Dedicada a David Lynch, a quien Herzog estimaba mucho, esta especie de fábula subversiva comienza como un relato picaresco sobre el chofer (Orlando Bloom) que demanda a dos hermanas irlandesas (Kate y Rooney Mara) por fungir de eróticas vaqueras cuando lo que él quería era casarse (no con ellas). Ese arranque es gracioso sobre todo por la forma en que las Mara hablan y actúan al unísono en un increíble despliegue de disciplina actoral.
Al principio, ellas hablan de sus visiones de pájaros y el director llena la pantalla con aves digitales… que nunca se vuelven a mencionar. Es evidente que Herzog está de un humor caprichoso y que la película va a tomar vericuetos desconcertantes centrados en las excéntricas hermanas. Todo concluye con las chicas cavando un túnel al interior de una montaña, donde encuentran unas fabulosas grutas iluminadas, con un tren para turistas y hasta una tienda de souvenirs.
Si se quiere, Bucking Fastard es un disparate que carece de sentido. ¿Y saben qué? A estas alturas de su prodigiosa filmografía, Herzog tiene todo el derecho de inventarse la historia que se le antoje. Además, como él mismo presume, nadie acompaña sus imágenes con música de una manera tan atinada.
La segunda fue la estadunidense The Housewife ( El ama de casa), del debutante Ben Shirinian, cuya proyección esta noche enmarcará la entrega del mismo premio a la estupenda actriz Naomi Watts. Basado en un caso real poco conocido, el drama situado en 1964 gira en torno a una inmigrante austriaca (Watts, claro) que empieza a recibir visitas inquisitivas de un periodista del New York Times, pues él sospecha que su marido es un ex nazi. Lo interesante y sorpresivo de la película, según se revela, es que fue la mujer, una dulce ama de casa en apariencia, quien tuvo un pasado criminal como cruel guardia de un par de campos de exterminio.
Si bien Watts ha desempeñado chambas para ganarse la vida, su papel en The Housewife es uno de sus trabajos recientes más meritorios. Todo en su personaje es una fachada de amabilidad y adhesión al American Way of Life, bajo la cual se oculta un monstruo. Lástima que sus coactores –el joven Tye Sheridan, el televisivo Michael Imperioli– se sobreactúan al grado de reducir sus personajes a caricaturas imbuidas de un sentido del deber.
Hoy también se estrenó 5 minutos más, de Javier Ruiz Caldera, la primera película del país anfitrión en competencia. El cine español ha tenido un buen instinto para el humor negro de la mano de cineastas como Luis García Berlanga y Rafael Azcona. Pero ante la evidencia de esta estridente comedia, no se puede poner a Ruiz Caldera en tan distinguida compañía. Sobre la premisa fantástica y mal llevada de cómo las acciones de un trío de personajes en una casa de campo retroceden cada cinco minutos, la película acumula muertes “chistosas” con singular torpeza formal. Parte del público donostiarra festejó con risas y aplausos las reiterativas ocurrencias. Yo me abstuve.
X: @walyder
No hay comentarios.:
Publicar un comentario