9/13/2026

Políticos migajeros


Ana Lilia Pérez

"A estas alturas de su tragicómico historial, ver a Fox abrazando las ruinas del priismo ya no es sorpresa".

Políticos

Vicente Fox tropieza, como de costumbre, con sus propias palabras. Su verborrea actual se enreda al grado de colocarlo al mismo nivel de aquellos a quienes antes fustigaba. Durante su campaña presidencial del año 2000, el panista cimentó su popularidad con una narrativa en que criticaba al PRI calificando a ese partido y sus integrantes como un nido de “mañosos, corruptos incorregibles, víboras prietas, alimañas y tepocatas”, esas eran las expresiones que utilizaba. Hoy se funde en un abrazo con la dirigencia del partido tricolor.

Como reza el viejo dogma de que en política “la forma es fondo”, Fox decidió llevar su cinismo al siguiente nivel: para su encuentro con la dirigencia del PRI en la sede de ese partido hasta se vistió a juego con Alejandro Moreno y la cúpula priista. Las fotografías así lo muestran: corbata roja a tono con el color institucional del PRI, y una combinación de sonrisas ensayadas y amnesia política.

A estas alturas de su tragicómico historial, ver a Fox abrazando las ruinas del priismo ya no es sorpresa, pero lo más absurdo es que apenas en mayo, en Chihuahua, Jorge Romero, lo elogiaba con bombos y platillos –junto a Felipe Calderón– como uno de los “baluartes” del panismo.

Durante su campaña presidencial, Fox afirmaba que “la corrupción es sinónimo del PRI” en este país, y ahora convoca a la unidad con dicho partido. Su urgencia radica en consolidar nuevamente una alianza para el proceso electoral que arranca formalmente este 10 de septiembre, donde se disputarán miles de cargos a nivel local, gubernaturas y la Cámara de Diputados.

El reciente encuentro entre Fox –acompañado con otros panistas que ahora se hacen llamar “Alma de México”– y la cúpula del PRI, va materializando las desesperadas súplicas de Alejandro Moreno para que la coalición “PRIAN” vuelva a figurar en las boletas electorales. Esta urgencia también responde a la necesidad de supervivencia del tricolor: al PRI le queda sólo presencia en dos gobiernos estatales (Coahuila y Durango), y en cuanto a su cobertura territorial ese partido perdió ya la estructura mínima requerida en seis entidades.

Además, los partidos políticos deben mantener al menos un número de militantes afiliados equivalente al 0.26 por ciento del padrón electoral federal, y la afiliación del PRI se desplomó.

La verificación del número real de militancia afiliada en sus padrones le corresponde al INE, en una revisión que realiza cada tres años. La más reciente concluyó en agosto y, según la compulsa que hizo el INE, el PRI tiene 819 mil 103 militantes.

Aunque el desgaste estructural de ese partido viene desde hace muchos años, la negativa percepción pública que se tiene de su dirigente Alejandro Moreno, también provocó la desbandada de sus integrantes y mucha de su militancia. El drástico desfondamiento de la militancia del PRI ha ocurrido precisamente bajo su gestión como presidente nacional del partido.

En agosto de 2019, cuando Alejandro Moreno asumió la dirigencia, el cotejo oficial del INE registró un padrón de seis millones 764 mil 615 militantes. Para 2023, más de cinco millones de personas ya se habían desafiliado, reduciendo la base a un millón 411 mil.  La debacle continuó, disminuyendo su número de afiliados a 819 mil 103, 42 por ciento menos que en 2023.

En balance, durante los años que Alejandro Moreno ha dirigido el PRI, ese partido perdió casi seis millones de afiliados; una contracción de más del 80 por ciento del padrón con el que recibió el cargo. Cada vez más disminuido, al PRI le urge coaligarse nuevamente con los otros partidos.

Para el PAN sus resultados tampoco son cifras alegres: el deficiente ejercicio de Gobierno de los sexenios de Fox y Calderón llevaron a su partido a perder posiciones de manera consecutiva.

En las elecciones de 2012 el PAN cayó a la tercera posición al obtener 25 por ciento de la votación. Esta tendencia a la baja se agudizó en 2018, cuando obtuvo el 17.84 por ciento de la votación.

En un intento de recuperar posiciones, se coaligaron con el PRI y el PRD, pero su estrategia resultó contraproducente: el PAN obtuvo apenas el 16.31 por ciento de los sufragios. Por su parte el PRD perdió su registro nacional al no alcanzar el mínimo legal de votos.

Después del descalabro de su coalición, en 2025 el PAN anunció su “relanzamiento”,  su estrategia de “afiliarse” con un solo click, prometiendo incluso que al afiliarse participarían en una rifa mensual de celulares Iphone. Con ese gancho tan superficial y vacuo, Jorge Romero intentó incentivar la afiliación al blanquiazul.

El PAN aumentó su militancia en 88 mil 439 afiliaciones: en los padrones de 2023 tenía 277 mil 665 afiliados, ahora tiene 366 mil 104.

Cuando Romero anunció el “relanzamiento” del partido y afiliación masiva, lo hizo también bajo la premisa de romper definitivamente sus coaliciones electorales, pero desde el día del anuncio se exhibieron contradicciones, porque tenía allí mismo en el evento a algunos priistas y perredistas que conformaría el ahora partido Somos, vinculados a Claudio X. González.

La incongruencia de sus figuras políticas ha derrumbado los mitos fundacionales que presumía el Partido Acción Nacional: el de Ernesto Ruffo Appel, a quien solían referirse como el primer Gobernador de oposición en la historia de México al romper la hegemonía del PRI en Baja California. Ese símbolo idílico se les desmoronó drásticamente: hoy Ruffo se encuentra bajo proceso judicial en prisión preventiva, acusado de delincuencia organizada y contrabando de combustible (huachicol fiscal).

A ese colapso se suma el de Fox, a quien se le promovía como el panista que en el año 2000 logró la “alternancia” en el poder al “desterrar al PRI de Los Pinos”. Pero la nostalgia de aquella alternancia se disuelve en el cinismo. Aquel candidato que se ufanaba de “sacar a las víboras priistas” ahora es entusiasta promotor de ese mismo partido. Esto demuestra que su antigua retórica de campaña no fue más que la mercadotécnica de un gerente refresquero usando como gancho un supuesto “cambio”, para en realidad edificar su negocio personal a la sombra del poder público.

Aquellas frases coloridas y expresiones que en su momento empataron con el hartazgo ciudadano frente al régimen priista ciertamente le ganaron la simpatía de millones de votantes. El electorado vio en él una posibilidad de transición; sin embargo, todo quedó en un cambio de membrete y en actos teatralizados, como cuando en su campaña aplastaba figuras de plástico que simulaban a las “víboras prietas” de la corrupción, asegurando enardecido que así las erradicaría. Al final Fox sólo capitalizó el descontento social para su propio beneficio, comprometiéndose a cambios que nunca cumplió.

Más pronto habían quedado en el Congreso concretadas las primeras alianzas prianistas, como la conversión de la deuda privada del Fobaproa en deuda pública. Esta determinación, que hace casi tres décadas tomaron el PRI y el PAN, sigue costando millonarios recursos al erario a través de una deuda interminable que se paga año tras año, y que en su momento sirvió como salvadidas para unos cuántos empresarios beneficiados por esas componendas.

La Presidencia de Fox no representó una ruptura con el priismo, sino una continuidad intensificada del modelo neoliberal y un crecimiento desmedido de los privilegios para la “burocracia dorada”. La élite panista, que había prometido desterrar la corrupción del Gobierno, terminó repartiéndose los cargos para el uso, goce y beneficio personal de quienes estaban en el poder, cobrando y disfrutando lo que antes criticaban de los priistas, incluso con un costo mucho mayor para el erario.

Lo que se vivía en Los Pinos con una pareja presidencial como Vicente Fox y Marta Sahagún es muestra de lo que se vivió en aquel periodo. La pareja presidencial dándose vida de realeza, en estilo de derroche que era extensivo a secretarios de Estado y a quienes dirigían las paraestatales, pagándose a cuenta del erario también lujos y privilegio.

De esos años data el derroche y privilegio como el de Raúl Muños Leos, designando director de Pemex por Vicente Fox. Raúl pagaba las cirugías plásticas estéticas de su esposa Hilda con recursos de la paraestatal. A su vez la amiga de Hilda, Marta Sahagún, hacía pagar sus lujosos atuendos con recursos públicos.

Ese sistema de beneficios se extendía a la cúpula panista. En ese contexto se gestionó que a María Amparo Casar –entonces asesora de Santiago Creel en la Secretaría de Gobernación– se le autorizara la millonaria pensión vitalicia, que hasta ahora sigue cobrando, a pesar de las evidentes irregularidades en su aprobación.

Un caso que refleja los modos que se tenían en el Gobierno de Fox es el de la familia de Amparo Casar: su cónyuge, Carlos Márquez Padilla ingresó a Pemex asignado a un cargo directivo de alta relevancia porque era amigo de Octavio Aguilar Valenzuela, a quien Fox puso como director Corporativo de Administración de Pemex, y lo puso en ese cargo porque Octavio es el hermano de quien entonces era su vocero en la Presidencia, Rubén Aguilar.

Así era la designación y manejo de cargos en esos tiempos, en los cuales, a la sombra de Los Pinos Vicente Fox y Martha Sahagún, fueron operando el entramado que los llevaría a su dorada jubilación como poseedores de inmuebles y numerosas empresas de giros diversos.

El acercamiento actual de Fox con lo que queda del priismo tampoco resulta sorprendente. Ya desde el sexenio de Peña Nieto, Vicente Fox fue de los panistas que se volvieron de los principales promotores de ese gobierno; en el caso de Fox para hacer negocio.

Un claro ejemplo son las transacciones vinculadas al Centro Fox: desde el Gabinete de Peña Nieto se le mandaban funcionarios a “capacitarse” en sus “cursos de liderazgo”. Por los que el Centro Fox cobraba más de 20 mil dólares por funcionario, con cargo al erario.

En esos años Fox también cobraba su ostentosa pensión de expresidente y tenía al Estado Mayor como servidumbre personal.

En los próximos meses, con el proceso electoral, seremos testigos de nuevas alianzas. Esta unión de membretes y políticos, en muchos casos no responde a coincidencias ideológicas, sino al lucrativo negocio que les garantiza la supervivencia de los partidos. Al final, aunque ahora pretendan autonombrarse el “alma de México” sólo buscan asegurar prerrogativas, exhibiéndose como lo que realmente son: vulgares migajeros.

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