9/20/2026

Más muescas en el revolver del declive de los EU

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Es muy difícil que los países que durante los últimos 50 años han mantenido una estrecha relación con los EU vuelvan a recuperar esa relación".


Más muescas en el revolver del declive de los EEUU. Por Juan Carlos Monedero

La teoría del declive de los EU tiene un largo recorrido y ha sido defendido por inteligentes analistas. Tiene, eso sí, las mismas características de quienes siempre dicen que va a venir una crisis del capitalismo y, claro, alguna vez aciertan, como los relojes parados que dan bien puntual la hora dos veces cada día. No le quitemos mérito porque es más acierto que el de muchos políticos y periodistas que opinan como si Zeus les hablara al oído. Como los seres humanos sólo tenemos, que se sepa, una vida, los cambios por los que apostamos nos interesa verlos o, al menos, sentir que se aproximan, algo que, en ese caso, llena de sentido a la apuesta vital de, por ejemplo, los que apostamos por un mundo más libre, más justo y con más sentido. Claro que hay momentos de retroceso, pero no saber que las cosas mejoran conduce a una depresión intelectual que hace la vida más gris.

EU tiene muchos elementos para contradecir la tesis del declive: PIB, gasto militar, bases militares, la OTAN, capacidad nuclear, desarrollo tecnológico, IA, empresas multinacionales, el dólar, la capacidad de presión financiera, Hollywood, Netflix, las remesas e, incluso, presidentes que tienen doble nacionalidad y hacen más caso a la norteamericana. Sin embargo, los errores tácticos de Trump parecen acelerar esa tendencia al declive señalada por muchos autores. Hasta el punto de que es muy probable que veamos un punto de inflexión en la política estadounidense y en la política mundial debido, precisamente, a esos errores que incluso los más duros neoconservadores norteamericanos y los más claros defensores del realismo político en la arena internacional interpretan como errores sin solución. El principal, haber elegido a Donald Trump para un segundo mandato.

Mientras en México lanzaba el Grito desde el Palacio Nacional, que recuerda la Independencia de España hace dos siglos, se oían gritos, en este caso de rabia, en el Ala Oeste de la Casa Blanca. Gritos que se han oído hasta en la reunión de los BRICS en la India. EU se está quedando solo. Tiene victorias, pero cada una de esas victorias también es una contradicción (le está pasando en lo electoral). Y su alianza con las extremas derechas empieza a despertar a los pueblos que no quieren dejarse pisotear por alguien a quien desprecian y por unos políticos nacionales sin voluntad propia. La caída de EU no va a ser mañana, pero en un mundo donde se han roto las linealidades, donde un pequeño acontecimiento puede generar una hecatombe, donde las contradicciones del modelo neoliberal dejan a demasiado pueblo sin sociedad, hay mucho partido que jugar. Y ese es el mensaje que tienen que tener en mente las personas decentes que no se resignan.

Creo que es muy difícil que los países que durante los últimos 50 años han mantenido una estrecha relación de confianza económica, militar y diplomática con los EU vuelvan a recuperar esa relación. Incluso aunque ganen los demócratas en noviembre y luego repitan el triunfo en las próximas elecciones presidenciales. Sobre todo porque lo que parecía imposible, que era que el mundo occidental buscara nuevos aliados, lo ha desatado Donald Trump de manera inevitable. Y eso que ya ha empezado no se va a desactivar porque nadie se fía ya de los EU. Alejarse de EU, al menos en lo comercial, es una estrategia de largo plazo para antiguos aliados de Washington.

La alianza de Trump, Marco Rubio y JD Vance con las extremas derechas del mundo está levantando ampollas y generando una enorme reacción allá donde operan. Con lo que hoy sabemos del consultor, asesino y corrupto Fernando Cerimedo y su socio, el oscuro propagandista Javier Negre, propietarios del libelo La Derecha Diario, tenemos que concluir que ganan las elecciones sólo haciendo trampas, principalmente manipulando conciencias, comprando votos y, cuando pueden, manipulando algoritmos.

Esto implica, y es muy importante, que el bloque que da la victoria a la extrema derecha siempre es débil (son falsas mayorías), está nutrido por muchos defraudados por el sistema a los que ha captado la propaganda ultra, y que, cuando vean que no se le da solución, retirarán el apoyo. Mientras que el bloque que adversa a la extrema derecha es mucho más consciente y su voto es mucho más consistente, aunque tiene el problema de las eternas divisiones en la izquierda, que le lleva a la abstención o a probar otras cosas. En la justicia ya sólo cree la izquierda, de manera demasiado ingenua. ¿De qué lado se pondrán los jueces? A ver qué ocurre con lo que se va sabiendo de fraudes en Honduras, en Brasil, en Colombia, en Chile y en Perú. Más de un Presidente debiera acabar en la cárcel. Aunque los jueces son el último bastión del neoliberalismo en todo el mundo occidental, algo muy evidente en el caso de España.

Como decía, cada acción genera una reacción, y la “acción” Trump genera una reacción democrática. De hecho, en las elecciones en Suecia ha vuelto a ganar la izquierda, de la misma manera que las amenazas de Trump desataron el nacionalismo en Canadá, en Panamá o en Groenlandia, Claudia Sheinbaum está más reforzada que nunca por las bravuconadas de Trump, las fuerzas rebeldes han ganado en Yemen, los iraníes no se han doblegado, Jean Luc Melenchon lidera las encuestas en Francia igual que lo hace Lula en Brasil. Y en Irlanda, la Presidenta le he dicho en la cara a Trump que le transmitía “la firme opinión del pueblo irlandés de que la normalización de la guerra y el genocidio nunca puede ser aceptada”. Algo empieza a pasar. Que no es poco.

En el reciente viaje de Marco Rubio a Colombia, Perú y Ecuador, la sorpresa ha sido que, salvo el payaso de De la Espriella, que se hundirá con Trump, tanto en Ecuador como en Perú, y especialmente en este país, han decidido acercarse militarmente a EU pero sin alejarse comercialmente de China. Las relaciones económicas de Perú con China, especialmente a través del puerto de Chankai, son enormes. El puerto de Chancay es probablemente el activo geoeconómico más importante de China en el continente. China ha ayudado a construir un puerto que conecta directamente Perú con Asia. El 36.2 por ciento de las exportaciones peruanas fueron a China, de donde vinieron el 31.3 por ciento de las importaciones.

China no es simplemente un mercado para Perú. Es una pieza estructural de su modelo exportador. Sustituir al principal comprador de una parte gigantesca de la minería peruana no es sencillo. Por mucho que presione Marco Rubio.

Por todo esto, a los republicanos en Estados Unidos se les están complicando las elecciones de noviembre. Las tres grandes promesas electorales de Trump no las está cumpliendo: (1) no ha publicado la lista Epstein, donde él aparece cientos de veces en una trama de pederastia que es inexplicable que no moleste a los evangelistas neopentecostales (a no ser que esos telepredicadores sean unos falsos a los que sólo les interesa el dinero); (2) ha metido al país en una guerra de larga duración que se ha extendido por la zona y que ha logrado que los soldados de Ansar Allah (los “hutíes”) ganen, al menos de momento, la guerra en Yemen; (3) no está mejorando el nivel de vida de los norteamericanos. En ciudades como Raleigh se está dictando el toque de queda para los jóvenes por la noche, como forma de respuesta a un creciente enfado de la juventud afrodescendiente. Las especulaciones sobre una guerra civil en los EU no son una mera ocurrencia. Y Trump suplica a Zelenski que no bombardee centrales de gasoil rusas porque el precio en EU está imposible.

Esta situación de Trump, quien sólo tiene interés en enriquecerse aún más, jugar al golf y pasar a la posteridad como el ser humano más grandioso de la historia, le lleva a la desesperación. De ahí su voluntad de intensificar la Estrategia de Seguridad Nacional o realizar ofertas o acciones espectaculares. Por ejemplo, ofreciendo cinco mil dólares a todos los norteamericanos. Es decir, pretendiendo comprar el voto sin siquiera ocultarlo, además de que no explica de dónde saldría el 1.5 billones de dólares que costaría. Igualmente busca exhibir el control de Latinoamérica como un trofeo (de ahí la gira de Marco Rubio por la región andina) o la enésima repetición de Trump de que les ha robado a los venezolanos 65 mil millones de barriles de petróleo. Donde no toca techo es con Irán. Si ha perdido el Estrecho de Ormuz y está condenando al planeta a una crisis económica, la victoria del grupo Ansar Allah en Yemen, con el control del estrecho de Bab-El-Manded duplica las preocupaciones de Trump. Ninguno de los países árabes tiene razón alguna para mantener el acuerdo que hizo Kissinger de negociar el petróleo con dólares y a cambio recibir protección. ¿Qué protección si todas las bases norteamericanas de la zona han sido bombardeadas e inutilizadas por los iraníes como respuesta al gratuito bombardeo de Trump a Irán?

Por todo esto, hay que considerar que los principales esfuerzos de EU para mantener su status quo van a ir contra América Latina. Porque es donde menos oposición está encontrando, donde más resultados puede ofrecer y donde, por cercanía, sus amenazas son más reales.

Por eso, EU no está intentando simplemente vender más a Colombia, Ecuador y Perú. Está intentando reorganizar las condiciones bajo las cuales esos países comercian, invierten, construyen infraestructura y gestionan sus recursos estratégicos, de modo que China no controle los nodos decisivos de esas economías. Y ahí están los minerales críticos, los puertos, la energía, las telecomunicaciones, la inteligencia artificial y la seguridad, que dejan de ser asuntos separados: forman parte de una misma política de poder. Algo parecido pasa con el T-MEC.

Venezuela, sometida a una suerte de protectorado (sin Ley que lo establezca) y Colombia, como nodo central del control estadounidense de América Latina, son los países más perjudicados. Trump no deja de recordar que, para él, Venezuela es el estado 51 de los EU, que se ha quedado con el petróleo y que la Presidenta Delcy Rodríguez es su mejor aliada, lo que dificulta la reconstrucción del chavismo no ahora, sino en la próxima década y, de no cambiar las cosas, prepara, cuando Trump decida convocar elecciones, la victoria de la oposición genuinamente pro norteamericana de María Corina Machado.

Y de Colombia, no olvidemos dos cosas esenciales: que De la Espriella tiene la nacionalidad norteamericana, y que tiene negocios particulares con Marco Rubio. Si esta apropiación de Colombia para los intereses de Rubio significará un elemento de discordia entre él y Donald Trump es algo abierto. El Presidente Petro ha insistido en que Trump desconocía incluso qué era la OFAC (algo que tampoco es muy convincente), lo que alimentaría la idea de que, en el reparto del botín, a Trump le tocaría Venezuela y a Marco Rubio Colombia.

Las cosas se mueven y el tiempo va contra Donald Trump y sus socios (porque Trump lo que tiene es socios). Por los problemas con sus planes en Oriente Medio, por la creciente articulación de los BRICS, por la fuerte pérdida de aliados internacionales, por la rearticulación ideológica del Partido Demócrata, por la recuperación, aunque lenta, de la izquierda europea (que todavía tiene que pasar por el calvario de la victoria ultra en España y, quizá, en Francia), por la demostración de la injerencia norteamericana en las elecciones en muchos países, por el rechazo mundial al genocidio en Gaza, por la firmeza de Canadá y México, sus dos grandes fronteras, y porque se le han agotado los conejos de la chistera al no solventar la inflación y el precio del gasoil en EU, no hacer pública la lista de Epstein -que le mostrará como un presuntísimo pederasta-, y embarcar al país en guerras que implican un enorme desgaste.

Trump se lo juega todo en América Latina. México ha puesto un freno a sus pretensiones. Brasil también (y todo parece indicar que ganará Lula las próximas elecciones). El pueblo está en la calle en Argentina, en Perú, en Chile, en Colombia. Y no hay que descartar que pase lo mismo en otros sitios, aún más con esas imágenes de soldados yemeníes en chanchlas, en cholas, con un kalashnikov al hombro, que le han parado los pies a Arabia Saudí, a Israel y a los EU. Toda una invitación a la desobediencia. Que los pueblos del mundo están escuchando y les tocará también quitarle la cera de los oídos a los dirigentes que parecen querer seguir escuchando los mandatos suicidas de Donald Trump.

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