por la zona, pero funciona.

La reserva es otro promisorio debut de un egresado de escuela de cine, en este caso el CCC. El novel director Pablo Pérez Lombardini emplea una sobria narrativa en blanco y negro, para situarnos en una reserva ecológica, Monte Virgen, donde la guardabosques Julia (Carolina Guzmán) enfrenta sola el problema de la tala ilegal apoyada por el narco. Pérez Lombardini emplea muy bien la elipsis para contar su historia y no muestra un solo acto de violencia para ilustrar el conflicto. No hace falta, sabemos de sobra que la protagonista está condenada.

Fuera de competencia, pude ver La noche eterna del Baby’O, nuevo y disfrutable documental de Emilio Maillé, que narra la resiliente leyenda de la acapulqueña discoteca epónima. El cineasta ha mezclado mucho material de archivo, entrevistas con los dueños Eduardo Césarman y Rafael Villafañe, entre varios otros testigos y una banda sonora irresistible en su nostalgia, para establecer qué tan emblemático ha sido todo eso en la historia de Acapulco y del país mismo. Por desgracia, el documental no se estrenará en salas –donde su rítmico sonido puede ser mejor apreciado– sino en la plataforma Vix, en noviembre.

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9/28/2025

73 Festival de San Sebastián Un documental y visiones falsas

Leonardo García Tsao

Ya en la recta final de la competencia, se estrenó Historias del buen valle, el más reciente documental del catalán José Luis Guerín, quien no había hecho un largometraje desde La academia de las musas (2015). El lugar del título es el barrio barcelonés Vallbona, que se distingue por estar aislado de algún modo por un río, una carretera y una línea ferroviaria, y también por estar poblado de migrantes.

Básicamente se trata de una colección de testimonios y conversaciones de los diversos habitantes –los españoles suelen ser ancianos– que mencionan sus recuerdos y vivencias en términos nostálgicos. Mientras los extranjeros –de origen marroquí, indio o ucranio– hablan en términos de retos. Gran parte de la actividad social se realiza en aguas del río, donde está prohibido nadar.

Hay notas conmovedoras como el viejo que empieza a llorar cuando recuerda cómo bailaba el tango su difunta esposa. (Más adelante asistiremos a su misa luctuosa, acompañada de una canción de una película de John Ford). También veremos una asamblea en la que unos políticos informan a los habitantes sobre los cambios que significan las nuevas obras del tren y sus consecuentes preocupaciones. En esencia, somos testigos de cómo la inclemente urbanización está acabando con la vida idílica de Vallbona.

El crédito de Guerín no dice “dirigido por” sino “ work in progress”. ¿Será que está por verse una versión más pulida del documental? En efecto, al trabajo le sobran algunos minutos, pero nosubestimemos sus aciertos.

El año pasado, en este mismo festival, hablamos bien de Cónclave y su director, el alemán Edward Berger. No entendemos cómo pudo haber saltado de eso al desastre que es su siguiente película, la estridente Ballad of a Small Player ( Balada de un jugador pequeño). Situada en Macao, la narrativa se centra en un pobre diablo que se hace llamar Lord Doyle (Colin Farrell), un ludópata que debe una fortuna y aun así insiste en jugar bacarrá para saldar sus cuentas.

Una empleada de un casino llamada Dao Ming (la atractiva Fala Chen) le da una oportunidad de salvarse, en un giro inesperado que conduce a una conclusión aún más descabellada. Mientras tanto, Berger nos aturde con una gama de colores chillantes, música estruendosa y una sobrada grandilocuencia. Farrell exagera y parece haberse remojado en aceite para interpretar su repelente papel.

Este mal día fue rematado por Jay Kelly, la más reciente realización de Noah Baumbach antes estrenada en Venecia, que nunca encuentra su tono ni consigue ser verosímil al contar el dilema de un famoso galán hollywoodense (George Clooney) quien desea ser una buena persona con sus hijas distanciadas y su mánager (un sobrio Adam Sandler), y sólo consigue enajenarlas. Es difícil recordar otra película reciente que dé una imagen tan falsa del mundo del cine.

En cuanto al clima, canté victoria de manera prematura. El maldito frente frío no acaba de irse, provocando lluvias constantes y una temperatura demasiado fresca.

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73 festival de San Sebastián ; España y Francia en la competencia


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▲ La actriz francesa Juliette Binoche en el Festival de Cine de San Sebastián.Foto Afp
Hoy se estrenó una de las tres representantes del país anfitrión en la competencia oficial. Los Tigres es el nuevo largometraje del prolífico sevillano Alberto Rodríguez, cuya mejor obra de lo que apenas le conozco es La isla mínima (2014), ese estupendo policial negro. El título se refiere a dos hermanos cercanos, Estrella (Bárbara Lennie) y Antonio (Antonio de la Torre), buzos profesionales que trabajan en diversas operaciones submarinas en el puerto de Huelva.

Si bien ella no se sumerge por problemas de un oído, Antonio hace la obra pesada para una barcaza. Sin embargo, a él lo aquejan males cardiacos que podrían significar el fin de sus actividades. Amenazado por su ex mujer de prohibirle ver a sus hijas porque no paga su sustento, el buzo decide dar un golpe ilegal y robar paquetes de cocaína ocultos en un barco extranjero.

Eso, como lo sabemos todos quienes hemos visto tantos thrillers versados en la venta amateur de droga, no rinde buenos dividendos. Pronto los hermanos se meten en honduras y son amenazados por quienes sí son profesionales en el contrabando y venta de cocaína.

Rodríguez filma con solvencia el entorno de esos obreros submarinos y crea una atmósfera de palpable peligro en cada inmersión. (Las secuencias de los buzos en acción tienen en sí un gran peso de verdad y el trabajo formal es impecable). No obstante, la película flaquea en su último tramo cuando todo parece estar perdido para nuestros protagonistas. Además, la relación casi incestuosa entre los hermanos no es explorada, pero su dinámica es la de una pareja casada.

Hoy concursaron también dos títulos franceses. Me perdí Deux pianos, de Arnaud Desplechin, por culpa del desfase horario. Pero sí vi Le cri des gardes ( Los gritos de los guardias), la más reciente realización de Claire Denis quien, a últimas fechas, parece haber perdido el rumbo con obras consternantes. (Ambos títulos se estrenaron previamente en el festival de Toronto).

Situada en África Occidental, locación que le ha servido a la cineasta para películas muy superiores, la historia se desenvuelve durante una noche en una obra de instalación de un oleoducto, a cargo del capataz Horn (Matt Dillon), quien espera la llegada de su joven esposa, Léonie (Mia McKenna-Bruce). Afuera de la valla un hombre negro llamado Alboury (Isacch de Bankolé) reclama al primero la devolución del cadáver de su hermano, muerto en un accidente ese mismo día. Todo indica que más bien fue asesinado por Cal (Tom Blyth), el otro hombre blanco de la obra.

Son ingredientes que prometen un drama de gran potencial. No obstante, Denis lo filma con una monotonía exasperante. El asunto está basado en una obra de teatro del prestigiado autor Bernard Marie-Koltès, y la directora no consigue disfrazar su raigambre por lo que el resultado se siente acartonado y tieso.

No podía faltar mi reporte del tiempo. Hasta hoy había imperado un agobiante calor veraniego, pero para mañana se anuncia un descenso en la temperatura por un frente frío, acompañado de lluvias. El festival casi nunca ha podido librarse de la lluvia y es parte de su atmósfera.

X: @walyder